Esta es una nota que encontré en una página de salud.
La pongo porque me parece muy bueno lo que dice.
Para los que no les gusta leer demasiado remarqué lo que a mi juicio es el mensaje central,de todos modos es bastante y lo ideal es leerla completa al que le interese el tema.
La verdad sigue siendo verdad, al margen de lo que usted decida creer
Médicos del cielo
[B]La probabilidad de que la vida fuera creada por azar es más o menos la misma de que un huracán al cruzar un depósito de chatarra, pudiera crear un Boeing 707. [/B]Así define Deepak Chopra, conocido médico que viene difundiendo hace ya mucho el Ayurveda, el inmenso caudal de sabiduría que encierra la Naturaleza. Poner en equilibrio nuestra conciencia determina un sí o un no a la enfermedad. El primer paso a dar es creer que siempre hay algo más allá de lo conocido.
[B]Recuerdo que cuando pequeño tuve una de las tantas dolencias infantiles que luego supe se llamaba "empacho"[/B], producto de la ingesta de unos cuantos caramelos de más. Mi mamá me llevó a la casa de una señora muy mayor que apoyó un centímetro de costura en mi barriguita y lo retiró varias veces girándolo en su codo, diciendo juntamente con ese movimiento palabras que yo no escuchaba muy bien. La cuestión es que hizo que se me fuera el dolor de panza casi al instante.La llamaban doña Chola, y era la "curandera" del barrio. Vivíamos en Berisso, cerca de la ciudad de La Plata. Pasaron más de 45 años y todavía siento el olor "a yuyos" que invadía la pequeña habitación en la que esta buena señora atendía. También recuerdo que mamá le entregó en agradecimiento una bolsa con ciruelas de la quinta de mi abuelo. El motivo: doña Chola no cobraba por la atención. Era menester, entonces, llevarle alguna gentileza en forma de regalo para agradecer tan necesario e importante favor.
También recuerdo que poco antes de fallecer mi padre hice un viaje a Buenos Aires en busca del padre Mario (Mario Pantaleo),conocido cura sanador. Era uno de los últimos intentos por salvar la vida de mi viejo y no sé, tal vez si hubiera ido mucho antes hoy lo tendría vivo. Era conmovedor ver a tanta gente esperándolo. Y mucho más, ver con la paciencia y bondad que este buen cura atendía a cada uno. Eso sin contar la inmensa obra que construyó en sus años de sacerdocio. En fin, son dos sencillos ejemplos de aquellos seres a los que tuve oportunidad de conocer y hoy llamo respetuosamente médicos del cielo.
Costumbres
Nuestra forma de vida occidental determina costumbres y pautas casi indestructibles al momento de tener que procurar alivio a los males que nos aquejan. Queda establecido que quien no cuente con una obra social, está huérfano de posibilidades cuando alguna enfermedad o accidente [/B]lo desequilibra de su vida normal. Si a esto le sumamos los considerables miedos que la ignorancia determina en quienes poco conocen de su cuerpo y sus reacciones, el momento a vivir frente a tal o cual dolencia puede transformarse fácilmente en un verdadero drama.
Se ha determinado una creencia cuasi santificada hacia los médicos actuales. El común de la gente supone que las técnicas contemporáneas y su aplicación son garantía suficiente para la total curación. Si esto fuera realmente así, no existirían enfermos ni enfermedades. Y esto lo escribo sin afán de ofensas y en plena conciencia de no estar exagerando en la apreciación, puesto que los avances en medicina no son suficientes al momento de enfrentar no sólo algunas formas virales extremas, sino por la falta absoluta de prevención que muestra la actual política médica. Estamos frente a un sistema que actúa una vez producido el hecho, pero que no insta a evitar que suceda.No son descartables, por supuesto, las técnicas rehabilitatorias y muchísimos logros que han beneficiado a la salud integralmente en el contexto mundial, pero la distribución de esas posibilidades se ve limitada muchas veces al poder adquisitivo de quien padece la dolencia. Esfuerzos de muchos profesionales se ven opacados al momento de cubrir los costos y, por ende, la desigualdad de posibilidades provoca injusticias en muchos casos verdaderamente dolorosas. Gente pidiendo por los medios masivos de comunicación que la sociedad les ayude a juntar cifras muchas veces millonarias que espantan por los ceros y la frialdad de quienes las solicitan. Todo tiene una explicación, pero lo racional sería que esto no sucediera; porque el momento de la enfermedad es una instancia de desesperación que implica, en la inmensa mayoría de los casos, llegar hasta los límites más insospechados del sacrificio con tal de procurar la salvación propia o de ese ser querido que está atravesando tal situación.Y no son pocos lo que dejan de aprovechar esta coyuntura.Quienes hemos sido testigos de las maravillas que la antigua medicina produce, no podemos menos que intentar ofrecer la alternativa, puesto que en demasiados casos la medicina actual arriba al fracaso tan sutil como fríamente. Y ese fracaso no es otra cosa que la pérdida de una vida humana. Ni más, ni menos.
