Primero que nada (para quien vive en un tupper): Tercera Docena es una cadena de empanadas cuyo lema - que le dio nombre a la empresa - es que si comprás dos docenas de empanadas, te regalan otra docena.
Anoche éramos 6 y decidimos pedir empanadas. Como pensábamos pedir 3 docenas, se nos ocurrió agarrar el volante de Tercera Docena que tenía pegado en la heladera y llamar para aprovechar la promoción.
Llama mi novio. Después de darle la dirección y todo eso se desarrolla esta conversación:
- Te quería pedir dos docenas, una de JyQ, una de pollo... y la docena de promoción mandámela de carne...
- No, no tenemos más la promoción... pero bajamos el precio de la docena y te sale 20 pesos... o sea que serían 67 pesos.
[El folleto decía explícitamente que pidiendo dos docenas, la tercera era gratis (de carne o humita únicamente)]
- Perdón... ¿no se llaman "Tercera Docena"? ¿me querés cobrar la docena que, supuestamente, es de regalo y encima me decís que son 67 pesos? ¿Los 7 pesos por qué son?
- Es que tu domicilio nos queda lejos, se cobra el envío.
[Son, como mucho, 20 cuadras. Obviamente que en el folleto no aparecía costo de envío porque NADIE cobra el envío]
Para no perder más tiempo (y sabiendo que por mi barrio la docena de empanadas no cuesta 20 mangos), mi novio le dice que "está bien" y corta.
Pero uno de los chicos se queda con bronca por cómo nos boludearon con la promoción y por querer cobrarnos el envío, entonces propone cancelar el pedido.
- Hola, te llamé hace dos minutos por un pedido... llamo para cancelarlo.
- Los pedidos no se pueden cancelar.
- ¿Cómo que no se puede cancelar un pedido? No pasaron ni 5 minutos.
- Pero yo ya puse las empanadas en el horno y me hacés perder 67 pesos.
- Disculpame, no es que te hice venir hasta mi casa y no te abrí la puerta; te estoy cancelando el pedido 2 minutos después de hacerlo y podés venderles las empanadas a cualquiera. Por favor, no me las mandes.
Mi novio corta.
Suena el teléfono:
- Te llamo para avisarte que te voy a mandar el pedido igual.
- Bueno, yo ya te dije que no quiero las empanadas. No te pienso abrir la puerta y ahí sí que perdés plata. Hacé lo que quieras.
Corta de nuevo.
Suena otra vez el teléfono. Atiende de nuevo mi novio:
- ¿Hola?
- Te voy a mandar el pedido igual, hijo de puta.
La mina corta.
Si haber escuchado las palabras de la señorita (pero conociendo los gestos de mi novio) me dí cuenta de que lo había puteado y me agarró un ataque de ira. Me levanté, agarré el teléfono y la cagué tanto a puteadas que cuando corté me temblaban las manos.
Nunca en mi vida había insultado tanto a una persona. Y lo peor de todo es que la mina me puteaba con total impunidad. Podía llegar a entender que se fastidiara por la cancelación de un pedido (o que le duela ser una fraca que un viernes a la noche está vendiendo empanadas), pero que llamara a mi casa para putear no lo pude soportar. Trabajé mucho tiempo en atención al público, más de una vez me dijeron de todo, pero nunca se me cruzó por la cabeza llamar a un cliente/paciente a su casa para insultarlo... Muchas veces lloré de bronca, quise renunciar... pero JAMÁS se me ocurrió hacer algo así. Obvio que me echaban a la mierda si lo hacía... o si se me ocurría contestar un insulto con otro.
Después terminamos comprando en otro lado, obviamente. Le pregunté a la dueña del lugar si se podía cancelar un pedido, y me contestó que el cliente puede pedir y cancelar lo que quiera, pero que la empresa puede exigir un pago (el total del pedido o aunque sea uno simbólico, como "costo de envío") si la cancelación se hace una vez que la moto ya salió con la orden o llegó a destino; no si la cancelación se hace en seguida y no implica un verdadero gasto para el negocio.
Conclusión:
- El que inventó el nombre Tercera Docena - y el lema "la tercera docena es gratis" - para un local de empanadas es un flor de hijo de puta con 0 visión de negocios.
- El que decidió cancelar la promoción en lugar de aumentar el precio de la docena y mantener la tercera docena gratis (para compensar costos y respetar el lema de la empresa) es otro flor de hijo de puta (o quizás el mismo).
- No pueden cobrar costo de envío... posta que es una vergüenza. Y que encima me lo quieran cobrar por 20 cuadras. ¿El folleto llegó hasta mi casa sin problemas y para el envió "les queda lejos"?
Más allá de todo esto... ¿Por lo menos son ricas? ¿Alguien las probó?
