La partida

Colapsar
X
 
  • Tiempo
  • Mostrar
Limpiar Todo
nuevos mensajes
  • Gilgamesh
    Trashumante
    • 30-07-2003
    • 2611

    #1

    La partida

    Ordené que trajeran mi caballo del establo. El criado no me entendió, así que fui yo mismo. Enseillé el caballo y lo monté. A la distancia, oí el sonido de una trompeta y le pregunté al mozo su significado. El no sabía nada; no había oído sonido al alguno. En el portón me detuvo y me preguntó: -¿Hacia dónde cabalga, señor?
    -No lo sé-respondí-, sólo quiero partir, sólo partir, nada más que partir de aquí. Sólo así logrraré llegar a mí meta.
    -¿Entonces conoce usted la meta? -preguntó él.
    -Sí -contesté-. Ya te lo he dicho. Partir es mi meta.
    -¿No lleva provisiones? -preguntó-
    -No me son necesarias -respondí-, el viaje es tan largo que moriré de hambre si no consigo alimentos por el camino. No hay provisión que pueda salvarme. Por suerte es un viaje realmente interminable.


    ___________

    Franz Kafka.
    Zu! Burges madarikatua!
    Ez duzu inoiz ezer ulertuko
    zuretzat kalean gertatzen dena
    beti besteen arazoak dira.

    resistance is fertile.
  • emiii
    lioovienen los ninjasnop
    • 25-10-2003
    • 20380

    #2
    yo lo había leído en una traduccón peor y sin el final creo.. si es el que yo pienso, que es un cuento de La Muralla China. VOy a verificar en mi libro, porque me resulta muy extraño que le hayan sacado el tema d las provisiones por criterio de un traductor. tal vez sean diferentes ediciones pero pensé que había una sola.

    se parece a una parte de Un Médico Rural de Kafka... lean un médico rural que es el mejor cuento que hizo a mi gusto.. es excelente.

    saludos gilga

    the sniper in the brain...regurgitatingng drain!! inceestuooss and vaneee and many other last nammess

    Comentario

    • Gilgamesh
      Trashumante
      • 30-07-2003
      • 2611

      #3
      sí, mirá, lo transcribí de una edición más bien nueva (de hecho es nueva, enero del 2004) de la editorial Quadrata. Tiene la metamorfosis, y otros relatos. Justamente, despues dee "La muralla china" está este, que como era cortito y me parecio excelente lo copié.
      Zu! Burges madarikatua!
      Ez duzu inoiz ezer ulertuko
      zuretzat kalean gertatzen dena
      beti besteen arazoak dira.

      resistance is fertile.

      Comentario

      • emiii
        lioovienen los ninjasnop
        • 25-10-2003
        • 20380

        #4
        hoy tengo un parcial... pero después transcribo lo que puso el traductor del mío. que es mucho peor (kla tarducción tiene cosas que parecieran errores) y además le falta un pedazo de diálogo.

        the sniper in the brain...regurgitatingng drain!! inceestuooss and vaneee and many other last nammess

        Comentario

        • Edgar Allan Poe
          Poe ticam ente
          • 26-01-2004
          • 3310

          #5
          Si es muy bueno, ademas es como un pequeño gran resúmen de la obra general de Kafka. Siempre me parecio exelente como en algo tan corto puede mostrar esa cosa infinita que lo caracteriza.
          Gracias Gilga por recordarlo

          Comentario

          • Dorian Gray
            silly boy
            • 23-04-2003
            • 2253

            #6
            snif me gusto

            ademas estoy en buena onda hoy, es un bonus
            "curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos por medio del alma.."

            Comentario

            • emiii
              lioovienen los ninjasnop
              • 25-10-2003
              • 20380

              #7
              ---------------------------------------------------------------------------------------------------
              LA PARTIDA

              Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fuí yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. El no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
              -¿Hacia donde cabalga el señor?
              - No lo sé -respondí-. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.
              -¿Conoces, pues, tu meta? -preguntó él.
              -Sí -contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta.
              ---------------------------------------------------------------------------------------------------



              así figura en mi edición de la muralla china. y me parece que no hay varias ediciones con correcciones de autor... bahh.. eso había escuchado porque hasta tenía entendido que no estaba terminado como libro, o algo así... aunque eso puede ser cualquiera. Pero bueh.. me parece una cagada grosa de mi traductor sacarle pedazos y hacer que el críado lo empiece a vocear por la mitad. No sé...


