PERDER EL TREN...
¡Gracias a Dios! ¡Por fin terminó la clase de Farmacología y Terapéutica II! Salgo corriendo de la facultad y tengo siete minutos para llegar a la estación de trenes de La Plata. Llegué tarde para alcanzar el tren de las 19. ¡Culpa de este zapato que me sacó una ampolla! No importa, es Viernes pensé, por suerte mañana puedo dormir un poco mas. Descansar y despejarme, esta semana fue realmente eterna.
El próximo rápido sale a las 20, no tengo ganas de esperar, la tarde esta oscureciendo como mi ánimo, tomaré este, aunque pare en todas las estaciones, es lo mismo esperar viajando. Subo, me siento del lado de la ventanilla, por suerte traje el walkman y podré escuchar un poco de música. Noche ideal para Queen, Una noche en la Opera, lo busco en el bolso pero no lo puedo encontrar. Recuerdo que lo escuche...el domingo a la tarde, seguro deje el cassette en el equipo. Me fijo a ver que encuentro, Los Caballeros...nada que ver, pero igual me gusta, viene bien, el viaje es largo, tengo hasta Avellaneda una hora mas o menos, y luego a Glew, llegaré a casa alrededor de las 21.
Me siento agotada realmente, espero poder recuperarme hasta el lunes, se me hace muy pesada la semana, el trabajo en Quilmes, la facultad en la Plata tres veces por semana, y mi casa en ¡el infinito! Hasta me estoy alejando de mis amigas que no entienden por que los Sábados prefiero acostarme temprano, el domingo estudiar algo, solo faltan dos años mas, cuando llegue a recibirme de odontóloga tendré tiempo para salir.
La última estación que recuerdo haber visto fue Guillermo E. Hudson. Escuchaba Avanti Morocha cuando repentinamente me encontré conmigo a los 17 años, y con vos...no puedo evitar recordarte cuando escucho esta canción.
Estábamos en ese bar, a media cuadra de la secundaria, donde nos encontramos tantas veces, hablábamos, nos explicábamos por que todo se terminaba ahí. No puedo abandonar el recuerdo de tus ojos intentando llegar hasta mi alma, tratando de creer, de entender, ni tu voz dulce y clara: "Que lógico, te comprendo, es mejor así, por mi esta bien..."
Jamás olvidare esas lágrimas, a las que nunca diste permiso para salir de esos inmensos e imborrables ojos negros, por lo menos en mi presencia, porque me conocías y sabias que si una sola corría por tus mejillas no te hubiera dejado.
Te conozco y se que eso también lo hiciste por mi, hasta en aquel momento trataste de darme fuerzas, pero también se que nunca lo entendiste, porque te mentí, pero yo también me mentía...
Hoy el tiempo paso, la vida me puso anteojos y canas, ya tengo 37 años y aprendí cosas de mi que antes de pura "mocosa-agrandada-caprichosa" no entendía, hoy te puedo asegurar que aquella fría tarde de julio solo te salve de mi, de mis fantasmas, de mis miedos, de la falta de amor por mi y por mi vida.
Nunca volví a verte, y por supuesto jamas te pude pedir perdón. Ya no podré explicarme porque aquel invierno me solté de tu mano y salí corriendo al mundo, donde solo recibí penas y dolor, que levantaron esa armadura protectora que llevo puesta hasta el día de hoy.
Nadie después, como vos, intento regalarme sueños robados a la vida, solo yo perdí aquel maldito día, tire la toalla, no tuve fe. Si no creía en mi, ¿Cómo iba a poder creer en vos? Si volvieran los asaltos, los ramitos de jazmines y violetas, los carnavales, cuando para poder mojarte te corrí como diez cuadras, y sin siquiera cansarte te dejaste mojar solo para robarme un beso. Si volvieran los bailes del Sábado por la noche vos todo vestido de impecable blanco, y yo con mi vestido largo, si sonaran otra vez esos americanos que solo baile con vos, y el regreso camino a casa, descalzos, abrazados, muertos de cansancio y de amor.
Si pudiera volver a citarte en la plaza, como antes, primero te diría perdón, y así me perdonaras volvería a pedirte perdón una y mil veces mas. No por haberte dejado, se que sufriste, pero yo sufrí mas, fui la que mas perdió en esta historia, lo haría por no haber entendido tus ganas de vivir, tu especial forma de ver la vida, no era una vida color rosa, sino deslumbrante, espléndida, infinita.
