Rafael de León - "Requiem por Federico"

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    • 06-11-2004
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    #1

    Rafael de León - "Requiem por Federico"

    Aunque la poesía surrealista de Lorca no sea muy de mi agrado, sí me gusta su "Romancero Gitano" y la única obra de teatro que leí de su autoría.

    A Rafael de León no lo conozco, estaba buscando el poema de Machado a Lorca y me encontré con este.

    -------------------------


    I

    Lo mataron en Granada,
    una tarde de verano
    y todo el cielo gitano
    recibió la puñalada...

    Sangre en verso derramada,
    poesía dulce y roja
    que toda la vega moja
    en amargo desconsuelo
    «sin paño de terciopelo
    ni cáliz que la recoja».


    (Por cielos de ceniza
    se va el poeta;
    la frente se le riza
    como veleta.
    Toda Granada
    es una plazoleta
    deshabitada)

    II

    «Por el olivar venían,
    bronce y sueño, los gitanos».
    En la plama de sus manos
    como un niño lo traían...

    Las mujeres se rompían
    los volantes de la enagua,
    y el Darro bailaba el agua
    en un triste soniquete
    que sonaba a martinete
    y a cante grande de fragua...

    (¡Encended los faroles;
    romped el velo;
    cantad por "caracoles",
    que viene el duelo!
    ¡Como una espada,
    llevadlo, así, entre "oles"
    por su Granada)

    III

    No te vayas buen amigo
    quédate aquí con nosotros;
    están soltando los potros
    junto a lo verde del trigo...

    Están soñando contigo
    temblando de calentura,
    gitanas de piel oscura
    y brillante cabellera
    y hay una boca que espera
    morderte labio y cintura...

    (Desnúdate deprisa,
    que vengo herido;
    quédate con la risa
    como vestido...
    Quiero beberte
    y que luego dormido
    venga la muerte...)

    IV

    «Rosa de los Camborios
    gime sentada a la puerta»
    medio viva y medio muerta
    entre paños mortuorios.

    A la luz de los velorios,
    con pena de jazmín chico,
    cual dos palomas sin pico
    muestra sus pechos helados,
    heridos y acuchillados
    lo mismo que Federico.

    (¡Que doble, bronce y plata,
    la Vela, Vela,
    que se ha muerto la nata
    de la canela!
    Mi bien amado
    de limón y ciruela
    va amortajado...)

    V

    «Ignacio Sánchez Mejías
    con toda su muerte al hombro»
    sale pálido de asombro
    a las barandas sombrías...

    Todas las ganaderías
    mugen a la misma hora
    y en el filo de la aurora,
    junto a los bravos erales,
    sobre el mar de los trigales,
    la brisa también lo llora...

    (¡Ignacio, dame el vaso
    con el ungüento;
    no puedo dar un paso,
    ya no me siento!
    Quiero abrazarte,
    pero me ciega un viento
    de parte a parte...)

    VI

    Dentro de su traje oscuro
    te nombra Bernarda Alba...
    la tarde pinta de malva
    la rosa blanca del muro.

    En la calle pisa duro
    un caballo sin jinete;
    dan en la torre las siete
    y Angustias, con voz sombría,
    solloza un Ave María
    derrumbada el el poyete.

    (Por la tapia del huerto
    te llamé en vano...
    —¡Dime que no está muerto
    Pepe, el Romano!—
    Ciego de zambra,
    con un Ángel gitano
    va por la Alhambra...)

    VII

    —¿De quién es ese lamento
    que sobre la noche rueda?...
    —De Marianita Pineda,
    que está bordando en el viento...

    Con hilos de sentimiento,
    a la vez que borda y canta
    y con mano fina planta
    entre sangrientos jardines
    una rosa de carmines
    que enjoyará su garganta...

    (¿Qué bordas, Marianita,
    sobre esa tela?
    La flor para una cita
    que me desvela...
    ¡En seda cuaja
    lo que Granada grita
    que es su mortaja...)

    VIII

    «¡Hijo con un cuchillito
    que apenas cabe en la mano»,
    de tu romance gitano
    cortaron la flor del grito!

    ¡Ay, qué dolor infinito
    de pedernal y de rosa;
    voy y vengo como loca
    sin que consolarme pueda
    porque ni un hijo me queda
    para llevarme a la boca!

    (Aquel traje de pana
    que se ponía...
    Aquella faja grana
    que se ceñía...
    ¡Tanto cuidarlo,
    y una flor de canana
    para matarlo!).

    IX

    Desde su balcón volado,
    pálida, triste y mocita,
    te llama Doña Rosita,
    con el aliento apagado...

    Un heliotropo morado
    le acuchilla las ojeras
    y corta con sus tijeras
    adormecidas de herrumbre
    su corazón hecho lumbre
    por cincuenta primaveras...

    (¿Quién cambió los papeles
    en el piano?
    ¿Quién secó los claveles
    de mi verano...?
    ¡Ay, qué tormento!
    ¿Dónde estás, primo hermano,
    que no te siento?)

    X

    Sobre el hoyo de la cama
    donde su flor se le mustia
    igual que un río de angustia
    una mujer se derrama...

    Llama en vano, llama y llama
    al hijo que se le esconde...
    —¿En qué jardines, en dónde,
    hallar mi nardo de esperma...?

    Grito preñado de Yerma
    al que el hijo no responde...

    (¡A la nana, mi niño,
    que es madrugada...!
    ¡A la nana, cariño,
    flor de Granada!
    ¡Si yo pudiera
    quedarme embarazada
    yo te pariera!)

    XI

    «Antonio Torres Heredia
    Camborio de dura crin»,
    llora al filo de la media
    noche por el Albaicín...

    Suena la voz de un muecín
    como una fuente delgada,
    y desde Sierra Nevada,
    una paloma doliente,
    baja a besarle la frente
    al poeta de Granada...

    (¿A dónde vas, amigo,
    con tu secreto?
    Te llevarás conmigo
    voz y soneto...
    ¡Cómo gemía
    dentro de tu esqueleto
    la poesía!)
    Tiene el encanto adicional de ese frío aire distante propio de la gente que ha abandonado la pelea.
    http://afila-sin-miedo.blogspot.com/
  • Gespi
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    • 11-06-2004
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    #2

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