QUEMADA VIVA

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    • 07-03-2008
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    #1

    QUEMADA VIVA

    Os quiero hablar de una novela, que no he leído aun, pero que por lo que me han dicho, impresiona, es una historia real, se titula QUEMADA VIVA, de Souad, una escritora cisjordana, ¿os suena?
    Os agrego una entrevista que le hicieron a la autora.

    Un saludo.



    Tengo 46 años. Nací en un pueblito de Cisjordania y vivo en Europa desde hace 25 años. Estoy casada y tengo tres hijos, dos niñas y un niño al que di en adopción. Estoy en contra del crimen de honor, defiendo el derecho de las mujeres. Creo mucho en Dios, él me dio fuerzas para seguir viva. Publico “Quemada viva”, editorial mr IMA SANCHÍS - 29/11/2003


    -¿Añora su tierra?

    –No.

    –¿Ningún buen recuerdo?

    –No.

    –¿Fue a la escuela?

    –No. Ninguna de las chicas de mi aldea va a la escuela. Si te ven sola por la calle, sin tu madre o tu hermana mayor, sin ovejas o gavilla de heno, eres una puta y debes ser castigada. Has llevado la vergüenza sobre tu familia. Debes morir para lavar el honor de tus padres y del pueblo entero. Los hombres de la familia, padre, tíos, hermanos... tienen derecho sobre la vida de sus mujeres.

    –¿Tenía amigas?

    –No. El diálogo entre mujeres o entre madre e hija está prohibido. Allí todo está prohibido, preguntar el porqué a tu madre es una insolencia. Las mujeres pasan de la autoridad paterna a la del marido. Lo normal es que te peguen a diario.

    –¿Nunca tuvo su padre un gesto de ternura?

    –No. Mi padre estuvo a punto de matarme a palos más de una vez. Me decía que valía menos que una cabra: “¡Ellas por lo menos dan leche!”. La vida de las mujeres es la de un animalito que come, trabaja lo más rápidamente posible, duerme y recibe sus golpes. Mi historia no es una excepción.

    –¿Quiere a su madre?

    –No. Mi madre planificó con los hombres de la familia mi asesinato. Algunos años antes habían planificado el de mi hermana. Le tocó ejecutarla a mi único hermano, la estranguló con el cordón del teléfono. Yo lo vi.

    –¿Sabe por qué?

    –No. Nunca supe cuál fue su pecado. También vi cómo mi madre, con la ayuda de su hermana, asfixió a siete de sus hijas recién nacidas tal como salían de su vientre.

    –¿Era usted más rebelde que otras niñas?

    –No. Si me hubiera casado en mi aldea y mi marido o mi hermano hubieran decidido que no querían más niñas o que había que estrangular a una de mis hijas, hubiera aceptado sin rechistar.

    –¿Se enamoró del hombre que la traicionó?

    –No lo sé. Quería salir de mi casa, quería casarme y ya era vieja, tenía 17 años. Él me aseguró que se casaría conmigo. Le di todo lo que me pidió por miedo a que si no se lo daba se fuera con otra. Luego desapareció sabiendo que me condenaba a mí y al hijo que llevaba en mi vientre al crimen de honor.

    –¿Cuál es el recuerdo que más a menudo le asalta?

    –El primero es cuando fui a pedirle ayuda a mi tía. Me dijo que me ayudaría, pero me devolvió a mi casa. Tengo pesadillas en las que revivo la mañana en la que mi cuñado apareció en casa. “Yo voy a ayudarte, no te preocupes”, me dijo antes de derramar gasolina sobre mi cabeza y prenderme fuego.

    –¿Ha superado el miedo al fuego?

    –No. En mi casa todo es eléctrico. Durante más de tres meses el fuego me dejó la barbilla pegada al cuello y los brazos pegados al cuerpo. Toda yo era una llaga supurante y pestilente. La carne se me estaba pudriendo. En el hospital no me curaban, no me alimentaban. Me dejaban morir porque ése era el deseo de mis padres.

