3 f o t o g r a f í a s 3
I
Memoria malherida
surcos en la imagen
violaciones fotográficas
- Alguien debería dejar de existir
saliendo de una foto.
que camine, o repte,
tomado de la uña de una sombra
hacia una papelera de reciclaje
certera
y rencorosa -
¿Quién ataca a quién?
Alguien debería ocuparse de vender vapores
para empañar recuerdos de miradas
y gotas para enmudecer sonidos
anteriores a la voz.
Alguien debería predicar
que la soledad sea una con uno
y no una serie de retazos
de fotografías
pegados en la integridad.
II
Sabor a fotografía
en la boca.
Un rancio despertar despierta
en la cocina.
No es melancolía:
Es un mate amargo
en silencio.
No es triste, no es feo.
Fotografías que van y vuelven,
entre los palitos de la yerba.
(se me ocurre que la bombilla
no soy yo, hundida y quemada)
Imagen de mi cuerpo
invadido por poros que delatan
Vida=pesadez=vivir=
Duele=molesta=gusta.
Se me ocurre que sé lo que quiero
y que no me gusta el dolor.
Toma de un gato
que encuentra el regazo ideal
y no muere por ello.
No es optimismo,
Dios me libre.
Es mate amargo,
cebado por ávidas fotos
de una desnudez
tan ingenua
como macabra
- la ambigüedad cocinándose en la olla...
el elemento que primero suba a la superficie
seré yo -
Y todo para decir que estoy fea del entrecejo,
que ando con pus en la mirada,
que quisiera que el hombre
pudiera quebrarse
como ramita de canela.
III
¡Ah!, si pudieran llevarme
con fotografías
acortarme las horas
con diálogos incluidos...
Que capturen mi respiración
y la mueran. Que me ayuden
que me empujen a patadas
que me soplen hacia el límite,
para rasquetearlo.
Uñas, sangre, piel
¿Cuál es la fórmula del olvido?
No hablo más de amor
(¡qué asco, sería de muy mal gusto!)
hablo de morir los esbozos de caricias
antes de la gestación;
hablo de abortar deseos inconexos
y desprolijos;
hablo de rostros hermosos
desfigurándose en muecas
de horror e ironía.
¡Ah!, si pudieran ahorrarme
la imaginación
- de la muerte y la caricia -
si pudieran fotografiarse
mis regiones débiles
y ser lapidadas
como peces en el viento
o canciones omitidas
(sería el mismo incendio
del poema condenado)
sería una crucifixión destellante
- ver morir
los fuegos artificiales del pecho,
asistir al funeral de una imagen
cada cinco segundos. Ver morir
la secuencia
con aromas, palabras y todo -
¡con gusto me fundiría
obsequiando años y días futuros!,
si realmente fuese posible
desenquistar las fotos
de todos los entusiasmos
fallecidos.
Creo que suspiraría eternamente,
rumiando alguna frase.
---
MOCIULSKY, Dafne. "La ofrenda innecesaria". Latinoamérica: Duniashka Ediciones (producción independiente), 2006.
alta feria del libro independiente
I
Memoria malherida
surcos en la imagen
violaciones fotográficas
- Alguien debería dejar de existir
saliendo de una foto.
que camine, o repte,
tomado de la uña de una sombra
hacia una papelera de reciclaje
certera
y rencorosa -
¿Quién ataca a quién?
Alguien debería ocuparse de vender vapores
para empañar recuerdos de miradas
y gotas para enmudecer sonidos
anteriores a la voz.
Alguien debería predicar
que la soledad sea una con uno
y no una serie de retazos
de fotografías
pegados en la integridad.
II
Sabor a fotografía
en la boca.
Un rancio despertar despierta
en la cocina.
No es melancolía:
Es un mate amargo
en silencio.
No es triste, no es feo.
Fotografías que van y vuelven,
entre los palitos de la yerba.
(se me ocurre que la bombilla
no soy yo, hundida y quemada)
Imagen de mi cuerpo
invadido por poros que delatan
Vida=pesadez=vivir=
Duele=molesta=gusta.
Se me ocurre que sé lo que quiero
y que no me gusta el dolor.
Toma de un gato
que encuentra el regazo ideal
y no muere por ello.
No es optimismo,
Dios me libre.
Es mate amargo,
cebado por ávidas fotos
de una desnudez
tan ingenua
como macabra
- la ambigüedad cocinándose en la olla...
el elemento que primero suba a la superficie
seré yo -
Y todo para decir que estoy fea del entrecejo,
que ando con pus en la mirada,
que quisiera que el hombre
pudiera quebrarse
como ramita de canela.
III
¡Ah!, si pudieran llevarme
con fotografías
acortarme las horas
con diálogos incluidos...
Que capturen mi respiración
y la mueran. Que me ayuden
que me empujen a patadas
que me soplen hacia el límite,
para rasquetearlo.
Uñas, sangre, piel
¿Cuál es la fórmula del olvido?
No hablo más de amor
(¡qué asco, sería de muy mal gusto!)
hablo de morir los esbozos de caricias
antes de la gestación;
hablo de abortar deseos inconexos
y desprolijos;
hablo de rostros hermosos
desfigurándose en muecas
de horror e ironía.
¡Ah!, si pudieran ahorrarme
la imaginación
- de la muerte y la caricia -
si pudieran fotografiarse
mis regiones débiles
y ser lapidadas
como peces en el viento
o canciones omitidas
(sería el mismo incendio
del poema condenado)
sería una crucifixión destellante
- ver morir
los fuegos artificiales del pecho,
asistir al funeral de una imagen
cada cinco segundos. Ver morir
la secuencia
con aromas, palabras y todo -
¡con gusto me fundiría
obsequiando años y días futuros!,
si realmente fuese posible
desenquistar las fotos
de todos los entusiasmos
fallecidos.
Creo que suspiraría eternamente,
rumiando alguna frase.
---
MOCIULSKY, Dafne. "La ofrenda innecesaria". Latinoamérica: Duniashka Ediciones (producción independiente), 2006.
alta feria del libro independiente

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