Perdóname por no haber dejado que me contagiaras. Por no haber escuchado nunca que había un mañana hermoso, que podía ver brillar el sol con sólo abrir los ojos, por no cuidarte nunca como me cuidaste, por no saber amar como me amaste.
De pronto el tren se detiene completamente, en mi desconcierto no escucho más la música, el cassette había terminado y cuando reconozco el lugar me doy cuenta que estoy en la estación Constitución. Sin duda hoy no es mi día, no me tendría que haber levantado de la cama esta mañana.
Camino hasta la boletería y saco ida Glew, con un poco de suerte llegaré a casa antes de que empiece al Sábado.
De pronto reaparece mi sueño, en mi mente tu figura se ilumina y me pregunto: ¿Por que la vida te puso en mi camino? Y una sonrisa se asoma vacilante a mi rostro. Si sigo pensando así, entonces no tendría ningún sentido haberte conocido, no habría aprendido nada, no tendría ningún derecho a pedirte perdón si la vida nos vuelve a cruzar algún día, en algún lugar. Vamos Morocha! ¡Corre! ¡Apúrate, así llegamos rápido a casa! ¿Señor?, me da un ramo de jazmines... ¿cuanto hacia que no me regalaba nada?
Por el andén la gente me mira con cara extraña cuando me ven pasar corriendo y riendo.
¡Si! soy feliz, me siento bien, libre, nueva... ¿sabes Morocha cuánto hacia que no corrías y te reías? ¡Tardaste 20 años en entender! ¿Soy un poco lenta no? Cuando subo otra vez al tren, me siento y hasta tengo ganas de mañana llamar a las chicas a ver si salimos a bailar. El perfume de los jazmines evapora mi cansancio, lo diluye, creo que hasta me siento más linda, más joven. Cuando el tren sale de la estación miro el cielo por la ventanilla, una luna inmensa lo ilumina y brillan millones de estrellas que hace millones de años no veía.
Estoy segura que esta tarde al perder el rápido de La Plata, dejé escapar los fantasmas del recuerdo que me persiguieron desde la adolescencia. Si...mañana voy a llamar a las chicas y si arreglamos algo me voy a la peluquería, me corto el pelo, podría comprarme ese pantalón que me re-gustó y fui a ver tantas veces, y me...
Si bien, este escrito no me pertenece, me siento identificada con él.
Un beso.
¡Gracias a Dios! ¡Por fin terminó la clase de Farmacología y Terapéutica II! Salgo corriendo de la facultad y tengo siete minutos para llegar a la estación de trenes de La Plata. Llegué tarde para alcanzar el tren de las 19. ¡Culpa de este zapato que me sacó una ampolla! No importa, es Viernes pensé, por suerte mañana puedo dormir un poco mas. Descansar y despejarme, esta semana fue realmente eterna.
El próximo rápido sale a las 20, no tengo ganas de esperar, la tarde esta oscureciendo como mi ánimo, tomaré este, aunque pare en todas las estaciones, es lo mismo esperar viajando. Subo, me siento del lado de la ventanilla, por suerte traje el walkman y podré escuchar un poco de música. Noche ideal para Queen, Una noche en la Opera, lo busco en el bolso pero no lo puedo encontrar. Recuerdo que lo escuche...el domingo a la tarde, seguro deje el cassette en el equipo. Me fijo a ver que encuentro, Los Caballeros...nada que ver, pero igual me gusta, viene bien, el viaje es largo, tengo hasta Avellaneda una hora mas o menos, y luego a Glew, llegaré a casa alrededor de las 21.
Me siento agotada realmente, espero poder recuperarme hasta el lunes, se me hace muy pesada la semana, el trabajo en Quilmes, la facultad en la Plata tres veces por semana, y mi casa en ¡el infinito! Hasta me estoy alejando de mis amigas que no entienden por que los Sábados prefiero acostarme temprano, el domingo estudiar algo, solo faltan dos años mas, cuando llegue a recibirme de odontóloga tendré tiempo para salir.
La última estación que recuerdo haber visto fue Guillermo E. Hudson. Escuchaba Avanti Morocha cuando repentinamente me encontré conmigo a los 17 años, y con vos...no puedo evitar recordarte cuando escucho esta canción.
Estábamos en ese bar, a media cuadra de la secundaria, donde nos encontramos tantas veces, hablábamos, nos explicábamos por que todo se terminaba ahí. No puedo abandonar el recuerdo de tus ojos intentando llegar hasta mi alma, tratando de creer, de entender, ni tu voz dulce y clara: "Que lógico, te comprendo, es mejor así, por mi esta bien..."
