¿Ves eso?
Yo no.
Una remendada masa de color manteca se interpone entre mi mirada y ese menjunje que te cubre.
Qué lastima.
Me hubiera fascinado arrancarte a mordidas parte de tu cuerpo y en lo aburrido de la rutina encontrar esferas brillantes que destruyan ese pensamiento enfermo.
Quizás tu masa encefálica está invadida por siluetas inadaptadas, alimentándose de su entorno, destruyendo la profundidad de la que gozábamos en cada eclipse.
Ya no te puedo mirar, ¿no?
Estate tranquilo.
A partir de hoy, soy ciega.
Yo no.
Una remendada masa de color manteca se interpone entre mi mirada y ese menjunje que te cubre.
Qué lastima.
Me hubiera fascinado arrancarte a mordidas parte de tu cuerpo y en lo aburrido de la rutina encontrar esferas brillantes que destruyan ese pensamiento enfermo.
Quizás tu masa encefálica está invadida por siluetas inadaptadas, alimentándose de su entorno, destruyendo la profundidad de la que gozábamos en cada eclipse.
Ya no te puedo mirar, ¿no?
Estate tranquilo.
A partir de hoy, soy ciega.








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