Un Partido para toda la Eternidad.
(de nuestro enviado especial a un bar en San Telmo SIN pantalla de plasma).
Hemos presenciado un milagro. Hemos sido testigos de uno de los más grandes logros de la humanidad toda.
Palidecen, cual débiles velas de sebo frente a una Supernova en eclosión de tipo G6, todos los hechos de gloria realizados hasta ahora.
Argentina ha vencido 6-0 a Serbia-Montenegro.
Frente la enormidad de la cifra, que liliputiza al infinito, solo me queda, nos queda, el silencio reverente del último asombro.
Los jugadores argentinos han inscrito su nombre en el Libro de la Vida; cual olímpicos dioses, han arrojado rayos, flechas solares, vientos huracanados, kame jame jas y meteoros de Pegasso contra los apabullados defensores albos.
Canta, Oh Musa, la Cólera Divina de esos héroes, que armados del poder imbatible de sus piernas y sus corazones, arrasaron al guardameta enemigo de un modo que no se ha visto, ni se volverá a ver, en ese mar de insignificancias que hasta ahora se denominaba “historia humana”. Ja! Historia se hizo hoy. Cual nuevo nacimiento no de un Cristo, sino de 13 Cristos (los jugadores, Pekerman, y el Diego) una nueva era comienza a contabilizarse a partir de hoy. Año 0 DG, después de la goleada.
Este humilde cronista agradecerá por siempre a los númenes deportivos haber presenciado la gesta épica del equipo blanquiceleste.
Cada gol fue un dechado de virtudes, un ejercicio del mejor fútbol arte, fútbol champagne, fútbol Paraíso.
El segundo gol, convertido finalmente por Cambiasso, llamado el gol de los 25 toques, debería ser llamado el gol de los 365 toques, porque probablemente 36 millones de Argentinos se tocarán todas las noches durante un año pensando en ese gol.
El Gol de Tévez, el quinto, que dejó atrás a todo el mediocampo y defensa (esa defensa supuestamente, míticamente, inexpugnable) serbio-montenegrina.
Inclusive Messi, el joven Messi, promesa de futuras hemorragias de placer futbolero, tuvo la oportunidad de convertir su tanto, su gol, su pase a las estrellas del firmamento futbolístico mundial.
Si hasta hoy alguien lo dudó, ya la duda ha sido despejada: Dios es argentino.
Los jugadores holandeses, que sabemos auspiciados por empresas del tamaño de Tang, Mirinda, Crush, y Pindapoy, temblaron en sus vestuarios de oro y platino al ver nuestro desempeño.
La cohorte brasileña, siempre en medio de cotillón y música carioca, dejó de bailar y contempló atónita la goleada sufrida por los europeos orientales.
Hasta las mujeres desnudas que acompañan al equipo del jogo bonito dejaron de bailar samba y se pusieron a llorar de miedo y angustia, abrazadas en un rincón.
Así, con justo temor y respeto, con el terror interior de aquel que se sabe condenado sin remedio, así nos vieron los equipos rivales. Y está bien que así sea.
Argentinos, hoy nos enfrentamos a una encrucijada en nuestras vidas. Es la oportunidad de reconstruir una nueva Argentina, la Argentina de nuestros padres fundadores, que jugaban al fútbol en sus corazas de hierro oxidadas por el sudor contra los equipos de indios locales. Ellos no se rindieron, y nosotros no debemos rendirnos tampoco.
Político, cada vez que estés por robar, piensa en el sufrimiento que Messi tuvo que pasar para llegar al sagrado lugar que hoy ocupa.
Ciudadano, cada vez que quieras evadir un impuesto, o incumplir una ley, piensa en el ejemplo de Riquelme, que gracias al Deporte, al Futbol, así, con letras de molde, logró alcanzar la meta que sólo 11 personas entre millones logran alcanzar.
Hermano, cada vez que estés meditando traicionarme, mira adentro tuyo, y encuentra ese Tévez capaz de dejar atrás todos los obstáculos existentes para encontrar su verdadero yo.
Seamos solidarios como lo fue el Segundo Gol.
Seamos atrevidos y valientes, como lo fue El Primero.
Seamos una Gran Familia, como lo es la Selección.
Gracías, Pekerman!
Gracias, oh Jugadores!
Gracias, oh, Gracias, Dios!
Aguijonmagico.