Un don maravilloso
El don de curar no es solamente fruto de un estudio universitario. Tiene que ver con numerosos factores que amplían poderosamente el campo de batalla del médico y sus reales posibilidades de triunfo. Porque no solamente es el cuerpo el que se enferma. Muchas dolencias provienen de intensos desequilibrios energéticos, cosa que la medicina actual no solamente desconoce sino que cuando tiene acceso a esa información, la niega sistemáticamente considerándola parte del absurdo ideario popular. Aunque muchos aparatos sofisticados pueden medir estos campos del alma humana, la interpretación es según la visión que se tenga y la base sobre la que haya sido construido ese conocimiento.
Son pocos los que niegan la realidad científica conocida como fotografía Kirlyan, pero también muchos de ellos no aceptan la existencia de una energía radiante que surge del cuerpo humano y que, según sea su colorimetría y cambios, puede determinar fácilmente con su análisis la detección de dolencias y la consiguiente evolución en la curación cuando ésta se inicia. Paradojas cientificistas.
En la India se emplea el Ayuverda y en China la Acupuntura desde hace siglos, es decir que si nos basamos en los millones de humanos que creen en estas ancestrales técnicas, un tercio de la humanidad respeta la medicina natural. Esto no ocurre en América Latina, donde hay una total resistencia del cuerpo médico profesional, debida, principalmente, a la formación científica recibida y a aspectos puramente culturales. Pero también a esto deben sumarse los infaltables intereses comerciales.
Otra forma de ver
La medicina natural parte de una cosmovisión que atribuye la enfermedad a algún desbalance en la íntima relación del hombre con la Naturaleza, que se procura superar con hierbas y prácticas; es decir, la curación no con medicinas elaboradas en laboratorios científicos, sino con un cambio de comportamiento y actitud por parte del paciente.
Ofrece numerosas formas de actuar cuando de curación se trata. El médico aborigen aprendió estas técnicas en el traslado oral de la sabiduría de sus antepasados, pero su práctica se ve obnubilada por los recursos de la medicina actual.
La gente normalmente busca los paliativos en la farmacia olvidando las viejas tradiciones.
Curar el espíritu
Además de las curaciones producto de las medicinas naturales, existen también curaciones de índole espiritual. Es quien tiene conocimientos chamánicos aquel que está capacitado para conseguir resultados mediante esta particular y generalmente discutida forma de "ahuyentar" los males.
La palabra "espiritual" no se refiere a los asuntos religiosos. Toda actividad que impele al ser humano hacia algún tipo de desarrollo –físico, emocional, mental, intuitivo, social–, si es para salir de su actual estado, es esencialmente de naturaleza espiritual, e indica la vivencia del ente divino interno. El espíritu del hombre es inmortal, perdura eternamente, progresa gradual¬mente etapa tras etapa en el Sendero de evolución, desarrollando firme y sucesivamente los aspectos y atributos divinos. Es en este plano delicado y sutil para la visión tridimensional humana donde se producen fenómenos que solo la Sabiduría Antigua puede explicar y, llegado el caso, solucionar. Los portadores de este conocimiento aseguran la continuidad en el tiempo y proveen las base de la actual medicina popular.
La medicina popular
Con el nombre de medicina popular, tradicional o folklórica se agrupan prácticas complementarias o alternativas al sistema oficial o científico, que responden al mecanismo de creencias propio de un grupo humano particular, con fuerte base en un enfoque cultural del concepto salud-enfermedad.
Su orígen e interpretación proviene de la antigua medicina aborigen.
