La vergüenza no es más que el sentimiento original de tener mi ser exterior, insumido en otro ser y como tal sin defensa alguna, iluminado por la luz absoluta que emana de un puro sujeto; es la conciencia de ser irremediablemente lo que fui siempre: como "aplazamiento"; es decir, en el modo del "todavía no" o del "ya-no-más". La vergüenza pura no es sentimiento de ser tal o cual objeto reprensible; sino de ser, en general, un objeto; es decir, de reconocerme en ese ser degradado, dependiente y coagulado que soy para otro. La vergüenza es sentimiento de pecado original, de caída original, no del hecho de que yo hubiera cometido tal o cual falta; sino simplemente del hecho de que he "descendido" al mundo, en medio de las cosas y que tengo necesidad de la mediación de otro para ser lo que soy.
El pudor, y sobre todo el temor de ser sorprendido en estado de desnudez, son sólo especificaciones simbólicas de la vergüenza original: el cuerpo simboliza aquí nuestra objetividad sin defensa. Vestirse es disimular su objetividad, reclamar el derecho de ver sin ser visto; es decir, de ser sujeto puro. Por eso el símbolo bíblico de la caída, tras el pecado original, es el hecho de que Adán y Eva "se dan cuenta de que están desnudos". La reacción contra la vergüenza consistirá justamente en percibir como objeto a aquel que advierta mi propia objetividad.
Jean-Paul Sartre. El ser y la nada (tomo II).
Buenos Aires, Ibero-Americana, 1948, pág. 105
El pudor, y sobre todo el temor de ser sorprendido en estado de desnudez, son sólo especificaciones simbólicas de la vergüenza original: el cuerpo simboliza aquí nuestra objetividad sin defensa. Vestirse es disimular su objetividad, reclamar el derecho de ver sin ser visto; es decir, de ser sujeto puro. Por eso el símbolo bíblico de la caída, tras el pecado original, es el hecho de que Adán y Eva "se dan cuenta de que están desnudos". La reacción contra la vergüenza consistirá justamente en percibir como objeto a aquel que advierta mi propia objetividad.
Jean-Paul Sartre. El ser y la nada (tomo II).
Buenos Aires, Ibero-Americana, 1948, pág. 105

.

Comentario