Los cuentos infantiles

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  • Abraxas
    nosce te ipsum
    • 21-11-2005
    • 1447

    #1

    Los cuentos infantiles

    En mi cabeza, la infancia se reconoce como tal a partir de la Edad Moderna con el surgimiento y expansión de la escuela como institución oficial del Estado para la formación de sus futuros ciudadanos civiles. No es hasta entonces que aparecen tratados específicos para la formación infantil con todas las implicancias de la neófita etapa.
    Otro hecho notable en el siglo XVIII es la invención de la imprenta por parte de Gutenberg. Esto hace posible, entre muchas otras cosas, la distribución de cuentos hasta convertir algunos en una especie de rumor impregnado en el inconsciente colectivo.
    Antes de la modernidad, los niños eran tratados como iguales, como adultos pequeños. Carecían de privilegios y tratos especiales. No existía la infancia reconocida como tal.
    Por otro lado, los cuentos existen desde antaño, con más o menos la misma estructura narrativa particular. Desde la antigüedad fueron utilizados por los viejos sabios para la educación y transmisión de conocimientos a los jóvenes, transmitiéndolos así de generación en generación, formando un conglomerado de elementos que terminarían por hacer una forma particular de cultura.
    Pues bien, la técnica del cuento ha existido desde siempre.
    ¿Qué elemento (además de la infancia en sí) hace que un cuento sea específicamente infantil? En el contenido del cuento ¿qué es lo que lo hace ser para niños? ¿Acaso es, únicamente, el tipo de narración (el popular “había una vez” con todo sus ornamentos y onomatopeyas) y ya? Si aplicase esta dialéctica concreta a un trabajo cualquiera (por ejemplo, “la evolución de las especies” de Darwin ó un film noir) para que cualquier niño lo comprenda ¿eso lo convertiría en un cuento infantil? ¿La adaptación acaso es la caracterización? ¿Será que los cuentos populares son los cuentos infantiles?


    Comencé recordando cuentos que me marcaron y que siempre, de una u otra manera, tengo presentes. Terminé googleando sobre el tema y recorté muy groseramente fragmentos que a continuación dispongo. Pensaba en un principio hilvanarlos armónicamente, pero crece el interés por otras cuestiones y a esto ya no deseo retenerlo ni demorarlo.
    Incluso pueden, si les place, consultar de las fuentes directamente.
    Hubiese gustado profundizar en las biografías de los famosos cuentistas, y la otra cuestión, no menos importante, sobre el monopolio del discurso y transmisión de modelos mediante la industria corporativa Disney, en especial el caso que se da con las "princesas" e implícitamente el rol de la mujer en la sociedad. En fin..

    A través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado. Aplicando el modelo psicoanalítico de personalidad humana, los cuentos aportan importantes mensajes al consciente, pre consciente e inconsciente, sea cual sea el nivel de funcionamiento de cada uno en aquel instante. Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias hablan a su pequeño yo en formación y estimulan su desarrollo, mientras que, al mismo tiempo, liberan al pre consciente y al inconsciente de sus pulsiones. A medida que las historias se van descifrando, dan crédito consciente y cuerpo a las pulsiones del ello y muestran los distintos modos de satisfacerlas, de acuerdo con las exigencias del yo y del súper-yo” (Bettelheim, B., Psicoanálisis de los cuentos de hadas, 1986, p. 12-13).
    Cabe añadir que en los cuentos populares, como en gran parte de los cuentos de la literatura infantil moderna, existe una dicotomía maniquea entre los personajes, cuyos atributos representan la bondad o la maldad, dependiendo del rol que se les asigna en la trama del cuento.



