REPORTAJE
-Está satisfecho con lo que ha escrito?
-No soy tan canalla.
-Quién es Ernesto Sabato?
-Mis libros han sido un intento de responder a esa pregunta. Yo no quiero obligarlo a leerlos, pero si quiere conocer la respuesta tendrá que hacerlo.
-Puede adelantarnos la primicia de lo que está escribiendo en estos momentos?
-Una novela.
-Tiene ya título?
-Generalmente lo sé al final, cuando terminé de escribir el libro. Por el momento tengo dudas. Puede ser EL ÁNGEL DE LAS TINIEBLAS. Pero quizá ABADDÓN, EL EXTERMINADOR.
-Caramba, un poco abrumadores, no?
-Sí.
-Me encantaría pudiese contestarme algunas preguntas: qué piensa del boom latinoamericano? cree usted que el escritor debe estar comprometido? qué consejos daría a un escritor que se inicia? a qué horas escribe? prefiere los días de sol o los nublados? se identifica con sus personajes? escribe sus propias experiencias o inventa? qué piensa de Borges? debe tener el artista una libertad total? son beneficiosos los congresos de escritores? cómo definiría su estilo? qué piensa de la vanguardia?
-Vea, amigo, dejémonos de tonterías y de una vez por todas digamos la verdad. Pero, eso sí: toda la verdad. Quiero decir, hablemos de catedrales y prostíbulos, de esperanzas y campos de concentración. Yo, por lo menos, no estoy para bromas.
porque me voy a morir.
El que sea inmortal que se permita el lujo
de seguir diciendo pavadas.
Yo no: tengo los días contados (pero qué hombre, amigo periodista, no tiene los días contados, dígame: con la mano sobre el corazón)
y quiero hacer un balance
para ver qué queda de todo eso
(mandrágoras o escribanos)
y si es cierto que los dioses son más valederos
que los gusanos
que pronto han de engordar con mis despojos.
Yo no sé, no sé nada (para qué lo voy a engañar).
no soy tan arrogante ni tan tonto
como para proclamar la superioridad de los gusanos.
(Quede eso para ateos de barrio.)
Le confieso que el argumento me impresiona
pues el cajón
el coche fúnebre
y esos grotescos implementos de la muerte
son visibles tetimonios de nuestra precariedad.
Pero quién sabe, quién sabe, señor periodista.
Pudiese ser que los dioses no condescendieran a rebajarse tanto, no accedieran a la baja demagogia
de hacerse groseramente comprensibles,
y nos esperaran con siniestros espectáculos,
luego que el último discurso fuese pronunciado
y nuestro solitario cuerpo
para siempre abandonado a sí mismo
(pero, anote, abandonado de verdad, no con esos imperfectos, anhelosos y en definitiva inútiles abandonos que la vida nos proporciona) aguarde el ataque innumerable
de los gusanos.
Hablemos, pues, sin miedo
pero también sin pretensiones
sencillamente
con cierto sentido del humor
que disimule el lógico patetismo del asunto.
Hablemos de todo un poco.
Quiero decir:
de esos problemáticos dioses
de los evidentes gusanos
de los cambiantes rostros de los hombres.
No sé gran cosa de estos curiosos problemas
pero lo que sé lo sé de verdad
pues son experiencias mías
y no historias leídas en los libros
y puedo hablar del amor o del miedo
como un santo de sus éxtasis
o un mago de teatro (en una reunión casera, entre gente de confianza)
de sus trucos.
No esperen otra cosa
no me critiquen luego, no sean perversos, caramba.
Ni mezquinos.
Les advierto: sean más modestos
pues también ustedes están destinados (tralalá, tralalá, tralalá)
a alimentar a los gusanos antes mencionados.
De modo que, con excepción de los locos y de los invisibles dioses (tal vez inexistentes)
todos los demás harán bien en escucharme si no con respeto por lo menos con condescendencia.
-Muchos lectores se preguntan, señor Sabato, cómo es posible que usted se haya dedicado a las ciencias físico-matemáticas.
