Un cuento poco conocido de Borges

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  • francisfrancis
    un Drexler
    • 09-07-2005
    • 14088

    #1

    Un cuento poco conocido de Borges

    Un cuento de Borges poco conocido, cuento oral de Borges escrito por Bioy Casares, y no se diga más.


    el caso del comisario Bertoni

    "Se decía que hombres como el comisario Bertoni se habían acabado, que ya no había más funcionarios con ese sentido del deber, de la justicia, de la responsabilidad. Una anécdota ilustraba estas prendas del comisario. Junto a la comisaría había un baldío y allá pastaba una potranca a la que le había echado el ojo un muchacho del barrio, un mozo pierna. Una madrugada, en la seguridad de que no habría nadie, el mozo se le acercó sigilosamente, la volteó y se la cogió. Bertoni, que no era sonso y que estaba en todo, había maliciado las intenciones del joven vecino y esa mañana había madrugado más de lo habitual. Desde el alero de la comisaría, donde mateaba, vigilaba el potrerito. En el momento oportuno se apareció en el lugar del hecho y sorprendió al mozo. Con aquel sentido del deber y de la responsabilidad que ya no volverá a verse, le dijo al mozo: "Bajate los pantalones". Y ahí nomás le rompió el culo".

    [Extracto de una charla de bar en la que participaron Borges, Bioy, Silvina, Estela Canto, Marta Mosquera y Wilcock. Serán publicadas en "Borges" de Adolfo Bioy Casares, Editorial Destino]

    Fuente: Revista Ñ, Clarín, 16/09/06.
  • qxjis
    ex-qxjis
    • 17-02-2006
    • 1084

    #2
    EH! Publicidad fraudulenta. Si no lo escribió Borges entonces no es de Borges.

    Será, acaso, un cuento sobre Borges, o un cuento de Borges en donde cuento tiene un sentido parecido al de "chisme" o anecdota.
    Editado por última vez por qxjis; 01-11-2006, 07:44 PM.

    Comentario

    • qxjis
      ex-qxjis
      • 17-02-2006
      • 1084

      #3
      nada.
      Editado por última vez por qxjis; 01-11-2006, 07:41 PM.

      Comentario

      • Protumaxtor
        villano
        • 13-09-2003
        • 9935

        #4
        Y es un extracto...

        Me estás cagando viejo, me estás cagando!

        Gonz dice:
        bleh ya fue
        Gonz dice:
        se lo coge Maradona

        Comentario

        • Gespi
          *
          • 11-06-2004
          • 20360

          #5
          sí, que mierda, digo, me suena tan a prensa amarilla,
          extracto de una charla??? y quien copió/grabó la charla?
          nombre?

          Y quien publica "cosas" de Bioy hablando sobre Borges? los sobrinos? suena a negocio lamentable.
          Editado por última vez por Gespi; 01-11-2006, 09:11 PM.

          Comentario

          • MNEP
            salieris de charly
            • 25-04-2004
            • 16886

            #6
            Supongamos que el cuento es de Borges, pero, lo escribió Bioy Casares, entonces el cuentto fue abioycasereado (¿¡?).. sdfdg..

            Que se yo.. no sé, sh. Simplemente eso.

            Comentario

            • DumLoco
              Administrador
              • 14-04-2003
              • 36022

              #7
              jauja, dijo culo ng
              doomloco@gmail.com MSN
              85911976 ICQ

              Comentario

              • qxjis
                ex-qxjis
                • 17-02-2006
                • 1084

                #8
                Pego la nota que salió en La Nación acerca del libro donde están estas cosas.
                [Es largo, pero interesante, la pego aquí porque si no están registrados el link no les serviría de nada]

                Borges, de Adolfo Bioy Casares: dos amigos implacables
                Es el acontecimiento literario del año. En las próximas semanas, aparecerá Borges, de Adolfo Bioy Casares (Destino), el diario de 1600 páginas donde éste registró las conversaciones que mantuvo con su colega “Georgie”



                Una mañana de domingo de 1952 Borges llama por teléfono a Bioy para preguntarle si quedó "maltrecho después del impacto". Se trata de la lectura de unos pensamientos inéditos de Güiraldes publicados ese día en el suplemento literario de LA NACIÓN. Después de transcribir algunos fragmentos poco felices del autor de Don Segundo Sombra , Bioy anota: "[Borges] me asegura que es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos le publican esas grietas y esos estigmas" (26-10-52).

                Con una mezcla de curiosidad y temor, el lector "maltrecho" de Descanso de caminantes se dispone, ante las imponentes 1650 páginas de este Borges de Bioy, a abordar una nueva exhumación póstuma de grietas y estigmas. Nada más diferente, sin embargo. Reconocerá, sí, coincidencias de elenco y algunas, muy ocasionales, de anécdota, pero no lo abrumarán aquí sueños sólo interesantes, a lo sumo, para quien los soñó, ni rimas pueriles que se quieren graciosas. En este diario donde anotó todas las noches, durante los casi 40 años en que Borges cenó en su casa, a menudo varias veces por semana, las conversaciones de sobremesa, es el mejor Bioy quien preside la ceremonia, eligiendo el discreto papel de Boswell ante el Johnson actuado por Borges. En 1990 anunció que reuniría estas notas en un libro donde Borges aparecería "riéndose de las cosas que él mismo respetaba, hablando como un amigo íntimo". Daniel Martino, albacea de Bioy, trabajó con el autor durante 1997 y 1998 en la organización del texto, cuya versión final revisaron "no menos de dos veces antes del adverso milagro de 1999" (Martino, "Prefacio").

                Los años de amistad literaria y complicidad en la maledicencia que este volumen registra son los de la madurez creadora de ambos escritores. Tanto Borges como Bioy han relatado a menudo la historia de una influencia mutua: la conversación de Borges y la lectura de los autores por él frecuentados permitió a Bioy renegar de sus libros juveniles, impregnados de una fantasía anárquica y una escritura caprichosa, para elegir lo que llamaría "imaginación razonada" y una sencillez cada vez más despojada; Borges, a su vez, ha repetido que el ejemplo de Bioy lo llevó hacia una forma de clasicismo. Cuando crearon en colaboración a Bustos Domecq, autor intoxicado de retórica y extraviado entre metáforas impenetrables, la parodia no sólo tenía por blanco cierta tendencia porteña a la pomposidad en el habla; exorcizaban, ambos, los demonios de su juventud. (En la prosa del Borges de los años 20 hay más de un eco de la oratoria de Hipólito Yrigoyen.) Las páginas liminares ("1931-1946") y las finales ("1987", "1989"), redactadas por Bioy en el ocaso de su vida de escritor, poseen la límpida precisión de quien lega a quienes vendrán un testimonio que no pretende objetividad ni generosidad, menos aún erigir una estatua intachable para la imprevisible posteridad.