    A pesar de todos los cuentos para niños que se han escrito, los clásicos cuentos de hadas permanecen; trascienden las épocas, como los mitos. ¿Qué tienen ellos que no tengan todos los demás? Esta es básicamente la pregunta que Bruno Bettelheim se propone responder en este libro. Un cuento infantil puede estimular la imaginación, contener una moraleja, divertir, enseñar. Pero los cuentos de hadas además de todos esos atributos, poseen una particularidad: hablan de los conflictos internos de un modo que el niño puede comprender inconscientemente y ofrecen ejemplos de soluciones a las injusticias y privaciones apremiantes; transmiten el mensaje de que la lucha contra las dificultades de la vida es inevitable y que si uno no huye de ellas y las enfrenta, sale victorioso. Las historias modernas evitan que el niño encuentre en ellas esos problemas existenciales. Tal es el caso de Barney, un programa infantil, visto por más de la mitad de los niños estadounidenses, dónde todos son buenos, solidarios y desean la paz. En los cuentos de hadas, en cambio, la maldad está- como en la vida- siempre presente (la bruja, la madrastra, el gigante, el dragón). Al terminar el cuento el malvado es castigado. Según Bettelheim, lo que importa no es el sentido moral que tiene esta consecuencia, sino la idea de que la maldad no resuelve nada y por eso el malo siempre pierde. En una etapa del desarrollo en que el niño percibe la realidad de manera polarizada: los buenos y los malos, tiene sentido que las figuras sean típicas, sin ambigüedad.

    El niño se puede identificar sin conflictos con el héroe, el bueno, quien con sus hazañas y a pesar de sus cavilaciones ha logrado vencer los obstáculos. La pregunta del niño cuando escucha estas historias no es ¿Quiero ser bueno?, sino más bien ¿A quién quiero parecerme? Es decir, no es la moraleja lo que está en juego, sino el sentido de su existencia. Esta es la razón por la cual Bettelheim insiste en que no es la moralidad lo que sostiene el interés de los cuentos de hadas. Es la seguridad de que se puede salir adelante a pesar de los dramas, como el héroe que sigue su camino con una profunda confianza interior, aunque por momentos se pierda y ande a tientas por la oscuridad... llegará la ayuda oportunamente. Parte del encanto de los cuentos de hadas, reside en que el niño se siente comprendido a través de esas historias, pero no sabe cómo ni por qué. Gusta de ellas, las necesita, las pide una y otra vez. Las recordará toda la vida porque las lleva en el corazón y no han pasado por la razón. Para finalizar, notemos que Bettelheim, psicoanalista de niños, ha escrito este libro para ayudar a que los adultos, especialmente los que tienen niños a su cargo, sean mucho más conscientes de la importancia de dichas historias.



