alejandro rozitchner

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  • blitzkrieg
    Alto Egel
    • 17-06-2004
    • 1016

    #1

    alejandro rozitchner

    alguien conoce a este tipo?

    tome conciencia de su existencia hace bastante tiempo en el programa de radio de pergolini, tambien creo haberlo visto deambulando por el canal P&E no se si en calidad de invitado, panelista o conductor

    tiene una pagina www.bienvenidosami.com.ar

    por lo poco que lo conozco creo que es un filosofo que hace apologia de la sumicion al poder y destila odio por los cuatro costados ante cualquier oposicion a sus ideas de claro signo ultracapitalista
    un tipo despreciable

    si alguien que lo conozca mas que yo me puede decir algo... lo agradecere

    si les interesa posteo alguno de sus repugnantes textos...
  • Edgar Allan Poe
    Poe ticam ente
    • 26-01-2004
    • 3310

    #2
    Lo conozco de nombre, pero si tenes algo a mano postealo que lo destrozamos de a poquito

    Comentario

    • Mala_Semilla!.
      ViejaPutayPetera
      • 12-09-2004
      • 331

      #3
      Originalmente publicado por Edgar Allan Poe
      Lo conozco de nombre, pero si tenes algo a mano postealo que lo destrozamos de a poquito
      Bueno el titulo de "filosofo" le queda muuuuuuuuuy grande.Que sea licenciado en filosofia no significa que sea filosofo....No todos los que cantan soncantantes,o los que escriben son escritores.
      No tiene demasiada diferencia intelectual con Pergolini(que lo desprecio mucho,cas tanto como a Tinelli)sóla apenes unlebe emjor manejo de la retorica y talves tenga en su diccionario 100 ó 150 palabras más que Pergollini.
      Escribe como una adolencente "rebelfachito" de clase media alta,que va a colegio privados y que se la tira de intelectual porque leyo 3 o 4 libritos.

      Comentario

      • vAmPIRe
        There is no spoon
        • 14-04-2003
        • 2308

        #4
        veamos... y después critico o alabo
        Libertad es decirle al espejo: "Mirame, NO VOY A MORIR SIN VIVIR."

        ^^

        http://destellosderealidad.blogspot.com/



        Comentario

        • vAmPIRe
          There is no spoon
          • 14-04-2003
          • 2308

          #5
          Fragmento de Ideas Falsas

          1. "La sociedad está enferma"

          Hay en la sociedad un gran acuerdo sobre este punto. Se sostiene en la existencia de los conocidos problemas: hambre, pobreza, violencia, lucha por el poder, corrupción, etc. “La sociedad está enferma”, se dice, porque no logramos ponernos de acuerdo y ser racionales; porque en vez de tirar todos para el mismo lado cada uno va para el suyo; porque hay gente muy mala, malísima, que da rienda suelta a su ambición o su locura y jode a todos los demás, o a la mayoría; porque en vez de cuidar el planeta se lo destruye; porque nos gusta más la diversión fácil que el trabajo inteligente. Se dice que “la sociedad está enferma” porque en vez de cultivar los altos valores del bien, el compañerismo, el amor, la cultura, el sacrificio, priman la violencia, el sexo, la diversión, el dinero y la comodidad. Se dice que “la sociedad está enferma” porque en vez de estar regidos por el deseo de ayudarnos unos a otros lo que hacemos es competir todo el tiempo.

          Está implícita la idea de que en una sociedad sana estas cosas no pasan. Una manera de poner en cuestión la idea es la simple comprobación de que en toda sociedad que haya existido en cualquier momento de la historia y en cualquier parte del mundo se encuentra esta misma “enfermedad” en abundancia. O para decirlo de otra manera: no existe una sociedad sana. Si miramos hacia atrás, hacia el pasado, encontramos una historia plagada de locuras y masacres: miles de sociedades igualmente “enfermas”, con injusticias aún peores que las nuestras. Si miramos alrededor, tanto en Latinoamérica como en los demás continentes: guerras, desigualdades, superpoblación, hambre, epidemias, la presencia de los mismos factores irracionales o de elementos malignos está por todas partes.

          Pero los elementos malignos no dominan, están en lucha constante con los otros, con los que podríamos llamar benignos. Es cierto que todos no logramos ponernos de acuerdo pero también es cierto que existen amplios consensos. La mayor parte de la gente acuerda en que no hay que hacer uso de la violencia física. Es cierto que hay matones políticos, asesinos que roban y matan, barras bravas, excesos en las fuerzas del orden, padres o maridos golpeadores que actúan en sus familias como capataces de minas de carbón, jefes abusivos, casos de los que podríamos decir que están fuera del acuerdo. Pero lo cierto es que la gran mayoría está dentro del acuerdo de limitar la violencia física. De hecho Hitler fue derrotado gracias a los Estados Unidos, y Stalin, que parece haber sido el mayor asesino de la historia (junto con Mao Tse Tung, ambos responsables de la muerte de muchos más millones de personas que el mismo Hitler), no prosperó tanto como el ideal democrático que actualmente rige en el mundo. ¿Será que los que dicen que ““la sociedad está enferma”” sólo ven la presencia de los elementos malignos e ignoran la existencia de los benignos? ¿O lo que pasa es que pretenden el imposible de que sólo exista el bien? ¿Acaso es una ayuda en el trabajo de lograr una sociedad feliz el andar diciendo que todo es prueba de enfermedad? No creo.