                El placer tan común como no admitido del chisme, cuyo gozo se multiplica en la trasmisión, de dejar en suspenso todo lazo de amistad por el mero gusto de lanzar una frase ingeniosa, aunque se la sepa hiriente; la parcialidad, aun la ceguera ante cualidades literarias o intelectuales que no corresponden a la práctica de ambos escritores: nada de ello ha sido disimulado. Al contrario, es la espléndida candidez con que estas páginas ignoran todo criterio de lo que hoy ha dado en llamarse políticamente correcto lo que las hace más valiosas: la misoginia más agresiva, el racismo (limitado a la raza negra), el más vetusto sentimiento de superioridad argentina sobre los demás países del continente aparecen aquí con una franqueza propia de otros siglos, antes que la mala conciencia contemporánea aprendiese a encubrirlos.

                Gustos impiadosos

                "¿No te parece que es el mayor bluff de la literatura?, BORGES sobre el Fausto de Goethe (5-10-71)

                La literatura es el territorio compartido, el único terreno que alimenta la amistad de Borges y Bioy, su medida de todos los demás valores. Lectura y escritura se entremezclan, a menudo borronean sus límites. Cuando traducen textos orientales o no literarios pero que en su forma fragmentaria o abreviada se prestan a la composición de Cuentos breves y extraordinarios , Borges y Bioy reescriben sin timidez, mutilan, modifican, atribuyen a autores inexistentes sus apócrifos, sólo guiados por el efecto literario buscado, por el placer de lograrlo. Ante una leyenda de la India que Borges recuerda, sin poder hallar el libro donde la leyó, Bioy sugiere "Contemos nosotros el episodio y lo atribuimos a un autor cualquiera" (28-4-53); así lo hicieron: la fuente inventada es Cuarenta años en el lecho del Ganges "de un jesuita portugués".

                Ante la realidad no impresa, Borges reacciona como ante un relato compuesto: al escuchar una noticia de policía comentada por Bioy padre, observa "lo que no hubiera ayudado al argumento es que el autor insistiera en..." (6-4-53), como si se tratase, ya, de un cuento publicado, o del argumento para uno que están componiendo. Con asombrosa memoria, Borges cita versos no sólo de sus poetas preferidos; ha retenido muchos casos de torpeza y cursilería que le parecen ejemplares. Puesto a censurar, a señalar desaciertos que podrían corregirse, nadie se salva; acaso Hilario Ascasubi.

                De su ambigua relación con Lugones (a quien dedicaría, en colaboración con Betina Edelberg, un menudo estudio donde prima la relación emotiva con un poeta mayor que reconoce, con fingida modestia, importante para su obra) en este diario dan testimonio elogios y reproches alternados con frecuencia. Pero no es necesario limitarse al autor de una novela tan justamente vapuleada como La guerra gaucha. El gusto de Borges por navegar contra la corriente lo lleva a rescatar poetas huérfanos de lectores contemporáneos, como Arturo Capdevila: "Lo peor de Capdevila es peor que lo peor de Mastronardi, pero lo mejor es mejor y esto es lo que importa" (27-10-69). También reivindica, reiteradamente, la poesía de Menéndez y Pelayo.

                De Shakespeare, Bioy recoge la opinión de Borges, para quien "en literatura fue un amateur, the divine amateur , lo compara con Dante, verdadero literato. Recuerda que las piezas de teatro no se consideraban literatura: las escribían de cualquier modo, con argumentos ajenos y hasta confusísimos" (30-8-53). Cita como ejemplo de debilidad o anticlímax la exclamación " O my prophetic soul! My uncle! " ( Hamlet, 1, 5), donde la palabra "tío" derriba la elevación poética de la primera parte como no lo hubiera hecho "hermano", cuya carga metafórica es superior al mero, preciso lazo de parentesco de "tío". "Shakespeare siempre usa el mot injuste " (Borges, 15-12-49).

                Pedro Henríquez Ureña vio muy temprano (en una carta a José Rodríguez Feo del 19-5-45, citada en nota al pie de la página 1293) los límites del gusto, lo arbitrario de las devociones literarias de Borges; como buen profesor, acaso no advirtiera que en esos límites residía la fuerza de Borges, como la de todo hombre de letras: no aspirar a la ecuanimidad, elegir lo que sirve para la obra propia, desechar lo que estorba. "Borges tiene aberraciones terribles; detesta a Francia y a España; todo lo inglés le parece bien [...]. De Inglaterra, sólo detesta lo que se parece a lo latino: Keats y Shelley. [...]. Como idioma, sí, te diré, es estupendo; no se equivoca nunca." Sin embargo, el Quijote y las novelas de Eça de Queiroz entusiasman a Borges tanto como Stevenson. La lectura comentada de la "Epístola moral a Fabio" (7-6-63) es un gran momento de este libro, en que la atención del lector, llevada por Borges y Bioy a determinadas palabras que van aislando en el poema, comparte el placer de la poesía que sienten los autores.

                Es la literatura francesa el terreno donde tanto Borges como Bioy no transigen con la ecclesia visibilis (Bioy: "Benjamin Constant. Lo estuve releyendo en Pardo. Creo que es el mejor escritor francés. Borges: Yo creo que sí", 16-10-71). Borges explicó más de una vez que las letras inglesas estaban hechas por individuos, las francesas por seres históricos que sabían que pertenecían a una época, a un movimiento, a una escuela.

                Las palabras "agrado" y "amable" reaparecen con asiduidad para delatar el rechazo de ambos autores por todo lo que huela a vanguardia o experimentación: "Leemos absurdas cacografías de la Pizarnik" (23-11-68) es la nota que registra al pasar el nombre de la poeta. Esa desconfianza los inmuniza, por ejemplo, contra el surrealismo, del que Borges opina que, contrariamente a otras ideologías invasoras de lo literario, catolicismo y comunismo, prescinde del propósito de lograr obras legibles... La desafección por Joyce, en cambio, no les impide reconocer (a Bioy) que "es más complejo que todos los otros que juegan a ser modernos y raros" y (a Borges) que "tiene vueltas, es bastante endiablado". De Ezra Pound observa: "Yeats, Joyce, Eliot lo juzgan el mejor poeta, il miglior fabbro , pero nadie lo lee. Lo ponderan porque no condesciende a temas que interesan al lector [...]. Qué diferencia con Stevenson, que decía que ´el encanto no es muy importante, pero sin él ninguna otra virtud vale . A Pound le atribuyen todas las otras virtudes" (06-09-65).

