Esa inclinación, en los años
en que todas éramos niñas,
a estar muy solas, era grave;
a otros el tiempo se les iba en lucha
y se tenía un lado propio,
su propia cercanía y lejanía,
un animal, una senda, una imagen.
Y yo pensaba aún que la vida
nunca cesaría de dar,
que en nosotros nos daríamos cuenta.
¿No estoy en mí con lo más grande?
¿Ya no he de consolarme con lo mío
y comprenderlo como un niño?
De pronto estoy como golpeada,
y en un exceso de grandeza
se convierte mi soledad,
cuando, en los cerros de mis pechos,
erguido, mi sentir reclama
tener alas o tener fin.
en que todas éramos niñas,
a estar muy solas, era grave;
a otros el tiempo se les iba en lucha
y se tenía un lado propio,
su propia cercanía y lejanía,
un animal, una senda, una imagen.
Y yo pensaba aún que la vida
nunca cesaría de dar,
que en nosotros nos daríamos cuenta.
¿No estoy en mí con lo más grande?
¿Ya no he de consolarme con lo mío
y comprenderlo como un niño?
De pronto estoy como golpeada,
y en un exceso de grandeza
se convierte mi soledad,
cuando, en los cerros de mis pechos,
erguido, mi sentir reclama
tener alas o tener fin.
