DONDE HAY UN HOMBRE Y UNA MUJER, HAY UNA HISTORIA DE AMOR?n
Este relato que voy a contar cuenta experiencias de mi vida, y para que sea un buen relato creo que no hay otra que ser completamente honesto y dejar a la vista los aspectos feos, ridículos, patéticos de mi mismo. Esto obviamente no es fácil, por lo que les pido que si me juzgan, lo hagan por el acto de coraje de abrirme a ustedes y no por las decisiones que tome en esos momentos, yo sé que las cosas no podrían haber sido de otra manera.
Dicho esto, prosigo a contarles uno de los varios episodios que ocurrieron en mi primer viaje “solo”. Era el verano 2008-2009 y había terminado recientemente el CBC. Ninguno de mis amigos se prendió en el tipo de viaje que quería hacer, al norte argentino de mochilero, por lo que decidí viajar sólo. A última hora se unió mi primo de Tucumán y compartí una muy buena semana con él por la zona de la quebrada y en iruya. Pero lo que voy a contar ahora sucedió después de separarme de él.
Desde Humahuaca me fui a Salta, donde pase una noche amarga en el camping municipal. El choque de pasar de estar en una fiesta permanente en medio de los cerros a estar sólo en un camping de ciudad me deprimió un poco. Todos me decían que tenía que conocer salta, pero yo quería huir, por lo que saque pasaje para irme la mañana siguiente a cachi y así lo hice.
Mucha gente dice que las vistas de ese viaje son de las mejores, pero yo pase todo el viaje compenetrado con un libro que estaba leyendo: Tertium Organum. Pseudo científico, místico, esotérico, es un libro que me cambio la manera de pensar y sacudió las bases de lo que pensaba acerca de la realidad. Me devolvió lo que algunos llamarían “fé”, la intuición y creencia en algo superior que une todas las cosas, infinito, eterno. Creo que valió la pena haberme perdido la vista de la cuesta del obispo.
Llegue a Cachi a la tarde y conmigo se bajó un grupo de pendejas hippies-chetas, simpáticas. Quise unirme a ellas pero todo mi entusiasmo decayó cuando supe que se iban a un hostel. Me separe de ellas y fui a buscar camping, pero cobraban por carpa y no me rendia, por lo que fui a un lugar del pami que me había recomendado mi hermana. Ahí ofrecían camas y la opción de tirar una bolsa de dormir en el piso. La habitación de las bolsas estaba vacía excepto por una mochila y aislante, y me dijeron que había una chica pero se iba al otro día. De todos modos el lugar era de monjas o algo así, y por las dudas me daban la cama al mismo precio con tal de que no esté en el mismo lugar que la chica. Obviamente acepte, me instale, y después de lavar algo de ropa me fui a pasear por el pueblo.
Cachi es muy lindo, pero a diferencia de los lugares en los que había estado en Jujuy, faltaba juventud, todo parecía muy tranquilo. Además todo daba impresión de estar más armado para turistas extranjeros, los negocios eran más caros y para todo habían excursiones pagas, cosas que no me cayeron muy bien. Yo no estaba más deprimido pero todavía me sentía un poco melancólico (sé que suena tonto, pero me sentía así). Después de caminar un poco me di cuenta de que no había preguntado en el alojamiento si podía cocinar algo ahí, y me estaba empezando a agarrar hambre. Entonces volví. Cuando llegue me encontré que estaba la otra chica. Era una chica petisa, flaquita, de pelo negro y ojos claros. Me acerque y nos pusimos a charlar un poco, a contarnos de nuestros viajes, y ambos estábamos con paja de cocinar. Decidimos ir a un restaurant en el que vendían un vino bueno del lugar a 5 pesos.
Como los dos estábamos en modo ahorrativo, creo que comimos nada más 2 empanadas por cabeza (buenísimas, pero muy chiquitas) y el vino, en total 15 pesos cada uno. En Jujuy o Iruya con esa plata nos hubiéramos hecho alto guiso (altos guisos, en realidad). Estuvimos charlando. Ella tenía 24 años (yo 18 en ese momento), estudiaba diseño de indumentaria. Le gustaba la música electrónica industrial o algo así y empastillarse en fiestas con sus amigos además de hacer ferias americanas en el depto. que compartía con una amiga. Le interesaban los telares, y al día siguiente se iba a un pueblo, seclantás, en el que hay un camino de artesanos muy grosos que se dedican al telar. Como no tenía nada en común, empecé a flashear relaciones entre el entramado de la tela, el lenguaje y la música, y termine explicando las teorías de ouspensky acerca de nuestra percepción dimensionalmente limitada de la realidad (que ni yo terminaba de entender). A pesar de que me di cuenta de que estaba siendo un boludo, la reacción no era tan mala, y francamente, era eso o aburrirnos. Le pregunte si podía unirme a su viaje a Seclantás y no tuvo problema, y nos volvimos al alojamiento a dormir.
