Campo Nuestro - Oliverio Girondo

Colapsar
X
 
  • Tiempo
  • Mostrar
Limpiar Todo
nuevos mensajes
  • Puebla
    Marxiana Pelotera
    • 14-01-2007
    • 3731

    #1

    Campo Nuestro - Oliverio Girondo

    Este campo fue mar

    de sal y espuma.

    Hoy oleaje de ovejas,

    voz de avena.



    Más que tierra eres cielo,

    campo nuestro.

    Puro cielo sereno...

    Puro cielo.



    ¿De tu origen marino no conservas

    más caracol que el nido del hornero?



    No olvides que el azar hinchó sus velas

    y a través de otra mar dio en tus riberas.



    Ante el sobrio semblante de tus llanos

    se arrancó la golilla el castellano.



    Tienes, campo, los huesos que mereces:

    grandes vértebras simples e inocentes,

    tibias rudimentarias,

    informes maxilares que atestiguan

    tu vida milenaria;

    y sin embargo, campo, no se advierte

    ni una arruga en tu frente.



    Ya sólo es un silencio emocionado

    tu herbosa voz de mar desagotado.



    ¡Qué cordial es la mano de este campo!



    Sobre tu tersa palma distendida

    ¡quién pudiese rastrear alguna huella

    que revelara el rumbo de su vida!



    Tus mismos cardos, campo, se estremecen

    al presentir la aurora que mereces.



    Une al don de tu pan y de tu mano

    el de darle candor a nuestro canto.



    ¿Oyes, campo, ese ritmo?

    ¡Si fuera el mío!...

    sin vocablos ni voz te expresaría

    al galope tendido.



    Estas pobres palabras

    ¡qué mal te quedan!

    Pero qué quieres, campo,

    no soy caballo

    y jamás las diría

    si tú me oyeras.



    Por algo ante el apremio de nombrarte

    he preferido siempre galoparte.



    Ritmo, calma, silencio, lejanía...

    hasta volverte, campo, melodía.



    Sólo el viento merece acompañarte.



    ¿No podrá ni mentarse tu presencia

    sin que te duela, campo, la modestia?



    Eres tan claro y limpio y sin dobleces

    que el vuelo de una nube te ensombrece.



    ¡Hasta las sombras, campo, no dan nunca

    ni el más leve traspiés en tu llanura!



    ¿Cómo lograste, campo tan benigno,

    asistir a los cruentos cataclismos

    que describen tus nubes

    y ver morir flameantes continentes,

    inaugurarse mares,

    donde jóvenes islas recalaban

    en bahías de fuego,

    con el vivo y remoto dramatismo

    que recuerdan tus cielos?



    Al galoparte, campo, te he sentido

    cada vez menos campo y más latido.



    Tenso y redondo y manso,

    como un grávido vientre

    virgen campo yacente.



    Sin rubores, ni gestos excesivos,

    —acaso un poco triste y resignada—

    con el mismo candor que usan tus chinas

    y reprimiendo, campo, su ternura,

    —más allá del bañado, entre las parvas—

    se te entrega la tarde ensimismada.



    Pasan las nubes, pasan

    —¿Quién las arrea?—

    tobianas, malacaras,

    overas, bayas;

    pero toditas llevan,

    campo, tu marca.



    Dime, campo tendido cara al cielo,

    ¿esas nubes son hijas de tu sueño?...



    ¡Cómo no han de llorarte las tropillas

    de tus nubes tordillas

    al otear, desde el cielo, esas praderas

    y sentir la nostalgia de sus yerbas!



    Lo que prefiero, campo, es tu llaneza.



    Ya sé que tierra adentro eres de piedra,

    como también de piedra son tus cielos,

    y hasta esas pobres sombras que se hospedan

    en tus valles de piedra;

    pero al pensarte, campo, sólo veo,

    en vez de esas quebradas minerales

    donde espectros de muías se alimentan

    con las más tiernas piedras,

    una inmensa llanura de silencio,

    que abanican, con calma, tus haciendas.



    En lo alto de esas cumbres agobiantes

    hallaremos laderas y peñascos,

    donde yacen metales, momias de alga,

    peces cristalizados;

    peto jamás la extensa certidumbre

    de que antes de humillarnos para siempre,

    has preferido, campo, el ascetismo

    de negarte a ti mismo.