                Los autores no vacilan en reconocer errores pasados. Borges relee sus primeros libros de poesía, Fervor de Buenos Aires y Luna de enfrente, para la traducción al inglés: "No son corregibles esos poemas. Sólo puedo moderar fealdades extremas" (21-8-69). Llegan a sospechar que sus convicciones presentes no son definitivas, que acaso lleguen a parecerles igualmente equivocadas. Las circunstancias de estas revisiones pueden ser imprevistas. La visión del film de Manuel Antín Don Segundo Sombra (que califica de "obra de arte") provoca en Bioy una revisión del menosprecio, compartido con Borges, que siempre había manifestado por la novela de Güiraldes: "Si Borges, en su incredulidad, me pregunta cómo esa historia tan poco accidentada, entreverada con frases que ensamblan de cualquier modo la inseguridad idiomática del autor con los dicharachos camperos y las metáforas ultraístas, me conmovió, le diré que tal vez he llegado a la edad en que nos volvemos tradicionalistas" (10-10-69).

                Bioy anota que varias veces Borges demuestra "su puritana antipatía por el tema del amor" (1-11-68) y queda "un poco exasperado por su puritanismo" cuando llama " a tart" a Egle Martin, para Bioy "una bataclana bastante evolucionada" (23-6-71). Bioy registra reiteradamente la incomodidad de Borges ante todo tratamiento literario, aun alusivo, de lo sexual: escudado tras la noción de que el tema erótico le parece inferior a lo épico, estalla en epítetos de inusitada violencia para todo texto que incursione en el tema, vedado para él. Estas reservas de sensibilidad alcanzan hasta a una amiga cercana, cuya obra no suele incursionar en ese terreno, para Borges, minado: el cuento "Hortus conclusus", lo mejor que Alicia Jurado haya escrito, le parece "algo tonto y erróneo". Bioy añade: "No creo que tenga razón" (30-10-58).

                Toda reputación perecerá

                "Yo creo que Thomas Mann era un idiota. A Estela Canto le gustaba mucho..." (BORGES, 26-7-67)

                Más allá del placer de la maledicencia, los amigos ejercen con entusiasmo el ajuste de cuentas con el pasado y el presente. Según Bioy, Borges recordaba que en tiempos de Proa y Martín Fierro había dos bandos: los partidarios de que el peor poeta era Bernárdez y los partidatios de que el peor era Oliverio Girondo. "Ahora se inclina a considerar a Oliverio peor que Bernárdez y que Marechal" (21-5-67). Borges también se luce en el arte de derribar más de un pájaro con un solo tiro: "Azorín [...] con ese estilo de pan rallado, como decía Carriego de Más y Pí; Carriego era mucho mejor hablando que por escrito..." (26-4-67). Otro disparo de eficacia múltiple de Borges: "Yo creo que Manuel Gálvez es pésimo, pero muy superior a Quiroga. No creo que nadie sea tan malo como Quiroga. Güiraldes ha de ser mejor que los dos. ¿O será mucho peor?" (19-6-68).

                La rápida consagración de Don Segundo Sombra como clásico argentino del siglo XX intriga más que irrita a los amigos. Según Borges "de pronto apareció un libro gauchesco en un estilo que podía aprobar un lector de Apollinaire. La gente comprendió que quedaba bien admirando el libro. Y Güiraldes murió en seguida: para su gloria fue una muerte oportuna" (2-11-58).

                La fama póstuma, la perdurabilidad de la obra propia no parecen inquietar la elegante impasibilidad, la escrupulosa modestia con que Borges y Bioy se refieren a su propia obra. Sin embargo, aviesas pitonisas, no escatiman predicciones sobre los colegas. Según Bioy, "Mallea, insistiendo con sus novelas ilegibles, se mantiene en el recuerdo. Mientras viva, Mallea será un escritor de algún nombre; después se hundirá en el olvido, como si fuera de plomo. ¿Quién se atreverá a reeditar sus novelas? Nadie. Sabato también desaparecerá, sin dejar rastro, después de la muerte. Es curioso el caso de Sabato: ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa" (10-8-56, es decir, antes de la publicación de Sobre héroes y tumbas ).

                En 1958 (27-4) Borges se extraña de que nadie recuerde a Gómez de la Serna ("hasta Guillermo [de Torre] tiene más realidad que él"), uno "de los escritores españoles contemporáneos que han dejado mejores paginas". Cuando Bioy cita otra "fama curiosa", la de Gide, Borges observa: "Tuvo tanta suerte o fue tan hábil que hasta la pederastia le sirvió para obtener un efecto patético". Con los años, los autores no se aburren de este ejercicio. En 1970, Bioy suscita "una mueca de disgusto" en Borges al informarle que Silvina Bullrich "es hoy más importante que Mallea". Ante la incredulidad del interlocutor, explica: "Aunque te parezca increíble, Silvina Bullrich alcanzó la dignidad de una Old Lady de nuestras letras. A Mallea ya casi nadie lo lee, ni siquiera para despreciarlo (muchos leen a Silvina Bullrich para despreciarla). Mallea está en esos cincuenta años de oscuridad, inmediatos a la muerte; sólo que vivo." (13-1-70)

                Sobre la vida literaria

                "Todas estas polémicas literarias son como efusiones de sangre en el teatro: después nadie muere." (BORGES, 14-6-55)

                El doctor Johnson reaparece frecuentemente, invocado a lo largo de los años como el paradigma de la mejor prosa del siglo XVIII, y es un punto de vista muy propio del grand siècle, aunque lejano de Versailles y de Saint-Simon, el que anima esta vasta enciclopedia de opiniones literarias, observaciones de costumbres, crónica de guerras intestinas de un mundo cultural que muchos recordarán y, al reencontrarlo en estas páginas, reconocerán como irremediablemente clausurado. (Los equivalentes contemporáneos, acaso por cercanos, parecen demasiado banales, tanto en la intriga como en el ridículo.) El placer de la maledicencia se explaya sin censura a todo lo largo de esta voluminosa crónica de una amistad; aun más, parecería que mantiene viva esa complicidad: la nutren chismes compartidos, intercambiados, repetidos. Una routine , como de avezados comediantes, va haciéndose evidente: Bioy prefiere la perfidia de la mesura, Borges el golpe breve y certero, pero a veces los amigos intercambian tácticas; aunque rara vez apelan a la artillería pesada, esto no les impide ser, en toda ocasión, letales.

