La Academia del Humor en Flores
Los Hombres sensibles de Flores gustaban del humor, pero hasta por ahí
nomás. En el fondo sospechaban que la risa suele esconder la cobardía. Y sentían
que los momentos verdaderamente grandes de la vida no soportan bien las
payasadas.
Algo de razón tenían: muchas veces una gracia oportuna sirve para evitar
una confesión o un beso. Los chuscos timoratos provocan la sonrisa de sus
enemigos para ahorrarse las trompadas.
Ser chistoso no es sencillo, pero es mucho mas seguro que ser valiente. De
todos modos, los muchachos del Angel Gris saludaban con sus mejores risotadas
las ocurrencias felices, desde la ambiciosa paradoja hasta el modesto coscorrón
subrepticio.
Poco a poco, la destreza humorística acabo por generar - ya que no el
respeto - al menos un cierto prestigio mundano que permitía el ingreso gratuito a
los asados, cumpleaños, tertulias y bautizmos del barrio.
Naturalmente, cuando las muchedumbres alcanzaron a vislumbrar las ventajas de
poseer una técnica festiva, surgieron por todas partes jóvenes aspirantes que se
postulaban para referir la historia del paisano que estaba apurado por ir al fondo.
La Academia del Humor en Flores ofreció conocimientos ordenados y
oportunidades profesionales a muchísimos simpaticones. La entidad alcanzo a
acuñar un estilo austero y cachador, aun hoy reconocible en renombrados
locutores, periodistas, dibujantes, escritores, actores, o simples vivillos
particulares.
Macedonio Fernández decía que el humor es sorpresa intelectual.
La frase no define el genero, pero lo ejerce. Y es también una amable
recomendación de lo imprevisto. En este sentido, los profesores de la Academia
insistían en que la chanza debe ser esporádica. El humorista que tiende trampas
cómicas cada dos frases termina dejando en el publico una saciedad mental de la
que no se sale sino merced al aburrimiento.
En las clases se enseñaba a mantener largos periodos de calma y
seriedad, que no eran sino el fondo oscuro destinado a resaltar el brillo de una
brevísima donosura.
Cuanto mas avanzaba el alumno en los cursos, mas paciente se volvía y
mas extensos eran los espacios sin morisquetas.
Por cierto, algunos discípulos llevaron este criterio al extremo. A veces
escribían largas novelas de aventuras que no eran mas que el pretexto para un
solo chiste. Y en ciertos casos, ya por olvido, ya por decisión artística, se omitía
redondamente toda broma.
Acaso muchas de las obras que hoy leemos con inocencia no sean otra
cosa que la desmesurada preparación de un chiste genial abolido a ultimo
momento.
El ambiente de la Academia era severo y protocolar. El trato de los
maestros evitaba cualquier gesto familiar o amistoso. Me permito notar en esta
conducta un rasgo de inteligencia fenomenal: el efecto de una gracia es tanto
mayor cuanto mas adusta es la circunstancia en que se la formula.
Una simple pedorreta puede ser gloriosa durante el discurso de un
escribano. El mismo recurso en una cena de egresados o en un estadio de fútbol
resulta apenas una grosería.
Durante los primeros años de cursos, se procuraba alejar a los alumnos de
la tentación de la ocurrencia fácil. Quienes se dejaban arrastrar padecían severos
castigos, cuando no la expulsión lisa y llana.
Los apuntes y textos de la Academia que han llegado hasta nosotros
presentan largas listas de recursos humorísticos desaconsejados. Un extenso
capitulo rechaza el doble sentido, que consiste en exponer sobre un objeto
cualquiera como si en verdad se hiciera referencia a una parte comprometida del
cuerpo humano: "Sabroso es el pan dulce de su hermana."
También se prohibía el anacronismo, los juegos de palabras, los guiños
entre paréntesis, las rimas con los apellidos, las bromas sobre políticos indoctos,
los nombres zafados en japonés y el desafío de adivinar como le dicen a este o a
aquel funcionario.
Al final de las recomendaciones nos espera una frase edificante: "Conviene
no utilizar estos mecanismos vulgares, salvo que uno sea un genio, lo que en
verdad no ocurre casi nunca."
Circulaba entre los aprendices un cuaderno de ejercicios muy curioso.