          Creo que la frase “la sociedad está enferma” no merece ser considerada como una frase objetiva sobre la realidad sino que debe ser más bien interpretarla, es decir, debemos pensar de dónde viene, quién la dice o cuándo la decimos, qué efecto producimos al decirla. De esa forma podremos comprenderla mejor. En ese plan, podemos observar lo siguiente:

          - es una frase que expresa temor: el que dice que “la sociedad está enferma” siente que no puede hacerle frente al caos de la realidad. El temor es justificado, realmente nos enfrentamos con muchas dificultades al vivir en sociedad, pero no hay escapatoria, es un temor que debe ser enfrentado. No tenemos que escudarnos en la idea de que estamos en una situación excepcional o que la vida normal es otra cosa, tenemos que darnos cuenta de que la vida normal es siempre una situación excepcional, rara, difícil, y que hay que vivir igual.

          - es una frase con la que rechazamos el mundo: el que dice “la sociedad está enferma” dice “este mundo es un asco” y se queda así sin mundo, siendo que este es el único que hay. Puede parecer una opción digna y meritoria, elevada, pero en los hechos es de una pobreza absoluta, desconoce toda la riqueza de la vida y acentúa el espanto como emoción dominante.

          - es una frase con la que uno queda como una persona mejor que la media: el que dice “la sociedad está enferma” parece que fuera mejor que los que andan por ahí viviendo despreocupadamente, sin darse cuenta de que la situación es grave y extrema, llevando su día adelante confiados. Por lo general, sin embargo, al encarnar la apariencia de una persona superior, el que dice “la sociedad está enferma” no acompaña su rechazo de los demás con acciones que mejoren el mundo. En todo caso no con acciones reales y efectivas. Tienden a ser más efectivos los que no maldicen tanto a la sociedad, los que la comprenden, porque al comprenderla pueden concebir caminos de acción.

          - es una frase con la que uno pone su enfermedad afuera, la rechaza: muchas veces el enfermo es el que habla, y no tanto la sociedad acusada. Al ser preso de un problema personal ve aparecer las consecuencias de su patología por todas partes. Las personas que tienden a aprovecharse de las trampas de la ilegalidad son las que luego creen que todos los demás hacen lo mismo, como una manera de justificarse. Los que mienten creen que todos los demás mienten. Los que son corruptos creen que la corrupción es la norma, y al decir “la sociedad está enferma” creen quedar libres de culpa. De manera menos grave, los que se quejan de la frivolidad reinante no suelen ser grandes lectores.

          “La sociedad está enferma” es una frase en la que nos apoyamos, pero es una frase falsa. Y más falsa es cuando se la aplica a un país concreto como si se tratara de un caso excepcional. El país propio siempre parece un caso excepcional porque es el caso que conocemos más, el nuestro, pero en el conjunto de las naciones no lo es. Siempre hay mucha ignorancia mezclada con el idealismo, un gran desconocimiento sobre cómo se comporta el mundo real, sobre qué significa ser humano y qué es posible y qué no.

          Aunque especial y dotado de capacidades únicas el ser humano es un animal como cualquier otro. No escapa del ámbito de la animalidad ni puede hacerlo. Esto no es una posición teórica, es una realidad. El cuerpo del hombre, animal, mortal, fue producido por la naturaleza en un proceso de millones de años y la voluntad de cambiarlo no puede nada, por más que nos guste pensar que sí. Creer que se puede hacer un “hombre nuevo” es una ingenuidad absoluta. Conviene, en el caso de que uno quiera conseguir ciertos logros sociales en el camino de la civilización, entender qué se puede y qué no. Saber que el hombre es un animal no implica dejar de trabajar para dar forma a una sociedad, pero sí nos lleva a ser más realistas, a no querer lo imposible y a ser mucho más eficaces en el camino de lo posible.

          ¿Quiere decir esto entonces que está permitido hacer cualquier cosa? Cualquier delincuente, diputado o asaltante, pueden tener una moral de este tipo: el que no roba es un gil. ¿Qué podemos responder? Cada uno es libre de hacer lo que quiere, pero estamos tratando entre todos de establecer un espacio y unas reglas para contener al menos parcialmente esta violencia. No hace falta decir “la sociedad está enferma” para querer hacer cosas útiles. El problema no es que al ser corrupta o violenta una persona transgreda un orden cósmico o natural fundamental (no lo transgrede para nada) se trata de entender qué queremos lograr, de pensar cómo nos juntamos y cómo hacemos que sean posibles. Queremos que haya menos de determinadas cosas y más de otras, pero no es porque la sociedad esté enferma que existen esos casos, es porque las sociedades son así. Se trata de una batalla que hay que dar, no de indignarse y hacerse el bueno.

          Lo importante de dejar de pensar que la sociedad está enferma es que de esa forma ganamos eficacia. Comprendemos más la realidad, no estamos peleados con ella, podemos intervenir más certeramente. Sí, es cierto, nunca vamos a lograr una sociedad sin problemas, pero pueden lograrse muchas cosas buenas. Esto nos pone más en una situación de artistas que en una de moralistas. Es más eficaz tratar de hacer obras que corregir el trasfondo moral de la vida, que es inalcanzable.

          Lo que sí podríamos decir es que la nuestra es entonces una sociedad que no sabe pensarse, que no sabe entender que los conflictos son la forma normal del comportamiento de una sociedad. Sería importante que la sociedad entendiera que hay conflictos que no pueden solucionarse, que algunos de ellos a lo sumo pueden controlarse. Que no esperara logros imposibles y se dedicara a los posibles.

          En relación con este tema, hay otra idea, más rara aun, y es la siguiente: ¿será que el grado de quilombo de una sociedad es prueba de su vitalidad, así como es vital un sistema biológico por la cantidad de especies que conviven en él, comiéndose unas a otras y en constante disputa del territorio?

          Conclusión:

          La sociedad no está enferma,
          las sociedades son problemáticas,
          la vida es difícil,
          hay que aprender a tratar con muchos problemas que no pueden desaparecer.



