Pobrecitas las palomas
La Sociedad Protectora de Animales debería convocar a una junta de ornitólogos para que revisara el sistema nervioso de las palomas de Plaza de Mayo. Seguramente certificaría la presunción del psicoterapeuta Colombófilo Peribáñez, especialista en gallinas cluecas, en el sentido de que las avecillas de ese paseo, maltratadas por tanto mitin de protesta, sufren angustia depresiva y cuadros agudos de alienación. "No sería extraño -dice el facultativo- que esas palomas optaran muy pronto por el suicidio, ingiriendo agua de las fuentes, o que se volvieran agresivas, tan hostiles como los halcones de cetrería."
.
Origina su pronóstico el hecho de que casi no pasa día sin que multitudes enardecidas invadan la plaza para hacer oír sus reclamos, que van desde la exigencia de que el Gobierno extienda sus planes de caridad social -por ahora limitados a jefas y jefes de hogar- a tíos, cuñados y yernos, hasta bochincheras expresiones de iracundia perpetradas por prosélitos de la cofradía gay o de cuanta otra se crea en el derecho de someter a las palomas a perpetuo estrés.
.
El Diccionario de psicología (Larousse, 1976) define a la alienación como un trastorno de la mente que lleva al individuo a contrariar las reglas de convivencia. La palabra alienado proviene del latín alienus (ajeno) por lo que existe una relación directa entre la cantidad de enajenados y el riesgo de que una sociedad sea arrastrada a la insensatez. Por su parte, el Diccionario de sociología (Grijalbo, 1979) adjudica a Karl Marx la idea de que la alienación sobreviene cuando el hombre enajena el control de su propio destino. "Sin embargo -gruñe Peribáñez-, Marx no pronunció media palabra para referirse a las palomas moscovitas de la Plaza Roja, aun cuando hasta los ornitólogos bolcheviques denunciaron que las pobrecitas tenían los nervios a la miseria."
.
Quien le haga caso a la iconografía deducirá que la paloma no merece tanta penuria: para la cristiandad encarna al Espíritu Santo, que por algo anunció el fin del Diluvio Universal sobrevolando el Arca de Noé, amén de ser símbolo de paz, en clara oposición al águila guerrera. Aún así, tales atributos no parecen suficientes para que el hombre deje ya de comprometer su estabilidad emocional. Peribáñez considera que las entidades que velan por el equilibrio ecológico deberían proteger el psiquismo de las palomas con el mismo ahínco que ponen para evitar la depredación de la merluza negra. Y que deben tomar cartas en el asunto, a la brevedad, antes de que suceda lo que Alfred Hitchcock imaginó con los grajos en su film Los pájaros (1963). "Después no digan que no les avisé", subraya, mientras acaricia a su bataraza favorita.
.
Por Norberto Firpo
Para LA NACION
.<< Comienzo de la notaLa Sociedad Protectora de Animales debería convocar a una junta de ornitólogos para que revisara el sistema nervioso de las palomas de Plaza de Mayo. Seguramente certificaría la presunción del psicoterapeuta Colombófilo Peribáñez, especialista en gallinas cluecas, en el sentido de que las avecillas de ese paseo, maltratadas por tanto mitin de protesta, sufren angustia depresiva y cuadros agudos de alienación. "No sería extraño -dice el facultativo- que esas palomas optaran muy pronto por el suicidio, ingiriendo agua de las fuentes, o que se volvieran agresivas, tan hostiles como los halcones de cetrería."
.
Origina su pronóstico el hecho de que casi no pasa día sin que multitudes enardecidas invadan la plaza para hacer oír sus reclamos, que van desde la exigencia de que el Gobierno extienda sus planes de caridad social -por ahora limitados a jefas y jefes de hogar- a tíos, cuñados y yernos, hasta bochincheras expresiones de iracundia perpetradas por prosélitos de la cofradía gay o de cuanta otra se crea en el derecho de someter a las palomas a perpetuo estrés.
.
El Diccionario de psicología (Larousse, 1976) define a la alienación como un trastorno de la mente que lleva al individuo a contrariar las reglas de convivencia. La palabra alienado proviene del latín alienus (ajeno) por lo que existe una relación directa entre la cantidad de enajenados y el riesgo de que una sociedad sea arrastrada a la insensatez. Por su parte, el Diccionario de sociología (Grijalbo, 1979) adjudica a Karl Marx la idea de que la alienación sobreviene cuando el hombre enajena el control de su propio destino. "Sin embargo -gruñe Peribáñez-, Marx no pronunció media palabra para referirse a las palomas moscovitas de la Plaza Roja, aun cuando hasta los ornitólogos bolcheviques denunciaron que las pobrecitas tenían los nervios a la miseria."
.
Quien le haga caso a la iconografía deducirá que la paloma no merece tanta penuria: para la cristiandad encarna al Espíritu Santo, que por algo anunció el fin del Diluvio Universal sobrevolando el Arca de Noé, amén de ser símbolo de paz, en clara oposición al águila guerrera. Aún así, tales atributos no parecen suficientes para que el hombre deje ya de comprometer su estabilidad emocional. Peribáñez considera que las entidades que velan por el equilibrio ecológico deberían proteger el psiquismo de las palomas con el mismo ahínco que ponen para evitar la depredación de la merluza negra. Y que deben tomar cartas en el asunto, a la brevedad, antes de que suceda lo que Alfred Hitchcock imaginó con los grajos en su film Los pájaros (1963). "Después no digan que no les avisé", subraya, mientras acaricia a su bataraza favorita.
.
Por Norberto Firpo
Para LA NACION
.