Contenía numerosos comienzos de relatos humorísticos que los alumnos debían
completar según su imaginación. Veamos algunos:
COMPLETAR LOS SIGUIENTES CUENTOS VERDES
1) Conversan en el infierno un alemán, un japonés y un argentino. El alemán
declara:
- Yo estoy aquí porque asesine un vecino.
2) Una pareja de novios se encuentran en un zaguán. En el mejor momento
aparece el padre de la muchacha y dice:
- Pero ¿qué es esto?
Un inspector llega a un colegio y comienza a interrogar a los niños.
- A ver, tu.... ¿qué piensas ser cuando seas grande?
Las invenciones de los alumnos jamas eran aprobadas, Al final del
cuaderno y después de infinitas frustraciones, el joven postulante comprendía o
recibía por escrita una noción fundamental: el mundo no soporta ya los cuentos verdes.
Tal vez la asignatura mas importante de los cursos de la Academia haya
sido "Vida Humorística." La idea era producir situaciones graciosas reales, mas
allá de las creaciones artificiosas. Se cuenta que el ruso Salzman llego a ocupar
esta cátedra. Para cumplir con sus trabajos prácticos, los discípulos recorrían la
barriada auspiciando el estallido festivo: soltaban chanchos en las ceremonias
nupciales, se burlaban de los comerciantes extranjeros para provocar insultos en
cocoliche, se fingían manfloros en los trenes, gritaban pidiendo socorro en los
probadores de las sastrerías, hacían pelear a los chicos y simulaban perpetuas
indecisiones en los mostradores de las heladerías.
Parece que el propio Salzman fiscalizaba estas tareas situándose en
lugares estratégicos y haciendo - cada tanto - alguna corrección o sugerencia.
El humor político es - dicen algunos - un pasatiempo intelectual que
consiste en burlarse de los peronistas.
Sin embargo, en la Academia, la materia era dictada por el profesor Ricardo
Bermudez, hombre que pertenecía a esta corriente.
Desde el principio, Bermudez trato de establecer que para hacer una
chanza inteligente cualquier partido es bueno. Así llego a contar un día que los
demócratas progresistas levantan el piso del parquet de sus casas para hacer
asados. El efecto de esta creación fue prácticamente nulo.
Pese a todo, hay que declarar que hubo en sus enseñanzas algunos
modestos aciertos.
Refuto - por ejemplo - el viejo postulado según el cual es imposible hacer
humor oficialista.
El humor - sostenían los ortodoxos - implica siempre la degradación de un
valor. Por lo tanto, toda acción humorística será siempre en contra de algo. De
aquí se infiere la imposibilidad del chiste a favor del gobierno o del orden vigente.
Los argumentos contrarios de Bermudez son tan sencillos que su
exposición no produce el menor orgullo artístico:
"...Es cierto que el humor se hace siempre en contra de algo, como ya lo sospecho
Platon. Para hacer humor oficialista bastaría entonces con burlarse de la
oposición."
En efecto, la presentación del inconformismo y el descontento como
estados espirituales ridículos y aun fraudulentos, propugnaba indirectamente la
admiración del pensamiento establecido.
De hecho, hoy en día, nuestros mejores humoristas son honradamente
oficialista, tal vez por razones parecidas a aquellas que llevaban a los Hombres
Sensibles a desconfiar del humor.
La Academia del Humor de Flores poseía también un registro de patentes
que permitía a los ingeniosos del barrio preservar la propiedad de sus creaciones.
La oficina atendía día y noche, pues ya se conoce la quisquillosidad de los
inventores de bagatelas.
De todos modos, y a pesar de los minuciosos tramites, nunca faltaban
chistosos que se sentían despojados por alguien. Esto ocurre todavía en nuestro
tiempo: cada vez que surge un programa exitoso o una nueva publicación de humor,
muchos de nuestros conocidos declaran haber tenido la misma idea mucho antes.
El polígrafo Manuel Mandeb - que jamas registro nada - despreciaba a los
supuestos damnificados. Oigamos sus gritos:
"Solamente pueden robarse las ideas pequeñas, las minucias que caben en un
bolsillo. Las grandes creaciones son incomodas de llevar y no están al alcance de
los descuidistas. Cualquiera puede hacerse con el slogan de un nuevo calzoncillo;
la teoría de la relatividad - en cambio - es de usurpación casi imposible.”