    Fuiste viva presencia o fiel memoria

    desde mi más remota prehistoria.



    Mucho antes de intimar con los palotes

    mi amistad te abrazaba en cada poste.



    Chapaleando en el cielo de tus charcos

    me rocé con tus ranas y tus astros.



    Junto con tu recuerdo se aproxima

    el relente a distancia y pasto herido

    con que impregnas las botas... la fatiga.



    Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido?

    hasta encontrarlo dentro de uno mismo.



    Siempre volvemos, campo,

    de tus tardes con un lucero humeante...

    entre los labios.



    Una tarde, en el mar, tú me llamaste,

    pero en vez de tu escueta reciedumbre

    pasaba ante la borda un campo equívoco

    de andares voluptuosos y evasivos.



    Me llamaste, otra vez, con voz de madre

    y en tu silencio sólo hallé una vaca

    junto a un charco de luna arrodillada;

    arrodillada, campo, ante tu nada.



    Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo,

    te me vas, despacito, para adentro...

    al trote corto, campo, al trotecito.



    Aunque me ignores, campo, soy tu amigo.



    Entra y descansa, campo. Desensilla.

    Deja de ser eterna lejanía.



    Cuanto más te repito y te repito

    quisiera repetirte al infinito.



    Nunca permitas, campo, que se agote

    nuestra sed de horizonte y de galope.



    Templa mis nervios, campo ilimitado,

    al recio diapasón del alambrado.



    Aquí mi soledad. Esta mi mano.

    Dondequiera que vayas te acompaño.



    Si no hubieras andado siempre solo

    ¿todavía tendrías voz de toro?



    Tu soledad, tu soledad... ¡la mía!

    Un sorbo tras el otro, noche y día,

    como si fuera, campo, mate amargo.



    A veces soledad, otras silencio,

    pero ante todo, campo: padre-nuestro.



    “No eres más que una vaca —dije un día—

    con un millón de ubres maternales”...

    sin recordar —¡perdona!— que enarbolas

    entre el lírico arranque de tus cuernos

    un gran nido de hornero.



    “Si no tiene relieve, ni contornos.

    Nada que lo limite, que lo encuadre;

    allí... a las cansadas, un arroyo,

    quizás una lomada...”

    seguirán —¡perdonadlos!— murmurando,

    aunque tu inmensa nada lo sea todo.



    Comprendo, campo adusto, que sonrías

    cuando sólo te habitan las espigas.



    Aunque no sueñen más que en esquilmarte

    e ignoren el sabor de tus raíces,

    el rumbo de tus pájaros,

    nunca te niegues, pampa, a abrir los brazos.

    Has de ser para todos campo santo.



    Al verte cada vez más cultivado

    olvidan que tenías piel de puma

    y fuiste, hasta hace poco, campo bravo.



    No te me quejes, campo desollado.

    Cubierto de rasguños y de espinas

    —después de costalar entre tus cardos—

    anduve yo también desamparado,

    con un dolor caballo en las costillas.



    Recuerda que tus nubes se desangran

    sin decir, campo macho, ni palabra.



    Son tan grandes tus noches, que avergüenzan.



    Si los grillos dejasen de apretarle

    una sola clavija a tu silencio,

    ¿alcanzarías, campo, el delirante

    y agudo diapasón de las estrellas?



    Hasta la oscura voz de tus pantanos

    da fervor a tu sacro canto llano.



    ¡Qué buenos confesores son tus sapos!



    Nada logra expresar, campo nocturno,

    tu inmensa soledad desamparada

    como el presentimiento que ensombrece

    el insomne mugir de tus manadas.



    Vierte, campo, sin tregua, en nuestras

    venas la destilada luz de tus estrellas.



    Tu santa luna, campo solitario,

    convierte nuestro pecho en un hostiario.



    Déjanos comulgar con tu llanura...

    Danos, campo eucarístico, tu luna.



    ¿A qué sabrán tus pastos

    cuando logren, por fin, domesticarte

    y en vez de campo potro desbocado

    te transformes en campo endomingado?