    Sobre el Símbolo
    Desde tiempos ancestrales, la curiosidad, la búsqueda de explicaciones ante los fenómenos naturales, del sentido de la vida y su impulso al desarrollo, han llevado al hombre a referirse a dimensiones trascendentes a su experiencia de lo concreto; ante esta tarea, el poder representativo del lenguaje lógico y racional ha mostrado ser insuficiente. Nuevamente hace un siglo, la revolución en la física, al explorar los límites de la materia, se encontró con la inadecuación de nuestro lenguaje para describir este nuevo horizonte (Capra, 1975). La religión también ha reconocido estos límites al hablar acerca de la experiencia de lo divino y lo espiritual. En el arte y la psicología damos cuenta también de las dificultades del lenguaje cotidiano para expresar ciertas vivencias emocionales del ser humano. Cuando nos encontramos en estas fronteras, el lenguaje simbólico nos acerca, al menos de manera aproximada a estas entidades energéticas, ya sean estas de tipo trascendente o emocional. La metafísica neoplatónica, el arte romántico y el simbólico, así como la perspectiva hermética y la psicología jungiana dan cuenta de la función del símbolo en tanto referente de algo más allá de las capacidades humanas racionales. El símbolo es una forma o imagen que representa, de manera aproximada, algo que, a pesar de nuestra incapacidad racional para aprehenderlo y expresarlo, existe y pulsa. La pulsión establece vínculos con ciertos objetos de simbolización. No se vincula cualquier imagen, no existe una arbitrariedad absoluta en la elección del símbolo sino que la psique procede en función de una cierta similitud entre lo representado y lo representante (Jung, 1993, pág.118). Puesto que las posibilidades de conexión son tantas, hay mucha variación en las analogías que cada persona establece. Esta variedad puede ser de hecho infinita si se adopta una noción de simpatía universal o, dicho de otro modo, de una interconexión y semejanza entre todos los elementos del universo.
    Además de una aproximación general al símbolo, es importante distinguir un tipo de simbología. Ciertos puntos o umbrales psíquicos son comunes en la vida de todos los hombres por lo que, a lo largo de la evolución de la humanidad, han forjado predisposiciones cognitivo-afectivas que orientan la acción. Jung denomina estas matrices del comportamiento, arquetipos. Estos recursos psíquicos se encuentran fuera del territorio de la conciencia y solo podemos acceder a ellos gracias al lenguaje simbólico. A los símbolos que representan los arquetipos los denominamos en la psicología analítica, símbolos arquetípicos. Estos símbolos son particularmente importantes para la psique del ser humano porque le permiten el acceso a imágenes de auto-construcción y reconstrucción, especialmente en momentos críticos de la vida (Young-Eisendrath, P. y Hall, J., 1991, pág. 51).El símbolo puede representar algo que tiene una identidad contradictoria o una entidad paradójica. En el primer caso la ambigüedad del símbolo radica en la limitación de la conexión analógica; mientras que en el segundo caso, el símbolo es paradójico porque lo que representa es, en sí mismo, paradójico. Por ejemplo, ciertos símbolos muestran la naturaleza contradictoria del sello arquetípico: “la pareja de opuestos constituye más bien la fenomenología del paradójico sí-mismo, de la totalidad humana. Por eso su simbolismo recurre a expresiones de naturaleza cósmica como coelum-terra [cielo-tierra]. La intensidad de la oposición se expresa en símbolos como fuego-agua, altura-profunidad, muerte y vida” (Jung, 2002,17-18). Un ejemplo de este tipo de simbolismo se encuentra en la alquimia, donde la piedra filosofal, un símbolo del sí-mismo (Jung, 2002, pág. 520), representa la conjunctio:
    “El lápiz es ‘en lo manifiesto frío y húmedo y en lo oculto caliente y seco’.” (Jung, 2002, pág. 50)Por otra parte para entender ciertas manifestaciones ambiguas de lo simbólico sirve entender los símbolos como máquinas de transformación de la energía (Jung, 1982, pág. 56): “…todos los símbolos, en su variedad infinita, en tanto son imágenes libidinales pueden reducirse en suma a una raíz muy sencilla: la libido y sus propiedades” (1993, pág. 118). Ya que los símbolos hacen referencias a procesos energéticos es de esperar que estos símbolos sean ambiguos o paradójicos. Muchos de los símbolos que encontramos en la psicología muestran rasgos contradictorios porque son manifestaciones de una energía que es la fuente de todos los procesos psíquicos; la misma energía vital puede crear y destruir, amar y odiar: “Es más aconsejable, por tanto, al hablar de la libido, concebirla como un valor-energía capaz de comunicarse a cualquier área de actividad, sea poder, hambre, odio, sexualidad, religión, sin ser ella misma un instinto específico.” Y formalizando más esta observación: “En la naturaleza no existe distinción artificial entre los instintos. En la naturaleza sólo vemos un instinto vital continuo, una voluntad de existencia que mediante la conservación del individuo quiere asegurar la reproducción de toda la especie” (Sainz, 1983, pág. 230).La ambigüedad del símbolo también proviene, como lo señaló Hegel, del hecho de que la imagen elegida posee varias cualidades y solo ciertas de ellas se conectan analógicamente con lo representado, mientras otras cualidades de la imagen u objeto son irrelevantes. Como lo señaló Hegel, es esta selección o reducción de las cualidades relevantes, lo que explica, en parte, la ambigüedad del símbolo.

