[cuento] Santa Teresita.

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  • Larva
    El_
    • 06-06-2004
    • 9659

    #1

    [cuento] Santa Teresita.

    Santa Teresita
    "Ninguna pérdida debe sernos más sensible que la del tiempo,
    puesto que es irreparable."
    Zenón de Elea.


    Desde el último cuarto del siglo XX, las compañías de transporte turístico comenzaron a desarrollar nuevas tecnologías que fueron rápidamente aplicadas para el mayor confort del pasajero. Sin embargo, un joven hombre de estatura mediana, de un cabello negro azabache y de una tez indefinidamente blanca (mediterránea) se mostraba indiferente. Saludar al chofer con un gesto tímido fue su única acción social al entrar al ómnibus. Corroboró luego que la numeración indicada en su boleto correspondiese al asiento junto a la ventanilla que él ya había ubicado segundos antes. ¿Correspondería también aquella numeración del asiento (o del boleto) con la cantidad de veces que intentaría dormir? El joven Francisco Ferreti había terminado sus estudios en la Universidad de Buenos Aires. El sentirse todo un abogado lo obligaba a compararse (pues en ésta oportunidad él quedaba bien parado) con su hermano mayor Eugenio Ferreti. El primogénito de aquella familia ítalo-española era un hombre de contados oficios que resultaban aún más contados si tomásemos en cuenta aquellos en los que se desempeñaba realmente bien. Finalmente el motor arrancó y aunque un poco monótono, el viaje que Francisco tanto decía merecerse fue tomando la forma de una verdad.

    Aceptó el servicio de lunch, sin embargo se mostró algo hosco ante los novedosos dispositivos que el micro iba desplegando a medida que la joven empleada hacía su trabajo. Al beberse el negro café de micro, engañó a un hambre que daba tímidos zarpazos y lo convenció de que realmente era la hora de la digestión. El micro se detuvo en una típica parada noctámbula. Algunos como Francisco bajaron, y otros en cambio prefirieron quedarse arriba, mirando la versión doblada al castellano de Toy Story 2 que pasaban a través de pequeñas pantallas distribuidas a lo largo del corredor del pasillo del ómnibus. Mientras se dirigía al baño, Francisco hizo una búsqueda por entre sus jeans, llevó un cigarrillo a la boca y orinó en un mingitorio al tiempo que intentaba hacer chispear el encendedor de una manera extrañísima. A veces su poder de insistencia (por no llamarlo cabeza dura) le hacía creer que era capaz de vencer obstáculos físicamente imposibles. Fue entonces en un baño bastante derruido, entre dos hombres bastante más altos que él, y entre una estrofa y un estribillo de un cumbia villera, que un recuerdo se apoderó súbitamente de el. Un recuerdo que modificaría su conducta durante sus vacaciones, ¡Qué ya la estaba modificando! ¡Francisco se había olvidado el faso! Durante el resto del trayecto le fue muy difícil conciliar el sueño y casi no lo hizo.

    Cuando el ómnibus llegó a destino, recogió su bolso de mano, bajó a tierra firme y le fueron dadas sus maletas. Tomó un remís en la terminal de Santa Teresita que lo llevaría primero a la inmobiliaria dónde recogería las llaves de su departamento y luego a éste, que le pareció un poco más antiguo y descolorido en comparación con las fotos que le fueron mostradas vía e-mail en su casa de Lomas de Zamora.

    Aunque aquella primera tarde en la que se asentó no gozó de un clima del todo positivo para ir a la playa, Francisco insistió (como buen argentino) en tomar una sombrilla, una toalla y caminar en hojotas unas ocho cuadras, que era la distancia de la que se encontraba con respecto al mar. No permaneció durante mucho tiempo en ningún sitio en especial. El viento era algo violento y trasportaba los aromas de la costa argentina. Creyó sentir olor a marihuana en el aire y su buen olfato lo llevó hasta un grupo de jóvenes locales que estaban sentados contra unos arbustos. Tocaban canciones clásicas de la época en una guitarra criolla bastante desafinada y le daban repetidas secas a un cigarrillo de marihuana. Francisco no vaciló ni por un instante y se acercó a los muchachos en cuanto cambió una primera mirada de la que no se podría haber obtenido ninguna información, ni voluntad ni deseo. Eran, como nuestro protagonista había previsto, oriundos de Santa Teresita. Usaban ropa algo pasada de moda, se comían las eses y gustaban de desorientar a los turistas, específicamente a los porteños. Francisco tuvo que aclarar que a los residentes del lugar de donde él venía no se los clasificaba de tal manera, aunque pertenecía tanto a la ciudad de Buenos Aires como cualquier hombre que reproduzca su vida cotidiana en ella, en este caso, su oficio de abogado.