Los fundamentos de la medicina aborigen desaparecieron con la conquista española y muchos conocedores de esas prácticas fueron quemados. La medicina moderna somete esos conocimientos a una discriminación que debería ceder lugar a su aprovechamiento en beneficio de la salud de todos.
Por su parte, el aborigen, marginado permanentemente de la sociedad y de las nuevas estructuras económicas, se encuentra en la actualidad indefenso. No posee acceso económico a la medicina científica ni a los productos medicinales, y su vituperada medicina cada día tiene menos especialistas altamente capacitados, con lo que pierden las nociones del manejo correcto de las hierbas, su empleo y los saberes propios de su cultura.Existe un profundo interés en la OMS por un enfoque integral de la salud, el derecho a la autodeterminación y el respeto y la revitalización de las culturas indígenas. Hace más de una década que esta organización ha aconsejado a los gobiernos apoyar el desarrollo de modelos alternativos de atención de la población indígena. Son pocos los resultados a la fecha, pero esto no significa que en el ideario popular los médicos del cielo sigan siendo requeridos y aceptados como la opción más válida en la curación definitiva de sus males.
Complementar es la premisa
No son pocos los médicos universitarios que se rinden frente a un empacho o un mal de ojo, sin descartar una culebrilla o cualquier otra forma de enfermedad espiritual cuya resolución no está fundamentada en una píldora o una inyección. Y tampoco son pocos los que actualmente están comenzando a utilizar formas mixtas de diagnóstico y curación, tomando lo más útil de cada técnica y no considerando solamente si se trata de lo estudiado en la Universidad o lo aprendido por tradición oral. Lo importante para ellos es CURAR.Lamentablemente, no todos los profesionales médicos entienden la validez de estos conocimientos y su real efectividad. La universalidad del conocimiento no es tal cuando de técnicas se trata. Se priorizan los descubrimientos ocurridos en los últimos 100 años en desmedro de las viejas tradiciones y la Sabiduría Ancestral. Claro que el apoyo al comercio es una buena excusa. Un suculento cheque mensual habilita a seguir siendo cómplices de una abultada facturación que trae aparejado, en forma indirecta, un abandono paulatino de las viejas prácticas médicas naturales, que desde hace milenios demostraron una efectividad absoluta pero que, sutilmente, la nueva Ciencia ha querido denostar en estos pocos años pasados. Se suele confiar más en una marca o rótulo que en la verdadera efectividad del producto. Y lo absurdo es que ese producto contiene en su desarrollo los mismos elementos vegetales y minerales que el médico popular sugiere en forma de tés, ungüentos u otro tipo de opción curativa. Royalty y patentes aparte, el negocio pinta tentador y suculento para descartarlo livianamente. Claro que si hablamos de daños colaterales o consecuencias por el mal uso de tal o cual medicina proveniente de laboratorios "de marca", esto tiene una explicación debida en el prospecto. Y si no lo leyó bien, CUIDADO... Después no se queje.
Remedios caseros
[B]A pesar que los curanderos son perseguidos con leyes por su práctica "ilegal" de la medicina. A pesar que los curas carismáticos son trasladados a otras parroquias o regiones para evitar que sigan con su práctica. A pesar de su aparente condición de brujería irresponsable, la medicina natural sigue avanzando en la creencia de la gente simple que hoy se ve obligada (no se si gracias a Dios) a abandonar la medicina "oficial", intentando solucionar sus problemas con remedios "caseros".
Un buen té de hierbas, masajes para drenaje linfático y una crema apropiada hicieron que mis piernas perdieran una peligrosa hinchazón y hoy puedo decir que estoy normalizado. No es un tratamiento agresivo. Es más: disfruto haciéndolo.
Podría llenar páginas y páginas escribiendo sobre el áloe vera y sus propiedades. O sobre la imposición de manos, el Reiki, la digitopuntura, la acupuntura, etc., etc., etc.
Lo único que se me ocurre es pensar que la inteligencia no es un atributo limitado a unos pocos, y que cada vez son más los que se vuelcan a estas viejas técnicas por considerarlas efectivas.
Lo ideal es combinar lo nuevo con lo viejo, obteniendo así un resultado más satisfactorio. Hoy existe una tecnología demasiado importante como para ser descartada y un ancestral conocimiento que no debe perderse en los divagues del tiempo.