    El cuento, género en el que es posible todo, también ha despertado el talento y la creatividad de muchos hombres célebres, y, para ilustrar esta afirmación, valga recordar la anécdota vertida por la bibliotecaria norteamericana Virginia Haviland, en el XV Congreso Internacional del IBBY, celebrado en Atenas en 1976: Un día, una madre angustiada se dirige al padre de la Teoría de la Relatividad para pedirle un consejo: ¿Qué debo de leerle a mi hijo para que mejore sus facultades matemáticas y sea un hombre de ciencia? Cuentos, contestó Einstein. Muy bien, dijo la madre. Pero, ¿Qué más? Más cuentos, replicó Einstein. ¿Y después de eso?, insistió la madre. Aún más cuentos, acotó Einstein.
    Los poetas, sabios y niños, conocen los dones que los cuentos populares otorgan a los humanos para que éstos no pierdan el enlace con el maravilloso mundo al que tuvieron acceso en un tiempo remoto, y que aún siguen añorando.
    Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, muchos siguen considerando al niño como un homúnculo (adulto en miniatura) y siguen exigiendo de él un razonamiento lógico, a pesar de que la psicología evolutiva ha demostrado que el niño tiene un dinamismo propio que lo diferencia del adulto.
    Si se parte del criterio de que el pensamiento y lenguaje del niño son diferentes a las del adulto, entonces es lógico que el escritor tenga que esforzarse por entender al niño, informándose cómo éste interpreta y experimenta su mundo cognoscitivo. Además, requiere tener una honda sensibilidad, una predisposición para aprender de los niños y una capacidad para comprender que, lo que es cierto para el adulto no lo es necesariamente para el niño.
    Desde mucho antes de que se inventaran la tinta y el papel, los niños se apoderaron de los cuentos sencillos de la tradición oral no sólo porque les fascinaba su forma y contenido, que eran como el haz y el envés de una hoja, sino también como una forma de defenderse de los adultos que los ignoraban como a personas, con derecho a contar con una literatura accesible a su nivel lingüístico e intelectual. No es casual que recién a partir del siglo XVII, cuando Charles Perrault y los hermanos Jacob y Wihelm Grimm compilaron los cuentos de la tradición oral, empezó a perfilarse la literatura propiamente infantil. Antes de este acontecimiento, todos los libros destinados a los niños tenían un carácter didáctico y de moralización, mediante los cuales transmitían ideas elaboradas a imagen y semejanza de los adultos y las clases dominantes. Empero, después del siglo XVIII, esta literatura didáctica y moralizadora perdió su influencia en virtud de que las ideas sobre la infancia avanzaron paralelamente al desarrollo de las relaciones sociales. El salto del feudalismo al capitalismo fue un proceso fundamental en provecho de la literatura infantil, puesto que a medida que se transformaban las estructuras socioeconómicas, se transformaban también los cánones de la vida cultural y, por lo tanto, de la literatura en general. Los escritores del romanticismo no demoraron en sustituir la literatura que impartía conocimientos académicos y normas ético-morales, por una literatura fantástica y llena de códigos fascinantes, que estimulaban el desarrollo de la imaginación y la sensibilidad infantil. Muchos de los cuentos de la tradición oral fueron modificados y adaptados para los niños; unas veces se adaptó el contenido -una suerte de censura de la obra de creación-, considerando lo que le interesaba al niño o lo qué éste necesita saber; otras veces se adaptó la forma, tomando como base el desarrollo cognoscitivo del niño. Esto mismo ocurrió con las obras de los clásicos de la literatura universal, que no habiendo sido escritas exclusivamente para los niños, fueron leídas por éstos una vez mutiladas en su forma y contenido. Pues de otro modo hubiese sido imposible que un niño pueda leer el original de libros como Robinsón Crusoe de Daniel Defoe, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift o El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, aunque éste, consciente de que la primera parte de su novela alcanzó una popularidad extraordinaria en su época, escribió en la segunda parte la siguiente afirmación: "Los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, está tan trillada, tan leída y tan sabida de todo género de gente, que, apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: ‘Allí va Rocinante’...".