                Como una versión inteligente de Bouvard y Pécuchet, compilan el sotissier de la vida literaria y mundana que atraviesan; como los miembros del legendario dúo Buono-Striano, uno le da el pie al otro para fortalecer la eficacia del efecto cómico.

                Aunque el 20 de junio de 1954 Bioy registra la hoy trifulca entre Viñas y Girondo en el restaurant Edelweiss, la violencia no abunda en estas páginas. Los amigos se preguntan quién será olvidado primero, Mallea o Sabato. "¿ La penúltima puerta ? Qué buen título. Mallea tiene una notable capacidad para elegir buenos títulos. Es una lástima que se obstine en añadirles libros" (Borges, 28-12-69). Mientras que en Mallea es la obra, no la persona, lo que alimenta generosamente la sorna, en Sabato el desprecio se ejerce menos sobre la obra, despachada sumariamente, que ante el personaje público, con su avidez de protagonismo y figuración sustentada sobre una base de pedestre oportunismo: "groseramente elocuente, con indiferencia a la escasa calidad de lo que dice" (Bioy, 10-7-49).

                La amistad no ciega a los autores. "Qué raro que la mejor obra de Gerchunoff sean unas cuantas bromas de su conversación. Bueno: la obra escrita no vale nada. Todos sus libros son hack work ; su verdadera obra estaba en su conversación" opina Borges (17-7-69). Recuerda una frase de Gerchunoff, de 1946: "El país cayó en poder de un bailarín de quilombo".

                Borges no oculta sus propias bêtes noires : en primer lugar su cuñado, el profesor y crítico español Guillermo de Torre, quien habría opinado que Conrad era un autor de relatos de aventuras, como Salgari, y sólo empezó a tomarlo en serio cuando supo que Gide lo había traducido al francés (17-1-54). Lo siguen el profesor Anderson Imbert y los poetas Eduardo González Lanuza y, sobre todo, Ricardo E. Molinari ("chambón imitativo", 18-6-56), a quien vuelve infatigablemente a lo largo de los años con nuevas ocasiones de menosprecio. Borges visita a Ricardo Rojas, que festeja el medio siglo de la publicación de su primer libro, en esa casa que "parece un museo, un museo dedicado a él mismo [...]. Le di la mano y comprendí que había cometido una gaffe . Había que abrazarlo. ¿Te das cuenta? Abrazarlo porque hace cincuenta años que publicó un libro del que debería avergonzarse" (1-11-53). La nota del 23 de setiembre de 1971 revela que el modelo de Gervasio Montenegro, sesudo académico, cultor de vocablos de diccionario, apócrifo autor de prólogos para obras de Bustos Domecq, ese "Biorges" de pura invención paródica, tuvo por modelos al profesor Giménez Pastor "cruzado acaso con Larreta".

                ¿Necesitan de ese espectáculo para ejercer su lucidez, para medir la distancia que los separa de una vida literaria despreciada? Esta sospecha de pequeñez se va borrando a medida que el texto avanza y asciende: la maledicencia se ejerce sobre la pretensión, la vanidad, el prejuicio; rara vez sobre víctimas inermes. El 27 de octubre de 1971 se abren los sobres correspondientes a los trabajos presentados al premio de LA NACION; uno de los premiados es Alberto Manguel. El escribano pronuncia su apellido Manguél . Bioy observa que Carmen [Gándara] se esperanza: "A lo mejor es catalán..."Algunas felicidades puramente verbales de Bioy: "[Virgilio] Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadura de paraguas" (18-6-56); Gloria Alcorta ha "amaestrado" a actores franceses que leerán sus poemas en una fiesta de la poesía en la SADE (12-11-50).

                El sainete mundano

                "No hay mayor error que llamar intelectuales a los escritores" (BORGES, 4-10-69)

                Cuando se publicó póstumamente Descanso de caminantes , quienes habían tratado superficialmente a Bioy Casares quedaron confundidos por la misantropía agresiva de alguien a quien habían conocido como el más amable y afable de los caballeros, por la misoginia de un legendario Don Juan. Entre la persona pública y la privada, Bioy había erigido un dique sólido: había perfeccionado la primera como un caparazón de inexpugnable cortesía para preservar de todo desgaste la segunda. El filo no mellado de su observación de conductas y caracteres ahora reaparece, compartido si no superado por Borges, apenas mitigado por la hilaridad ante un comercio mundano que no rehúyen.

                Borges no tiene piedad con las mujeres que en algún momento lo habían interesado sentimentalmente. De Haydée Lange afirma: "Vive idiotizada por el acohol" (1-9-71). De Estela Canto, que hizo su mejor libro, en todo caso el único vivo, sobre su relación con Borges, dice: "Ahora mucha gente aspira a atraer a los peronistas. Estela fue al Rosario, atacó al gobierno, a la Marina y a Aramburu. Le pregunté por qué lo hacía ahora y no en tiempos de Perón. Este pilar de la rectitud contestó que porque ahora hay garantía de que a uno no le va a pasar nada" (30-5-56).

                Un antiperonismo visceral no le impide a Borges citar a Arturo Jauretche, sólo para registrar una injuria dirigida a Silvina Bullrich: "su criterio estrecho de gorda raviolera del barrio de Flores". Borges comenta: "Hay que reconocer que [la frase] tiene todo lo que puede molestar a Silvina Bullrich y que en ese sentido es perfecta: [ella] prevé ataques por ser una señora que escribe, no una raviolera. Flores está bien elegido: después de la vulgaridad, la cursilería. ´De Las Latas o ´de la Boca no agregaría nada... Y lo de gorda no alegra a ninguna mujer" (5-8-63).

