Título: “Un lugar en el mundo”
Dirección: Adolfo Aristarain
Género: Drama
Duración: 120 minutos
Año: 1991
Actores: Federico Luppi, Cecilia Roth, José Sacristán.
El título “Un lugar en el mundo” no solo se refiere a aquel pueblito perdido en medio de las sierras puntanas donde se desarrolla el filme, sino también se refiere a aquel lugar que buscamos durante toda nuestra vida y que nos es muy difícil encontrar. Aquel lugar que una vez que estemos allí, no lo vamos a querer dejar nunca mas.
Ernesto, un joven estudiante de Buenos Aires, visita el pueblo donde pasó su niñez y comienza a recordar los hechos que marcaron su vida a la edad de 11 años. Mario y Ana, sus padres, manejan la cooperativa en el pueblo que, a pesar de los difíciles momentos que pasan, logran mantener. Un día llega Hanz, un geólogo español, supuestamente en busca de petróleo. Ernesto y Hanz no tardan en amigarse y aprenden varias cosas el uno del otro. Mientras tanto, Andrada, un poderoso terrateniente, trata de convencer a los campesinos de la zona para que vendan sus terrenos. Mario, como buen socialista, les pide a éstos que resistan. Él sabe que ese es su lugar y lo único que lo podrá separar de él es la muerte.
El filme fue dirigido por Adolfo Aristarain, quien luego dirigiría “Martín(Hache)” en 1997. Se pueden notar ciertas características en común entre ambos filmes. Primero, el fuerte contenido social en la caracterización de los personajes. A pesar de contar con una trama muy interesante y real, las películas también gozan de una profundidad acerca de temas como los exiliados a España, las utopías frustradas, la opresión, las dictaduras, el valor de la familia y la reconstrucción del país. Segundo, su simplicidad de recursos. La fotografía es correcta, dejando sobresalir los hermosos paisajes naturales en los que se desarrolla la historia. La música incidental acompaña perfectamente los sentimientos de los personajes. El sonido también está tratado correctamente.
Lo que merece un punto aparte en el análisis del filme son las actuaciones. Solo actores de la talla de Federico Luppi y Cecilia Roth son capaces de hacer tan creíbles diálogos verborrágicos como los que se presentan en en la escena de la cena entre Mario, Ana, Nelda(una monja tercermundista) y Hanz, donde vemos una interesante discusión acerca de las utopías frustradas de una generación perdida. Sin embargo, uno de los aspectos mas flojos de la película es la actuación de Luciana, la novia de Ernesto, interpretada por Lorena del Río, que no resulta para nada convincente y termina quitándole valor a una trama secundaria muy interesante que se da entre ellos.
Los personajes son únicos, cada uno representa un tipo de pensamiento, un ideal, una forma de vida distinta. Son muy idealistas para ser reales, pero convencen igual.
“Un lugar...” es un filme que, después de doce años, sigue sorprendiendo por su actualidad, por su compromiso con la reconstrucción de un país devastado por una cruel dictadura militar y por un capitalismo feroz que apremia a los poderosos y somete a los trabajadores. También es destacable su capacidad de conmover con una historia tan real que trasciende las fronteras, ya que la película también tuvo rotundo éxito en Latinoamérica, España y Estados Unidos.
Al final, la película nos hace reflexionar acerca de nuestro propio lugar en el mundo, de nuestros ideales, de nuestras utopías, cosas sin las cuales la vida no tiene sentido. Considero que se trata de un filme que, a pesar de su simplicidad estética y narrativa, goza de una profundidad y una vigencia que lo hacen absolutamente recomendable para cualquier persona.
Dirección: Adolfo Aristarain
Género: Drama
Duración: 120 minutos
Año: 1991
Actores: Federico Luppi, Cecilia Roth, José Sacristán.
El título “Un lugar en el mundo” no solo se refiere a aquel pueblito perdido en medio de las sierras puntanas donde se desarrolla el filme, sino también se refiere a aquel lugar que buscamos durante toda nuestra vida y que nos es muy difícil encontrar. Aquel lugar que una vez que estemos allí, no lo vamos a querer dejar nunca mas.
Ernesto, un joven estudiante de Buenos Aires, visita el pueblo donde pasó su niñez y comienza a recordar los hechos que marcaron su vida a la edad de 11 años. Mario y Ana, sus padres, manejan la cooperativa en el pueblo que, a pesar de los difíciles momentos que pasan, logran mantener. Un día llega Hanz, un geólogo español, supuestamente en busca de petróleo. Ernesto y Hanz no tardan en amigarse y aprenden varias cosas el uno del otro. Mientras tanto, Andrada, un poderoso terrateniente, trata de convencer a los campesinos de la zona para que vendan sus terrenos. Mario, como buen socialista, les pide a éstos que resistan. Él sabe que ese es su lugar y lo único que lo podrá separar de él es la muerte.
El filme fue dirigido por Adolfo Aristarain, quien luego dirigiría “Martín(Hache)” en 1997. Se pueden notar ciertas características en común entre ambos filmes. Primero, el fuerte contenido social en la caracterización de los personajes. A pesar de contar con una trama muy interesante y real, las películas también gozan de una profundidad acerca de temas como los exiliados a España, las utopías frustradas, la opresión, las dictaduras, el valor de la familia y la reconstrucción del país. Segundo, su simplicidad de recursos. La fotografía es correcta, dejando sobresalir los hermosos paisajes naturales en los que se desarrolla la historia. La música incidental acompaña perfectamente los sentimientos de los personajes. El sonido también está tratado correctamente.
Lo que merece un punto aparte en el análisis del filme son las actuaciones. Solo actores de la talla de Federico Luppi y Cecilia Roth son capaces de hacer tan creíbles diálogos verborrágicos como los que se presentan en en la escena de la cena entre Mario, Ana, Nelda(una monja tercermundista) y Hanz, donde vemos una interesante discusión acerca de las utopías frustradas de una generación perdida. Sin embargo, uno de los aspectos mas flojos de la película es la actuación de Luciana, la novia de Ernesto, interpretada por Lorena del Río, que no resulta para nada convincente y termina quitándole valor a una trama secundaria muy interesante que se da entre ellos.
Los personajes son únicos, cada uno representa un tipo de pensamiento, un ideal, una forma de vida distinta. Son muy idealistas para ser reales, pero convencen igual.
“Un lugar...” es un filme que, después de doce años, sigue sorprendiendo por su actualidad, por su compromiso con la reconstrucción de un país devastado por una cruel dictadura militar y por un capitalismo feroz que apremia a los poderosos y somete a los trabajadores. También es destacable su capacidad de conmover con una historia tan real que trasciende las fronteras, ya que la película también tuvo rotundo éxito en Latinoamérica, España y Estados Unidos.
Al final, la película nos hace reflexionar acerca de nuestro propio lugar en el mundo, de nuestros ideales, de nuestras utopías, cosas sin las cuales la vida no tiene sentido. Considero que se trata de un filme que, a pesar de su simplicidad estética y narrativa, goza de una profundidad y una vigencia que lo hacen absolutamente recomendable para cualquier persona.


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