    Editores, psicólogos y pedagogos, coinciden en señalar que la literatura infantil sea reconocida como tal, y que los escritores que dedican su talento a los niños dejen de ser considerados escritores mediocres o fracasados. Asimismo invitan a los grandes autores a escribir libros para niños y jóvenes, porque un buen libro de literatura infantil puede ser también una maravilla para los adultos, como lo son Pipa Calzaslargas (¿Papaíto Piernaslargas?) o Platero y yo para los niños.
    Es ya hora de refutar la afirmación de que toda literatura infantil es mala o fácil de escribir, pues connotados autores han manifestado su admiración y respeto por quienes se dedican a crear obras para la infancia. Por ejemplo, cuando una editorial le propuso a Julio Cortázar escribir un libro infantil, éste contestó: "Con mucho gusto lo haría, pero es demasiado difícil para mí, porque a los niños no se les puede engañar".
    Sin embargo, las instituciones escolares, aparte de fomentar en sus aulas la concurrencia y el individualismo, hacen de los alumnos pésimos lectores, debido a que algunos maestros insisten machaconamente en que la única literatura positiva para el alumno es aquella que le proporciona conocimientos científicos y normas de conducta moral, aun sabiendo que: "Las obras literarias puramente instructivas les disgustan; suelen ser rechazadas y difícilmente cumplen su fin; cuando ello sucede es bajo una tenaz presión. Los libros educativos también suelen llevarnos fácilmente al equívoco porque los niños perciben de inmediato que las historias contadas en estos libros no tienen ningún aire de realidad y que quienes las recomiendan se guardan muy bien de no leerlas nunca, porque ellas son fabricadas especialmente para ’educarlos’. ¿Cuáles son, entonces, las lecturas verdaderamente provechosas para los niños? Sin duda las de distracción y placer y aunque las anteriores se conservan para la preparación de los niños, a las últimas es necesario darles un lugar importante porque son las que verdaderamente responden a las necesidades del niño, y ejercen, o pueden ejercer, una influencia muy feliz en el desarrollo de su psique" (Sosa, J., 1944, p. 36).
    La fantasía prueba las posibilidades del pensamiento, encuentra nuevos medios y realiza los proyectos que luego se modifican con un pensamiento crítico. La fantasía es una palanca que sirve para transformar una realidad determinada y crear una obra que aún no existe.





    Hermanos Grimm
    Jacob (1785 - 1863) y Wilhelm (1786 - 1859) nacieron en Hanau provincia de Hesse. Sus padres eran Philip Grimm y Dorothea Zimmer. Tenían 4 hermanos más. A los 10 y 11 años murió su padre y dos años más tarde, en 1798, se trasladaron a Kessel donde su hermana (dama de compañía de la princesa de Hesse) se hizo cargo de la educación de ambos. A los veinte años de edad, Jakob trabajó como bibliotecario y Wilhelm como secretario de la biblioteca. Fueron profesores universitarios en Kassel (1829 y 1839 respectivamente). Siendo profesores de la Universidad de Gotinga, los despidieron en 1837 por protestar contra el rey Ernesto Augusto I de Hannover. Sus estudios de la lengua alemana son pieza importante del posterior desarrollo del estudio lingüístico, aunque sus teorías sobre el origen divino del lenguaje no son ampliamente respaldadas en la actualidad. Además de sus cuentos de hadas, los Grimm también son conocidos por su obra. Los cuentos de los hermanos Grimm han sido muy populares desde sus orígenes. El cine de animación ha aprovechado este hecho para llevar a la pantalla algunas películas animadas que parten de cuentos de los Grimm; así, Walt Disney produjo en 1937 la película Blancanieves y los siete enanitos, y en 1950 La Cenicienta, si bien esta película se basa también en la versión del cuento que escribió el francés Charles Perrault (1628-1705) Durante el año 2005 se estreno " The Brothers Grimm", la película realizada por el director británico Terry Gilliam. Lejos de ser meras historias de hadas, los cuentos de los hermanos Grimm resultan verdaderas leyendas y mitos que identifican la cultura germánica. Traducidos a más de 160 idiomas en el mundo, los cuentos de los Hermanos Grimm constituyen un verdadero clásico de la literatura alemana. Jacob y Wilhem Grimm se hicieron famosos a partir de su recopilación de cuentos de hadas extraídos de la tradición oral germánica. El más grande de los hermanos, Jacob, aportó su visión académica de filólogo, mientras que el menor, Will, agregó un estilo poético y literario a los relatos. Ambos escribieron "Cuentos de niños y del hogar" en 1812 y "Leyendas populares alemanas" en 1816. Nacieron en Hanau, en Alemania, a fines de 1700. Pese a su diferencia de temperamentos -Jacob era disciplinado y austero, mientras que Will era sociable, romántico y soñador-, los Grimm trabajaron juntos toda la vida apoyados sobre una firme relación de hermanos. En la actualidad, su obra literaria es parte fundamental de la cultura germánica junto con la Biblia de Lutero o el Fausto de Goethe. Además, la colección de cuentos populares de Jacob y Will también supuso una ayuda intelectual durante la unificación política de Alemania. En aquel entonces, cuando aún no existía Alemania sino sólo pequeños Estados disgregados, su libro "Cuentos de niños y del hogar" significó un punto de integración de la cultura alemana. Caperucita Roja, Cenicienta, Blancanieves, Rapunzel, Hansel y Gretel, El lobo y los siete cabritos... todos ellos revelan algo del carácter alemán, puesto que los cuentos no fueron inventados por los Grimm, sino que eran leyendas folclóricas a las que los hermanos dotaron de estructura narrativa humorística y fantasiosa a la vez. La colección, aumentada en 1857, reúne 210 cuentos y es conocida como "Cuentos de hadas de los hermanos Grimm". Bajo la dominación francesa, los hermanos lucharon por su pueblo y su nación desde la lengua y la cultura. Por eso, se remontaron a las raíces estudiando alemán antiguo. De hecho, en el prólogo de su colección de cuentos populares declararon, "en todos estos cuentos se halla un mito alemán ancestral que se creía perdido”. Así, entonces, los hermanos Grimm se convirtieron en los fundadores de la filología germánica mediante obras sobre leyendas, mitos, derecho antiguo, etimología y gramática. Aparte de los cuentos infantiles, su obra más trascendente fue el “Diccionario Alemán" de varios tomos realizado con la idea de que un idioma común forma y une a los pueblos. De hecho, apoyaron la independencia de Polonia, la lengua serbia, editaron poemas españoles y fueron miembros de varias academias extranjeras. Con sus cuentos lograron que en el mundo se consideren los relatos de hadas como un producto típico alemán. Los manuscritos originales fueron declarados patrimonio documental de la humanidad por la UNESCO en 2005.