    El nombre de un tal Chino resonó repetidas veces en su diálogo. Se trataba de El Hombre (The Man), como llamaría Burroughs en su primera novela al dealer con más peso en el lugar y al que todos acudían. El Chino era un hombre de unos treinta y largos años, de apariencia criolla y de ascendencia anónima pero igualmente adivinable. A nuestro protagonista le fue aconsejado aparecer por sus dominios a la hora en que los puestos de la feria hippie del centro comienzan a armarse, y tendría tiempo hasta las 8 de la noche. Con un par de secas algo atropelladas y una versión desarreglada de Veneno de La Renga en la mencionada guitarra criolla se despidió no sin antes dar las gracias por haber recibido la información dada, que era y todos lo sabían, la verdadera causa de su acercamiento al grupo.

    Ferreti había pasado por el departamento para darse una ducha rápida (no tenía demasiada arena en el cuerpo) y para colocar dos billetes de veinte pesos en su riñonera. Caminó una a una las cuadras que le fueron indicadas sin demasiada precisión por el grupo de la playa mientras el cielo iba oscureciendo y las personas se aferraban a sus abrigos o salían de los almacenes locales con algunas provisiones para la hora de la cena.
    En su andar cruzó una plaza por su lateral con algo de temor. Frente a él y a su andar, un grupo de jóvenes casi idénticos a los de la playa lo examinó de pies a cabeza. Francisco experimentó algo de vergüenza cuando comprobó que no se trataba de gente hostil (si lo hubieran sido, él habría sido el blanco más fácil y más seguro de robar sin ninguna duda).

    La arquitectura de las casas no variaba demasiado y su andar ya casi lo había llevado hasta el lugar indicado. Preguntó a varios transeúntes anónimos hasta que pudo ubicar la casa que concordaba con la descripción de un gran portón verde oscuro que apenas escondía la presencia de una antigua camioneta Ford. Junto al portón, un pasillo largo y gris conducía hasta una puerta de madera sin pintar.

    Llamó a la puerta con dos golpes que de tan tímidos tuvo que repetirlos para que se noten. Del otro lado se oyeron graves ladridos y una cadena arrastrándose por un piso no muy lejano. Una pequeña escotilla se abrió en la puerta y dos ojos aindiados examinaron la humilde figura de Francisco Ferreti.

    -¿Si, qué desea? – preguntó una voz descascarada detrás de aquellos ojos.

    -Necesito hablar con el Chino, me dijeron que vive por acá. – dijo Ferreti.

    -El Chino soy yo, ¿Qué vas comprar? – apuró algo desconfiado.

    -Tengo veinte pesos – mintió el joven.

    La puerta se abrió acompañada de un crujido y las cadenas que provenían desde el fondo de algún patio se agitaban con creciente nerviosismo al tiempo que el trillado sonido de la sirena tomaba fuerza en el ambiente. Fue entonces que el Chino lo hizo pasar agarrándolo bruscamente del brazo mientras maldecía en vos baja su popular (y por eso peligrosa) identidad. Avanzaron por un living que distaba mucho de ser una ratonera y pensó que el tipo lo habría heredado de alguien.

    -La policía está rabiosa flaco, - sentenció el dealer - ¿Llegaste hoy o no tenes idea de nada?

    - Ambas cosas – contestó Ferreti – Llegué hoy y no tengo idea de cómo te manejás con los azules, pero bueno, acá tenes la pla…

    La oración fue interrumpida por violentos golpes contra la puerta por la que habían ingresado los dos, con tan solo escasos minutos de anterioridad.

    -No pasa nada, o mejor dicho, esto pasa siempre – se corrigió el Chino – andate por la ventana que da al patio. Cuidado con el perro, igualmente no hace nada. Saltas la pared de ladrillos y salís a una calle ancha en la que vas a tener que correr para la derecha sin detenerte por unas siete u ocho cuadras. – explicó e hizo un gesto indicando iniciar la acción lo antes posible, que evidentemente no fue recibido por Francisco. - ¡Tomatelas! – alcanzó a decir y casi levantó con sus dos brazos al jóven intentando hacerlo pasar por la ventana corrediza.

    Ferreti alcanzó la pared en un vuelo, evitando que su mirada se cruce con la de un perro cuya raza jamás hubiese podido determinar por falta de tiempo. Trepó con su máximo esfuerzo la pared (no era un atleta) y saltó al asfalto de una calle ancha pero carente de movimiento.

    Quizá olvidé decir que el joven logró la transacción con éxito a pesar de la escasez de tiempo que tuvo para llevarla a cabo. La piedra rebotaba en uno de los bolsillos traseros de sus jeans, ni muy grande, ni muy chica. A la quinta cuadra decidió dejar de correr, ya había visto que la gente comenzaba a aglutinarse y prefirió llevar un ritmo lento que lo haría pasar desapercibido. Aunque estaba realmente perdido (quizá nunca lo estuvo en tal magnitud como en aquella ocasión) decidió sentarse en la mitad de una calle que lo beneficiaba con la oscuridad y con el silencio, que no llegaba ni a mortuorio ni a delator.
    Inició el ritual de picar con paciencia una parte de la piedra que luego retornaría al pedazo de la bolsa de consorcio de donde la sacó. Vertió el contenido picado salteándolo con apenas un poco de tabaco de un cigarrillo y tomó un pedacito del cartón que enrrolló y montó en el papel para armar que traía consigo. Finalmente con apuro pero con la confianza que da la experiencia repetida, armó el cigarrillo de marihuana.

