Cañones autopropulsados, transportes y radares que detectan fuego enemigo son parte del pedido de compra que la presidenta formalizó a EE.UU.

Como ministra de Defensa y como presidenta de Chile, Michelle Bachelet ha puesto su firma en contratos de compra de armamento por varios miles de millones de dólares. Desde ambos cargos le ha tocado conducir la actual campaña de modernización de las Fuerzas Armadas de Chile, que es seguida con atención, y en algunos casos con denuncias de carrera armamentista, desde los países vecinos, ante la superioridad tecnológica de algunas ramas militares chilenas.
Primero fue la Marina, que recibió fragatas, submarinos y misiles antibuques. Casi en paralelo, la Fuerza Aérea se dotó de decenas de cazabombarderos F-16. En el último mes el turno del lifting fue para la artillería, que recibirá cañones autopropulsados, transportes, centros de comando y radares Firetracker capaces de detectar fuego de la artillería enemiga. Para estas últimas compras, por valor de 275 millones de dólares, el Ministerio de Defensa de Chile optó por equipo de EE.UU. debido a que los sistemas de artillería de ese país han sido probados en las arenas de Irak y la experiencia iguala las condiciones del desértico norte chileno en donde tienen asiento varias unidades de cañoneo.
La compra, que deberá ser aprobada por el congreso de EE.UU., incluye 12 obuses autopropulsados M109 A5 de 155 mm y otros 12 M109 A3m, que equiparán dos nuevos grupos de artillería. El Ejército chileno ya tiene 24 M109 A1B, por lo que el país quedará mejor equipado que Brasil en términos de artillería pesada. La lista también incluye seis puestos de mando M577 A2, 18 transportes de personal M113 A2, y 24 transportes logísticos M548 A1.
Además, durante sus recientes visitas a Moscú, Amsterdam y París, Bachelet concretó además la compra de helicópteros rusos, cazabombarderos holandeses y un satélite civil-militar francés, por valor de más de 800 millones de dólares, que se une a los más de 6.000 millones de dólares gastados en armas por Chile desde 1990. Los fondos provienen principalmente de un diezmo de los ingresos por exportaciones de cobre, que por ley, pasa a manos de las Fuerzas Armadas.

Como ministra de Defensa y como presidenta de Chile, Michelle Bachelet ha puesto su firma en contratos de compra de armamento por varios miles de millones de dólares. Desde ambos cargos le ha tocado conducir la actual campaña de modernización de las Fuerzas Armadas de Chile, que es seguida con atención, y en algunos casos con denuncias de carrera armamentista, desde los países vecinos, ante la superioridad tecnológica de algunas ramas militares chilenas.
Primero fue la Marina, que recibió fragatas, submarinos y misiles antibuques. Casi en paralelo, la Fuerza Aérea se dotó de decenas de cazabombarderos F-16. En el último mes el turno del lifting fue para la artillería, que recibirá cañones autopropulsados, transportes, centros de comando y radares Firetracker capaces de detectar fuego de la artillería enemiga. Para estas últimas compras, por valor de 275 millones de dólares, el Ministerio de Defensa de Chile optó por equipo de EE.UU. debido a que los sistemas de artillería de ese país han sido probados en las arenas de Irak y la experiencia iguala las condiciones del desértico norte chileno en donde tienen asiento varias unidades de cañoneo.
La compra, que deberá ser aprobada por el congreso de EE.UU., incluye 12 obuses autopropulsados M109 A5 de 155 mm y otros 12 M109 A3m, que equiparán dos nuevos grupos de artillería. El Ejército chileno ya tiene 24 M109 A1B, por lo que el país quedará mejor equipado que Brasil en términos de artillería pesada. La lista también incluye seis puestos de mando M577 A2, 18 transportes de personal M113 A2, y 24 transportes logísticos M548 A1.
Además, durante sus recientes visitas a Moscú, Amsterdam y París, Bachelet concretó además la compra de helicópteros rusos, cazabombarderos holandeses y un satélite civil-militar francés, por valor de más de 800 millones de dólares, que se une a los más de 6.000 millones de dólares gastados en armas por Chile desde 1990. Los fondos provienen principalmente de un diezmo de los ingresos por exportaciones de cobre, que por ley, pasa a manos de las Fuerzas Armadas.





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