Polémico trasplante de cara, desautorizado por un comité de ética francés
Tras dos años de acaloradas discusiones éticas, el tribunal exigió investigaciones suplementarias para evaluar mejor los riesgos. Iba a utilizarse en pacientes con el rostro severamente deformado.
"Los trasplantes faciales no deben ser practicados mientras no sean realizadas investigaciones más completas sobre los propios procedimientos y mientras no se disponga de elementos que permitan apreciar de manera precisa los riesgos que acompañan este tipo de injertos", suscribió el Comité Consultivo Nacional de Etica (CCNE) de Francia, que se opuso hoy a los trasplantes de rostro (www.ccne-ethique.fr). La decisión llegó tras dos años de discusión, y se basó en el caso presentado por el doctor Laurent Lantieri, del hospital Henri-Mondor en Creteil (afueras de París), cuyo equipo viene trabajando desde hace muchos meses en los aspectos prácticos para llevar a cabo esta inédita operación que permitiría trasplantar a un paciente desfigurado el rostro de un donante muerto.
La resolución, que ha sido seguida bien de cerca por cirujanos de distintos hospitales del mundo; entre ellos el británico Peter Butler (Royal Free Hospital de Londres) y el estadounidense John Barjer (Universidad de Louisville, Kentucky), puso freno a una carrera contrarreloj que estos médicos, como el mismo Lantieri, llevan a cabo en sus respectivos países para conseguir la autorización y realizar la intervención. En el centro de la escena están los casos de Jacqueline Saburido (http://www.helpjacqui.com/home_spn.htm) que sufrió un accidente automovilístico que le infligió quemaduras en el 60 por ciento de su cuerpo y el de Christine Piff (http://www.letsfaceit.force9.co.uk/), quien padece un tumor que se ha extendido por todo su rostro hasta hacerle perder la mandíbula, uno de sus ojos y parte de su nariz.
“Se trata de trasplantar, en un sujeto en el que el injerto de su propia piel no ha funcionado, el rostro de un donante muerto”, explica el cirujano francés. Y agrega: “En algunos casos de quemaduras, de trauma balístico o de grave malformación genética, hemos fracasado a la hora de volver a dar un rostro humano a pacientes desfigurados, que se ven condenados así a una vida de pesadilla, eternamente escondidos tras una máscara”. Tras una vasta investigación entre los servicios franceses de cirugía plástica y las unidades de quemados, el experto ha establecido un censo de pacientes en los que el sistema tradicional de trasplante no ha funcionado y ha encontrado un candidato al injerto a quien no quiso dar a conocer.
“Ante la posibilidad de un trasplante de cara, no sólo pensamos en su uso positivo, en la recuperación de una imagen. También pensamos en su uso perverso, en personas que quieren cambiar su identidad por alguna otra razón” aclara la Dra. Diana Cohen, Directora de los cursos de especialización a distancia en Bioética de la Universidad Favaloro. Según un informe del Colegio Real de Cirujanos de Inglaterra (www.rcseng.ac.uk), la habilidad que exige la microcirugía del trasplante de cara ya está bien establecida. Sin embargo, se sabe poco sobre el impacto psicológico que puede sufrir la familia del donante fallecido o los riesgos a largo plazo de los fármacos inmunosupresores que se tienen que tomar de por vida para evitar que el sistema inmunitario rechace la nueva cara.
Existen dos técnicas para realizar estos transplantes. En ambas el paciente recibe nuevos labios, barbilla, orejas, nariz, piel, venas, arterias, vasos sanguíneos, nervios, músculos faciales y grasa. La diferencia es que en uno de los casos la persona no recibe huesos y en el otro sí. Los transplantes con huesos dejan al paciente luciendo igual que el donante. Como en aquella película con Nicolas Cage y John Travolta, "Contracara" donde el mafioso cambia su rostro por el del policía con una técnica de láser. Claro que, en la vida real, los donantes deben estar muertos. Y aquí nace otro debate ético.
El rostro define la identidad de las personas. Se puede donar un órgano, tejido o médula espinal, “pero donar la cara es dar una especie de cheque en blanco donde se juega lo que fuimos. No creo que haya muchas personas que estén dispuestas a compartir la identidad”, analiza la Dra. Cohen. Una de las solicitantes del trasplante, Cristine Piff, que padece las secuelas del cáncer, dijo en una entrevista en la BBC que no optaría por esta opción. "No creo que pueda soportar despertarme con la cara de otra persona. Sin embargo, he conocido muchas personas que más que desearlo lo necesitan. Hay pacientes que carecen de la mandíbula inferior y no pueden comer, ni masticar. Estas personas se beneficiarían de la cara de otra persona".
