En un calambur las sílabas o letras de una expresión adquieren significado completamente distinto al cambiar el lugar de separación de las palabras. A veces, la escritura es diferente, pero suenan igual al oído. El diccionario de María Moliner trae este ejemplo:
Ató dos palos. A todos, palos.
Quizás el calambur más logrado sea el que el escritor mexicano Xavier Villaurrutia incluyó en su poema "Nocturno en que nada se oye":
Y mi bosque madura.
Y mi voz que madura.
Y mi voz, quemadura.
Y mi voz quema, dura.
Aunque no repiten exactamente las mismas letras, una pronunciación apresurada las hace iguales. Otros, de autor no identificado:
Si el rey no muere, el reino muere.
Yo lo coloco y ella lo quita. Yo loco, loco, y ella loquita.
Entreno en coche deportivo. En tren o en coche deportivo.
Hay una canción de misa que dice:
Tú llámame a servir.
Una amiga de un amigo siempre cantaba:
Tu llama me hace hervir.
A ver a quién se le occuren más!...
Ató dos palos. A todos, palos.
Quizás el calambur más logrado sea el que el escritor mexicano Xavier Villaurrutia incluyó en su poema "Nocturno en que nada se oye":
Y mi bosque madura.
Y mi voz que madura.
Y mi voz, quemadura.
Y mi voz quema, dura.
Aunque no repiten exactamente las mismas letras, una pronunciación apresurada las hace iguales. Otros, de autor no identificado:
Si el rey no muere, el reino muere.
Yo lo coloco y ella lo quita. Yo loco, loco, y ella loquita.
Entreno en coche deportivo. En tren o en coche deportivo.
Hay una canción de misa que dice:
Tú llámame a servir.
Una amiga de un amigo siempre cantaba:
Tu llama me hace hervir.
A ver a quién se le occuren más!...

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