Cabeza de serie
Fue hace mucho. Fue el 5 de octubre de 1891. Ese día, Carlos (a quien, digamos, lo trajo el mar) y José (oriundo de Buenos Aires) formalizaron oficialmente su sociedad, una empresa que sería, a la postre, pionera en nuestro país en la confección de sombreros. Según cuentan, sólo con 2 mil quinientos pesos de capital se metieron los hombres a hacer lo suyo. Y todo surgió, dicen, por una conversación casual con un obrero experto en estos menesteres. Un tal Santino Arrezzi.
Carlos y José se apellidaban Lagomarsino, lo que llevó –sencilla lógica mediante- a que la empresa quedara bautizada con el nombre de Lagomarsino. La voz oficial indica que prontamente empezaron ellos a crecer y que las “figuras próceres” de la época –que parece que antes las había- le fueron dando todavía más chapa a la firma. Entre los modelos y los nombres que mencionan aparecen, por ejemplo, el chambergo del General Mitre, las chisteras de Dardo Rocha, Bernardo de Irigoyen y Leandro N. Alem, el chambergo mosqueteril del General Lucio V. Mansilla (el de la excursión a los indios ranqueles; quien además se paseaba por París, así que ahí les habrá hecho buena prensa), las galeras cuadradas de Roca y de Felipe Yofré y la galera de copa alta de Pellegrini, quien la usaba especialmente para presidir las reuniones del antiguo Hipódromo Nacional.
Como Logomarsino no hizo más que adecuarse a los tiempos, nuestros viejos amigos están hoy en Internet con carrito de compras y todo. En la sección Clásico de Campo & Ciudad pueden ustedes darse una idea de modelos y precios. El Montecarlo, por ejemplo, hecho totalmente con pelo de liebre, se cotiza a 135 pesos.
A la gorra
La firma KOT es en cambio bastante más moderna: fue fundada en 1980 por Carlos Kot, el que, como ustedes pueden apreciar, siguió la misma lógica sencilla que los Lagomarsino y bautizó a su empresa con el nombre de KOT. Aquí la casa se especializa en la confección de gorras, sombreros y pantuflas. Y todo con material 100% argentino (“¡las pequeñas marcas de los cueros expresan su autenticidad y son garantía de naturalidad y confiabilidad!”, nos advierten). De la visita a su sitio web nosotros recomendamos las gorras, especialmente porque la sección sombreros está en construcción y ahí no hay nada publicado.
Viejos son los sombreros
En Fournier 2267 se encuentra Bonigor SA, otro de nuestros viejos fabricantes. Bonigor aparece en el rubro en el año 1916; y si ustedes se acercan hoy hasta la dirección apuntada más arriba, posiblemente nos maldigan al llegar: Bonigor no tiene venta al público. Pero bueno, sólo es cuestión de ir de paseo por el interior, porque ahí es donde llega la mayor parte de su producción, abocada más bien al estilo gauchesco. Las llamadas boinas vascas van a la cabeza (es decir, son las que más salen) y en menor medida los chambergos.
Los sombreros de Romer también tienen su historia: la casa –ubicada en Riobamba 1056- cumplió 62 años de vida. Eso sí, Romer no tiene presencia on line, por lo que en este caso deberán ustedes apersonarse. ¿Una advertencia? No molesten a Luis en el horario de 14 a 16, porque el hombre cierra el local y si lo llaman, aunque atiende el teléfono (4811-9032), lo pone de bastante mal humor ver que se le enfría el almuerzo. Es razonable.
Para el final, volvemos a la red de redes y sugerimos una pasadita por Casa Saslafsky, que acusa 77 años de experiencia en el rubro. Gorras, boinas, chambergos y sombreros desfilan por el sitio web con absoluta caballerosidad: sin precios. Sí aparecen los montos en la sección Promociones y ahí ahora están los de tango, a los que recomiendan vender al público a 60 pesos. Inclinamos apenas la cabeza, tocamos con nuestros dedos el ala del sombrero, hacemos el ademán correspondiente y, así, nos retiramos...
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