Todo sea por CURAR.
La pongo porque me parece muy bueno lo que dice.
Para los que no les gusta leer demasiado remarqué lo que a mi juicio es el mensaje central,de todos modos es bastante y lo ideal es leerla completa al que le interese el tema.
La verdad sigue siendo verdad, al margen de lo que usted decida creer
Médicos del cielo
[B]La probabilidad de que la vida fuera creada por azar es más o menos la misma de que un huracán al cruzar un depósito de chatarra, pudiera crear un Boeing 707. [/B]Así define Deepak Chopra, conocido médico que viene difundiendo hace ya mucho el Ayurveda, el inmenso caudal de sabiduría que encierra la Naturaleza. Poner en equilibrio nuestra conciencia determina un sí o un no a la enfermedad. El primer paso a dar es creer que siempre hay algo más allá de lo conocido.
[B]Recuerdo que cuando pequeño tuve una de las tantas dolencias infantiles que luego supe se llamaba "empacho"[/B], producto de la ingesta de unos cuantos caramelos de más. Mi mamá me llevó a la casa de una señora muy mayor que apoyó un centímetro de costura en mi barriguita y lo retiró varias veces girándolo en su codo, diciendo juntamente con ese movimiento palabras que yo no escuchaba muy bien. La cuestión es que hizo que se me fuera el dolor de panza casi al instante.La llamaban doña Chola, y era la "curandera" del barrio. Vivíamos en Berisso, cerca de la ciudad de La Plata. Pasaron más de 45 años y todavía siento el olor "a yuyos" que invadía la pequeña habitación en la que esta buena señora atendía. También recuerdo que mamá le entregó en agradecimiento una bolsa con ciruelas de la quinta de mi abuelo. El motivo: doña Chola no cobraba por la atención. Era menester, entonces, llevarle alguna gentileza en forma de regalo para agradecer tan necesario e importante favor.
También recuerdo que poco antes de fallecer mi padre hice un viaje a Buenos Aires en busca del padre Mario (Mario Pantaleo),conocido cura sanador. Era uno de los últimos intentos por salvar la vida de mi viejo y no sé, tal vez si hubiera ido mucho antes hoy lo tendría vivo. Era conmovedor ver a tanta gente esperándolo. Y mucho más, ver con la paciencia y bondad que este buen cura atendía a cada uno. Eso sin contar la inmensa obra que construyó en sus años de sacerdocio. En fin, son dos sencillos ejemplos de aquellos seres a los que tuve oportunidad de conocer y hoy llamo respetuosamente médicos del cielo.
Costumbres
Nuestra forma de vida occidental determina costumbres y pautas casi indestructibles al momento de tener que procurar alivio a los males que nos aquejan. Queda establecido que quien no cuente con una obra social, está huérfano de posibilidades cuando alguna enfermedad o accidente [/B]lo desequilibra de su vida normal. Si a esto le sumamos los considerables miedos que la ignorancia determina en quienes poco conocen de su cuerpo y sus reacciones, el momento a vivir frente a tal o cual dolencia puede transformarse fácilmente en un verdadero drama.
Se ha determinado una creencia cuasi santificada hacia los médicos actuales. El común de la gente supone que las técnicas contemporáneas y su aplicación son garantía suficiente para la total curación. Si esto fuera realmente así, no existirían enfermos ni enfermedades. Y esto lo escribo sin afán de ofensas y en plena conciencia de no estar exagerando en la apreciación, puesto que los avances en medicina no son suficientes al momento de enfrentar no sólo algunas formas virales extremas, sino por la falta absoluta de prevención que muestra la actual política médica. Estamos frente a un sistema que actúa una vez producido el hecho, pero que no insta a evitar que suceda.No son descartables, por supuesto, las técnicas rehabilitatorias y muchísimos logros que han beneficiado a la salud integralmente en el contexto mundial, pero la distribución de esas posibilidades se ve limitada muchas veces al poder adquisitivo de quien padece la dolencia. Esfuerzos de muchos profesionales se ven opacados al momento de cubrir los costos y, por ende, la desigualdad de posibilidades provoca injusticias en muchos casos verdaderamente dolorosas. Gente pidiendo por los medios masivos de comunicación que la sociedad les ayude a juntar cifras muchas veces millonarias que espantan por los ceros y la frialdad de quienes las solicitan. Todo tiene una explicación, pero lo racional sería que esto no sucediera; porque el momento de la enfermedad es una instancia de desesperación que implica, en la inmensa mayoría de los casos, llegar hasta los límites más insospechados del sacrificio con tal de procurar la salvación propia o de ese ser querido que está atravesando tal situación.Y no son pocos lo que dejan de aprovechar esta coyuntura.Quienes hemos sido testigos de las maravillas que la antigua medicina produce, no podemos menos que intentar ofrecer la alternativa, puesto que en demasiados casos la medicina actual arriba al fracaso tan sutil como fríamente. Y ese fracaso no es otra cosa que la pérdida de una vida humana. Ni más, ni menos.
