El Príncipe de Nicolás Maquiavelo 1513
Colapsar
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te quedó doliendo burgués de asiento.
Le volvieron a arruinar el thread al brian,
que hijos de puta
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hiciste el mismo post que antesempiezan a cerrar un par de cuestiones
porcelito jr y su resentimiento alineado al que promocionaba con 6
el de la universidad privada de 2da categoría espalda con espalda con el de la facultad de peor nivel académico de la UBA
juegan de memoria
el golpe al ego que debe ser esa educación de mala calidad

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jaujaauajun dejo esta risa para venir a seguir leyendo bien todo esto
y lo del principe tambien
lo tengo pendiente hace un monton
hace unos años lei el otro que salio en esa epoca, UTOPIA
en un punto son el contrapunto
y me queda leer el principeLo bueno, si breve ; dos veces bueno👍 1Comentario
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En el último capítulo de El Príncipe hay de repente un cambio de
escenario: Italia ocupa ahora el lugar prioritariamente poblado por
las ciudades-Estado en el contexto anterior. Ello no parece afectar,
en principio, al problema planteado por Maquiavelo, a saber: ¿es
posible recrear actualmente Italia? Vale decir: ¿es posible unificarla
y devolverle su perdida grandeza? Y no parece afectarlo porque la
solución, en apariencia, es la misma que en otros casos precedentes,
la de seguir “las acciones y vida” de los grandes prohombres del pasado,
como Ciro, Rómulo o Teseo, capaces con sus gestas de emular
las del mismísimo Moisés, es decir, indirectamente las del propio
Dios. Italia, en efecto, se halla en una situación límite, de hecho
más grave que cualquiera de las mencionadas en el capítulo VI: “más
esclava que los judíos, más sierva que los persas, más dispersa que los
atenienses”, en la más completa anarquía y ruina. Más necesitada
por tanto del héroe que la recomponga, ese príncipe “prudente y
virtuoso” cuya acción media entre la “materia” y su futura “forma”
-la elegida por él entre las diversas posibles- una vez individuada en
las condiciones actuales la “ocasión” de hacerlo.1
Y, sin embargo, pronto entran en escena personajes antes desconocidos:
es “Dios” mismo quien pareciera haber elegido a algún
personaje que luego se ha revelado poseído por el demonio de la
fortuna, mas el momento ha llegado de que su dedo toque al ungido
y se lleve a término la obra de “redención” que la grey italiana
ansía en lo más íntimo de su corazón. Una legitimidad carismática
y teológica le lloverá así del cielo al príncipe antaño reducido a su
sola virtud a la hora de conquistar y legitimar su trono. Por otra parte,
la grey itálica ya ha puesto todo de su parte al servicio del mentado
ideal; a falta de cabeza que le guíe, el cuerpo “virtuoso” dispuesto a
dejarse guiar, y a dejar la vida en la empresa, palpita febrilmente a
la espera de la hora redentora: Maquiavelo ni sabe “expresar con
qué amor sería recibido en todas aquellas tierras que han padecido
estos aluviones extranjeros; con qué sed de venganza,
con qué obstinada lealtad, con qué devoción, con qué lágrimas. ¿Qué puertas se
le cerrarían? ¿Qué pueblos le negarían obediencia? ¿Qué envidia se
le opondría? ¿Qué italiano le negaría su reconocimiento? A todos
repugna este bárbaro dominio” (2006: 150)Comentario
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