Jamás olvidare esas lágrimas, a las que nunca diste permiso para salir de esos inmensos e imborrables ojos negros, por lo menos en mi presencia, porque me conocías y sabias que si una sola corría por tus mejillas no te hubiera dejado.
Te conozco y se que eso también lo hiciste por mi, hasta en aquel momento trataste de darme fuerzas, pero también se que nunca lo entendiste, porque te mentí, pero yo también me mentía...
Hoy el tiempo paso, la vida me puso anteojos y canas, ya tengo 37 años y aprendí cosas de mi que antes de pura "mocosa-agrandada-caprichosa" no entendía, hoy te puedo asegurar que aquella fría tarde de julio solo te salve de mi, de mis fantasmas, de mis miedos, de la falta de amor por mi y por mi vida.
Nunca volví a verte, y por supuesto jamas te pude pedir perdón. Ya no podré explicarme porque aquel invierno me solté de tu mano y salí corriendo al mundo, donde solo recibí penas y dolor, que levantaron esa armadura protectora que llevo puesta hasta el día de hoy.
Nadie después, como vos, intento regalarme sueños robados a la vida, solo yo perdí aquel maldito día, tire la toalla, no tuve fe. Si no creía en mi, ¿Cómo iba a poder creer en vos? Si volvieran los asaltos, los ramitos de jazmines y violetas, los carnavales, cuando para poder mojarte te corrí como diez cuadras, y sin siquiera cansarte te dejaste mojar solo para robarme un beso. Si volvieran los bailes del Sábado por la noche vos todo vestido de impecable blanco, y yo con mi vestido largo, si sonaran otra vez esos americanos que solo baile con vos, y el regreso camino a casa, descalzos, abrazados, muertos de cansancio y de amor.
Si pudiera volver a citarte en la plaza, como antes, primero te diría perdón, y así me perdonaras volvería a pedirte perdón una y mil veces mas. No por haberte dejado, se que sufriste, pero yo sufrí mas, fui la que mas perdió en esta historia, lo haría por no haber entendido tus ganas de vivir, tu especial forma de ver la vida, no era una vida color rosa, sino deslumbrante, espléndida, infinita.
Perdóname por no haber dejado que me contagiaras. Por no haber escuchado nunca que había un mañana hermoso, que podía ver brillar el sol con sólo abrir los ojos, por no cuidarte nunca como me cuidaste, por no saber amar como me amaste.
De pronto el tren se detiene completamente, en mi desconcierto no escucho más la música, el cassette había terminado y cuando reconozco el lugar me doy cuenta que estoy en la estación Constitución. Sin duda hoy no es mi día, no me tendría que haber levantado de la cama esta mañana.
Camino hasta la boletería y saco ida Glew, con un poco de suerte llegaré a casa antes de que empiece al Sábado.
De pronto reaparece mi sueño, en mi mente tu figura se ilumina y me pregunto: ¿Por que la vida te puso en mi camino? Y una sonrisa se asoma vacilante a mi rostro. Si sigo pensando así, entonces no tendría ningún sentido haberte conocido, no habría aprendido nada, no tendría ningún derecho a pedirte perdón si la vida nos vuelve a cruzar algún día, en algún lugar. Vamos Morocha! ¡Corre! ¡Apúrate, así llegamos rápido a casa! ¿Señor?, me da un ramo de jazmines... ¿cuanto hacia que no me regalaba nada?
Por el andén la gente me mira con cara extraña cuando me ven pasar corriendo y riendo.
¡Si! soy feliz, me siento bien, libre, nueva... ¿sabes Morocha cuánto hacia que no corrías y te reías? ¡Tardaste 20 años en entender! ¿Soy un poco lenta no? Cuando subo otra vez al tren, me siento y hasta tengo ganas de mañana llamar a las chicas a ver si salimos a bailar. El perfume de los jazmines evapora mi cansancio, lo diluye, creo que hasta me siento más linda, más joven. Cuando el tren sale de la estación miro el cielo por la ventanilla, una luna inmensa lo ilumina y brillan millones de estrellas que hace millones de años no veía.
Estoy segura que esta tarde al perder el rápido de La Plata, dejé escapar los fantasmas del recuerdo que me persiguieron desde la adolescencia. Si...mañana voy a llamar a las chicas y si arreglamos algo me voy a la peluquería, me corto el pelo, podría comprarme ese pantalón que me re-gustó y fui a ver tantas veces, y me...
Si bien, este escrito no me pertenece, me siento identificada con él.
Un beso.



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