              Pero lean Un médico rural .. si estoy muy al pedo me tomo el trabajo de transcribirlo entero porque es tan bueno. Es lo mejor corto de kafka a mí gusto (lo mejor mejor es el castillo..). Son como cinco páginas... por eso reniego tanto antes de transcribirlo.. y no croe que lo encuentre buscándolo.

              the sniper in the brain...regurgitatingng drain!! inceestuooss and vaneee and many other last nammess

              Comentario

              • emiii
                lioovienen los ninjasnop
                • 25-10-2003
                • 20380

                #8
                además el mío dice lo del portón.... pero que locura.


                entiendo por qué kafka estaba tan obsesionado con la distancia... son enormes las distancias que separan dos versiones de un mismo texto suyo.

                the sniper in the brain...regurgitatingng drain!! inceestuooss and vaneee and many other last nammess

                Comentario

                • Gilgamesh
                  Trashumante
                  • 30-07-2003
                  • 2611

                  #9
                  jajajaajaja, si puede ser, igualmente si no hubiese sido por su aiguito max brod hubiesen sido todas convergentes en el mismo fuego
                  Zu! Burges madarikatua!
                  Ez duzu inoiz ezer ulertuko
                  zuretzat kalean gertatzen dena
                  beti besteen arazoak dira.

                  resistance is fertile.

                  Comentario

                  • Nicolop
                    Egelito
                    • 26-01-2004
                    • 218

                    #10
                    Kafka perdió todo mi respeto cuando se convirtió en cucaracha. Si hubiera sido un saltamontes, la cosa cambiaba.

                    Comentario

                    • Aliz
                      Liza
                      • 28-09-2003
                      • 8281

                      #11
                      La metamorfosis está BUENÍSIMO

                      Comentario

                      • SeBoYa
                        DeSGRaCiaDo HiJo De PuTa!
                        • 08-11-2003
                        • 2658

                        #12
                        La metamorfosis es glorioso, yo lo leí de pendejo, como un librito de Sci Fi.. me gustó
                        de grande lo volví a leer y lo entendí (o entendí mucho mas allá de la interpretación literal) y me ENCANTÓ!