          *-*-*-*-*


          A este flaco lo violaron de chiquito, es lo único que puedo decir. Es un consumista como todos nosotros y quiere cambiar a la sociedad proponiendo lo mismo que se propone desde hace mucho. Eso, para mi, no sirve.
          Editado por última vez por vAmPIRe; 09-10-2004, 12:45 PM. Razón: y, tuve que poner algo para separar viteh
          Libertad es decirle al espejo: "Mirame, NO VOY A MORIR SIN VIVIR."

          ^^

          http://destellosderealidad.blogspot.com/



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          • blitzkrieg
            Alto Egel
            • 17-06-2004
            • 1016

            #6
            aca muestra un poco la hilacha



            Columna n°37 en el programa Cual es (10.11.03)

            Idea falsa: La mentira tiene patas cortas

            Esta frase dice, en otras palabras, que quien miente no puede llegar muy lejos con su mentira, que la mentira fácilmente se pone en evidencia. Faltar a la verdad es un camino que no puede tener éxito, que no alcanza a lograr sus fines, dice. Pero, ¿es cierto? ¿O esta frase expresa más bien un rechazo moral a la mentira, propone reducir su presencia en el mundo describiéndola como inefectiva pero buscando en realidad crearle mala imagen?

            - En muchos campos de acción humana la mentira es fundamental, hasta podríamos decir que en ellos un buen manejo de la mentira casi la clave del éxito: la política, la actuación, las negociaciones, los medios de comunicación, etc. Todas estas cosas útiles están llenas de mentiras y si no hubiera mentira en ellas directamente no existirían. Más que tener patas cortas bastaría este argumento para decir que la mentira tiene patas (piernas, podríamos decir, para no disminuirla) sanas y fuertes, y hasta necesarias. ¿Por qué no pensar con buena conciencia que la mentira es parte imprescindible de la vida humana?

            - Eso cree Nietzsche cuando dice que en muchos casos la mentira es más valiosa que la verdad. Lo dice porque la capacidad de entendimiento y sensibilidad del hombre debe preocuparse antes que nada por su propia salud y hay verdades que dan mucho frío, que generan dificultades enormes para la vida, mientras que hay mentiras que la favorecen. Podríamos decir que nosotros vivimos tranquilos gracias a la mentira de creernos inmortales, gracias a haber desalojado a la muerte de nuestra conciencia cotidiana, es decir, gracias a una "mentira", mientras que si tuviéramos plena y constante conciencia de nuestro fin las cosas se nos harían más difíciles. Otro ejemplo: muchos no pueden asumir la responsabilidad respecto de sus vidas y se sirven de la mentira de creer que están como están por culpa de otro, para eludir la verdad de que están mal porque no son capaces de otra cosa.

            - Sigamos con el intento de observar la mentira con buena conciencia: que la mentira sea central en la política no quiere decir que la política en sí misma sea una mentira. La política existe y es perfectamente saludable y necesaria, lo que hace allí la mentira es cumplir un rol, un rol funcional y adecuado a las intenciones de la sociedad. Solemos creer que los políticos mienten en beneficio propio, pero lo que sucede en realidad es que los políticos mienten en beneficio propio pero sobre todo en beneficio de la sociedad, porque es la sociedad misma la que no quiere enfrentar sus propias verdades.¿Por qué si no los políticos que más verdades dicen resultan ser los menos votados? No me refiero por supuesto a los exaltados políticos de izquierda, que llaman verdades a sus delirios ignorantes, sino a los políticos serios, del signo que sean, que no prometen imposibles sino caminos de trabajo y dificultad, que no hacen responsables de nuestras dificultades a unos malos que andan por allí sino que proponen que el país asuma el peso de su fracaso con auto responsabilidad. Si un político debe conducir el país es necesario que se sirva de la mentira para producir los efectos que debe producir. Es cierto que en muchos falta la grandeza de una visión y que ponen a la mentira al servicio de su pequeñez personal, pero eso no quiere decir que -como yo creía ingenuamente- la opinión pública pueda tolerar mucha verdad. El político más dotado debe saber administrar la verdad, es decir, en muchos casos mentir, para hacer que la comunidad haga el camino de crecimiento que naturalmente se resiste a hacer.

            - Otra prueba de que la mentira tiene patas largas: los casos de hombres que mantienen una doble vida familiar sin que ninguna de las familias se entere de la existencia de la otra familia. Hay casos de hombres que durante años han logrado mantener el secreto, ¿vamos a negar que si la mentira fuera un arte siempre precario esto sería imposible? Una familia en una ciudad y otra familia en otra ciudad. El tipo viaja mucho. Se hace el sufrido. Llega cansado de tanto trabajar, cuidado, no hagas ruido que papá está durmiendo. Y cuando el mentiroso finalmente muere en el funeral se dan situaciones extrañas: ¿cómo que sos mi hermano, flaco, si no te vi nunca? Papá era un santo, qué me querés inventar…

            - Una opción es siempre la de relativizar el tema, o sea la de decir: en definitiva qué es la verdad y qué es la mentira… Pero me parece que esa argumentación tiene algo de mala fe: sí existe la posibilidad de determinar qué es mentira y qué es verdad. Es cierto que las verdades son complejas y difíciles, que muchas veces la mentira resulta ser más útil que la verdad (incluso esas las dos mujeres del ejemplo de las dos familias podían saber o intuir la duplicidad y hacerse las boludas, consciente o inconscientemente, por conveniencia de no dejar una vida ya armada y con apariencia de orden por otra para la que no se sentían capacitadas). Pero podemos diferenciar con claridad qué es mentira y qué es verdad: es verdad que el tipo no se entregaba a ninguna de sus dos familias, es verdad que la opinión pública prefiere que le doren la píldora a que la confronten con sus propias limitaciones. Las cosas del mundo y de la vida tienen una forma y esa forma es la verdad. No siempre podemos dar con una certeza, porque en el camino de averiguar cuál es esa forma hay muchos problemas, pero sólo haciendo el esfuerzo de esquivar demasiado el bulto podemos pararnos en la argumentación que propone aplicar la relatividad del conocimiento a todos los niveles. No somos dioses, somos personas, y podemos conocer al mundo según nuestras necesidades, y diferenciar qué es mentira y qué es verdad.

