Nuestra miserable especie está hecha de tal modo, que los que andan por un camino ya andado, arrojan piedras a los que enseñan un camino nuevo.
Montesquieu contó que los escitas arrancaban los ojos a sus esclavos con el fin de que se distrajeran menos al batir la mantequilla.
Esa gente es como el doctor Balouard, de la comedia italiana, que solo quiere ser servido por el palurdo Arlequín y que teme tener un criado inteligente.
Ilustrad a los hombres y seréis aniquilado.
La mayor desdicha de un hombre de letras, quizá, no es ser el objeto de los celos de sus compañeros, el objeto de desprecio por parte de los grandes del mundo. Su desdicha consiste en ser juzgado por necios.
Los necios van lejos a veces, sobre todo cuando el fanatismo se une a la ineptitud, y la ineptitud al espíritu de venganza.
Además la gran desdicha de un hombre de letras, es no apegarse a nada. Y está desamparado.
Se parece a los peces voladores, si se levantan un poco los pájaros lo devoran; si se sumergen se los comen los peces.
Todo hombre público paga tributo a la malicia. En dinero y honores.
El hombre de letras paga el mismo tributo sin recibir nada; ha bajado por su propia voluntad al circo y el mismo se ha condenado a los leones.
Voltaire
Montesquieu contó que los escitas arrancaban los ojos a sus esclavos con el fin de que se distrajeran menos al batir la mantequilla.
Esa gente es como el doctor Balouard, de la comedia italiana, que solo quiere ser servido por el palurdo Arlequín y que teme tener un criado inteligente.
Ilustrad a los hombres y seréis aniquilado.
La mayor desdicha de un hombre de letras, quizá, no es ser el objeto de los celos de sus compañeros, el objeto de desprecio por parte de los grandes del mundo. Su desdicha consiste en ser juzgado por necios.
Los necios van lejos a veces, sobre todo cuando el fanatismo se une a la ineptitud, y la ineptitud al espíritu de venganza.
Además la gran desdicha de un hombre de letras, es no apegarse a nada. Y está desamparado.
Se parece a los peces voladores, si se levantan un poco los pájaros lo devoran; si se sumergen se los comen los peces.
Todo hombre público paga tributo a la malicia. En dinero y honores.
El hombre de letras paga el mismo tributo sin recibir nada; ha bajado por su propia voluntad al circo y el mismo se ha condenado a los leones.
Voltaire

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