Un don maravilloso
El don de curar no es solamente fruto de un estudio universitario. Tiene que ver con numerosos factores que amplían poderosamente el campo de batalla del médico y sus reales posibilidades de triunfo. Porque no solamente es el cuerpo el que se enferma. Muchas dolencias provienen de intensos desequilibrios energéticos, cosa que la medicina actual no solamente desconoce sino que cuando tiene acceso a esa información, la niega sistemáticamente considerándola parte del absurdo ideario popular. Aunque muchos aparatos sofisticados pueden medir estos campos del alma humana, la interpretación es según la visión que se tenga y la base sobre la que haya sido construido ese conocimiento.
Son pocos los que niegan la realidad científica conocida como fotografía Kirlyan, pero también muchos de ellos no aceptan la existencia de una energía radiante que surge del cuerpo humano y que, según sea su colorimetría y cambios, puede determinar fácilmente con su análisis la detección de dolencias y la consiguiente evolución en la curación cuando ésta se inicia. Paradojas cientificistas.
En la India se emplea el Ayuverda y en China la Acupuntura desde hace siglos, es decir que si nos basamos en los millones de humanos que creen en estas ancestrales técnicas, un tercio de la humanidad respeta la medicina natural. Esto no ocurre en América Latina, donde hay una total resistencia del cuerpo médico profesional, debida, principalmente, a la formación científica recibida y a aspectos puramente culturales. Pero también a esto deben sumarse los infaltables intereses comerciales.
Otra forma de ver
La medicina natural parte de una cosmovisión que atribuye la enfermedad a algún desbalance en la íntima relación del hombre con la Naturaleza, que se procura superar con hierbas y prácticas; es decir, la curación no con medicinas elaboradas en laboratorios científicos, sino con un cambio de comportamiento y actitud por parte del paciente.
Ofrece numerosas formas de actuar cuando de curación se trata. El médico aborigen aprendió estas técnicas en el traslado oral de la sabiduría de sus antepasados, pero su práctica se ve obnubilada por los recursos de la medicina actual.
La gente normalmente busca los paliativos en la farmacia olvidando las viejas tradiciones.
Curar el espíritu
Además de las curaciones producto de las medicinas naturales, existen también curaciones de índole espiritual. Es quien tiene conocimientos chamánicos aquel que está capacitado para conseguir resultados mediante esta particular y generalmente discutida forma de "ahuyentar" los males.
La palabra "espiritual" no se refiere a los asuntos religiosos. Toda actividad que impele al ser humano hacia algún tipo de desarrollo –físico, emocional, mental, intuitivo, social–, si es para salir de su actual estado, es esencialmente de naturaleza espiritual, e indica la vivencia del ente divino interno. El espíritu del hombre es inmortal, perdura eternamente, progresa gradual¬mente etapa tras etapa en el Sendero de evolución, desarrollando firme y sucesivamente los aspectos y atributos divinos. Es en este plano delicado y sutil para la visión tridimensional humana donde se producen fenómenos que solo la Sabiduría Antigua puede explicar y, llegado el caso, solucionar. Los portadores de este conocimiento aseguran la continuidad en el tiempo y proveen las base de la actual medicina popular.
La medicina popular
Con el nombre de medicina popular, tradicional o folklórica se agrupan prácticas complementarias o alternativas al sistema oficial o científico, que responden al mecanismo de creencias propio de un grupo humano particular, con fuerte base en un enfoque cultural del concepto salud-enfermedad.
Su orígen e interpretación proviene de la antigua medicina aborigen.