            - Hay otros ejemplos en los cuales el engañado tiene complicidad con la mentira: ¿quién no conoce el arte de mentirse a sí mismo para salvarse de ver las cosas como son? Ejemplos: uno prefiere la mentira de decir que las mujeres son todas unas locas para no enfrentar la verdad de que él no es capaz de retener a una mujer (tal vez por su falta de sensibilidad emocional, por su falta de entrega); otro prefiere decirse la mentira de que no trabaja porque la sociedad es cruel para no ver la verdad de que no es capaz de ofrecer nada de valor al intercambio de riqueza social; otra elige la mentira de que ella es muy frontal, para ocultar la verdad de que hace todo lo posible para que nadie se le acerque, porque sentir la intimidad se le hace muy difícil; otra se miente diciendo que el profesor es un garca para no ver la verdad de que estudiar le resulta muy difícil, o porque tiene problemas de concentración o porque no quiere hacer el esfuerzo. Cada uno de nosotros es un mentiroso y un engañado, en cuestiones fundamentales de su propia personalidad. Esas mentiras nos ayudan a vivir, pero el crecimiento es posible en la medida en que en vez de servirnos de esas mentiras seamos capaces de enfrentar mayor verdad. La mentira en estos casos puede ser utilitaria, puede permitir permanecer en una situación hasta que sea posible avanzar. Lo que no conviene es creérselas al punto de confundirlas con la verdad. Y si uno no conoce la verdad es mejor intentar hacerlo que negar su existencia con argumentos relativistas.

            Conclusión:

            Es falso que la mentira tenga patas cortas, tiene piernas largas y ágiles, casi tan ágiles como la verdad. Tampoco es correcto asumir una perspectiva fácilmente moralista en relación con la mentira, como si esta fuera un pecado cuando en realidad en muchos casos es parte legítima y necesaria de la vida humana. El problema con la mentira es que, como dijimos, impide el crecimiento. Al salvarnos de un problema (la mentira siempre es el intento de salvarse de un problema) nos hace ir por un camino de facilidad y nos impide desarrollar nuestras fuerzas. Y el otro problema, su otro defecto, es que es poco confortable. Mantener una mentira impide que uno se relaje, que uno sea quién realmente es. El plan del mentiroso es vivir de manera tal que no se note quién es él realmente, y ¿para qué tanto esfuerzo? ¿No sería mejor ser uno quien es y hacerse cargo? A veces es difícil, todos lo sabemos, y vamos dejando de mentir en la medida en que podemos hacerlo.

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            • blitzkrieg
              Alto Egel
              • 17-06-2004
              • 1016

              #7
              Columna n°34 en el programa Cual es (20.10.03)

              Idea falsa: Ser de izquierda es ser bueno y ser de derecha es ser malo

              Esta idea falsa se ha instalado en nuestro sentido común de la manera más natural, como si fuera una verdad indudable, pero no resiste el análisis. Si miramos de cerca la situación encontramos todo tipo de objeciones, la más extrema de las cuales tiene que ver con descalificar los términos mismos de la proposición: ¿qué es ser de izquierda, qué es ser de derecha? El punto central de este análisis será la absurda creencia de que esta pregunta se responde diciendo: el de izquierda es bueno, el de derecha es malo.

              - ¿Por qué se cree que ser de izquierda es ser bueno? Porque el izquierdista aparece generalmente profundamente conmovido por el dolor de los que sufren, al punto de hacer de ese dolor el centro de su acción humana. El izquierdista quiere ayudar. Pero, ¿entonces son de izquierda las asociaciones de señoras ricas que hacen beneficencia? Estas organizaciones generalmente incluso más efectivas que las manifestaciones de izquierda unida, ¿es más de izquierda entonces Caritas que Prensa Obrera? ¿Quiere ayudar, el izquierdista, o lo que quiere es dar forma a un sistema en el que las desigualdades no tengan oportunidad de producirse? Por donde llegamos a otro problema, aun más difícil, ¿acaso las desigualdades las inventa el sistema? Sabemos que no. Ciertos sistemas, o mejor dicho, ciertas leyes o medidas o políticas, pueden favorecer desigualdades extremas, promover un estado de pobreza general, pero el sistema que inventó la desigualdad y que se nutre de esa desigualdad se llama naturaleza, y nada puede hacerse en contra de él. ¿El izquierdista quiere entonces un sistema que no avale desigualdades exageradas? Es una buena meta para el diseño de un sistema político, pero la misma derecha podría avalarla sin por eso llegar a ser de izquierda. ¿Entonces qué son la izquierda y la derecha?