                        concuerdo con NezQuik! con lo de "Un médico Rural" es increible ese cuento

                        y acá se los posteo


                        UN MEDICO RURAL
                        FRANZ KAFKA

                        Estaba muy preocupado; debía emprender un viaje urgente; un enfermo de gravedad me estaba esperando en un pueblo a diez millas de distancia; una violenta tempestad de nieve azotaba el vasto espacio que nos separaba; yo tenía un coche, un cochecito ligero, de grandes ruedas, exactamente apropiado para correr por nuestros caminos; envuelto en el abrigo de pieles, con mi maletín en la mano, esperaba en el patio, listo para marchar; pero faltaba el caballo... El mío se había muerto la noche anterior, agotado por las fatigas de ese invierno helado; mientras tanto, mi criada corría por el pueblo, en busca de un caballo prestado; pero estaba condenada al fracaso, yo lo sabía, y a pesar de eso continuaba allí inútilmente, cada vez más envarado, bajo la nieve que me cubría con su pesado manto. En la puerta apareció la muchacha, sola y agitó la lámpara; naturalmente, ¿quién habría prestado su caballo para semejante viaje? Atravesé el patio, no hallaba ninguna solución; distraído y desesperado a la vez, golpeé con el pie la ruinosa puerta de la pocilga, deshabitada desde hacía años. La puerta se abrió, y siguió oscilando sobre sus bisagras. de la pocilga salió una vaharanda como de establo, un olor a caballos. Una polvorienta linterna colgaba de una cuerda.
                        Un individuo, acurrucado en el tabique bajo, mostró su rostro claro, de ojitos azules.
                        --¿Los engancho al coche? --preguntó, acercándose a cuatro patas.
                        No supe qué decirle, y me agaché para ver qué había dentro de la pocilga. La criada estaba a mi lado.
                        --Uno nunca sabe lo que puede encontrar en su propia casa --dijo ésta. Y ambos nos echamos a reír.
                        --¡Hola, hermano, hola, hermana! --gritó el palafrenero, y dos caballos, dos magníficas bestias de vigorosos flancos, con las piernas dobladas y apretadas contra el cuerpo, las perfectas cabezas agachadas, como las de los camellos, se abrieron paso una tras otra por el hueco de la puerta, que llenaban por completo. Pero una vez afuera se irguieron sobre sus largas patas, despidiendo un espeso vapor.
                        --Ayúdalo --dije a la criada, y ella, dócil, alargó los arreos al caballerizo. Pero apenas llegó a su lado, el hombre la abrazó y acercó su rostro al rostro de la joven. Esta gritó, y huyó hacia mí; sobre sus mejillas se veían, rojas, las marcas de dos hileras de dientes.
                        --¡Salvaje! --dije al caballerizo--. ¿Quieres que te azote?
                        Pero luego pensé que se trataba de un desconocido, que yo ignoraba de dónde venía y que me ofrecía ayuda cuando todos me habían fallado. Como si hubiera adivinado mis pensamientos, no se mostró ofendido por mi amenaza y, siempre atareado con los caballos, sólo se volvió una vez hacia mí.
                        --Suba --me dijo, y, en efecto, todo estaba preparado.
                        Advierto entonces que nunca viajé con tan hermoso tronco de caballos, y subo alegremente.
                        --Yo conduciré, pues tu no conoces el camino --dije.
                        --Naturalmente --replica--, yo no voy con usted: me quedo con Rosa.
                        --¡No! --grita Rosa, y huye hacia la casa, presintiendo su inevitable destino; aún oigo el ruido de la cadena de la puerta, al correr en el cerrojo; oigo girar la llave en la cerradura; veo además que Rosa apaga todas las luces del vestíbulo y, siempre huyendo, las de las habitaciones restantes, para que no puedan encontrarla.
                        --Tu vendrás conmigo --digo al mozo--; si no es así, desisto del viaje, por urgente que sea. No tengo intención de dejarte a la muchacha como pago del viaje.
                        --¡Arre! --grita él; y da una palmada; el coche parte, arrastrado como un leño en el torrente; oigo crujir la puerta de mi casa, que cae hecha pedazos bajo los golpes del mozo; luego mis ojos y mis oídos se hunden en el remolino de la tormenta que confunde todos mis sentidos. Pero esto dura sólo un instante; se diría que frente a mi puerta que encontrara la puerta de la casa de mi paciente; ya estoy allí; los caballos se detienen; la nieve ha dejado de caer; claro de luna en torno; los padres de mi paciente salen ansiosos de la casa, seguidos de la hermana; casi me arrancan del coche; no entiendo nada de su confuso parloteo; en el cuarto del enfermo el aire es casi irrespirable, la estufa humea, abandonada; quiero abrir la ventana, pero antes voy a ver al enfermo. Delgado, sin fiebre, ni caliente ni frío, con ojos inexpresivos, sin camisa, el joven se yergue bajo el edredón de plumas, se abraza a mi cuello y me susurra al oído:
                        --Doctor, déjeme morir.
                        Miro en torno; nadie lo ha oído; los padres callan, inclinados hacia adelante, esperando mi sentencia; la hermana me ha acercado una silla para que coloque mi maletín de mano. Lo abro, y busco entre mis instrumentos; el joven sigue alargándome sus manos, para recordarme su súplica; tomo un par de pinzas, las examino a la luz de la bujía y las deposito nuevamente.
