hitler 4 life
Elecciones: Chango o carnofago?
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" ¡¡¡ El futuro de Argentina depende sólo de nosotros, de nuestro trabajo duro, de nuestra determinación y perseverancia, y estoy completamente convencido de que un día millones de los que ahora nos maldicen saludarán con nosotros lo que nos habrá costado un gran esfuerzo crear, la Nueva Argentina en toda su grandeza, en todo su honor, poder, gloria y justicia, Amén !!! " ··· Adolf Hitler ···Comentario
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" ¡¡¡ El futuro de Argentina depende sólo de nosotros, de nuestro trabajo duro, de nuestra determinación y perseverancia, y estoy completamente convencido de que un día millones de los que ahora nos maldicen saludarán con nosotros lo que nos habrá costado un gran esfuerzo crear, la Nueva Argentina en toda su grandeza, en todo su honor, poder, gloria y justicia, Amén !!! " ··· Adolf Hitler ···Comentario
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no se? yo hace mucho que no lo veo...Editado por última vez por ADOLF HITLER; 04-09-2007, 08:11 PM.
" ¡¡¡ El futuro de Argentina depende sólo de nosotros, de nuestro trabajo duro, de nuestra determinación y perseverancia, y estoy completamente convencido de que un día millones de los que ahora nos maldicen saludarán con nosotros lo que nos habrá costado un gran esfuerzo crear, la Nueva Argentina en toda su grandeza, en todo su honor, poder, gloria y justicia, Amén !!! " ··· Adolf Hitler ···Comentario
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de las dos sólo podés elegir una, algo malo tendrán ehSisi señores, elijan entre la izquierda revolucionaria o la derecha carnofagadora (¿?)
tdo lo que cierre el paso a nuevos pies, a futuras huellas, lo que aplaque un significado diferente, no vale por si solo, vale por el silencio conm el que intenta empapar la ropa de la estatua
obvio de la libertéComentario
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Va para el Chango
Chango, che.
Me identifica mas.Además tiene esa cosa del mate...
Por Lalo Mir
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si
estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda
'¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o
inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras
estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en
cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos
y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das
tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme
cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el
corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy
caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de
limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente
pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:
'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con
inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de
nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino
tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un
chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los
padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por
primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya
nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día
cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un
mate solo.
Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La
charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar,
vos hablás mientras el otro toma
y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones
que compartir.
¿TE SENTISTE INCLUÍDO?....
Compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.
Comentario
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Va para el Chango
Chango, che.
Me identifica mas.Además tiene esa cosa del mate...
Por Lalo Mir
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si
estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda
'¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o
inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras
estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en
cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos
y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das
tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme
cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el
corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy
caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de
limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente
pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:
'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con
inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de
nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino
tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un
chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los
padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por
primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya
nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día
cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un
mate solo.
Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La
charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar,
vos hablás mientras el otro toma
y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones
que compartir.
¿TE SENTISTE INCLUÍDO?....
Compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.
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. . . . . . . . . . . . 
no se, para mi se parece a pepe




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