              - El de izquierda es bueno porque no quiere vivir su vida salvándose él (o ella), sino que quiere, un poco cristianamente, establecer una unión con el prójimo de manera tal que solo acepta tener y disfrutar si el otro también tiene y disfruta. Esta posición, que parece buena e inobjetable, tiene una formulación extrema en la poesía de César Vallejo en la que dice que no podrá ser feliz mientras un niño muera de hambre. ¿Alguien puede decir algo en contra de una sensibilidad tal? Hay que ser un canalla para decir que está bien ser feliz mientras un niño muera de hambre, pero si somos honestos tenemos que reconocer que no hacemos otra cosa que intentar ser felices pese a que haya niños que mueran de hambre. ¿Está mal por nuestra parte? ¿Es por eso que somos de derecha? Lo único que puede decirse con certeza y sentido estratégico es que esa ausencia de felicidad que aparece como un aporte al problema en realidad profundiza el problema que se padece, mientras que el mismo niño que necesita asistencia se beneficiaría de una sociedad que cultivara su capacidad de sentir felicidad, y de producirla. La izquierda no cultiva la felicidad, porque siente que la situación es tremenda, pero ¿produce avances, propuestas, riqueza, beneficia a alguien? El de izquierda es bueno porque sufre, y porque al sufrir se hace conciente de las necesidades de los que tienen muchas necesidades (o no tienen más que eso), ¿es útil ese sufrimiento? ¿Es bueno? ¿Tiene realmente su causa en el padecimiento de la pobreza? Tenemos que reconocer por otra parte que la izquierda no se reconoce como un pensamiento capaz de muchas propuestas, siendo su característica más destacable la capacidad de hacer la crítica de toda posición que no sea la propia. En ese alto sentido crítico la izquierda se produce como un mecanismo parecido al de la inquisición, cultivando una pureza y un fanatismo peligros y esterilizantes.

              - ¿Quién es el de derecha? Llegamos a uno de los puntos más difíciles de esta columna. Porque el de derecha no es Videla, Astiz, etc, esos son delincuentes, no derechistas. ¿Es Menem un hombre de derecha? La corrupción no es ser de derecha, eso es estar fuera de la ley. Podemos decir con claridad que nadie es de derecha, al menos en la Argentina, es decir, que nadie dice de sí mismo, con orgullo o como proponiendo un programa político: soy de derecha. La derecha siempre es una calificación que se da de otro. Se dice Macri es de derecha, López Murphy es de derecha, pero estos candidatos no se asumen como tales, ¿Porque no lo son o porque la derecha representa entre nosotros un cuco absoluto, siendo imposible para alguien ocupar tal posición en el espectro político, porque cualquiera que dijera "soy de derecha" produciría en la sociedad la misma reacción que si dijera "soy un ser despreciable e inmundo"? En los países en donde la derecha existe ésta se expresa a través de unas propuestas políticas que no tienen nada que ver con producir hechos de corrupción o hechos de violencia en contra de nadie. Nosotros ni sabemos qué es la derecha, porque hemos identificado ser de derecha con gobiernos nefastos y corruptos, que no eran gobiernos de derecha sino gobiernos delictivos.

              - Retomemos la cuestión de qué es ser de derecha desde otro punto de vista ¿Qué quiere decir ser de derecha? La acepción más frecuente es "alguien malo", siendo esto comprendido como derivado de personas a las que no les importa el sufrimiento ajeno y que sólo piensan en sí mismas. Lo que hay que considerar, si queremos hacer las cosas más completas y más verdaderas, y aceptar la complejidad que la realidad vista de cerca suele tener, es que el deseo de un sistema social más competitivo y volcado al reconocimiento del mérito individual, es decir, menos asistencial y más exigente, suele tener el mérito de elevar el nivel de vida de la totalidad de las personas. Paradójicamente, un sistema no populista, no deseoso de ayudar de manera directa o programática al caído suele ser más beneficioso para el mismo caído que un sistema asistencial, que bajo la impresión de estar haciendo algo por los pobres en realidad lo que hace es multiplicar su número. Este tipo de pensamientos, de reflexiones, de exámenes de la realidad, es cuestión de debate, pero suele estar obstaculizado por el ritual de adjudicarle a toda posición no cristiana, es decir, no izquierdista, el sentido de una militancia en el mal y en la derecha, lo cual es desde todo punto de vista absurdo. Es bueno tener planes sociales, pero no es bueno no tener planes productivos, no es bueno no cuidar también a aquel capaz de arriesgarse y producir, a aquel que quiere y sabe generar riqueza para beneficiarse con ella. Estos generadores de riqueza, que la izquierda ve con mala conciencia como si fueran los causantes de los problemas, son justamente aquellos que hacen posible que un país tenga riquezas con las que elevar su nivel de vida.

              - Además está el asunto de que la historia tiene ejemplos de genocidas de derecha tanto como ejemplos de genocidas de izquierda. Con el agravante que Hitler no hablaba en nombre de la derecha sino de un nacional socialismo y Stalin mató a millones de personas con palabras comunistas en su boca, es decir, de izquierda. Suponer que la gente de izquierda, por el hecho de serlo, es buena es tan absurdo como el hecho de creer que alguien que va a la iglesia y reza, por el hecho de hacer esas prácticas, es bueno. Sabemos de curas abusadores de menores, de dictadores adictos a la religión, de planteos religiosos usados como base de ofensivas bélicas. Los mismos militantes izquierdistas (o simpatizantes) que en las universidades o en los medios de comunicación suelen ser considerados hombres "honestos y probos", gente sensible y bienpensante, puede ser tomada como ejemplo de personas que ejercen actitudes de esas que caricaturescamente solemos describir como "de derecha": es decir, desean privilegios, desean y ejercen el poder, extorsionan, deforman la información, acusan prejuiciosamente y sin fundamentos, etc. No está mal que sean así, lo que no sirve es que se ofrezcan como modelos de actitudes correctas y distintas sin realmente serlo. Una persona es buena o mala no por ser de izquierda o de derecha, sino por otras cosas que se expresan más allá de su posición política explícita, lo cual no es más que una de tantas características aleatorias de la vida individual.

