Los últimos, lo prometo 
NO HAY QUE...
No hay que dejar que ,los intelectuales jueguen con
los fósforos
Porque señorea cuando se lo deja solo
No es muy brillante
Y no está bien solo
trabaja arbitrariamente
Erigiéndose por sí mismo
Y según dicen generosamente en honor
a los trabajadores de la construcción
Un automonumento
Repitámoslo señooooores
Cuando se lo deja solo
El mundo mental
Miente
Monumentalmente
DIA FRANCO
Guardé mi kepí en la jaula
y salí con el pájaro en la cabeza
de modo que ya
no se saluda
preguntó el comandante
No
ya no se saluda contestó el pájaro
Ah bien
discúlpeme creí que se saludaba
dijo el comandante
Está usted disculpado todo el mundo puede equivocarse
respondió el pájaro.
EL ESPEJO ROTO
El hombrecito que cantaba sin cesar
el hombrecito que bailaba en mi cabeza
el hombrecito de la juventud
rompió el cordón de su zapato
y todas las barrancas de la fiesta
se derrumbaron de repente
y en el desierto de esa fiesta
en el desierto de esa cabeza
oí tu voz feliz
tu voz desgarrada y frágil
infantil y desolada
que venía de lejos y me llamaba
y me llevé la mano al corazón
donde se agitaban
ensangrentados
los siete trozos del espejo de tu risa estrellada.

NO HAY QUE...
No hay que dejar que ,los intelectuales jueguen con
los fósforos
Porque señorea cuando se lo deja solo
No es muy brillante
Y no está bien solo
trabaja arbitrariamente
Erigiéndose por sí mismo
Y según dicen generosamente en honor
a los trabajadores de la construcción
Un automonumento
Repitámoslo señooooores
Cuando se lo deja solo
El mundo mental
Miente
Monumentalmente
DIA FRANCO
Guardé mi kepí en la jaula
y salí con el pájaro en la cabeza
de modo que ya
no se saluda
preguntó el comandante
No
ya no se saluda contestó el pájaro
Ah bien
discúlpeme creí que se saludaba
dijo el comandante
Está usted disculpado todo el mundo puede equivocarse
respondió el pájaro.
EL ESPEJO ROTO
El hombrecito que cantaba sin cesar
el hombrecito que bailaba en mi cabeza
el hombrecito de la juventud
rompió el cordón de su zapato
y todas las barrancas de la fiesta
se derrumbaron de repente
y en el desierto de esa fiesta
en el desierto de esa cabeza
oí tu voz feliz
tu voz desgarrada y frágil
infantil y desolada
que venía de lejos y me llamaba
y me llevé la mano al corazón
donde se agitaban
ensangrentados
los siete trozos del espejo de tu risa estrellada.


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