Cuentito pedorro Nº1:
Espantado huí de ellos, corrí lo más rápido que pude, no importó cuan rápido corriese, pues al cabo de unos minutos me alcanzaron y me tomaron por los hombros. Me sentí frustrado, me golpearon donde a un hombre más le puede doler, habían destrozado mi ego. EL ego de atleta que tanto me había costado construir en aquellas pistas de polvo de ladrillo, o en esos torneos ínter barriales en los cuales siempre me aseguraba uno de los primeros puestos. Era por esto que mis amigos me habían apodado “Corre caminos”, pero los años habían pasado, y a pesar de la rutina diaria en el gimnasio de la zona, de esos tiempos solo me quedaban los trofeos empolvados en la repisa de la biblioteca. Volví bruscamente a la realidad, cuando me gritaron que no intentara escaparme. Me di vuelta, uno de ellos portaba un arma la cual estaba subiendo lentamente hacia mi cabeza, supuse que su destino era llegar hasta mi frente. En ese mismo instante, mientras mi vida pasaba frente a mis ojos como las diapositivas que solíamos ver con el profesor de historia, levanté la mirada y viendo su soberbia mueca fue donde encolericé, aunque sabiendo que al reaccionar esto pasaría a mayores decidí darle a ese egocéntrico personajillo lo que se merecía. Sin que tuviese posibilidad alguna de verlo venir impartí justicia por rodilla propia, pues dictaminé la sentencia que ejecuté al instante. Cayó rápidamente al suelo dolorido por el rodillazo recibido en sus partes pudendas, mientras gritaba y se revolcaba de dolor, su colega me disparó repetidas veces en la cabeza. Sentí un calor por todo el cuerpo y abandoné mi precaria forma humana. Pude ver mi cuerpo desde arriba. Fue horrible mirar mi cara desfigurada y mis sesos desparramados por el suelo. Al cabo de un instante una luz se acercó a mi, a medida que lo hacía aumentaba su potencia y volumen, a la vez que danzaba frenéticamente al ritmo de las últimas palpitaciones de mi corazón. Cuando todo por fin hubo terminado el resplandor de aquella luz intensa me cegó por completo. Luego se apagó bruscamente.
Di los primeros pasos en la oscuridad con gran temor. Hasta toparme con una figura que obstaculizó mi camino, inicialmente no me atreví a palpar que era lo que estaba frente a mí. El perfume era suave y dulce.
Junte coraje de donde no lo tenia y acerque mi mano a su “rostro”, seguí palpando tímidamente hasta dilucidar que se trataba de una silueta femenina. Tomó mi mano y me condujo hasta lo que parecía ser una puerta, la abrió despacio y me hizo pasar al interior, ¡era mi casa!. Me sentí feliz por volver a un lugar familiar después de lo que pareció mi muerte. Ahora que la podía ver quede impactado, era realmente muy bella, me condujo hacia mi alcoba, me acostó en mi cama y sonrió con una calidez maternal. Al instante la mujer se desvaneció y yo caí en un sueño profundo.
En un momento alguien gritó, desperté sobresaltado.
Se escuchaban algunas voces a mi alrededor y ruidos extraños de origen impreciso. Bajé al comedor donde los vi. La historia parecía reiterarse no importase lo que hiciera ellos seguían persiguiéndome cada mañana. Seguían con ese aspecto temible, como cuando los vi por primera vez. Pero ya no me inspiraban miedo, me burle de ellos como últimamente acostumbraba. Salí por la puerta trasera, fui hacia la calle en donde repetí ya aburrido, mi carrera mortal. Huí de ellos, mas ya no les temía corrí lo más rápido que pude tratando esta vez de ganarle al destino…
Non Plus Ultra
Espantado huí de ellos, corrí lo más rápido que pude, no importó cuan rápido corriese, pues al cabo de unos minutos me alcanzaron y me tomaron por los hombros. Me sentí frustrado, me golpearon donde a un hombre más le puede doler, habían destrozado mi ego. EL ego de atleta que tanto me había costado construir en aquellas pistas de polvo de ladrillo, o en esos torneos ínter barriales en los cuales siempre me aseguraba uno de los primeros puestos. Era por esto que mis amigos me habían apodado “Corre caminos”, pero los años habían pasado, y a pesar de la rutina diaria en el gimnasio de la zona, de esos tiempos solo me quedaban los trofeos empolvados en la repisa de la biblioteca. Volví bruscamente a la realidad, cuando me gritaron que no intentara escaparme. Me di vuelta, uno de ellos portaba un arma la cual estaba subiendo lentamente hacia mi cabeza, supuse que su destino era llegar hasta mi frente. En ese mismo instante, mientras mi vida pasaba frente a mis ojos como las diapositivas que solíamos ver con el profesor de historia, levanté la mirada y viendo su soberbia mueca fue donde encolericé, aunque sabiendo que al reaccionar esto pasaría a mayores decidí darle a ese egocéntrico personajillo lo que se merecía. Sin que tuviese posibilidad alguna de verlo venir impartí justicia por rodilla propia, pues dictaminé la sentencia que ejecuté al instante. Cayó rápidamente al suelo dolorido por el rodillazo recibido en sus partes pudendas, mientras gritaba y se revolcaba de dolor, su colega me disparó repetidas veces en la cabeza. Sentí un calor por todo el cuerpo y abandoné mi precaria forma humana. Pude ver mi cuerpo desde arriba. Fue horrible mirar mi cara desfigurada y mis sesos desparramados por el suelo. Al cabo de un instante una luz se acercó a mi, a medida que lo hacía aumentaba su potencia y volumen, a la vez que danzaba frenéticamente al ritmo de las últimas palpitaciones de mi corazón. Cuando todo por fin hubo terminado el resplandor de aquella luz intensa me cegó por completo. Luego se apagó bruscamente.
Di los primeros pasos en la oscuridad con gran temor. Hasta toparme con una figura que obstaculizó mi camino, inicialmente no me atreví a palpar que era lo que estaba frente a mí. El perfume era suave y dulce.
Junte coraje de donde no lo tenia y acerque mi mano a su “rostro”, seguí palpando tímidamente hasta dilucidar que se trataba de una silueta femenina. Tomó mi mano y me condujo hasta lo que parecía ser una puerta, la abrió despacio y me hizo pasar al interior, ¡era mi casa!. Me sentí feliz por volver a un lugar familiar después de lo que pareció mi muerte. Ahora que la podía ver quede impactado, era realmente muy bella, me condujo hacia mi alcoba, me acostó en mi cama y sonrió con una calidez maternal. Al instante la mujer se desvaneció y yo caí en un sueño profundo.
En un momento alguien gritó, desperté sobresaltado.
Se escuchaban algunas voces a mi alrededor y ruidos extraños de origen impreciso. Bajé al comedor donde los vi. La historia parecía reiterarse no importase lo que hiciera ellos seguían persiguiéndome cada mañana. Seguían con ese aspecto temible, como cuando los vi por primera vez. Pero ya no me inspiraban miedo, me burle de ellos como últimamente acostumbraba. Salí por la puerta trasera, fui hacia la calle en donde repetí ya aburrido, mi carrera mortal. Huí de ellos, mas ya no les temía corrí lo más rápido que pude tratando esta vez de ganarle al destino…

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