¡Incredulos y ateos evidentemente! Pero sin esa amarga pasion de los desarraigados que convierten la incredulidad en una creencia, en un fin, en un martirio muchas veces. Hemos devenido duros y fríos al comprender que el mundo no contiene nada divino e incluso nada según criterio racional, misericordioso, humano. Sabemos que el mundo donde vivimos es, inmoral, no-divino inhumano. Lo hemos interpretado durante demasiado tiempo en el sentido de nuestra veneración. El mundo no responde al valor que nosotros habíamos creído y la última consoladora tela de araña que Schopenhauer hiló ha sido rota por nosotros, el sentido de la historia entera es precisamente que.,descubra su falta de sentido y se harte de sí, misma. Este estar cansado-de-la-existencia, esta voluntad de no-querer-más, la destrucción de la propia voluntad, del propio interés, del sujeto (como expresión de esa voluntad invertida), esto y ninguna otra cosa es lo que Schopenhauer quería ver honrado con los más altos honores: lo llamó moral decretó que toda acción desinteresada.Creyó incluso asegurarle al arte su valor queriendo reconocer en los estados de indiferencia que éste suscita precedentes de ese total desligamiento y aquella total saciedad del asco.
Ahora bien ¿Realmente seríamos pesimistas confrontados al espectáculo de un mundo inmoral? No, pues no creemos en la moral. Creemos que misericordia, derecho, compasión, legalidad son ampliamente sobreestimados, que su contrario ha sido calumniado, que en ambos -por la exageración y la calumnia-, que en toda la disposición del ideal y del criterio morales yace un terrible peligro para el hombre. No olvidemos tampoco el fruto positivo: el refinamiento de la interpretación, de la vivisección moral; el remordimiento de conciencia ha elevado hasta el punto más alto la falsedad del hombre y la ha hecho más aguda.
En si misma una religión no tiene que ver con la moral: pero los dos retoños de la religión judía son ambos esencialmente religiones morales, de aquellas que dan prescripciones de cómo se debe vivir y hacen respetar sus exigencias con el premio y el castigo.
Aktenstuke eine phisychologe F.Nietzche (Nietzche contra Wagner) 1889.
Ahora bien ¿Realmente seríamos pesimistas confrontados al espectáculo de un mundo inmoral? No, pues no creemos en la moral. Creemos que misericordia, derecho, compasión, legalidad son ampliamente sobreestimados, que su contrario ha sido calumniado, que en ambos -por la exageración y la calumnia-, que en toda la disposición del ideal y del criterio morales yace un terrible peligro para el hombre. No olvidemos tampoco el fruto positivo: el refinamiento de la interpretación, de la vivisección moral; el remordimiento de conciencia ha elevado hasta el punto más alto la falsedad del hombre y la ha hecho más aguda.
En si misma una religión no tiene que ver con la moral: pero los dos retoños de la religión judía son ambos esencialmente religiones morales, de aquellas que dan prescripciones de cómo se debe vivir y hacen respetar sus exigencias con el premio y el castigo.
Aktenstuke eine phisychologe F.Nietzche (Nietzche contra Wagner) 1889.


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