Los fundamentos de la medicina aborigen desaparecieron con la conquista española y muchos conocedores de esas prácticas fueron quemados. La medicina moderna somete esos conocimientos a una discriminación que debería ceder lugar a su aprovechamiento en beneficio de la salud de todos.
Por su parte, el aborigen, marginado permanentemente de la sociedad y de las nuevas estructuras económicas, se encuentra en la actualidad indefenso. No posee acceso económico a la medicina científica ni a los productos medicinales, y su vituperada medicina cada día tiene menos especialistas altamente capacitados, con lo que pierden las nociones del manejo correcto de las hierbas, su empleo y los saberes propios de su cultura.Existe un profundo interés en la OMS por un enfoque integral de la salud, el derecho a la autodeterminación y el respeto y la revitalización de las culturas indígenas. Hace más de una década que esta organización ha aconsejado a los gobiernos apoyar el desarrollo de modelos alternativos de atención de la población indígena. Son pocos los resultados a la fecha, pero esto no significa que en el ideario popular los médicos del cielo sigan siendo requeridos y aceptados como la opción más válida en la curación definitiva de sus males.
Complementar es la premisa
No son pocos los médicos universitarios que se rinden frente a un empacho o un mal de ojo, sin descartar una culebrilla o cualquier otra forma de enfermedad espiritual cuya resolución no está fundamentada en una píldora o una inyección. Y tampoco son pocos los que actualmente están comenzando a utilizar formas mixtas de diagnóstico y curación, tomando lo más útil de cada técnica y no considerando solamente si se trata de lo estudiado en la Universidad o lo aprendido por tradición oral. Lo importante para ellos es CURAR.Lamentablemente, no todos los profesionales médicos entienden la validez de estos conocimientos y su real efectividad. La universalidad del conocimiento no es tal cuando de técnicas se trata. Se priorizan los descubrimientos ocurridos en los últimos 100 años en desmedro de las viejas tradiciones y la Sabiduría Ancestral. Claro que el apoyo al comercio es una buena excusa. Un suculento cheque mensual habilita a seguir siendo cómplices de una abultada facturación que trae aparejado, en forma indirecta, un abandono paulatino de las viejas prácticas médicas naturales, que desde hace milenios demostraron una efectividad absoluta pero que, sutilmente, la nueva Ciencia ha querido denostar en estos pocos años pasados. Se suele confiar más en una marca o rótulo que en la verdadera efectividad del producto. Y lo absurdo es que ese producto contiene en su desarrollo los mismos elementos vegetales y minerales que el médico popular sugiere en forma de tés, ungüentos u otro tipo de opción curativa. Royalty y patentes aparte, el negocio pinta tentador y suculento para descartarlo livianamente. Claro que si hablamos de daños colaterales o consecuencias por el mal uso de tal o cual medicina proveniente de laboratorios "de marca", esto tiene una explicación debida en el prospecto. Y si no lo leyó bien, CUIDADO... Después no se queje.
Remedios caseros
[B]A pesar que los curanderos son perseguidos con leyes por su práctica "ilegal" de la medicina. A pesar que los curas carismáticos son trasladados a otras parroquias o regiones para evitar que sigan con su práctica. A pesar de su aparente condición de brujería irresponsable, la medicina natural sigue avanzando en la creencia de la gente simple que hoy se ve obligada (no se si gracias a Dios) a abandonar la medicina "oficial", intentando solucionar sus problemas con remedios "caseros".
Un buen té de hierbas, masajes para drenaje linfático y una crema apropiada hicieron que mis piernas perdieran una peligrosa hinchazón y hoy puedo decir que estoy normalizado. No es un tratamiento agresivo. Es más: disfruto haciéndolo.
Podría llenar páginas y páginas escribiendo sobre el áloe vera y sus propiedades. O sobre la imposición de manos, el Reiki, la digitopuntura, la acupuntura, etc., etc., etc.
Lo único que se me ocurre es pensar que la inteligencia no es un atributo limitado a unos pocos, y que cada vez son más los que se vuelcan a estas viejas técnicas por considerarlas efectivas.
Lo ideal es combinar lo nuevo con lo viejo, obteniendo así un resultado más satisfactorio. Hoy existe una tecnología demasiado importante como para ser descartada y un ancestral conocimiento que no debe perderse en los divagues del tiempo.
Todo sea por CURAR.


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