"Convendrá entonces tener ideas grandes, o en todo caso, procurar que nuestras
ocurrencias estén pegadas a nosotros de un modo tan intimo y estrecho que nadie
pueda arrancárnoslas del alma. Si quieren saberlo, yo soy mis ideas, y quien me
las robe, habrá de llevarme también consigo."
Pero las idea de que las ideas no se roban le fue robada a Mandeb. El
abogado Gerardo Joseph la expuso como propia en una conferencia titulada La
Sustracción de Ideas. Se dice que Mandeb se presento ante el charlista y le dijo:
- Vea, mi amigo, al oírle exponer mis reflexiones penso que yo mismo disertaba.
Usted era yo y es tal vez por eso que no le rompo los dientes de una trompada.
Pocos alumnos alcanzaban los cursos superiores de la Academia. Allí se
enseñaban el arte del ejemplo absurdo y sin embargo riguroso, la exquisita
discordancia entre la forma y el contenido, la nobleza del renunciamiento artístico,
y los divertidos desperfectos de la razón.
También se enseñaba música, poesía, pintura y teatro, porque sin un
genero que lo contenga el humor no es nada.
"Lo nuestro es sal - decían los maestros - y aunque la comida sin ella es
desagradable, mucho peor es comer la sal sola."
En los últimos tramos de la carrera los aspirantes se tornaban melancólicos
y casi nada los hacia reír. Tal vez la persecución de la gracia es un camino
demasiado duro.
Nadie alcanzo jamas el titulo de Humorista Diplomado. Pero la no obtención
de esa jerarquía era precisamente el propósito final de la entidad. Se trataba quizá
de aprender a no reírse o mejor todavía a reír sin olvidarse.
Así despojado de toda pretensión, purificado de su hambre de risa, el
aspirante podrá apuntar algún garbanzo.
La gracia nunca se presenta ante quien la busca demasiado.
La Academia de Flores se fue con los tiempos dorados. Algunos siguen hoy
sus rigurosos preceptos. Otros no.
Los Hombres sensibles de Flores gustaban del humor, pero hasta por ahí
nomás. En el fondo sospechaban que la risa suele esconder la cobardía. Y sentían
que los momentos verdaderamente grandes de la vida no soportan bien las
payasadas.
Algo de razón tenían: muchas veces una gracia oportuna sirve para evitar
una confesión o un beso. Los chuscos timoratos provocan la sonrisa de sus
enemigos para ahorrarse las trompadas.
Ser chistoso no es sencillo, pero es mucho mas seguro que ser valiente. De
todos modos, los muchachos del Angel Gris saludaban con sus mejores risotadas
las ocurrencias felices, desde la ambiciosa paradoja hasta el modesto coscorrón
subrepticio.
Poco a poco, la destreza humorística acabo por generar - ya que no el
respeto - al menos un cierto prestigio mundano que permitía el ingreso gratuito a
los asados, cumpleaños, tertulias y bautizmos del barrio.
Naturalmente, cuando las muchedumbres alcanzaron a vislumbrar las ventajas de
poseer una técnica festiva, surgieron por todas partes jóvenes aspirantes que se
postulaban para referir la historia del paisano que estaba apurado por ir al fondo.
La Academia del Humor en Flores ofreció conocimientos ordenados y
oportunidades profesionales a muchísimos simpaticones. La entidad alcanzo a
acuñar un estilo austero y cachador, aun hoy reconocible en renombrados
locutores, periodistas, dibujantes, escritores, actores, o simples vivillos
particulares.
Macedonio Fernández decía que el humor es sorpresa intelectual.
La frase no define el genero, pero lo ejerce. Y es también una amable
recomendación de lo imprevisto. En este sentido, los profesores de la Academia
insistían en que la chanza debe ser esporádica. El humorista que tiende trampas
cómicas cada dos frases termina dejando en el publico una saciedad mental de la
que no se sale sino merced al aburrimiento.
En las clases se enseñaba a mantener largos periodos de calma y
seriedad, que no eran sino el fondo oscuro destinado a resaltar el brillo de una
brevísima donosura.
Cuanto mas avanzaba el alumno en los cursos, mas paciente se volvía y
mas extensos eran los espacios sin morisquetas.