                Quienes se interesen en la fascinación que la inteligencia puede sentir ante la tontería hallarán en este volumen una nómina generosa de figurantes que deleitaban a los amigos son sus despropósitos, su vanidad o su ceguera. No cualquier tontería los divertía. Así como prestaban una atención profesional a las imprecisiones, a las innovaciones involuntarias del vocabulario popular (se consignan, por ejemplo, cosas oídas por Borges en el subterráneo, 15-8-53 y 25-1-54), no perdonaban la sonsera, la tilinguería, la pretensión encarnadas en damas de lo que hasta no hace mucho se llamaba "buena sociedad", mujeres de apellido variablemente distinguido y fortuna invariablemente considerable que frecuentaban el dislate con ahínco.

                Las palabras más duras van para Susana Soca, la mecenas uruguaya que financió la revista bilingüe La Licorne en París y más tarde las Entregas de La Licorne en Montevideo. En palabras de Bioy: "Una especie de fantasma abúlico, con manía expositiva, evidente debilidad de juicio, dificultad casi penosa para hablar y extraña pronunciación ( ¡carasho! ). Cuando se iban, en un aparte demasiado cercano, Borges me confió: ´Es una opa (22-7-49)". Pero las autóctonas Susana Bombal, Carmen Gándara, las hermanas Grondona, Wally Zenner, Marta Mosquera, Esther Zemboráin de Torres, "Pipina" Diehl aportan regularmente a estas páginas el colorido de un escenario entre cultural y mundano hoy extinguido, rico en rivalidades y envidias, susceptibilidades y mínimas conspiraciones. En cambio, una lealtad tenaz lleva a Borges a visitar en el día de su cumpleaños a Elvira de Alvear, demente y empobrecida, y a fingir un diálogo con su desvarío.

                Acaso el "personaje inolvidable" del libro sea una señora Bibiloni de Bullrich que, si no apareciese identificada en el índice onomástico, se hubiese podido creer inventada por Bustos Domecq. Audaz en el neologismo, intrépida en la confidencia, imprevisible en toda circunstancia, sus intervenciones son un deleite infalible para el lector. Desde la primera (a Borges: "Así como a usted le interesa conocer poetas y escritores, a mí me interesa conocer gente rica", 6-12-49) su ímpetu no decae: al salir de un recital de danza por Cecilia Ingenieros, comenta "Está muy bien, pero yo prefiero los otros bailes, con orquesta y con personas conocidas que la sacan a una a bailar" (7-3-52); en medio de una comida: "Soy tan inteligente, tan genial que a veces no me pueden comprender" (14-3-52); "A mí no me gustan pero soy tan inteligente que he descubierto que conviene estar bien con los peronistas" (3-7-52). Más tarde, rehúsa la mudanza a un departamento que "era un sueño" porque tiene unos pocos metros cuadrados menos que el actual: "Mudarse hubiera sido reducirnos. Una mujer como yo no puede aceptar eso. No sólo por el respeto que me inspiro yo misma, sino por mis hijos, por lo que debo a mi clase [...] y, usted comprende, en estos momentos hay que tener mucho cuidado" (20-6-53); el marido indignado, tras abandonarla una semana, vuelve y le agradece "que le haya dado una lección".

                Llega el momento en que Borges decide casarse, a los 68 años, con una novia de juventud que ha reaparecido en su vida. Doña Leonor confía a Bioy sus impresiones de Elsa, la futura esposa: "No se parece a las que él nos tiene acostumbrados. Yo me quedo tranquila: creo que lo va a cuidar. Ya no es joven. Fue linda: ahora, ya la verás... Pero él no ve. Para él sigue siendo la de antes." (26-4-67). Bioy, el mismo día, al conocer al personaje, anota: "Vieja, de piel grisácea; en actitud de sierva enamorada, postrada de admiración ante el ídolo potencialmente díscolo [...]; resuelta a rodear al hombre de cuidados domésticos y a persuadirlo de los encantos hogareños; proclive a tomar ofensa y a ofuscarse por celos; desconfiada; querendona, cariñosa y optimista; expresiva y dada al mohín. La madre (que sufre en su amor propio y en su snobismo ) se aviene, sobre todo porque la novia no es una chica. A la mejor chica del mundo no le perdonaría la juventud. Cuando la novia soltó lo de fetitas de jamón , para la madre fue un momento amargo." Los amigos de Borges hacen un esfuerzo por tratar a Elsa. Esta advierte que en realidad no la admiten en el círculo de esa vieja amistad y ventila su despecho ante el marido. "Elsa asegura que sin que Borges lo sepa le está rompiendo recuerdos, cartas, fotografías" (12-5-68). Vendrán luego los celos por los homenajes al escritor donde ella se siente relegada, las invitaciones a universidades que aprovecha para renovar su guardarropa con los honorarios del marido, mientras a éste le compra ropa y zapatos de segunda mano, el distanciamiento de sus amistades que intenta imponerle cuando siente que éstas no la festejan. El 6 de enero de 1970, Vlady Kociancich y Bioy ya ven en María Kodama la posibilidad de "salvar a Borges de Elsa".

                No sólo las mujeres hallaron en Borges un sujeto maleable a sus designios. Un traductor como Norman Thomas di Giovanni conoció al lado de Borges su hora de gloria. Gracias a un sentido empresarial muy norteamericano, Di Giovanni obtuvo para Borges honorarios que éste, con su desidia alimentada por la vetusta noción de que un caballero no se ocupa de dinero, nunca hubiese alcanzado. Que el traductor guardase para sí el cincuenta por ciento de esas sumas es casi un detalle, si se tiene en cuenta que la exploración de ese mercado y la tenacidad del traductor obligaron a Borges a dictar el ensayo autobiográfico para el New Yorker y a volver a escribir cuentos, los de El informe de Brodie . Este aspecto positivo de la relación es indiscutible; no careció, sin embargo, de su lado de sombra. Que, una vez solos, Borges y Bioy coincidieran en que si no le explicaban el sentido del texto, Di Giovanni no entendía lo que estaba traduciendo es casi insignificante ante la gradual invasión de la vida privada por este amistoso, servicial y ocurrente personaje: pronto empezó a atender el teléfono cuando sonaba en casa de Borges y un día lo esperó tendido en la cama del escritor, sin zapatos. Más tarde su mujer iba a llegar a Buenos Aires y Di Giovanni se encargó de canjear los dos pasajes de primera clase de una invitación para Borges y acompañante por tres de clase turista para incluirla en el viaje. Como todo individuo débil, Borges necesitó sentirse humillado por la imagen de pusilánime que ofrecía para poder reaccionar. El 10 de julio de 1971, en medio de la comida, deja la mesa y, antes de tener tiempo de meditar su impulso, llama a Di Giovanni para decirle que ha decidido interrumpir las traducciones. Más tarde resume: "Con Norman al lado de nada me servía haberme librado de Elsa".