              - Uno de los peligros de no comulgar con la idea de que ser de izquierda es ser bueno, al cual me expongo al decir estas cosas, es que inmediatamente quien lo dice es acusado de ser un hombre de derecha. Y la palabra cae como si fuera una maldición: sos de derecha. Toda critica o sospecha de que la izquierda no tiene el valor del nuevo evangelio es considerada una manifestación reaccionaria, cuando si miramos los hechos es la izquierda la que es reaccionaria. ¿Por qué digo que es reaccionaria? La izquierda es moralista, está en contra de la participación popular (a la que por intentar guiar desmoviliza), está en contra de la iniciativa individual, en contra de lo nuevo, de aprovechar las posibilidades de la realidad (critica como reformista a aquel que se conforma con mejorar un poco las cosas, prefiriendo la opción de "acentuar las contradicciones para que todo se venga abajo" -izquierda apocalíptica-), pretende que el arte tenga un mensaje y limita su libertad, obstaculiza la creatividad natural de las fuerzas sociales considerándolas individualistas, etc.

              - La izquierda, además, vive la siguiente paradoja: siendo supuestamente el movimiento que representa a la inmensa mayoría de los perjudicados por el órden político no logra conseguir los votos de esos perjudicados. Es allí donde la izquierda dice: "es que a la gente le meten en la cabeza valores errados, los engañan", como manera de no ver que su mensaje no tiene la aceptación que lógicamente debería tener. Al sostener que "a la gente la engañan" da lugar a un inmenso desprecio de aquellos a los que dicen querer salvar, los votantes, a los que consideran a la vez el objeto de su militancia y a los que describen como gente imbecilizada por las circunstancias.

              Conclusión:

              Tenemos dos posibilidades:

              1. Eliminar los términos de izquierda y derecha como referencias útiles para pensar la política. No importa tanto quién es de derecha y quién de izquierda sino cuál es su propuesta, cuáles sus acciones, cuáles sus valores, sus programas y sus medidas de gobierno. Importa su estilo, su estilo personal, más que su ubicación en un supuesto eje divisor de izquierdistas y derechistas.
              2. Dar lugar a una caracterización seria de la izquierda y la derecha, que sepan convivir, en una forma de pensar esos términos que permita tanto que la izquierda argentina crezca (se modernice, se acerque a la gente, acepte empezar a pensar soluciones serias y no meras críticas, se adapte a los tiempos, exprese ganas de vivir y no mero resentimiento) como que la derecha argentina logre armarse (diferenciándose de delincuentes y asesinos, explicando sus ideas con claridad, aceptando el debate abierto, animándose a asumir una posición no izquierdista y aprendiendo a mostrar a qué camino se refiere).

              Comentario

              • blitzkrieg
                Alto Egel
                • 17-06-2004
                • 1016

                #8
                Columna n°38 en el programa Cual es (24.11.03)

                Idea falsa: La ambición es mala

                Sí, puede decirse que desde muchos puntos de vista la ambición es considerada buena, un motor de la salud del saludable sistema capitalista competitivo que las naciones reconocen hoy mayoritariamente con justicia como el sistema más sano para guiar la vida de las sociedades y de la comunidad internacional, pero creo que la versión de que la ambición es algo negativo tiene raíces profundas y es por eso que conviene seguir pensando este tema. El principal daño de la crítica a la ambición es que limita nuestra capacidad de desear y de hacer. La palabra suena en frases del estilo: "la ambición no debe ser más valiosa que la vida humana" (como si se tratara de opuestos, justo lo que no son), o :"la ambición ha causado más daño que las catástrofes naturales" (como si no hubiera también causado muchas conquistas y avances y logros).

                - ¿Qué es la ambición? Ambición es querer lograr grandes cosas y ella nos compromete en un camino de trabajo y acción, de esfuerzo. El ambicioso, bien concebido, es una persona de trabajo y capaz de autoafirmación, muy volcado a superarse y a pedir mucho de la vida, lo que implica una capacidad también muy marcada de dar mucho de sí. La ambición no es tanto ir de la cama al linving, sino ir de la casa de los padres al hogar propio. Ser ambicioso no es querer mucho sin hacer nada, es más bien querer hacer mucho y hacerlo.

                - Paréntesis: Un párrafo sobre el esfuerzo. Es frecuente que uno crea que algo que requiere hacer un esfuerzo es por eso mismo algo innecesario, como si la libertad fuera hacer sólo y exactamente lo que se te canta. (Yo creía eso, cuando era más hippie: que todo esfuerzo era un dejarse doblegar por el enemigo. Por suerte crecí, me curé y me hice capaz de esfuerzo). La moral que dice que todo lo bueno es fácil es una moral de fiaca, una moral del temor (la fiaca es miedo), no una de logro y felicidad. Y la felicidad, lamentablemente, tiene más que ver con conseguir cosas que uno quiere que con no conseguir nada.

                - ¿Por qué sería mala la ambición? Porque es hacer olas en el universo de la pobreza. Según una estúpida pero frecuente mirada de pobres, la posición correcta es no querer que a uno le pase nada mejor de lo que le pasa a la mayor parte de las personas. Es una posición cristiana: si quiero algo bueno para mí desprecio al que no tiene nada, por lo tanto tengo que no querer nada.

                - ¿Cuál es el obstáculo al que se enfrenta aquel que tiene ambiciones? Generalmente alguien le dice: ¿quién te creés que sos? Pero bien enfocada la ambición no apunta a decir quién me creo o quien no me creo que soy, apunta a luchar por algo que quiero. Suele verse como ambicioso a alguien que cree muchas cosas buenas de sí mismo, pero una personalidad ambiciosa no responde a la pregunta: ¿quién te creés que sos? diciendo "Soy un genio, alguien mejor que los demás", responde con actos. Hay preguntas que deben eludirse y no responderse.