Por cierto, algunos discípulos llevaron este criterio al extremo. A veces
escribían largas novelas de aventuras que no eran mas que el pretexto para un
solo chiste. Y en ciertos casos, ya por olvido, ya por decisión artística, se omitía
redondamente toda broma.
Acaso muchas de las obras que hoy leemos con inocencia no sean otra
cosa que la desmesurada preparación de un chiste genial abolido a ultimo
momento.
El ambiente de la Academia era severo y protocolar. El trato de los
maestros evitaba cualquier gesto familiar o amistoso. Me permito notar en esta
conducta un rasgo de inteligencia fenomenal: el efecto de una gracia es tanto
mayor cuanto mas adusta es la circunstancia en que se la formula.
Una simple pedorreta puede ser gloriosa durante el discurso de un
escribano. El mismo recurso en una cena de egresados o en un estadio de fútbol
resulta apenas una grosería.
Durante los primeros años de cursos, se procuraba alejar a los alumnos de
la tentación de la ocurrencia fácil. Quienes se dejaban arrastrar padecían severos
castigos, cuando no la expulsión lisa y llana.
Los apuntes y textos de la Academia que han llegado hasta nosotros
presentan largas listas de recursos humorísticos desaconsejados. Un extenso
capitulo rechaza el doble sentido, que consiste en exponer sobre un objeto
cualquiera como si en verdad se hiciera referencia a una parte comprometida del
cuerpo humano: "Sabroso es el pan dulce de su hermana."
También se prohibía el anacronismo, los juegos de palabras, los guiños
entre paréntesis, las rimas con los apellidos, las bromas sobre políticos indoctos,
los nombres zafados en japonés y el desafío de adivinar como le dicen a este o a
aquel funcionario.
Al final de las recomendaciones nos espera una frase edificante: "Conviene
no utilizar estos mecanismos vulgares, salvo que uno sea un genio, lo que en
verdad no ocurre casi nunca."
Circulaba entre los aprendices un cuaderno de ejercicios muy curioso.
Contenía numerosos comienzos de relatos humorísticos que los alumnos debían
completar según su imaginación. Veamos algunos:
COMPLETAR LOS SIGUIENTES CUENTOS VERDES
1) Conversan en el infierno un alemán, un japonés y un argentino. El alemán
declara:
- Yo estoy aquí porque asesine un vecino.
2) Una pareja de novios se encuentran en un zaguán. En el mejor momento
aparece el padre de la muchacha y dice:
- Pero ¿qué es esto?
Un inspector llega a un colegio y comienza a interrogar a los niños.
- A ver, tu.... ¿qué piensas ser cuando seas grande?
Las invenciones de los alumnos jamas eran aprobadas, Al final del
cuaderno y después de infinitas frustraciones, el joven postulante comprendía o
recibía por escrita una noción fundamental: el mundo no soporta ya los cuentos verdes.
Tal vez la asignatura mas importante de los cursos de la Academia haya
sido "Vida Humorística." La idea era producir situaciones graciosas reales, mas
allá de las creaciones artificiosas. Se cuenta que el ruso Salzman llego a ocupar
esta cátedra. Para cumplir con sus trabajos prácticos, los discípulos recorrían la
barriada auspiciando el estallido festivo: soltaban chanchos en las ceremonias
nupciales, se burlaban de los comerciantes extranjeros para provocar insultos en
cocoliche, se fingían manfloros en los trenes, gritaban pidiendo socorro en los
probadores de las sastrerías, hacían pelear a los chicos y simulaban perpetuas
indecisiones en los mostradores de las heladerías.
Parece que el propio Salzman fiscalizaba estas tareas situándose en
lugares estratégicos y haciendo - cada tanto - alguna corrección o sugerencia.
El humor político es - dicen algunos - un pasatiempo intelectual que
consiste en burlarse de los peronistas.
Sin embargo, en la Academia, la materia era dictada por el profesor Ricardo
Bermudez, hombre que pertenecía a esta corriente.
Desde el principio, Bermudez trato de establecer que para hacer una
chanza inteligente cualquier partido es bueno. Así llego a contar un día que los
demócratas progresistas levantan el piso del parquet de sus casas para hacer
asados. El efecto de esta creación fue prácticamente nulo.