Ojalá se fundan por hijos de puta.
Anoche éramos 6 y decidimos pedir empanadas. Como pensábamos pedir 3 docenas, se nos ocurrió agarrar el volante de Tercera Docena que tenía pegado en la heladera y llamar para aprovechar la promoción.
Llama mi novio. Después de darle la dirección y todo eso se desarrolla esta conversación:
- Te quería pedir dos docenas, una de JyQ, una de pollo... y la docena de promoción mandámela de carne...
- No, no tenemos más la promoción... pero bajamos el precio de la docena y te sale 20 pesos... o sea que serían 67 pesos.
[El folleto decía explícitamente que pidiendo dos docenas, la tercera era gratis (de carne o humita únicamente)]
- Perdón... ¿no se llaman "Tercera Docena"? ¿me querés cobrar la docena que, supuestamente, es de regalo y encima me decís que son 67 pesos? ¿Los 7 pesos por qué son?
- Es que tu domicilio nos queda lejos, se cobra el envío.
[Son, como mucho, 20 cuadras. Obviamente que en el folleto no aparecía costo de envío porque NADIE cobra el envío]
Para no perder más tiempo (y sabiendo que por mi barrio la docena de empanadas no cuesta 20 mangos), mi novio le dice que "está bien" y corta.
Pero uno de los chicos se queda con bronca por cómo nos boludearon con la promoción y por querer cobrarnos el envío, entonces propone cancelar el pedido.
- Hola, te llamé hace dos minutos por un pedido... llamo para cancelarlo.
- Los pedidos no se pueden cancelar.
- ¿Cómo que no se puede cancelar un pedido? No pasaron ni 5 minutos.
- Pero yo ya puse las empanadas en el horno y me hacés perder 67 pesos.
- Disculpame, no es que te hice venir hasta mi casa y no te abrí la puerta; te estoy cancelando el pedido 2 minutos después de hacerlo y podés venderles las empanadas a cualquiera. Por favor, no me las mandes.
Mi novio corta.
Suena el teléfono:
- Te llamo para avisarte que te voy a mandar el pedido igual.
- Bueno, yo ya te dije que no quiero las empanadas. No te pienso abrir la puerta y ahí sí que perdés plata. Hacé lo que quieras.
Corta de nuevo.
Suena otra vez el teléfono. Atiende de nuevo mi novio:
- ¿Hola?
- Te voy a mandar el pedido igual, hijo de puta.
La mina corta.
Si haber escuchado las palabras de la señorita (pero conociendo los gestos de mi novio) me dí cuenta de que lo había puteado y me agarró un ataque de ira. Me levanté, agarré el teléfono y la cagué tanto a puteadas que cuando corté me temblaban las manos.
Nunca en mi vida había insultado tanto a una persona. Y lo peor de todo es que la mina me puteaba con total impunidad. Podía llegar a entender que se fastidiara por la cancelación de un pedido (o que le duela ser una fraca que un viernes a la noche está vendiendo empanadas), pero que llamara a mi casa para putear no lo pude soportar. Trabajé mucho tiempo en atención al público, más de una vez me dijeron de todo, pero nunca se me cruzó por la cabeza llamar a un cliente/paciente a su casa para insultarlo... Muchas veces lloré de bronca, quise renunciar... pero JAMÁS se me ocurrió hacer algo así. Obvio que me echaban a la mierda si lo hacía... o si se me ocurría contestar un insulto con otro.
Después terminamos comprando en otro lado, obviamente. Le pregunté a la dueña del lugar si se podía cancelar un pedido, y me contestó que el cliente puede pedir y cancelar lo que quiera, pero que la empresa puede exigir un pago (el total del pedido o aunque sea uno simbólico, como "costo de envío") si la cancelación se hace una vez que la moto ya salió con la orden o llegó a destino; no si la cancelación se hace en seguida y no implica un verdadero gasto para el negocio.
Conclusión:
- El que inventó el nombre Tercera Docena - y el lema "la tercera docena es gratis" - para un local de empanadas es un flor de hijo de puta con 0 visión de negocios.
- El que decidió cancelar la promoción en lugar de aumentar el precio de la docena y mantener la tercera docena gratis (para compensar costos y respetar el lema de la empresa) es otro flor de hijo de puta (o quizás el mismo).
- No pueden cobrar costo de envío... posta que es una vergüenza. Y que encima me lo quieran cobrar por 20 cuadras. ¿El folleto llegó hasta mi casa sin problemas y para el envió "les queda lejos"?
Más allá de todo esto... ¿Por lo menos son ricas? ¿Alguien las probó?
Ojalá se fundan por hijos de puta.

Todo el glam, boló! 


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