                - La ambición es una facultad activa, que nos proyecta sobre líneas de acción. Ambición es decir: qué bueno sería que existiera tal cosa y ponerse a hacerla. Sea en el plano de una obra artística, de una obra comercial (lo comercial también es un arte) o en el plano de los logros íntimos y amorosos: qué bueno sería tener una mujer que me quiera, que fuera linda y que tuviera un proyecto personal propio que tuviera que ver con el mio!

                - La miseria humana no es la ambición, es más bien lo que sucede cuando las ambiciones personales no son desarrolladas. De la ambición se hace derivar el supuesto salvajismo del sistema. Si la gente no fuera ambiciosa todo estaría bien, se piensa con ingenuidad. Pero lo que sucede en realidad es exactamente lo contrario: las buenas sociedades son las que estimulan y valoran la ambición. Esas sociedades se enriquecen con las ambiciones mezcladas de sus habitantes, mientras que las sociedades resentidas, que castigan a la ambición personal (y toleran sólo la ambición reguladora del Estado) producen una depresión generalizada.

                - Pero hay otra faceta: la ambición no es simplemente querer algo bueno para uno mismo, es querer algo muy bueno, es querer mucho. La ambición es una expresión de osadía, de atrevimiento. Doble atrevimiento: pensar en uno, querer desde uno -cuando ese querer es social y moralmente sancionado como negativo o egoísta, y el bueno es aquel que no quiere nada para sí mismo-, y querer además algo que puede no ser común, que sale de aquello que en uno es más específico e íntimo. Hay que valorar la osadía, el atrevimiento, la capacidad de imaginar y querer y trabajar por cosas especiales, a favor del logro que queremos, no en contra.

                - El punto de Spoelstra. Spoelstra, autor de un libro de Marketing ("Marketing Outrageously"), explica que como consultor de empresas les pregunta a sus clientes: ¿qué necesitan para lograr que su empresa sea la más exitosa en su campo este año?. Y dice que sus clientes le responden: "no tenemos tanto dinero como para lograr eso". Y él responde: por un momento olvídense del dinero y díganme qué harían para conseguir ese éxito. Los clientes no tienen respuesta. No pensaron en eso, dice Spoelstra. El dinero, la ausencia de dinero, actúa bloqueando la posibilidad de pensar. Pero el diseño del plan que los llevaría al éxito trae las ideas que muchas veces permite incluso lograr ese éxito sin tener el dinero que se había creído necesario en principio.

                - Otra, de Tom Peters. El pregunta: ¿cuál sería el trabajo que te gustaría hacer, el trabajo que considerarías sensacional? Y dice que la mayor parte de la gente nunca lo pensó, estancada en la sensación de que no es posible, aunque nunca hayan siquiera pensado qué es lo que no es posible. Y propone: hacer una lista con 25 características del que para uno sería un trabajo sensacional. Y propone ir metiendo esas características en el trabajo que uno tiene, o en el proyecto que está desarrollando. Creo que estos dos ejemplos prueban cómo una buena idea de la ambición puede ayudar a que a uno le vaya bien.

                - ¿Una prueba de que la ambición es considerada mala? Que la palabra "éxito" suena mal, suena indigna. Como si fuera un logro malo, algo que incluso sería mejor rechazar que buscar. Como vimos, se considera de una manera ignorante que el éxito personal trabaja en contra de los demás o de la sociedad, cuando lo que sucede es exactamente lo contrario: la sociedad se beneficia con la riqueza que los individuos son capaces de crear.

                Conclusión:

                Ojo con creer que la ambición es mala. Esa creencia es prueba de una patología del deseo personal, la expresión de un obstáculo en el camino del logro de la felicidad personal.

                Comentario

                • blitzkrieg
                  Alto Egel
                  • 17-06-2004
                  • 1016

                  #9
                  Columna n°28 en el programa Cual es (08.09.03)

                  Idea falsa: El poder es malo

                  La idea habitual es que el poder es un fenómeno negativo y prescindible, es decir, que se trata de algo que hace daño y es importante luchar contra él. No sólo se trata de una idea profundamente falsa, nacida de una ignorancia profunda de lo que es el fenómeno de la vida, sino que esta idea produce un efecto tremendamente negativo, que es el de limitar las posibilidades del poder propio, convirtiéndonos en quejosos e impotentes. Vamos por partes:

                  - ¿Qué es el poder? La fuerza. El concepto fundamental de todos los conceptos, la clave de toda interpretación o lectura que querramos hacer de la realidad. Los seres están dotados de fuerza. Es su fuerza la que los hace nacer, la que los mantiene vivos, la que los hace querer cosas y eventualmente lograrlas. Fuerza es lo que uno tiene cuando está contento y puede avanzar, cuando el mundo le gusta. Fuerza es lo que nos falta cuando estamos enfermos o cuando sentimos que todo es difícil, cuando no podemos nada.

                  - Un poco de Nietzsche. Ya lo hemos explicado alguna vez pero hay que volver a decirlo ahora: un concepto fundamental de este filósofo es la voluntad de poder. La idea es que lo que resulta básico en todo ser no es -dice él- el deseo de supervivencia, el de mantenerse en el propio ser, sino el de crecimiento. Todo lo que vive quiere dominar, dice. Cada ser quiere más poder, más fuerza, quiere reinar, quiere someter a lo que le es ajeno, a lo que es distinto de él. Este querer someter no tiene que ver necesariamente con manifestaciones violentas, muchas veces sostener una opinión con decisión es querer que las opiniones distintas. Querer que se haga lo que uno quiere, o querer que tenga valor de verdad lo que uno piensa, son ya manifestaciones de la voluntad de poder.

