Debido a la estructura del libro que contiene este relato ("Las cosas que llevaban"), es mejor leerlo junto a los demás, cuentos, pero igualmente, aquí va:
BUENA FORMA
Es hora de ser franco.
Tengo cuarenta y tres años, es cierto, y ahora soy escritor, y hace mucho caminé a través de la provincia de Quang Ngai como soldado de infantería.
Casi todo lo demás es inventado.
Pero no es un juego. Es una forma. Exactamente aquí, ahora, mientras me invento a mi mismo, estoy pensando en todo lo que quiero contarte sobre por qué este libro está escrito como está. Por ejemplo, quiero contarte esto: hace veinte años vi morir a un hombre en un sendero cerca de la aldea de My Khe. Yo no le maté. Pero estaba presente, entiendes, y mi presencia fue culpa suficiente. Recuerdo su cara, que no era hermosa, porque la mandíbula estaba en la garganta, y recuerdo que sentí la carga de la responsabilidad y la pena. Me culpé a mi mismo. Y con razón, porque estaba presente.
Pero escucha. Incluso esa historia es inventada.
Quiero que sientas lo que sentí. Quiero que sepas por qué la verdad-historia es más verdadera a veces que la verdad-acontecimiento.
Ésta es la verdad-acontecimiento. Una vez fui soldado. Había muchos cadáveres, cadáveres reales con caras reales, pero yo era joven entonces y me daba miedo mirar. Y ahora, veinta años después, sólo me queda la responsabilidad sin cara y la pena sin cara.
Ésta es la verdad-historia. Él era un joven delgado, muerto, casi delicado, de unos veinte años. Estaba tendido en medio de un sendero de arcilla roja cerca de la aldea de My Khe. Tenía la mandíbula en la garganta. Un ojo estaba cerrado, el otro era un agujero en forma de estrella. Yo le maté.
Supongo que lo que las historias pueden hacer es lograr que las cosas estén presentes.
Puedo mirar cosas que nunca he mrado. Puedo ponerles cara a al pena y al amor y a la piedad y a Dios. Puedo ser valiente. Puedo forzarme a sentir lo que sentí.
-Papá, di la verdad -puede decir Kathleen-, ¿mataste alguna vez a alguien?
Y yo puedo decir, con honestidad:
-Por supuesto que no.
O puedo decir, con honestidad:
-Sí.
BUENA FORMA
Es hora de ser franco.
Tengo cuarenta y tres años, es cierto, y ahora soy escritor, y hace mucho caminé a través de la provincia de Quang Ngai como soldado de infantería.
Casi todo lo demás es inventado.
Pero no es un juego. Es una forma. Exactamente aquí, ahora, mientras me invento a mi mismo, estoy pensando en todo lo que quiero contarte sobre por qué este libro está escrito como está. Por ejemplo, quiero contarte esto: hace veinte años vi morir a un hombre en un sendero cerca de la aldea de My Khe. Yo no le maté. Pero estaba presente, entiendes, y mi presencia fue culpa suficiente. Recuerdo su cara, que no era hermosa, porque la mandíbula estaba en la garganta, y recuerdo que sentí la carga de la responsabilidad y la pena. Me culpé a mi mismo. Y con razón, porque estaba presente.
Pero escucha. Incluso esa historia es inventada.
Quiero que sientas lo que sentí. Quiero que sepas por qué la verdad-historia es más verdadera a veces que la verdad-acontecimiento.
Ésta es la verdad-acontecimiento. Una vez fui soldado. Había muchos cadáveres, cadáveres reales con caras reales, pero yo era joven entonces y me daba miedo mirar. Y ahora, veinta años después, sólo me queda la responsabilidad sin cara y la pena sin cara.
Ésta es la verdad-historia. Él era un joven delgado, muerto, casi delicado, de unos veinte años. Estaba tendido en medio de un sendero de arcilla roja cerca de la aldea de My Khe. Tenía la mandíbula en la garganta. Un ojo estaba cerrado, el otro era un agujero en forma de estrella. Yo le maté.
Supongo que lo que las historias pueden hacer es lograr que las cosas estén presentes.
Puedo mirar cosas que nunca he mrado. Puedo ponerles cara a al pena y al amor y a la piedad y a Dios. Puedo ser valiente. Puedo forzarme a sentir lo que sentí.
-Papá, di la verdad -puede decir Kathleen-, ¿mataste alguna vez a alguien?
Y yo puedo decir, con honestidad:
-Por supuesto que no.
O puedo decir, con honestidad:
-Sí.


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