                        --Si --pienso indignado--; en estos casos los dioses nos ayudan, nos mandan el caballo que necesitamos y, dada nuestra prisa, nos agregan otro. Además, nos envían un caballerizo...
                        En aquel preciso instante me acuerdo de Rosa. ¿Qué hacer? ¿Cómo salvarla? ¿Cómo rescatar su cuerpo del peso de aquel hombre, a diez millas de distancia, con un par de caballos imposibles de manejar? Esos caballos que no sé cómo se han desatado de las riendas, que se abren paso ignoro cómo; que asoman la cabeza por la ventana y contemplan al enfermo, sin dejarse impresionar por las voces de la familia.
                        --Regresaré en seguida --me digo como si los caballos me invitaran al viaje. Sin embargo, permito que la hermana, que me cree aturdido por el calor, me quite el abrigo de pieles. Me sirven una copa de ron; el anciano me palmea amistosamente el hombro, porque el ofrecimiento de su tesoro justifica ya esta familiaridad. Meneo la cabeza; estallaré dentro del estrecho círculo de mis pensamientos; por eso me niego a beber. La madre permanece junto al lecho y me invita a acercarme; la obedezco, y mientras un caballo relincha estridentemente hacia el techo, apoyo la cabeza sobre el pecho del joven, que se estremece bajo mi barba mojada. Se confirma lo que ya sabía: el joven está sano, quizá un poco anémico, quizá saturado de café, que su solícita madre le sirve, pero está sano; lo mejor sería sacarlo de un tirón de la cama. No soy ningún reformador del mundo, y lo dejo donde está. Soy un vulgar médico del distrito que cumple con su deber hasta donde puede, hasta un punto que ya es una exageración. Mal pagado, soy, sin embargo, generoso con los pobres. Es necesario que me ocupe de Rosa; al fin y al cabo el joven es posible que tenga razón, y yo también pido que me dejen morir. ¿Qué hago aquí, en este interminable invierno? Mi caballo se ha muerto y no hay nadie en el pueblo que me preste el suyo. Me veré obligado a arrojar mi carruaje en la pocilga; si por casualidad no hubiese encontrado esos caballos, habría tenido que recurrir a los cerdos. Esta es mi situación. Saludo a la familia con un movimiento de cabeza. Ellos no saben nada de todo esto, y si lo supieran, no lo creerían. Es fácil escribir recetas, pero en cambio, es un trabajo difícil entenderse con la gente. Ahora bien, acudí junto al enfermo; una vez más me han molestado inútilmente; estoy acostumbrado a ello; con esa campanilla nocturna, todo el distrito me molesta, pero que además tenga que sacrificar a Rosa, esa hermosa muchacha que durante años vivió en mi casa sin que yo me diera cuenta cabal de su presencia... Este sacrificio es excesivo, y tengo que encontrarle alguna solución, cualquier cosa, para no dejarme arrastrar por esta familia que, a pesar de su buena voluntad, no podrían devolverme a Rosa. Pero he aquí que mientras cierro el maletín de mano y hago una señal para que me traigan mi abrigo, la familia se agrupa, el padre olfatea la copa de ron que tiene en la mano, la madre, evidentemente decepcionada conmigo --¿qué espera, pues, la gente?-- se muerde, llorosa, los labios, y la hermana agita un pañuelo lleno de sangre; me siento dispuesto a creer, bajo ciertas condiciones, que el joven quizá está enfermo. Me acerco a él, que me sonríe como si le trajera un cordial... ¡Ah! Ahora los dos caballos relinchan a la vez; ese estrépito ha sido seguramente dispuesto para facilitar mi auscultación; y esta vez descubro que el joven está enfermo. El costado derecho, cerca de la cadera, tiene una herida grande como un platillo, rosada, con muchos matices, oscura en el fondo, más clara en los bordes, suave al tacto, con coágulos irregulares de sangre, abierta como una mina al aire libre. Así es como se ve a cierta distancia. De cerca, aparece peor. ¿Quién puede contemplar una cosa así sin que se le escape un silbido? Los gusanos, largos y gordos como mi dedo meñique, rosados y manchados de sangre, se mueven en el fondo de la herida, la puntean con su cabecitas blancas y sus numerosas patitas. Pobre muchacho, nada se puede hacer por ti. He descubierto tu gran herida; esa flor abierta en tu costado te mata. La familia está contenta, me ve trabajar; la hermana se lo dice a la madre, ésta al padre, el padre a algunas visitas que entran por la puerta abierta, de puntillas, a través del claro de luna.
                        --¿Me salvarás? --murmura entre sollozos el joven, deslumbrado por la vista de su herida.
                        Así es la gente de mi comarca. Siempre esperan que el médico haga lo imposible. Han perdido la antigua fe; el cura se queda en su casa y desgarra sus ornamentos sacerdotales uno tras otro; en cambio, el médico tiene que hacerlo todo, suponen ellos, con sus pobres dedos de cirujano. ¡Como quieran! Yo no les pedí que me llamaran; si pretenden servirse de mí para un designio sagrado, no me negaré a ello. ¿Qué cosa mejor puedo pedir yo, un pobre médico rural, despojado de su criada?
                        Y he aquí que empiezan a llegar los parientes y todos los ancianos del pueblo, y me desvisten; un coro de escolares, con el maestro a la cabeza canta junto a la casa una tonada infantil con estas palabras:
                        "Desvístanlo, para que cure,