                  - Lo raro de esta visión es que aun los débiles quieren dominar. ¿Por qué son débiles entonces? Nietzsche dice que ser débil o ser fuerte son posiciones frente a la vida. Débil es el que dice: esta vida es una mierda, no vale la pena, el mundo está mal hecho, qué porquería todo, es decir, el que no puede nada y entonces condena el fenómeno de la existencia. Fuerte es el que dice: qué mundo interesante, pleno, rico, lleno de interés, complejo, extraño, sensacional, es decir, el que puede y entonces siente que el mundo es -como dijimos una vez- materia plástica para sus ganas de vivir. El débil quiere dominar imponiendo su percepción del mundo como verdadera y quiere que esta visión del mundo tenga incluso poder sobre los fuertes. Muchas religiones son débiles y dicen: este mundo es una porquería. Quieren que el fuerte no sea fuerte, quieren que la debilidad domine por todas partes y todos sintamos que la vida es una desgracia, un mundo de perdición y pecado. Lo mismo quiere el sentido común, la opinión espontánea y general de la sociedad, que es una visión débil: se la pasa quejándose de todo, sintiéndose decepcionada frente a la realidad. Se podría decir: ¿acaso están bien las cosas? Y se podría responder: están complejas, la vida es difícil, y más difícil la hacemos nosotros cuando en vez de vivir nuestro poder como bueno lo dejamos de lado sintiendo que es malo.

                  - La existencia del poder, o la fuerza, no es opinable. No es buena o mala, es. Decir que el poder es malo es como decir que la vida es mala. No se trata de una verdad, esa opinión expresa más bien una debilidad propia. ¿Quién es el que siente que el poder es malo? O bien el débil o bien el fuerte que no puede aceptar su fuerza porque un débil le metió en la cabeza que no debe hacerlo.

                  - En el mundo social decimos el poder es malo cuando queremos decir que los poderosos hacen lo que quieren con la sociedad. Esto siempre ha sido y siempre será así. Cuando el poder de unos pocos (los fuertes) pudo ser relativizado o detenido fue cuando el poder de los muchos (los no tan fuertes) se unieron e inventaron cosas como la democracia. La democracia es el sistema por el cual se acepta que todos valemos uno y que la suma de todos los unos es la que decide quién tendrá el poder. Como de todas maneras este sistema no logra que los fuertes dejen de ser fuertes, estos siguen dominando a través de otros mecanismos. Antes lo hacían tal vez con total libertad, ahora están sujetos a una reglas del juego: la democracia y la ley. ¿Que estos mecanismos son imperfectos? Bueno, sí, pero no es lo mismo que existan o no existan. Y en todo caso, la manera de hacer avanzar estos mecanismos imperfectos para que logren ser mejores no es hablando mal del poder, o sintiendo que el poder es malo, sino haciendo uso del poder para los fines que decimos querer. Todo lo bueno es una realización del poder, no algo que va en contra suyo.

                  - En el universo social el poder es el movimiento básico, el que hay que observar si uno quiere entender de qué va la cosa, el que hay que ejercer si uno quiere lograr algo. Decir el poder es malo es no entender y es también no hacer. También es no entender decir que los poderosos no deberían ser poderosos. El poder, en última instancia, no es un privilegio dado por la sociedad, es una cualidad de los seres individuales, que lo tienen o no, por determinación fisiológica, por el tipo de existencia corporal que son. Sí, estamos hablando de una determinación. Hay seres más fuertes que otros. No estamos hablando de clases sociales, estamos hablando de fuerza vital. Hay ricos débiles y pobres fuertes. La fuerza no lleva de manera espontánea y natural a la felicidad, ese es otro problema. El poder muchas veces lleva a la infelicidad, porque el poder busca siempre el conflicto, busca crecer en poder y por lo tanto hace el camino de buscar constantemente enfrentar las dificultades.

                  - Nietzsche también dice: hay tipos de poder. El poder de la violencia es uno, el poder del deseo es otro, superior. Más fuerte no es aquel capaz de la mayor fuerza bruta, más fuerte es el que es capaz de sentido, es decir, de aprobar y entender la vida, de querer la vida, de aceptarla, de buscarse a sí mismo, de sentir que vivir vale la pena.

                  - En el universo personal decir el poder es malo lleva a posiciones de inhibición, retraimiento, debilidad, culpa, etc. Si uno cree que ser bueno es ser débil corta sus propias fuerzas constantemente para no ser malo. El poder que se expresa como ganas de vivir no puede existir en un contexto en donde la norma es que existe una crisis tan grande que nadie debería poder tener ganas de vivir. El fuerte, que igual tenía ganas de vivir, pese a la crisis, siente que su fuerza es mala, que tendría que dejarla de lado para padecer. El poderoso, que siente que pese a que la sociedad está en crisis la vida tiene sentido, que estudia, que está contento, que quiere a otras personas y que quiere crecer, llega a ser llamado reaccionario por el débil que no puede querer nada.


                  Conclusión:

                  El poder no es malo, el poder es bueno. Lo que es malo es la debilidad, el no poder. Y creer que se trata de que nadie tenga poder es tan errado como creer que se trata de que nadie respire. El poder es bueno y hay que quererlo, buscarlo, saber usarlo. Incluso si uno es aquel tipo de persona que cree que la sociedad funciona mal por culpa de los poderosos, tiene que darse cuenta de que no se trata de luchar contra el poder sino de tener poder y hacer lo que uno considera bueno. La vida es lucha, poderes enfrentados, y estar contra el poder es estar contra la vida.
                  Además, ¿luchar contra el poder no es un contrasentido?, ¿con qué fuerza se lucharía entonces?

                  Comentario

                  • vAmPIRe
                    There is no spoon
                    • 14-04-2003
                    • 2308

                    #10
                    sh, la peor persona, LEJOS
                    Libertad es decirle al espejo: "Mirame, NO VOY A MORIR SIN VIVIR."

                    ^^

                    http://destellosderealidad.blogspot.com/



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