-Pues nada más fácil de explicar. Creo haberle ya contado que huí del movimiento stalinista en 1935, en Bruselas, sin dinero,sin documentos. Guillermo Etchebehere me dio alguna ayud, él era trotkista, y durante un tiempo pude dormir en el altillo de la École Normale Supérieure, rue d' Ulm. Me acuerdo como si fuera hoy. Una cama grande, pero en aquel tiempo no había calefacción, yo entraba por la ventana a las diez de la noche y me acostaba allí, en la cama doble del portero, gran tipo, pero era un invierno atroz y no había calefaccón así que poníamos muchas capas de L' HUMANITÉ encima y cada vez que nos dábamos vuelta se oía el crujido de los diarios (lo estoy oyendo), yo estaba en un gran caos y muchas veces caminando al borde del Sena pensé en matarme, no vaya a creer, pero me daba pena por el pobre Lehrmann, el portero alsaciano, que me daba algunos francos para comer un sándwich de esos largos y café con leche, era una fallada, comprende, así que fui tirando hasta que no di más y con muchas precauciones me robé de Gibert un tratado de análisis matemático de Borel y cuando en un café comencé a estudiarlo, mientras afuera hacía frío y yo tomaba un café caliente, comencé a pensar en aquellos que dicen
que este mercado en que vivimos
está formado por una única sustancia
que se transmuta en árboles, criminales y montañas,
intentando copiar un petrificado museo
de ideas.
Aseguran
(antiguos viajeros, escrutadores de pirámides, individuos que en sueños lo han entrevisto, algún mistagogo) que es una pasmosa
colección de objetos inconmovibles y estáticos: inmortales árboles, petrificados tigres,
junto a triángulos y paralelepípedos.
Y también un hombre perfecto,
formando con cristales de eternidad,
al que torpemente quiere parecerse
(el dibujo de un niño)
un montón de partículas universales
que antes eran sal, agua, batracio,
fuego y nube,
excrementos de toro y de caballo,
vísceras podridas en campos de combate.
De modo que (siguen explicando esos viajeros, aunque ahora con levísima ironía en los ojos) con esa inmunda mezcla
de basura, tierra y restos de comida,
purificándola con agua y sol,
cuidándola anhelosamente
contra los despreciativos y sarcásticos poderes
de las grandes fuerzas terrestres
(el rayo, el huracán, el mar enfurecido, la lepra) se intenta un burdo simulacro
del hombre de cristal.
Pero aunque crece, prospera (le van bien las cosas, eh?)
de pronto empieza a vacilar
hace esfuerzos desesperados
y finalmente muere
como ridicula caricatura,
volviendo a ser barro y excremento de vaca.
Si no logra al menos la dignidad del fuego.
-Desea agregar algo a este reportaje, señor Sabato? Alguna preferencia en teatro o música? Algo sobre el compromiso del escritor?
-No, señor, gracias.
-Está satisfecho con lo que ha escrito?
-No soy tan canalla.
-Quién es Ernesto Sabato?
-Mis libros han sido un intento de responder a esa pregunta. Yo no quiero obligarlo a leerlos, pero si quiere conocer la respuesta tendrá que hacerlo.
-Puede adelantarnos la primicia de lo que está escribiendo en estos momentos?
-Una novela.
-Tiene ya título?
-Generalmente lo sé al final, cuando terminé de escribir el libro. Por el momento tengo dudas. Puede ser EL ÁNGEL DE LAS TINIEBLAS. Pero quizá ABADDÓN, EL EXTERMINADOR.
-Caramba, un poco abrumadores, no?
-Sí.
-Me encantaría pudiese contestarme algunas preguntas: qué piensa del boom latinoamericano? cree usted que el escritor debe estar comprometido? qué consejos daría a un escritor que se inicia? a qué horas escribe? prefiere los días de sol o los nublados? se identifica con sus personajes? escribe sus propias experiencias o inventa? qué piensa de Borges? debe tener el artista una libertad total? son beneficiosos los congresos de escritores? cómo definiría su estilo? qué piensa de la vanguardia?
-Vea, amigo, dejémonos de tonterías y de una vez por todas digamos la verdad. Pero, eso sí: toda la verdad. Quiero decir, hablemos de catedrales y prostíbulos, de esperanzas y campos de concentración. Yo, por lo menos, no estoy para bromas.
porque me voy a morir.
El que sea inmortal que se permita el lujo
de seguir diciendo pavadas.
Yo no: tengo los días contados (pero qué hombre, amigo periodista, no tiene los días contados, dígame: con la mano sobre el corazón)
y quiero hacer un balance
para ver qué queda de todo eso
(mandrágoras o escribanos)
y si es cierto que los dioses son más valederos
que los gusanos
que pronto han de engordar con mis despojos.
Yo no sé, no sé nada (para qué lo voy a engañar).
no soy tan arrogante ni tan tonto
como para proclamar la superioridad de los gusanos.
(Quede eso para ateos de barrio.)
Le confieso que el argumento me impresiona
pues el cajón
el coche fúnebre
y esos grotescos implementos de la muerte
son visibles tetimonios de nuestra precariedad.
Pero quién sabe, quién sabe, señor periodista.