(de nuestro enviado especial a un bar en San Telmo SIN pantalla de plasma).
Hemos presenciado un milagro. Hemos sido testigos de uno de los más grandes logros de la humanidad toda.
Palidecen, cual débiles velas de sebo frente a una Supernova en eclosión de tipo G6, todos los hechos de gloria realizados hasta ahora.
Argentina ha vencido 6-0 a Serbia-Montenegro.
Frente la enormidad de la cifra, que liliputiza al infinito, solo me queda, nos queda, el silencio reverente del último asombro.
Los jugadores argentinos han inscrito su nombre en el Libro de la Vida; cual olímpicos dioses, han arrojado rayos, flechas solares, vientos huracanados, kame jame jas y meteoros de Pegasso contra los apabullados defensores albos.
Canta, Oh Musa, la Cólera Divina de esos héroes, que armados del poder imbatible de sus piernas y sus corazones, arrasaron al guardameta enemigo de un modo que no se ha visto, ni se volverá a ver, en ese mar de insignificancias que hasta ahora se denominaba “historia humana”. Ja! Historia se hizo hoy. Cual nuevo nacimiento no de un Cristo, sino de 13 Cristos (los jugadores, Pekerman, y el Diego) una nueva era comienza a contabilizarse a partir de hoy. Año 0 DG, después de la goleada.
Este humilde cronista agradecerá por siempre a los númenes deportivos haber presenciado la gesta épica del equipo blanquiceleste.
Cada gol fue un dechado de virtudes, un ejercicio del mejor fútbol arte, fútbol champagne, fútbol Paraíso.
El segundo gol, convertido finalmente por Cambiasso, llamado el gol de los 25 toques, debería ser llamado el gol de los 365 toques, porque probablemente 36 millones de Argentinos se tocarán todas las noches durante un año pensando en ese gol.
El Gol de Tévez, el quinto, que dejó atrás a todo el mediocampo y defensa (esa defensa supuestamente, míticamente, inexpugnable) serbio-montenegrina.
Inclusive Messi, el joven Messi, promesa de futuras hemorragias de placer futbolero, tuvo la oportunidad de convertir su tanto, su gol, su pase a las estrellas del firmamento futbolístico mundial.
Si hasta hoy alguien lo dudó, ya la duda ha sido despejada: Dios es argentino.
Los jugadores holandeses, que sabemos auspiciados por empresas del tamaño de Tang, Mirinda, Crush, y Pindapoy, temblaron en sus vestuarios de oro y platino al ver nuestro desempeño.
La cohorte brasileña, siempre en medio de cotillón y música carioca, dejó de bailar y contempló atónita la goleada sufrida por los europeos orientales.
Hasta las mujeres desnudas que acompañan al equipo del jogo bonito dejaron de bailar samba y se pusieron a llorar de miedo y angustia, abrazadas en un rincón.
Así, con justo temor y respeto, con el terror interior de aquel que se sabe condenado sin remedio, así nos vieron los equipos rivales. Y está bien que así sea.
Argentinos, hoy nos enfrentamos a una encrucijada en nuestras vidas. Es la oportunidad de reconstruir una nueva Argentina, la Argentina de nuestros padres fundadores, que jugaban al fútbol en sus corazas de hierro oxidadas por el sudor contra los equipos de indios locales. Ellos no se rindieron, y nosotros no debemos rendirnos tampoco.
Político, cada vez que estés por robar, piensa en el sufrimiento que Messi tuvo que pasar para llegar al sagrado lugar que hoy ocupa.
Ciudadano, cada vez que quieras evadir un impuesto, o incumplir una ley, piensa en el ejemplo de Riquelme, que gracias al Deporte, al Futbol, así, con letras de molde, logró alcanzar la meta que sólo 11 personas entre millones logran alcanzar.
Hermano, cada vez que estés meditando traicionarme, mira adentro tuyo, y encuentra ese Tévez capaz de dejar atrás todos los obstáculos existentes para encontrar su verdadero yo.
Seamos solidarios como lo fue el Segundo Gol.
Seamos atrevidos y valientes, como lo fue El Primero.
Seamos una Gran Familia, como lo es la Selección.
Gracías, Pekerman!
Gracias, oh Jugadores!
Gracias, oh, Gracias, Dios!
Aguijonmagico.



aguijón no me quiere!
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