Eso no es nada, un compañero de laburo estábamos comiendo unos panchos en el Alto Avellaneda enfrente de una salida con puertas automáticas, entraba viento cada vez quese abrían y yo le dije a mi compañero "Marcelo, cerrá la puerta que entra viento", fué, la empujó del costado cerrandola por la fuerza y ¡No se abrió mas la puerta! quedó ahí cerradita para siempre y la gente tenía que entrar por la de al lado, yo no sabía si cargarme de risa o irme a la mierda por si venía alguien de seguridad a reclamarnos, lo mejor de todo es que Marcelo en ningún momento se dió cuenta lo que había hecho y siguió comiendo su pancho como si nada.
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