Tras dos años de acaloradas discusiones éticas, el tribunal exigió investigaciones suplementarias para evaluar mejor los riesgos. Iba a utilizarse en pacientes con el rostro severamente deformado.
"Los trasplantes faciales no deben ser practicados mientras no sean realizadas investigaciones más completas sobre los propios procedimientos y mientras no se disponga de elementos que permitan apreciar de manera precisa los riesgos que acompañan este tipo de injertos", suscribió el Comité Consultivo Nacional de Etica (CCNE) de Francia, que se opuso hoy a los trasplantes de rostro (www.ccne-ethique.fr). La decisión llegó tras dos años de discusión, y se basó en el caso presentado por el doctor Laurent Lantieri, del hospital Henri-Mondor en Creteil (afueras de París), cuyo equipo viene trabajando desde hace muchos meses en los aspectos prácticos para llevar a cabo esta inédita operación que permitiría trasplantar a un paciente desfigurado el rostro de un donante muerto.
La resolución, que ha sido seguida bien de cerca por cirujanos de distintos hospitales del mundo; entre ellos el británico Peter Butler (Royal Free Hospital de Londres) y el estadounidense John Barjer (Universidad de Louisville, Kentucky), puso freno a una carrera contrarreloj que estos médicos, como el mismo Lantieri, llevan a cabo en sus respectivos países para conseguir la autorización y realizar la intervención. En el centro de la escena están los casos de Jacqueline Saburido (http://www.helpjacqui.com/home_spn.htm) que sufrió un accidente automovilístico que le infligió quemaduras en el 60 por ciento de su cuerpo y el de Christine Piff (http://www.letsfaceit.force9.co.uk/), quien padece un tumor que se ha extendido por todo su rostro hasta hacerle perder la mandíbula, uno de sus ojos y parte de su nariz.
“Se trata de trasplantar, en un sujeto en el que el injerto de su propia piel no ha funcionado, el rostro de un donante muerto”, explica el cirujano francés. Y agrega: “En algunos casos de quemaduras, de trauma balístico o de grave malformación genética, hemos fracasado a la hora de volver a dar un rostro humano a pacientes desfigurados, que se ven condenados así a una vida de pesadilla, eternamente escondidos tras una máscara”. Tras una vasta investigación entre los servicios franceses de cirugía plástica y las unidades de quemados, el experto ha establecido un censo de pacientes en los que el sistema tradicional de trasplante no ha funcionado y ha encontrado un candidato al injerto a quien no quiso dar a conocer.
“Ante la posibilidad de un trasplante de cara, no sólo pensamos en su uso positivo, en la recuperación de una imagen. También pensamos en su uso perverso, en personas que quieren cambiar su identidad por alguna otra razón” aclara la Dra. Diana Cohen, Directora de los cursos de especialización a distancia en Bioética de la Universidad Favaloro. Según un informe del Colegio Real de Cirujanos de Inglaterra (www.rcseng.ac.uk), la habilidad que exige la microcirugía del trasplante de cara ya está bien establecida. Sin embargo, se sabe poco sobre el impacto psicológico que puede sufrir la familia del donante fallecido o los riesgos a largo plazo de los fármacos inmunosupresores que se tienen que tomar de por vida para evitar que el sistema inmunitario rechace la nueva cara.
Existen dos técnicas para realizar estos transplantes. En ambas el paciente recibe nuevos labios, barbilla, orejas, nariz, piel, venas, arterias, vasos sanguíneos, nervios, músculos faciales y grasa. La diferencia es que en uno de los casos la persona no recibe huesos y en el otro sí. Los transplantes con huesos dejan al paciente luciendo igual que el donante. Como en aquella película con Nicolas Cage y John Travolta, "Contracara" donde el mafioso cambia su rostro por el del policía con una técnica de láser. Claro que, en la vida real, los donantes deben estar muertos. Y aquí nace otro debate ético.
El rostro define la identidad de las personas. Se puede donar un órgano, tejido o médula espinal, “pero donar la cara es dar una especie de cheque en blanco donde se juega lo que fuimos. No creo que haya muchas personas que estén dispuestas a compartir la identidad”, analiza la Dra. Cohen. Una de las solicitantes del trasplante, Cristine Piff, que padece las secuelas del cáncer, dijo en una entrevista en la BBC que no optaría por esta opción. "No creo que pueda soportar despertarme con la cara de otra persona. Sin embargo, he conocido muchas personas que más que desearlo lo necesitan. Hay pacientes que carecen de la mandíbula inferior y no pueden comer, ni masticar. Estas personas se beneficiarían de la cara de otra persona".


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