Este relato que voy a contar cuenta experiencias de mi vida, y para que sea un buen relato creo que no hay otra que ser completamente honesto y dejar a la vista los aspectos feos, ridículos, patéticos de mi mismo. Esto obviamente no es fácil, por lo que les pido que si me juzgan, lo hagan por el acto de coraje de abrirme a ustedes y no por las decisiones que tome en esos momentos, yo sé que las cosas no podrían haber sido de otra manera.
Dicho esto, prosigo a contarles uno de los varios episodios que ocurrieron en mi primer viaje “solo”. Era el verano 2008-2009 y había terminado recientemente el CBC. Ninguno de mis amigos se prendió en el tipo de viaje que quería hacer, al norte argentino de mochilero, por lo que decidí viajar sólo. A última hora se unió mi primo de Tucumán y compartí una muy buena semana con él por la zona de la quebrada y en iruya. Pero lo que voy a contar ahora sucedió después de separarme de él.
Desde Humahuaca me fui a Salta, donde pase una noche amarga en el camping municipal. El choque de pasar de estar en una fiesta permanente en medio de los cerros a estar sólo en un camping de ciudad me deprimió un poco. Todos me decían que tenía que conocer salta, pero yo quería huir, por lo que saque pasaje para irme la mañana siguiente a cachi y así lo hice.
Mucha gente dice que las vistas de ese viaje son de las mejores, pero yo pase todo el viaje compenetrado con un libro que estaba leyendo: Tertium Organum. Pseudo científico, místico, esotérico, es un libro que me cambio la manera de pensar y sacudió las bases de lo que pensaba acerca de la realidad. Me devolvió lo que algunos llamarían “fé”, la intuición y creencia en algo superior que une todas las cosas, infinito, eterno. Creo que valió la pena haberme perdido la vista de la cuesta del obispo.
Llegue a Cachi a la tarde y conmigo se bajó un grupo de pendejas hippies-chetas, simpáticas. Quise unirme a ellas pero todo mi entusiasmo decayó cuando supe que se iban a un hostel. Me separe de ellas y fui a buscar camping, pero cobraban por carpa y no me rendia, por lo que fui a un lugar del pami que me había recomendado mi hermana. Ahí ofrecían camas y la opción de tirar una bolsa de dormir en el piso. La habitación de las bolsas estaba vacía excepto por una mochila y aislante, y me dijeron que había una chica pero se iba al otro día. De todos modos el lugar era de monjas o algo así, y por las dudas me daban la cama al mismo precio con tal de que no esté en el mismo lugar que la chica. Obviamente acepte, me instale, y después de lavar algo de ropa me fui a pasear por el pueblo.
Cachi es muy lindo, pero a diferencia de los lugares en los que había estado en Jujuy, faltaba juventud, todo parecía muy tranquilo. Además todo daba impresión de estar más armado para turistas extranjeros, los negocios eran más caros y para todo habían excursiones pagas, cosas que no me cayeron muy bien. Yo no estaba más deprimido pero todavía me sentía un poco melancólico (sé que suena tonto, pero me sentía así). Después de caminar un poco me di cuenta de que no había preguntado en el alojamiento si podía cocinar algo ahí, y me estaba empezando a agarrar hambre. Entonces volví. Cuando llegue me encontré que estaba la otra chica. Era una chica petisa, flaquita, de pelo negro y ojos claros. Me acerque y nos pusimos a charlar un poco, a contarnos de nuestros viajes, y ambos estábamos con paja de cocinar. Decidimos ir a un restaurant en el que vendían un vino bueno del lugar a 5 pesos.
Como los dos estábamos en modo ahorrativo, creo que comimos nada más 2 empanadas por cabeza (buenísimas, pero muy chiquitas) y el vino, en total 15 pesos cada uno. En Jujuy o Iruya con esa plata nos hubiéramos hecho alto guiso (altos guisos, en realidad). Estuvimos charlando. Ella tenía 24 años (yo 18 en ese momento), estudiaba diseño de indumentaria. Le gustaba la música electrónica industrial o algo así y empastillarse en fiestas con sus amigos además de hacer ferias americanas en el depto. que compartía con una amiga. Le interesaban los telares, y al día siguiente se iba a un pueblo, seclantás, en el que hay un camino de artesanos muy grosos que se dedican al telar. Como no tenía nada en común, empecé a flashear relaciones entre el entramado de la tela, el lenguaje y la música, y termine explicando las teorías de ouspensky acerca de nuestra percepción dimensionalmente limitada de la realidad (que ni yo terminaba de entender). A pesar de que me di cuenta de que estaba siendo un boludo, la reacción no era tan mala, y francamente, era eso o aburrirnos. Le pregunte si podía unirme a su viaje a Seclantás y no tuvo problema, y nos volvimos al alojamiento a dormir.






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