    (Sobre un libro que encontré)
    La llave de oro. Madres y madrastras en los cuentos infantiles
    La llave de oro a la que alude el título de este libro procede del psicoanalista suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), que se refirió así a los cuentos: "una llave de oro que un hada buena nos puso en la cuna" para resaltar la potencia de su valor simbólico. Y es que Jung, al analizar los cuentos populares (llamados también infantiles, aunque se sabe que no estaban, en principio, destinados a los niños) de hadas, maravillosos, de siempre, de tradición oral y finalmente clásicos, descubrió su enorme potencial como auténtica llave maestra para abrir las puertas a "lo inconsciente colectivo", a esos patrones y modelos ocultos (los arquetipos) que nos condicionan y nos hacen comportarnos como lo hacemos. "Todas las figuras de los cuentos -explica la autora en su introducción- pertenecen a los niveles más profundos de nuestra psique; son representaciones arquetípicas. Influyen en nosotros las conozcamos o no, pues se trata de realidades psíquicas. La interpretación jungiana no intenta explicarlas, sino mostrar a través de ellas un camino hacia una experiencia íntima representada simbólicamente en las imágenes de los cuentos. Según esta concepción, lo que acontece en los cuentos es una vívida realidad psíquica. Comprenderla significa comprenderse a uno mismo. Parece ser que en lo más profundo de lo inconsciente del ser humano se encuentra una especie de cámara donde se hallan los tesoros del conocimiento que conciernen a la experiencia psíquica, y encontrar el acceso supone un gran enriquecimiento para nosotros". Alumna de Jung, la psicoterapeuta Sibylle Birkhäuser-Oeri (Basilea, 1914-1971) centró el objeto de sus estudios en el arquetipo materno y, en colaboración con la también jungiana doctora Marie-Louise von Franz, especialista en literatura infantil y en el análisis de los cuentos, desarrolló este ensayo, La llave de oro, publicado originalmente en 1976, ya fallecida la autora, y revisado y ampliado en 2002, que ahora se publica por primera vez en España. No se trata de un estudio folclórico sobre los cuentos, como podría dar a entender su alusión a ellos en el título, sino de un revelador y clarificador estudio psicológico, partiendo de las teorías del citado Jung, sobre los mensajes ocultos de los cuentos populares. Esas historias milenarias, aparentemente sencillas, que forman parte de la tradición, tanto europea como oriental, y que, amparadas en la fantasía, cuentan más de lo que parece y permiten acceder a profundas interpretaciones de los arquetipos, en este caso el arquetipo materno (y, por extensión, el femenino), representado por esos personajes tan "familiares" para los lectores y, a menudo, inquietantes, como madres buenas y madrastras perversas, hadas benéficas y brujas malvadas, princesas sumisas y damiselas maltratadas al borde de la rebelión... Todo ello en un contexto de tiempos violentos y pasiones desatadas (celos, mentiras, asesinatos, incesto, violaciones, maltrato físico, traiciones, vanidad, afán de poder, avaricia), que tanto juego da, periódica y cansinamente, a los guardianes de la "corrección política".

