No pasemos por ahí.
Megatrón no podía creer cómo (¡De qué manera!) fabricaban su gaseosa favorita allí en los hangares de la fábrica: Despegaban los señalizadores y la ilusión que cambiaba al tiempo o habría ido mutando. Y cuando éste se pasó he had became a nordish 78-year-old old man, el último Papa o Megatrón II, como si la costumbre de la é
oca revolviese los usos. Se topó entonces con un león de ciudad. ¿Quién arriba y quién abajo/debajo de éste? ¿Cuál es el rol al que nos escupe la mente de la gran abstracción que nos idea? ¿Cuál es el slot al que nos dirigimos y cuáles sus conexiones? Fundamentar. Los engranajes las van llenando. Las botellas, adelante, de a turnos, avanzando.
Nunca verás un tomate, hijo mío. Me considero un afortunado, justo como aquella botella que tímidamente se distanció del resto del grupo con alguna contorsión mecánica. Pareciere intuir el acceso a un gran valor si es procesada en el último turno. Mis pasiones en ella. Pero ya no tendrás la Fe, ni verás un zapallo. Tragarás polvo y tu intestino quedará para siempre registrado en un laboratorio.
¿Qué será entonces de los leones de ciudad? Aquellos lúmpenes a quienes consideramos inferiores ante nuestros ejércitos de carruajes y de celdas. Megatrón pisaba uno y otro, uno y otro y las matas de los arbustos empujando las hinchadas baldosas grises de a una u otra forma lo acercaban más y más. A medida que apastecía y la profundidad se tornaba enemiga, los soles artificiales impresionaban por los claros y golpeaban el empedrado: Transpiró, comenzó a entumecerse y un brote de golpes evaporó su corazón. Las dos esferas espejadas color café (o sepia) podrían haber expresado toda la tristeza del mundo y las pérdidas violentas; o los anhelos en la melancolía, loando una ficción del pasado como perfecta mitología. No fue así. La ira de un león de ciudad se le presentó en su caminata romana. Una falla técnica que incluía la partitura, como un desencuentro irreconciliable. Se llevó una mano a la túnica (el alba) y con la otra tomó su reliquia. Los marfiles ya goteaban espesos, se iban estirando muy lentos y se permitían un poco de brillo hasta duplicarse en la gravedad. Los engranajes bramaban grandilocuentes, con la autoridad bordada en su alma todopoderosa, quizá a lo que llamamos inconciencia.
Sería como mil sierras opinaba una voz apenas dibujada en cera dentro de aquel cajón de humo y obreros. ¿Mil sierras más son para beber gas? Y los alaridos marchaban como nunca en loops de bólidos bajo las esferas y el hocico. - Ahora que sólo somos nosotros dos y el incierto refugio de la realidad, nos replanteamos quién es el inferior, ¿Cuánto podrías hacer con tu cuerpo? - Parecía que toda la energía de la naturaleza se lo estaba preguntando. Es cierto, no lo amaba porque no era joven, pero tampoco para dárselo a un perro bravío. Cruzó a la vereda de enfrente con las amenazas golpeándolo en la nuca y un fade out sobre la revelación de la fábrica. Tampoco para dárselo a un perro bravío.
Megatrón no podía creer cómo (¡De qué manera!) fabricaban su gaseosa favorita allí en los hangares de la fábrica: Despegaban los señalizadores y la ilusión que cambiaba al tiempo o habría ido mutando. Y cuando éste se pasó he had became a nordish 78-year-old old man, el último Papa o Megatrón II, como si la costumbre de la é
oca revolviese los usos. Se topó entonces con un león de ciudad. ¿Quién arriba y quién abajo/debajo de éste? ¿Cuál es el rol al que nos escupe la mente de la gran abstracción que nos idea? ¿Cuál es el slot al que nos dirigimos y cuáles sus conexiones? Fundamentar. Los engranajes las van llenando. Las botellas, adelante, de a turnos, avanzando. Nunca verás un tomate, hijo mío. Me considero un afortunado, justo como aquella botella que tímidamente se distanció del resto del grupo con alguna contorsión mecánica. Pareciere intuir el acceso a un gran valor si es procesada en el último turno. Mis pasiones en ella. Pero ya no tendrás la Fe, ni verás un zapallo. Tragarás polvo y tu intestino quedará para siempre registrado en un laboratorio.
¿Qué será entonces de los leones de ciudad? Aquellos lúmpenes a quienes consideramos inferiores ante nuestros ejércitos de carruajes y de celdas. Megatrón pisaba uno y otro, uno y otro y las matas de los arbustos empujando las hinchadas baldosas grises de a una u otra forma lo acercaban más y más. A medida que apastecía y la profundidad se tornaba enemiga, los soles artificiales impresionaban por los claros y golpeaban el empedrado: Transpiró, comenzó a entumecerse y un brote de golpes evaporó su corazón. Las dos esferas espejadas color café (o sepia) podrían haber expresado toda la tristeza del mundo y las pérdidas violentas; o los anhelos en la melancolía, loando una ficción del pasado como perfecta mitología. No fue así. La ira de un león de ciudad se le presentó en su caminata romana. Una falla técnica que incluía la partitura, como un desencuentro irreconciliable. Se llevó una mano a la túnica (el alba) y con la otra tomó su reliquia. Los marfiles ya goteaban espesos, se iban estirando muy lentos y se permitían un poco de brillo hasta duplicarse en la gravedad. Los engranajes bramaban grandilocuentes, con la autoridad bordada en su alma todopoderosa, quizá a lo que llamamos inconciencia.
Sería como mil sierras opinaba una voz apenas dibujada en cera dentro de aquel cajón de humo y obreros. ¿Mil sierras más son para beber gas? Y los alaridos marchaban como nunca en loops de bólidos bajo las esferas y el hocico. - Ahora que sólo somos nosotros dos y el incierto refugio de la realidad, nos replanteamos quién es el inferior, ¿Cuánto podrías hacer con tu cuerpo? - Parecía que toda la energía de la naturaleza se lo estaba preguntando. Es cierto, no lo amaba porque no era joven, pero tampoco para dárselo a un perro bravío. Cruzó a la vereda de enfrente con las amenazas golpeándolo en la nuca y un fade out sobre la revelación de la fábrica. Tampoco para dárselo a un perro bravío.

Comentario