                El abismo de la política

                "Buena parte de la Historia argentina ocurrió entre gangsters " (BORGES, 30-9-69)

                En un volumen donde sólo cuenta la literatura, las ocasionales intromisiones del comentario político se destacan con un relieve particular. Durante el gobierno peronista, la actualidad local está ausente de estas páginas, sin que se advierta si los amigos la ignoran por indiferencia o con tenacidad. La Revolución Libertadora, previsiblemente, motiva su entusiasmo. Para quienes sólo tienen del período las versiones variadamente partidarias y unívocamente negativas del conformismo actual, será novedad, más allá de los comentarios de los amigos, la observación menuda de cómo el más rancio nacionalismo va ganando posiciones durante la gestión de Lonardi, cómo su desplazamiento por Aramburu y Rojas pudo ser interpretado como el avance de una tendencia "liberal" (en el sentido del siglo XIX y principios del XX, no en el que pervirtió la política económica de los años 90 del siglo pasado). De ese período particularmente miope de la historia argentina, en que una sección ilustrada de la sociedad creyó posible borrar los doce años que separaron el golpe militar fascista de 1943 del derrocamiento del general-presidente Perón, tras los tan ecuánimes incendios de iglesias, de la Casa del Pueblo y del Jockey Club, las conversaciones registradas en este libro dejan huellas riquísimas. Sin duda suscitarán la animadversión de muchos lectores; sin duda también, rescatan una percepción cotidiana, parcial de los hechos, esa experiencia vivida que la historia suele (¿debe?) desechar para constituirse.

                Años más tarde, en momentos en que el peronismo conoce un lifting de izquierda, Borges cuenta que ha estado con "el autor de La Marcha de la Libertad , un tal Rodríguez Ocampo, una persona muy antipática [...]. Es anti-peronista for the wrong reasons , porque es un señor de horca y cuchillo; porque está en contra del lado ´populachero y guarango del peronismo . Dijo que él, ante todo, es monárquico y carlista [...]. Le dije que la clase media era lo mejor del país y que tal vez Sarmiento fuera el más gran hombre que este país haya producido" (16-9-69). La literatura, evidentemente, no puede estar ausente del relato; Borges ultima al personaje, versificador ocasional, observando que "en un poema sobre el campo emplea la palabra merienda ".

                Un episodio olvidado que estas páginas exhuman en toda su comicidad es el del duelo al que Francisco Romero, profesor de filosofía, para algunos filósofo, y oficial del ejército, retó a Leónidas Barletta, fundador del Teatro del Pueblo, militante comunista y redactor responsable de Propósitos , periódico que mencionó a Romero entre otros intelectuales que se habrían "vendido" al gobierno de facto. La incongruencia entre ambos personajes, el duelo como confrontación ya entonces anacrónica, impracticable, las escaramuzas de Barletta para evitarlo y las de Romero por vindicar su honor componen un sainete desopilante.

                Razones equivocadas o razones justas, el sentimiento antiperonista de Borges es inamovible. El 23 de febrero de 1958 confía a Bioy que "Frondizi está frito. Le pasó lo peor que podría pasarle: ganó. Porque ganó, van a echarlo". En la persistencia del peronismo, en su ilusa utilización electoral por Frondizi, en sus reciclajes futuros por jóvenes que nunca vivieron su editio princeps , Borges ve, a través del lente de Sarmiento, la persistencia tenaz de la barbarie que resiste a la civilización. "Hernández en un discurso preguntó hasta cuándo el país estaría sometido a la amenaza del puñal de los unitarios. ¿No habrá oído hablar de la Mazorca? Como todo conduce a la literatura, Borges y Bioy leen en el Martín Fierro el anuncio del peronismo, sienten que Hernández hubiese sido peronista, que el hecho de que su poema sea el texto representativo de la nación la ha signado para un destino adverso. "El día que el país eligió Martín Fierro en lugar del Facundo para libro nacional, eligió la barbarie" (28-6-69).

                El respeto de Borges por sus antepasados militares, su idealización de los combates donde pelearon y murieron en el siglo XIX, toda una mitología familiar cultivada por su madre y sin relación con las performances del ejército argentino en el siglo XX, iba a arrastrarlo a varios desatinos posteriores. Esto no le nubló la vista cuando, de visita en Coronel Suárez, le presentan al general Osiris Villegas, figura de fugaz notoriedad en tiempos del régimen de Onganía: "...Destila estupidez. No es necesario que hable, basta mirarlo" (5-8-68). Para asombro de Borges, Villegas no reconoce los nombres de Clausewitz ni de Liddle Hart; tampoco parece informado sobre las guerras de la Independencia y civiles, apenas sobre la batalla de Junín (16-8-68). Y, siempre, es la literatura quien tiene la última palabra: "Tenemos que incluir en la antología a Benarós. Estoy peleado con él porque se hizo peronista, pero es buen poeta. Además, como peronista, no llegó a ser muy importante" (Borges, 27-6-56).

                Silvina

                "En un tiempo te gustaron las cursilerías. Por fidelidad a esa época mantenés la admiración por Ibsen. (SILVINA OCAMPO A BORGES, 4-10-69)

                El 20 de junio de 1958, Bioy había evocado con Silvina Ocampo una larga lista de mujeres que interesaron a Borges, literatas o aspirantes a literatas todas. " Really, he has seen the horrors.... ", comenta Silvina y cuando Bioy rescata de la lista dos "excepciones", su esposa se obstina en el silencio. Ese silencio elocuente es el aporte frecuente de Silvina a las conversaciones de Borges y Bioy. Presencia constante, sólo ocasionalmente registrada por Bioy en su diario, personaje casi invisible, casi tácito, Silvina es capaz de iluminar con una mirada disidente la conversación de los amigos.