La Sociedad Protectora de Animales debería convocar a una junta de ornitólogos para que revisara el sistema nervioso de las palomas de Plaza de Mayo. Seguramente certificaría la presunción del psicoterapeuta Colombófilo Peribáñez, especialista en gallinas cluecas, en el sentido de que las avecillas de ese paseo, maltratadas por tanto mitin de protesta, sufren angustia depresiva y cuadros agudos de alienación. "No sería extraño -dice el facultativo- que esas palomas optaran muy pronto por el suicidio, ingiriendo agua de las fuentes, o que se volvieran agresivas, tan hostiles como los halcones de cetrería."
.
Origina su pronóstico el hecho de que casi no pasa día sin que multitudes enardecidas invadan la plaza para hacer oír sus reclamos, que van desde la exigencia de que el Gobierno extienda sus planes de caridad social -por ahora limitados a jefas y jefes de hogar- a tíos, cuñados y yernos, hasta bochincheras expresiones de iracundia perpetradas por prosélitos de la cofradía gay o de cuanta otra se crea en el derecho de someter a las palomas a perpetuo estrés.
.
El Diccionario de psicología (Larousse, 1976) define a la alienación como un trastorno de la mente que lleva al individuo a contrariar las reglas de convivencia. La palabra alienado proviene del latín alienus (ajeno) por lo que existe una relación directa entre la cantidad de enajenados y el riesgo de que una sociedad sea arrastrada a la insensatez. Por su parte, el Diccionario de sociología (Grijalbo, 1979) adjudica a Karl Marx la idea de que la alienación sobreviene cuando el hombre enajena el control de su propio destino. "Sin embargo -gruñe Peribáñez-, Marx no pronunció media palabra para referirse a las palomas moscovitas de la Plaza Roja, aun cuando hasta los ornitólogos bolcheviques denunciaron que las pobrecitas tenían los nervios a la miseria."
.
Quien le haga caso a la iconografía deducirá que la paloma no merece tanta penuria: para la cristiandad encarna al Espíritu Santo, que por algo anunció el fin del Diluvio Universal sobrevolando el Arca de Noé, amén de ser símbolo de paz, en clara oposición al águila guerrera. Aún así, tales atributos no parecen suficientes para que el hombre deje ya de comprometer su estabilidad emocional. Peribáñez considera que las entidades que velan por el equilibrio ecológico deberían proteger el psiquismo de las palomas con el mismo ahínco que ponen para evitar la depredación de la merluza negra. Y que deben tomar cartas en el asunto, a la brevedad, antes de que suceda lo que Alfred Hitchcock imaginó con los grajos en su film Los pájaros (1963). "Después no digan que no les avisé", subraya, mientras acaricia a su bataraza favorita.
.
Por Norberto Firpo
Para LA NACION
.<< Comienzo de la notaLa Sociedad Protectora de Animales debería convocar a una junta de ornitólogos para que revisara el sistema nervioso de las palomas de Plaza de Mayo. Seguramente certificaría la presunción del psicoterapeuta Colombófilo Peribáñez, especialista en gallinas cluecas, en el sentido de que las avecillas de ese paseo, maltratadas por tanto mitin de protesta, sufren angustia depresiva y cuadros agudos de alienación. "No sería extraño -dice el facultativo- que esas palomas optaran muy pronto por el suicidio, ingiriendo agua de las fuentes, o que se volvieran agresivas, tan hostiles como los halcones de cetrería."
.
Origina su pronóstico el hecho de que casi no pasa día sin que multitudes enardecidas invadan la plaza para hacer oír sus reclamos, que van desde la exigencia de que el Gobierno extienda sus planes de caridad social -por ahora limitados a jefas y jefes de hogar- a tíos, cuñados y yernos, hasta bochincheras expresiones de iracundia perpetradas por prosélitos de la cofradía gay o de cuanta otra se crea en el derecho de someter a las palomas a perpetuo estrés.
.
El Diccionario de psicología (Larousse, 1976) define a la alienación como un trastorno de la mente que lleva al individuo a contrariar las reglas de convivencia. La palabra alienado proviene del latín alienus (ajeno) por lo que existe una relación directa entre la cantidad de enajenados y el riesgo de que una sociedad sea arrastrada a la insensatez. Por su parte, el Diccionario de sociología (Grijalbo, 1979) adjudica a Karl Marx la idea de que la alienación sobreviene cuando el hombre enajena el control de su propio destino. "Sin embargo -gruñe Peribáñez-, Marx no pronunció media palabra para referirse a las palomas moscovitas de la Plaza Roja, aun cuando hasta los ornitólogos bolcheviques denunciaron que las pobrecitas tenían los nervios a la miseria."
.
Quien le haga caso a la iconografía deducirá que la paloma no merece tanta penuria: para la cristiandad encarna al Espíritu Santo, que por algo anunció el fin del Diluvio Universal sobrevolando el Arca de Noé, amén de ser símbolo de paz, en clara oposición al águila guerrera. Aún así, tales atributos no parecen suficientes para que el hombre deje ya de comprometer su estabilidad emocional. Peribáñez considera que las entidades que velan por el equilibrio ecológico deberían proteger el psiquismo de las palomas con el mismo ahínco que ponen para evitar la depredación de la merluza negra. Y que deben tomar cartas en el asunto, a la brevedad, antes de que suceda lo que Alfred Hitchcock imaginó con los grajos en su film Los pájaros (1963). "Después no digan que no les avisé", subraya, mientras acaricia a su bataraza favorita.
.
Por Norberto Firpo
Para LA NACION
.



Comentario