    Las primeras pitadas le indicaron que no era el mejor cigarrillo que había fumado en su vida, y la relación precio-cantidad tampoco. No obstante, la paz que garantiza la satisfacción resuelta lo invadió y se propuso caminar por aquellas zonas desconocidas.
    Divagó un buen rato intentando reconocer los nombres de las calles en las esquinas, las texturas de los árboles y las numeraciones. Poco a poco fue dándose cuenta (o creyendo) que el sistema de numeración era igual que en su barrio. Más tarde creyó haberse acostumbrado tanto al sonido del mar que de un momento a otro fue dejando de oírlo tan gradualmente como le era posible a su hiperactivo cerebro. Finalmente, aunque no llegó a asustarse y entendió los hechos con una lógica ajena al común de los estados mentales, reconoció una calle muy parecida a la que en su barrio corta la de su casa. Avanzó durante unos cuantos minutos canábicos y al fin se topó con la esquina de su hogar, donde tantas veces esperó con ansias diversas llegadas y donde tantas veces las disfrutó. Caminó media cuadra más y entró a su casa.


    Adentro, su madre (que estaba duchándose) preguntó por el nombre de su hijo menor, y una respuesta satisfactoria de parte de un Francisco confundido dio lugar a una segunda pregunta:

    -¿Dónde estuviste nene? ¡Te dejé el equipaje en el hall de entrada y tenes el pasaje sobre la mesa del living! - indicó su madre – ¡Apurate que vas a llegar tarde y el micro va a salir sin vos!

    Afirmativamente, allí estaba cada una de las cosas que la madre le había señalado. El equipaje en el hall de entrada, y en la mesa del living, el boleto con la numeración en correspondencia con el asiento junto a la ventanilla.
    Editado por última vez por Larva; 31-10-2007, 10:31 PM.
  • alucho
    Alto Egel
    • 08-08-2006
    • 1517

    #2
    ajuajua me reí mucho con la parte de "se olvidó el faso!"

    (no abras el spoiler, si no leiste el cuento por que te cago el final)
     
    me dio una impresión loop (?) el final


    pip. me gustó
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    Comentario

    • Larva
      El_
      • 06-06-2004
      • 9659

      #3
      tengo que arreglar un par de cositas, lo postee asi de una pero creo que en gral va

      gracias por la opinión

      Comentario

      • Schizoid Hector
        Mega Egelito
        • 03-11-2006
        • 2701

        #4
        Che esta bueno, la verdad me parece genial este tipo de literatura como super cercana al estilo de vida que puede tener cualquier pibe de nuestra edad.

        Igual hay como una cosa media extraña entre la voz del narrador y los hechos. Hay mil aclaraciones que tropiezan con los hechos, sobre todo al principio y no son necesarias para lo que queres decir y entorpece la lectura. Mucha teoría de guión cinematográfico sorry. Pero no se si lo vas a contar 3º persona presente. Trata de que los hechos hablen más por si solos porque las acotaciones del narrador de a momentos cortan el ritmo.

        Me parece que si lo dejas descansar unos dias y lo relees como si no fuera tuyo te vas a dar cuenta de eso que te digo. Y lo de "Se olvido el faso" ajaujaujaua. Es genial, es como que no te explica nada. Lo de "Quzas me olvide pero consiguio la piedra" eso me pareció que en algún aspecto le quita verosimilitud pero quizás buscas ese tipo de estilo bizarro. Igual si es así deberías dejarlo más claro con un par de ejemplos más de ese tipo.

        Bueno intento de critica constructiva, por lo demas fue muy divertido y estuvo bueno el final redondo.
        http://www.flickr.com/hectorsunshine

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        • Gespi
          *
          • 11-06-2004
          • 20360

          #5
          A mi me parece q hay gran logro en la construcción, mucho más q en la anecdota.

          Con logro en la construcción me refiero a esas acalaraciones q parecen NO agregar nada, sinembargo ahi está la literatura!

          bueh

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          • Teddy_KgB
            Bestia terrenal del arbol
            • 25-06-2005
            • 649

            #6
            A mi me resultó una cuestión popular, lleno de cultura popular. Son justamente estas pequeñas cuestiones, como la referencia a La Renga, o Toy Story, que lo convierten en algo literal y no en una anécdota.

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            • Nagual Bones
              Son of the Bard
              • 14-04-2003
              • 21698

              #7
              jajuj ta muy bueno m4n!!!


              El camino del nagual...

              You become what you believe.

              Comentario

              Trabajando...