En un cuarto hay una dama
arropada con temor,
ella espera que el amor
no le tire de los pies
desde abajo de la cama.
No se arriesga en un suspiro,
a ensuciar su estupidez,
no se baja del colchón,
ni me mira si la miro
con mi ciego corazón.
No se juega su niñez
pero tampoco la vive,
sufre del blanco declive
desde el empalidecer
de incontenibles sustancias.
Con dignísima arrogancia
evita irse a estribor
no vaya a ser que mi rumor
haga breves las distancias
y la obligue a naufragar.
Supongo que mi lugar
es el de aquellas sirenas
que escriben en la arena
con la yema ensangrentada
lo que no pueden cantar.
Tuve visiones del mar
cosquilleando en el umbral
de las estancias sagradas.
Tuve visiones profanas
en las sábanas del mar
donde sueño con la dama.
arropada con temor,
ella espera que el amor
no le tire de los pies
desde abajo de la cama.
No se arriesga en un suspiro,
a ensuciar su estupidez,
no se baja del colchón,
ni me mira si la miro
con mi ciego corazón.
No se juega su niñez
pero tampoco la vive,
sufre del blanco declive
desde el empalidecer
de incontenibles sustancias.
Con dignísima arrogancia
evita irse a estribor
no vaya a ser que mi rumor
haga breves las distancias
y la obligue a naufragar.
Supongo que mi lugar
es el de aquellas sirenas
que escriben en la arena
con la yema ensangrentada
lo que no pueden cantar.
Tuve visiones del mar
cosquilleando en el umbral
de las estancias sagradas.
Tuve visiones profanas
en las sábanas del mar
donde sueño con la dama.

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