                Es conocida la incomodidad de Borges, admirador de su poesía, ante los cuentos, cada vez más libres, desobedientes de las preferencias literarias del amigo y del marido, que Silvina empezó a publicar a partir de La furia (1959). La crueldad, la sensualidad, el grotesco, la indeterminación sexual de algunos personajes y relaciones eran, previsiblemente, elementos disonantes para la sensibilidad de Borges. Con firmeza, sin estridencia, en sus escasas intervenciones registradas en este diario, Silvina sostiene opiniones y gustos propios. Defiende en varias ocasiones a Baudelaire, cuya poesía deja insensibles, cuando no disgusta a Borges y a Bioy. El 18 de julio de 1953, abandona a ambos comiendo en su casa para asistir a la lectura de una pieza de teatro de Estela y Patricio Canto donde Borges y Bioy están presentados "sin duda no benévolamente". (El 27 de setiembre del mismo año, Borges cuenta, riéndose, que Estela le refirió una frase ridícula que le hacen decir en la obra.) Cuando Borges cuenta que "al final de su vida a Coleridge sólo le importaba hablar. No le importaba el interlocutor, ni nada", Bioy registra: "Silvina ( mirando a Borges ): "Hay mucha gente así..."

                Sócrates antes que Cristo

                Dos observaciones sobre la edición de estos diarios. Es admirable la riqueza y erudición de las notas a pie de página que iluminan el origen de citas oscuras, de alusiones a textos de difícil acceso. El índice onomástico identifica al numeroso elenco de esta comédie humaine , aunque -único reproche, pero capital- omite el número de la página donde aparecen, algo que en un volumen de estas dimensiones resultaba indispensable.

                También es probable que un escrúpulo de prudencia editorial haya limado la mordacidad de este texto tan poco prudente, en lo que concierne a alguna persona que ha sobrevivido a los autores. Aunque sin llegar al extremo de los volúmenes severamente censurados de la autobiografía de Victoria Ocampo, publicados póstumamente, quienes recuerdan los sentimientos de Bioy Casares por Kodama se sorprenderán ante la mesura con que aparece mencionada en las páginas finales. Se me ocurre que esa mesura, sin embargo, es un postrero gesto de elegancia, donde prima el afecto no empañado, a la memoria de quien eligió morir en compañía de una mujer que el amigo no admira.

                Es un gesto que Bioy no concede, en cambio, a otras dos figuras presentes ante el lecho de muerte de Borges: un profesor, ex diplomático que Borges "conocía superficialmente, de verlo en mi casa" y el escritor franco-argentino Bianciotti, que "fue siempre para Borges un personaje ridículo, vanidoso, afectado, afantochado".

                Borges recuerda que Macedonio Fernández se refería a Lord Byron como "el patotero universal", él mismo piensa que Julio César "debió ser un compadrito inmundo". Acaso intente medirse con ellos en la provocación cuando le dice a Bioy: "Cristo no era un caballero, como Sócrates. Tenía algún talento literario, shakespiriano [...]. Si comparás la muerte de Sócrates y la de Cristo no hay duda de que Sócrates era el más grande de los dos. Sócrates era un caballero y Cristo un político, que buscaba la compasión [...], con su efecto teatral, falsamente grandioso, de ´Perdónalos, no saben lo que hacen [...], o maldiciendo una ciudad donde no le llevaron el apunte, no parece un individuo muy admirable. Los Padres de la Iglesia eran otra porquería" (10-6-71). A este tipo de irrepetibles ocasiones verbales, que se hubiesen perdido como toda conversación, debe este voluminoso archivo sus mejores momentos, su razón de ser.

                Por Edgardo Cozarinsky
                Para LA NACION-BUENOS AIRES, 2006
                Editado por última vez por qxjis; 02-11-2006, 04:13 PM.

                Comentario

                • Loro Muerto
                  ¨
                  • 12-03-2004
                  • 1650

                  #9
                  Originalmente publicado por DumLoco
                  jauja, dijo culo ng
                  En http://novaleventar.blogspot.com/200...nsaba-que.html


                  Hasta hoy pensaba que había leído más o menos todo lo que Borges solía contestar en sus entrevistas. Pero hojeando una vieja revista de 1991, publicada en ocasión del 15º aniversario del español Diario 16 y en la que se reproducen los mejores artículos de su suplemento 'Culturas' (y mientras noto que el diseño de El País Cultural es sospechosamente parecido al de Culturas y que su nombre es exactamente el mismo que el del fenecido suplemento de El Observador), encuentro una entrevista a Jorge Luis Borges publicada en 1985. La entrevista es más o menos la de siempre, hasta que llego a estas dos preguntas, que me sorprenden lo suficiente como para reproducirlas aquí:

                  -Usted parece ser hostil a toda intervención protectora del Estado en las artes.

                  Es que yo he recibido tantos premios oficiales... Bueno, no sé hasta dónde puede admitirse una intervención estatal. Ahora mismo, en Buenos Aires, hay innumerables publicaciones pornográficas, las revistas aparecen con fotografía del culo de tal o cual actriz y con el nombre de ella abajo. Y eso se vende. Al mismo tiempo, uno piensa: "Bueno, ¿qué mejor que eso se gaste? La gente se cansará". No impide que resulte chocante que los que están ocupando puestos importantes en Buenos Aires se dediquen a eso. Por ejemplo, hay un señor llamado Pacho O'Donell. Si se hizo firmar Pacho ya es un poco sospechoso ¿no? Dice: "Los indios, nuestros antepasados..." ¿Pero cómo? Si yo me llamo O'Donell, mis antepasados serán druidas, pero no indios. Pues ese señor es autor de un libro que se llama "La seducción de la hija del portero". Y quiero contarle que la seducción está a cargo de... una lesbiana, de modo que el contenido todavía es más grave que el título. Y otro señor, Gorostiza, tiene una pieza de teatro que es la apología de nuestro rufián. Nuestra cultura, pues, está en manos de esas personas tan radicales.

                  -Tradujo usted a Henri Michaux. Como a él ¿le han tentado otras drogas?

                  Fracasé con la cocaína y con la marihuana. Hice varios experimentos sinceros, cinco o seis. Y con la cocaína, sí, me sentía gárrulo, pero muy nervioso. Con la marihuana, en cambio, no sentí absolutamente nada. Ahora, yo estuve a punto de ser borracho. Todos los sábados salíamos Francisco Luis Bernárdez y yo a recorrer los arrabales de Buenos Aires. Entonces, como no había mucho que ver, entrábamos a los almacenes, pedíamos así, para ser criollos, una caña brasilera, un guindado oriental o lo que fuera. Eso duró algún tiempo. Hasta que un día estaba en una reunión y alguien, quizás un ángel, dijo: "Lástima que Borges sea borracho". No sé quién dijo eso, pues yo no me di la vuelta, pero dejé el alcohol en ese instante. ¿Por qué? Porque pensé que, aunque eso no era cierto, podría llegar a serlo en cualquier momento. Desde entonces no he probado el vino. Sólo un poquito de champagne, en alguna fiesta de fin de año, para no quedar como una persona hosca que se niega a la alegría ajena. Fíjese, Oscar Wilde decía que la única intoxicación es la conversación; pero él murió borracho.