Pudiese ser que los dioses no condescendieran a rebajarse tanto, no accedieran a la baja demagogia
de hacerse groseramente comprensibles,
y nos esperaran con siniestros espectáculos,
luego que el último discurso fuese pronunciado
y nuestro solitario cuerpo
para siempre abandonado a sí mismo
(pero, anote, abandonado de verdad, no con esos imperfectos, anhelosos y en definitiva inútiles abandonos que la vida nos proporciona) aguarde el ataque innumerable
de los gusanos.
Hablemos, pues, sin miedo
pero también sin pretensiones
sencillamente
con cierto sentido del humor
que disimule el lógico patetismo del asunto.
Hablemos de todo un poco.
Quiero decir:
de esos problemáticos dioses
de los evidentes gusanos
de los cambiantes rostros de los hombres.
No sé gran cosa de estos curiosos problemas
pero lo que sé lo sé de verdad
pues son experiencias mías
y no historias leídas en los libros
y puedo hablar del amor o del miedo
como un santo de sus éxtasis
o un mago de teatro (en una reunión casera, entre gente de confianza)
de sus trucos.
No esperen otra cosa
no me critiquen luego, no sean perversos, caramba.
Ni mezquinos.
Les advierto: sean más modestos
pues también ustedes están destinados (tralalá, tralalá, tralalá)
a alimentar a los gusanos antes mencionados.
De modo que, con excepción de los locos y de los invisibles dioses (tal vez inexistentes)
todos los demás harán bien en escucharme si no con respeto por lo menos con condescendencia.
-Muchos lectores se preguntan, señor Sabato, cómo es posible que usted se haya dedicado a las ciencias físico-matemáticas.
-Pues nada más fácil de explicar. Creo haberle ya contado que huí del movimiento stalinista en 1935, en Bruselas, sin dinero,sin documentos. Guillermo Etchebehere me dio alguna ayud, él era trotkista, y durante un tiempo pude dormir en el altillo de la École Normale Supérieure, rue d' Ulm. Me acuerdo como si fuera hoy. Una cama grande, pero en aquel tiempo no había calefacción, yo entraba por la ventana a las diez de la noche y me acostaba allí, en la cama doble del portero, gran tipo, pero era un invierno atroz y no había calefaccón así que poníamos muchas capas de L' HUMANITÉ encima y cada vez que nos dábamos vuelta se oía el crujido de los diarios (lo estoy oyendo), yo estaba en un gran caos y muchas veces caminando al borde del Sena pensé en matarme, no vaya a creer, pero me daba pena por el pobre Lehrmann, el portero alsaciano, que me daba algunos francos para comer un sándwich de esos largos y café con leche, era una fallada, comprende, así que fui tirando hasta que no di más y con muchas precauciones me robé de Gibert un tratado de análisis matemático de Borel y cuando en un café comencé a estudiarlo, mientras afuera hacía frío y yo tomaba un café caliente, comencé a pensar en aquellos que dicen
que este mercado en que vivimos
está formado por una única sustancia
que se transmuta en árboles, criminales y montañas,
intentando copiar un petrificado museo
de ideas.
Aseguran
(antiguos viajeros, escrutadores de pirámides, individuos que en sueños lo han entrevisto, algún mistagogo) que es una pasmosa
colección de objetos inconmovibles y estáticos: inmortales árboles, petrificados tigres,
junto a triángulos y paralelepípedos.
Y también un hombre perfecto,
formando con cristales de eternidad,
al que torpemente quiere parecerse
(el dibujo de un niño)
un montón de partículas universales
que antes eran sal, agua, batracio,
fuego y nube,
excrementos de toro y de caballo,
vísceras podridas en campos de combate.
De modo que (siguen explicando esos viajeros, aunque ahora con levísima ironía en los ojos) con esa inmunda mezcla
de basura, tierra y restos de comida,
purificándola con agua y sol,
cuidándola anhelosamente
contra los despreciativos y sarcásticos poderes
de las grandes fuerzas terrestres
(el rayo, el huracán, el mar enfurecido, la lepra) se intenta un burdo simulacro
del hombre de cristal.
Pero aunque crece, prospera (le van bien las cosas, eh?)
de pronto empieza a vacilar
hace esfuerzos desesperados
y finalmente muere
como ridicula caricatura,
volviendo a ser barro y excremento de vaca.
Si no logra al menos la dignidad del fuego.
-Desea agregar algo a este reportaje, señor Sabato? Alguna preferencia en teatro o música? Algo sobre el compromiso del escritor?
-No, señor, gracias.


Comentario