Pese a todo, hay que declarar que hubo en sus enseñanzas algunos
modestos aciertos.
Refuto - por ejemplo - el viejo postulado según el cual es imposible hacer
humor oficialista.
El humor - sostenían los ortodoxos - implica siempre la degradación de un
valor. Por lo tanto, toda acción humorística será siempre en contra de algo. De
aquí se infiere la imposibilidad del chiste a favor del gobierno o del orden vigente.
Los argumentos contrarios de Bermudez son tan sencillos que su
exposición no produce el menor orgullo artístico:
"...Es cierto que el humor se hace siempre en contra de algo, como ya lo sospecho
Platon. Para hacer humor oficialista bastaría entonces con burlarse de la
oposición."
En efecto, la presentación del inconformismo y el descontento como
estados espirituales ridículos y aun fraudulentos, propugnaba indirectamente la
admiración del pensamiento establecido.
De hecho, hoy en día, nuestros mejores humoristas son honradamente
oficialista, tal vez por razones parecidas a aquellas que llevaban a los Hombres
Sensibles a desconfiar del humor.
La Academia del Humor de Flores poseía también un registro de patentes
que permitía a los ingeniosos del barrio preservar la propiedad de sus creaciones.
La oficina atendía día y noche, pues ya se conoce la quisquillosidad de los
inventores de bagatelas.
De todos modos, y a pesar de los minuciosos tramites, nunca faltaban
chistosos que se sentían despojados por alguien. Esto ocurre todavía en nuestro
tiempo: cada vez que surge un programa exitoso o una nueva publicación de humor,
muchos de nuestros conocidos declaran haber tenido la misma idea mucho antes.
El polígrafo Manuel Mandeb - que jamas registro nada - despreciaba a los
supuestos damnificados. Oigamos sus gritos:
"Solamente pueden robarse las ideas pequeñas, las minucias que caben en un
bolsillo. Las grandes creaciones son incomodas de llevar y no están al alcance de
los descuidistas. Cualquiera puede hacerse con el slogan de un nuevo calzoncillo;
la teoría de la relatividad - en cambio - es de usurpación casi imposible.”
"Convendrá entonces tener ideas grandes, o en todo caso, procurar que nuestras
ocurrencias estén pegadas a nosotros de un modo tan intimo y estrecho que nadie
pueda arrancárnoslas del alma. Si quieren saberlo, yo soy mis ideas, y quien me
las robe, habrá de llevarme también consigo."
Pero las idea de que las ideas no se roban le fue robada a Mandeb. El
abogado Gerardo Joseph la expuso como propia en una conferencia titulada La
Sustracción de Ideas. Se dice que Mandeb se presento ante el charlista y le dijo:
- Vea, mi amigo, al oírle exponer mis reflexiones penso que yo mismo disertaba.
Usted era yo y es tal vez por eso que no le rompo los dientes de una trompada.
Pocos alumnos alcanzaban los cursos superiores de la Academia. Allí se
enseñaban el arte del ejemplo absurdo y sin embargo riguroso, la exquisita
discordancia entre la forma y el contenido, la nobleza del renunciamiento artístico,
y los divertidos desperfectos de la razón.
También se enseñaba música, poesía, pintura y teatro, porque sin un
genero que lo contenga el humor no es nada.
"Lo nuestro es sal - decían los maestros - y aunque la comida sin ella es
desagradable, mucho peor es comer la sal sola."
En los últimos tramos de la carrera los aspirantes se tornaban melancólicos
y casi nada los hacia reír. Tal vez la persecución de la gracia es un camino
demasiado duro.
Nadie alcanzo jamas el titulo de Humorista Diplomado. Pero la no obtención
de esa jerarquía era precisamente el propósito final de la entidad. Se trataba quizá
de aprender a no reírse o mejor todavía a reír sin olvidarse.
Así despojado de toda pretensión, purificado de su hambre de risa, el
aspirante podrá apuntar algún garbanzo.
La gracia nunca se presenta ante quien la busca demasiado.
La Academia de Flores se fue con los tiempos dorados. Algunos siguen hoy
sus rigurosos preceptos. Otros no.
Alejandro Dolina
Crónicas del Ángel Gris.
Crónicas del Ángel Gris.

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