    Cómo ríen tus sapos, tus maizales,

    con dientes de potrillo,

    del candor con que todas tus ciudades,

    no bien salen del horno,

    ya ostentan capiteles, frontispicios,

    y arquitrabes postizos.



    Sólo soportas, campo, los aleros

    que aconsejan vivir como el hornero.



    Te llevé de la mano

    hacia aldeas y rutas patinadas

    por leyendas doradas;

    pero tú sonreías, campo niño,

    y yo junto contigo...

    siempre, siempre contigo

    campo recién nacido.



    Tantos viejos modales resobados

    y tanta historia

    con tantas mezquindades,

    desde la ausencia, campo, musitaban

    tus ingenuos yuyales.



    —¡Qué tierras sin aliento! —balbuceabas—.

    Sólo produce muertos...

    grandes muertos insomnes y locuaces

    que en vez de reposar y ser olvido

    desertan de sus tumbas, vociferan,

    en cada encrucijada,

    en cada piedra.

    Los míos, por lo menos, son modestos.

    No incomodan a nadie.



    Y el eco de tu voz, entre las ruinas:

    “Dadle muerte a esos muertos”, repetía.



    ¿Dónde apoyarnos, campo?

    ¡Ni una piedra!

    Nada que indique el rumbo de tus huellas.

    Persiste, campo nada, en acercarnos

    la ocasión de perdernos... o encontrarnos.



    Gracias, campo, por ser tan despoblado

    y limpito de muertos,

    que admites arriesgar cualquier postura

    sin pedirle permiso a los espectros.



    Muchas gracias por crearnos una muerte

    de tu mismo tamaño y tan perfecta

    que no deja ni el rastro de una huella.



    Y mil gracias por darnos la certeza

    de poder galopar toda una vida

    sin hallar otra muerte que la nuestra.



    Con sólo descansar sobre tu suelo

    ya nos sentimos, campo, en pleno cielo.



    —”¿Y si en vez de ser campo fuera ausencia?”

    —”En mí perduraría tu presencia.”



    Espera, campo, espera.

    No me llames.

    ¿Por qué esa voz tan negra,

    campo madre?



    —”¿Es tu silencio mar quien me reclama?”

    —”Ven a dormir a orillas de mi calma.”



    Tú que estás en los cielos, campo nuestro.

    Ante ti se arrodilla mi silencio.




  • Chaos
    Chaotic Neutral 大
    • 27-05-2003
    • 15071

    #2
    Puta inmunda:

    Por que dos threads iguales?
    Por que espacio entre TODAS las lineas?
    Por que dos espacios entre CADA verso (o como pija se llamen)


    No lei una mierda.
    Ojala te mueras de SIDA
    Puta


    Puta sucia
    Vamos a kimia

    Comentario

    • Haushinka
      Intermitente
      • 16-08-2003
      • 15097

      #3
      Chaos:

      Salió doble porque a veces los threads y posts salen dobles ante errores 503, imagino. Y ya fue arreglado.
      Para mi el espaciado es medio molesto, pero al mismo tiempo la lectura se hace más descansada.


      Por todo lo demás,
      Aunque ojalá se mantengan estos versos bajo la alfombra en medio del conflicto que involucra a esto a lo que Girondo le habla.
      Outside of a dog, a book is a man's best friend. Inside of a dog, it's too dark to read

      La ficción nos mata, pero la realidad nunca estuvo viva

      Comentario

      • francisfrancis
        un Drexler
        • 09-07-2005
        • 14088

        #4
        yo diría, porqué ese repentino interés literario.

        Que Puebla postee a un escritor nazi, onda Pound, para desempatar, porque son todos zurdos.

        Comentario

        • patas de elefante
          ritmo y sustancia
          • 23-12-2005
          • 9676

          #5
          re t.p. de semiologia taller doble interlineado para correcciones por favor abrochado con abrochadora graciasssssssssssss
          no olvidrse de la caratula1!1!11!

          girondo capo
          iybiubijoijoubuycgrxtrxytjybkublknklyrr

          Comentario

          • Chango
            Bolchevique
            • 25-03-2005
            • 16108

            #6
            che Girondo no tenia mucho de zurdo eh...

            JAjaUaJA a Chaos le falta pija...

            Comentario

            Trabajando...