    Escucha este episodio de DIMENSION INSOLITA gratis en iVoox. ¿Qué mensaje encierran los cuentos infantiles? ¿Los sueños? ¿Los mitos y las leyendas? Jung dio respuesta a estas cuestiones a través de dos ideas...



    La Fundación Chilena de Psicología Analítica C. G. Jung - Chile facilitó este interesantísimo documento, del cual recomiendo especialmente el ensayo titulado "Las tareas de psique en los cuentos infantiles", en página 85, referido al tema, claro está:
  • SILGRI
    cautivadora
    • 25-09-2006
    • 2395

    #2
    Muy interesante compendio de los diversos autores enfocados en lo infantil. Estoy de acuerdo en que un niño debe crecer con la oportunidad de simbolizar su etapa para recrearse, formar su personalidad y desahogar sus complejidades. Bruno Bettelheim es un magnifico autor, admiro su trabajo y su visión con respecto a la infancia.
    Hablando de los cuentitas infantiles, Sin duda la capacidad que tienen para entrar al mundo infantil, o regresar a esa etapa que ya pasaron, es muy valioso, ya que un gran error del adulto es olvidar la sensación de ser niño.

    Edit: borre lo que inicialmente había opinado, se bloqueo el cel :/
    Editado por última vez por SILGRI; 21-10-2012, 11:05 PM.
    Contra las pasiones de poco valen unos sublimes discursos -Freud-

    Comentario

    • Abraxas
      nosce te ipsum
      • 21-11-2005
      • 1447

      #3
      ¿Te molestaron los colores?

      Comentario

      • briant
        mentaltrip.
        • 01-12-2003
        • 8297

        #4
        Las personas traen desde su nacimiento todas la características de lo que será en su adultéz. Sus inquietudes, sus talentos. La música como la literatura simpre fueron el medio para modelar la cultura. Existen entre las rondas infantiles cantidades de bajadas de línea especialmente diseñadas para dislocar al ser en estado de juventud de su verdadera esencia. No cabe duda que en http://www.egelx.net/forum/humor-90/...ionalidad.html descansa la piedra angular del desastre humano. Pero también un mapa arcaico que nos puede llevar hacia las remotas asperezas de la animalidad y lo humano.
        Editado por última vez por briant; 22-10-2012, 03:43 AM.
        http://mentaltrip-mentaltrip.blogspot.com

        Comentario

        • Abraxas
          nosce te ipsum
          • 21-11-2005
          • 1447

          #5
          Interesante.
          ¿Qué cuentos infantiles gustáronles?

          Comentario

          • SILGRI
            cautivadora
            • 25-09-2006
            • 2395

            #6
            Originalmente publicado por Abraxas
            ¿Te molestaron los colores?
            No, me pareció buena idea para diferenciar cada planteamiento.

            Yo crecí con los cuentos de princesas. Recuerdo un cuento que mi mama me narraba antes de dormir y me hacia dormir con una sonrisa, son de los mejores recuerdos de mi infancia. Cuando jugaba con las amiguitas cada quien era el personaje de algún cuento, particularmente me gustaba el cuento de la bella durmiente y blanca nieves. Un libro que me encanto de niña fue el principito e imaginar que vivía grandes aventuras.
            Contra las pasiones de poco valen unos sublimes discursos -Freud-

            Comentario

            Trabajando...