                  Yo sé que en España la palabra "culo" es de lo más normal, pero me resultó extrañísima en el marco de esta entrevista, por no imaginar lo raro que debe ser decir: "Borges, no duermas el porro que se apaga".
                  Lo que no entiendo es cómo podía Borges ver el culo de las actrices en las revistas estando casi ciego. Lo que me lleva a suponer el siguiente diálogo:


                  -Dígame María, ¿qué publican hoy día las revistas en sus tapas?
                  -Culos de actrices, Borges. Con su correspondiente crédito justo debajo.

                  Comentario

                  • Liqu1d
                    Alto Egel
                    • 06-11-2004
                    • 1898

                    #10
                    Lo de la coca es bastante conocido. No sabía que también marihuana.

                    Y también consumió otra droga que en estos momentos no recuerdo cuál era.
                    Tiene el encanto adicional de ese frío aire distante propio de la gente que ha abandonado la pelea.
                    http://afila-sin-miedo.blogspot.com/

                    Comentario

                    • Gespi
                      *
                      • 11-06-2004
                      • 20360

                      #11
                      Es interesante el artículo qxjis. Y probablemente sea interesante el libro “Borges” de Bioy posmortum. (casi como un libro de chimentos)

                      Y queda claro que el autor es Bioy y su albacea, (y sus herederos??) no es Borges. Aunque se alimente de Borges para ser.

                      Me pregunto quién se llevará el dinero de la venta de esa publicación.

                      Luego, es llamativo, porque sabemos que Borges y Bioy estaban peleados.
                      O muy distanciados desde el 70 creo.


                      También me pongo a pensar por qué razón alguien anotaría en un diario durante 40 años (¿) los comentarios o criticas, o ingeniosidades o barbaridades que decía su amigo.

                      Esas cosas se hacen por amor/ admiración.
                      O
                      Por interés, como inversión a futuro.

                      Pensemos que lo hizo por admiración, no? No cualquiera tiene el privilegio de tener un amigo genio.

                      Bioy nunca me cayo bien.

                      No digo que escriba mal, digo que está muy atrás y lejos de Borges.


                      ..

                      Loro: de quien es el blog?
                      Está buena la crítica (sintética y metafóreando la deformación de los medios) cómo podría ver un culo si era ciego.
                      No busqué datos de fuentes bibliográficas ni nada de eso. Hay?
                      .


                      Moraleja: las charlas, o conversaciones o espontaneidad oral/escrita es verdad que a veces son mas importantes y geniales que un libro elaborado.
                      Editado por última vez por Gespi; 02-11-2006, 10:27 PM.

                      Comentario

                      • francisfrancis
                        un Drexler
                        • 09-07-2005
                        • 14088

                        #12
                        No sean necios por favor,

                        es un cuento.

                        (tiene estructura de cuento), y lo parló (lo dijo, habló, narró, dialogó, relató, ficcionó, inventó) Jorge Luis Borges en una reunión, y poco después Bioy, que también participó de la reunión, lo registró.

                        Es un cuento de Borges, como cuentos eran los relatros orales que inventaba Joyce para sus sobrinos, o los cuentos de Oscar Wilde que narraba a niños. Es más, la anécdota dice que "el gato y el diablo" de Joyce fue recogido de una mesa dónde conversaban amigos. Las mil y una noches recoge relatos orales.

                        De todos modos me es fácil comprender porqué dudan, es que en estos tiempos es difícil imaginar cómo era la actividad intelectual de Buenos Aires de ese entonces, cuando en mesas, cenas y cafés, se reflexionaba todo lo relacionado con la literatura, que la intensa vida cultural de cualquier ciudad de esa época se realizaba en cafés, y el rol o papel de lo oral era mucho más importante de lo que ahora es.

                        Comentario

                        • francisfrancis
                          un Drexler
                          • 09-07-2005
                          • 14088

                          #13
                          Me molesta un poco que digan que proviene de una fuente "amarilla", porque yo corroboro mis fuentes dos veces antes de decir algo, y cuando digo alguna pelotudez la digo con tácita conciencia de mi nutrida capacidad de idiotez, así que no, además para qué voy a querer meterle el dedo a todos ustedes, no vale la pena.

                          Comentario

                          • Gespi
                            *
                            • 11-06-2004
                            • 20360

                            #14
                            no digo que provenga desde vos de una fuente amarilla.
                            opino que los intereses que mueven al albacea y a los hrederos de bioy, y al mismo bioy recopilando dialogos de con su amigo, pueden hacer amarillo cualquier dato.

                            De todos modos se nota la presencia de Borges. Y de todos modos no deja de ser una especie de mi amigo (que no era mas mi amigo) saca a relucir intimidades y comentarios que me fue robando durante tantos años.

                            eso.

                            Comentario

                            • emiii
                              lioovienen los ninjasnop
                              • 25-10-2003
                              • 20380

                              #15
                              Bioy puede estar atrás de Borges, sin duda lo está, pero no es suficiente razón, me parece, para tenerle antipatía. Se dedicaban, de todas formas, a cosas bastante diferentes, como siempre la comparación es difícil. Pero supieron ser amigos y colaborar. Personalmente, me parece que sobre el pobre Bioy Borges echa más sombra que luz, quizás comercialmente y en el tema de difusión le haya convenido, especialmente en estos años tan "borgianos", pero como escritor muy poca gente lo aprecia en su singularidad, que es rica.

                              Lo del libro ese de cosas que dijo parece divertido y el cuento original, sea de quien sea, está muy bien. Creo que siendo de Borges está mucho mejor que siendo de cualquier otro, siendo de Borges es una obra genial. No por esnobismo, pero en realidad es realista y chocante, me encantaría tener el audio de esa supuesta lectura.

                              en cuanto a lo de los cuentos orales, francisfrancis me lo sacó de los labios. De todas maneras dudo que a Borges le interesara más que se recuerde el autor que el cuento. Al fin y al cabo no es el Papa, anyway.

                              the sniper in the brain...regurgitatingng drain!! inceestuooss and vaneee and many other last nammess

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