    –¿Fueron a verla al hospital?

    –Mi madre vino a verme y sacó de su bolso un vaso con veneno: “Bebe, no seas egoísta, será lo mejor para todos, piensa en tu pobre hermano”. Cuando estaba a punto de beber el veneno apareció el médico y le dio un manotazo al vaso. Yo deseaba levantarme y lamer el suelo. Quería morir, el sufrimiento era insoportable.

    –¿Y su hijo?

    –Lo parí una noche en aquella sala fría. Junto a mí había otra chica quemada que agonizaba, víctima también de un crimen de honor. De cintura para arriba yo no podía moverme. Noté que algo se escurría entre mis piernas. Lo toqué con el pie, estaba entero, su corazón latía. Pero no sabía si era un sueño. Al día siguiente se lo llevaron.

    –¿Por qué confió en aquella cooperante extranjera que le dijo que la ayudaría?

    –Nunca antes había visto a una mujer rubia. Pasó su mano por mi cara sin tocarme: “Te voy a ayudar, ten confianza, aguanta”, me dijo con delicadeza. La vi tan rubia, tan luminosa, que pensé que era Dios.

    –¿Alguna vez se planteó si era feliz?

    –No. En mi país la felicidad no existe como concepto. No se sabe lo que es ser feliz, lo que es ser guapa, lo que es la ternura, lo que es ser querida. No hay noción de buenos o malos tratos, sobrevives y punto.

    –¿Qué pensó de las mujeres occidentales cuando llegó a Suiza?

    –Las veía con su bata blanca en el hospital enseñando las piernas, hablando con hombres. “¡Van a morir!”, gritaba en árabe; “y además tienen que morir”, pensaba.

    –¿Qué le hizo confiar en su marido?

    –Conservaba la mentalidad de mi pueblo, estaba avergonzada, sabía que nunca nadie me querría y para una mujer de mi país vivir sin hombre es un castigo de por vida. A las hijas que no se casan la familia las expulsa del pueblo o las mata. Pero pese a todo yo odiaba a los hombres. Antonio, mi marido, fue la primera persona que me dijo: “Te quiero”. Y a continuación: “Te quiero con o sin cicatrices”.

    –Pese a todo, no ha debido de ser fácil...

    –No. Europa me lo ha dado todo. Aprendí a leer y escribir con 20 años. Recuperé a mi hijo, que había sido adoptado cuando ya era un hombre. Tengo un buen trabajo, dos hijas y un marido fantástico. Pero, ¡me gustaría tanto estar en paz, no tener mas pesadillas! Mis sentimientos nunca están en calma: emoción, angustia, inquietud constante. Hay algo roto dentro de mí, pero nadie se da cuenta. Siempre sonrío por respeto a los demás.

    GRITAR

    Junto a Souad hay un guardaespaldas. La quemaron viva. Debería estar muerta. Sufrió lo indecible, 27 operaciones. Sigue deformada. En Cisjordania, Jordania, Turquía, Irán, Iraq, Yemen, India, Pakistán... una mujer de la que su marido sospecha o la maledicencia dice... o se queja demasiado de las palizas del marido debe ser ejecutada para limpiar el nombre de la familia. El verdugo es el hermano, el cuñado o el propio padre. Cada año se registran más de 5.000 casos de crímenes de honor: es sólo la punta del iceberg. Abominable, como lo es que en España muera cada semana una mujer apaleada o apuñalada por su pareja. La injusticia debería dolernos, deberíamos gritar. La ONG Surgir ( office@surgir.ch ) lo hace, ayuda a estas mujeres.

    Publicado en http://www.lavanguardia.es
    Desconectad@
    http://arteyliteraturalorea-lorea.blogspot.com/
    http://www.ciudadesvirtuales.com/aivique/blog
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