                        y si no cura, mátenlo.
                        Sólo es un médico, sólo es un médico..."
                        Mírenme: ya estoy desvestido, y, mesándome la barba y cabizbajo, miro al pueblo tranquilamente. Tengo un gran dominio sobre mí mismo; me siento superior a todos y aguanto, aunque no me sirve de nada, porque ahora me toman por la cabeza y los pies y me llevan a la cama del enfermo. me colocan junto a la pared, al lado de la herida. Luego salen todos del aposento; cierran la puerta, el canto cesa; las nubes cubren la luna; las mantas me calientan, las sombras de las cabezas de los caballos oscilan en el vano de las ventanas.
                        --¿Sabes --me dice una voz al oído-- que no tengo mucha confianza en ti? No importa como hayas llegado hasta aquí; no te han llevado tus pies. En vez de ayudarme, me escatimas mi lecho de muerte. No sabes cómo me gustaría arrancarte los ojos.
                        --En verdad --dije yo--, es una vergüenza. Pero soy médico. ¿Qué quieres que haga? Te aseguro que mi papel nada tiene de fácil.
                        --¿He de darme por satisfecho con esa excusa? Supongo que si. Siempre debo conformarme. Vine al mundo con una hermosa herida. Es lo único que poseo.
                        --Joven amigo --digo--, tu error estriba en tu falta de empuje. Yo, que conozco todos los cuartos de los enfermos del distrito, te aseguro: tu herida no es muy terrible. Fue hecha con dos golpes de hacha, en ángulo agudo. Son muchos los que ofrecen sus flancos, y ni siquiera oyen el ruido del hacha en el bosque. Pero menos aún sienten que el hacha se les acerca.
                        --¿Es de veras así, o te aprovechas de mi fiebre para engañarme?
                        --Es cierto, palabra de honor de un médico juramentado. Puedes llevártela al otro mundo.
                        Aceptó mi palabra, y guardó silencio. Pero ya era hora de pensar en mi libertad. Los caballos seguían en el mismo lugar. Recogí rápidamente mis vestidos, mi abrigo de pieles y mi maletín; no podía perder el tiempo en vestirme; si los caballos corrían tanto como en el viaje de ida, saltaría de esta cama a la mía. Dócilmente, uno de los caballos se apartó de la ventana; arrojé el lío en el coche; el abrigo cayó fuera, y sólo quedó retenido por una manga en un gancho. Ya era bastante. Monté de un salto a un caballo; las riendas iban sueltas, las bestias, casi desuncidas, el coche corría al azar y mi abrigo de pieles se arrastraba por la nieve.
                        --¡De prisa! --grité--. Pero íbamos despacio, como viajeros, por aquel desierto de nieve, y mientras tanto, el nuevo el canto de los escolares, el canto de los muchachos que se mofaban de mí, se dejó oír durante un buen rato detrás de nosotros:
                        "Alégrense, enfermos,
                        tienen al médico en su propia cama."
                        A ese paso nunca llegaría a mi casa; mi clientela está perdida; un sucesor ocupará mi cargo, pero sin provecho, porque no puede reemplazarme; en mi casa cunde el repugnante furor del caballerizo; Rosa es su víctima; no quiero pensar en ello. Desnudo, medio muerto de frío y a mi edad, con un coche terrenal y dos caballos sobrenaturales, voy rodando por los caminos. Mi abrigo cuelga detrás del coche, pero no puedo alcanzarlo, y ninguno de esos enfermos sinvergüenzas levantará un dedo para ayudarme. ¡Se han burlado de mí! Basta acudir una vez a un falso llamado de la campanilla nocturna para que lo irreparable se produzca.

                        Keats and Yeats may be on your side,
                        but I’m on Morrissey’s. Therefore, you fucking lose

                        ~ Oscar Wilde

                        Comentario

                        • Aliz
                          Liza
                          • 28-09-2003
                          • 8281

                          #13
                          Muy bueno

                          Comentario

                          • The Extreme
                            Tøn
                            • 10-09-2003
                            • 4678

                            #14
                            [Alguien se acuerda de un video animado sobre "la metamorfosis" que se posteó, no se si acá o en otro mundo]
                            Most people don't realize
                            That two large pieces of coral,
                            Painted brown, and attached to his skull
                            With common wood screws can make a child look like a deer

                            Comentario

                            • Gilgamesh
                              Trashumante
                              • 30-07-2003
                              • 2611

                              #15
                              es excelente....

                              gracias por postearlo, muy güeno, de veras (o deveras no sé)
                              Zu! Burges madarikatua!
                              Ez duzu inoiz ezer ulertuko
                              zuretzat kalean gertatzen dena
                              beti besteen arazoak dira.

                              resistance is fertile.

                              Comentario

                              Trabajando...