Qué fácil es dibujar una vida a trazos imaginarios.
Noche a noche buscamos olvidarnos del presente,
dormir sumergidos en verbalizaciones vacías
calles, lunas
hechas con papeles y tinta,
piedras,
lagartijas
realidades ilusas
noticias y mentiras.
Y es que si abriéramos los ojos
descubriríamos que son oscuras las letrínas
éstas a las que fuimos arrojados.
Pero somos obstinados,
nos negamos a morir
sin dejar de escribir una historia primero.
Invocamos la fuerza de la carne y el nervio,
mordemos la lengua
y seguimos procreando sueños:
un puño clavado al cielo
un golpe,
una guerra,
una sed por lo inalcanzable,
un mar que sólo sabe a sal
o a sangre de nuestras propias venas.
Somos acéquias virtuales
precisas
mecánicas
calculadas
creíbles, contables y enteras:
recuentos parciales
de un avatar olvidado
en un universo muerto.
Noche a noche buscamos olvidarnos del presente,
dormir sumergidos en verbalizaciones vacías
calles, lunas
hechas con papeles y tinta,
piedras,
lagartijas
realidades ilusas
noticias y mentiras.
Y es que si abriéramos los ojos
descubriríamos que son oscuras las letrínas
éstas a las que fuimos arrojados.
Pero somos obstinados,
nos negamos a morir
sin dejar de escribir una historia primero.
Invocamos la fuerza de la carne y el nervio,
mordemos la lengua
y seguimos procreando sueños:
un puño clavado al cielo
un golpe,
una guerra,
una sed por lo inalcanzable,
un mar que sólo sabe a sal
o a sangre de nuestras propias venas.
Somos acéquias virtuales
precisas
mecánicas
calculadas
creíbles, contables y enteras:
recuentos parciales
de un avatar olvidado
en un universo muerto.





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