Pudo haber sido una tragedia, de esas que cada tanto ocurre en Estados Unidos o en Europa y que tienen a un perturbado mental como responsable de la muerte de decenas de personas en alguna reunión política o en un shopping. Pero, por suerte, no hubo víctimas que lamentar y no fue en el extranjero: fue en San Telmo.
En la noche del domingo pasado, cuando los resultados de la contienda electoral que se había desarrollado durante el transcurso del día estaban recién salidos del horno y el Frente de Izquierda festejaba haber superado el piso para poder participar de la general de octubre, un ucraniano que vivió el comunismo en su país natal apareció en escena.
A las 2.30 de la madrugada del lunes aún había militantes trotskistas de festejo en la sede central porteña del Partido Obrero, en Piedras y Venezuela, que hacían flamear banderas rojas y tocaban bombos y entonaban “La Internacional”, cuando Vitaliy Zhukovskyy, un vecino del barrio, causó conmoción y zozobra.
Este hombre de 29 años, casado y padre de dos hijos, apareció en los festejos armado con una escopeta de fabricación casera, cuchillos y balas, también portaba un chaleco de guerra, aunque el principal peso que portaba provenía de su relación con el comunismo que tuvo de chico, en su Ucrania natal, y de los padecimientos que sufrió y vio sufrir.
A poco de llagar al festejo, Zhukovskyy se sentó en la calle, sacó un cuchillo y ajustició una caja de cartón que estaba en el piso, dándole lugar y tiempo a los militantes del PO para que pudieran contenerlo, desarmarlo y llamar a la Policía, que se lo llevó en una nube de misterio y confusión.
“El tipo venía abollado, tenía sangre en la cara y la mirada perdida, tenía una especie de sonrisa idiota (…). Me alarmé”, admite un militante al portal Plaza de Mayo. “En ese momento nos miramos con algunos compañeros y nos empezamos a arremolinar alrededor de él.”
“El tipo se sentó en el piso y sacó un cuchillo de esos de combate y empezó a castigar a una caja de cartón. Entonces un compañero le pisó el arma, otro lo agarró del cuello, llamamos a la policía que estaba cortando el tránsito en la esquina y se lo llevaron”, rememora el manifestante.
Plaza de Mayo entrevistó a Zhukovskyy, quien confesó estar en tratamiento psiquiátrico y haber tomado alcohol aquella noche, una combinación que le alteró los sentidos y despertó los peores fantasmas de su niñez, cuando el Ejército Rojo de la URSS, comandada por Josef Stalin, entró a Ucrania.
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En la noche del domingo pasado, cuando los resultados de la contienda electoral que se había desarrollado durante el transcurso del día estaban recién salidos del horno y el Frente de Izquierda festejaba haber superado el piso para poder participar de la general de octubre, un ucraniano que vivió el comunismo en su país natal apareció en escena.
A las 2.30 de la madrugada del lunes aún había militantes trotskistas de festejo en la sede central porteña del Partido Obrero, en Piedras y Venezuela, que hacían flamear banderas rojas y tocaban bombos y entonaban “La Internacional”, cuando Vitaliy Zhukovskyy, un vecino del barrio, causó conmoción y zozobra.
Este hombre de 29 años, casado y padre de dos hijos, apareció en los festejos armado con una escopeta de fabricación casera, cuchillos y balas, también portaba un chaleco de guerra, aunque el principal peso que portaba provenía de su relación con el comunismo que tuvo de chico, en su Ucrania natal, y de los padecimientos que sufrió y vio sufrir.
A poco de llagar al festejo, Zhukovskyy se sentó en la calle, sacó un cuchillo y ajustició una caja de cartón que estaba en el piso, dándole lugar y tiempo a los militantes del PO para que pudieran contenerlo, desarmarlo y llamar a la Policía, que se lo llevó en una nube de misterio y confusión.
“El tipo venía abollado, tenía sangre en la cara y la mirada perdida, tenía una especie de sonrisa idiota (…). Me alarmé”, admite un militante al portal Plaza de Mayo. “En ese momento nos miramos con algunos compañeros y nos empezamos a arremolinar alrededor de él.”
“El tipo se sentó en el piso y sacó un cuchillo de esos de combate y empezó a castigar a una caja de cartón. Entonces un compañero le pisó el arma, otro lo agarró del cuello, llamamos a la policía que estaba cortando el tránsito en la esquina y se lo llevaron”, rememora el manifestante.
Plaza de Mayo entrevistó a Zhukovskyy, quien confesó estar en tratamiento psiquiátrico y haber tomado alcohol aquella noche, una combinación que le alteró los sentidos y despertó los peores fantasmas de su niñez, cuando el Ejército Rojo de la URSS, comandada por Josef Stalin, entró a Ucrania.
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