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Rodeado de barricadas de bloques de cemento y ovillos de alambre de púa, el ejército de los Estados Unidos transformó el ex club de oficiales de la Guardia Republicana de Irak, en un pequeño oasis para sus soldados.
El ex club de oficiales de la Guardia Republicana iraquí, ubicado en el centro de Bagdad, fue despojado de los retratos de Saddam Hussein y de la parafernalia propagandística del partido Baath. Ahora funciona como una especie de hotel 5 estrellas para lotes de 100 soldados, que sólo pueden acceder allí previa consecución del pase que los habilita a disfrutar del pequeño oasis durante tres días y dos noches. Desde que se “inauguró”, a mediados de octubre, más de 1.800 soldados ya disfrutaron del “spa de guerra”, bautizado “Freedom Rest” (algo así como “descanso en libertad”), que cuenta con un sauna, una pileta de natación descubierta, un cine para 100 personas, un gimnasio y un bar que está abierto las 24 horas.
En el remozado lobby de mármol, un grupo de “empleados” uniformados barren las colillas de cigarrillo y sirven tragos a los afortunados. “Es un gran escape”, dice la sargento Xochitl Barragán, de 27 años, procedente de Fort Worth, Texas, Estados Unidos, al salir de la pileta, donde varios especialistas en defensa aérea e ingenieros acababan de cerrar una competencia de saltos ornamentales desde el trampolín, de 10 metros de altura. Desde hace mucho tiempo, a fin de levantar la moral de las tropas en misión prolongada, el Ejército de los EE.UU. ofrece este tipo de escapadas de descanso y relax. Y, como casi todos los soldados en Irak destacados en Irak están cumpliendo turnos de un año, cada división tiene su propia versión del Freedom Rest.
Prácticamente todas las bases importantes de Irak ofrecen a los soldados gimnasios totalmente equipados, almacenes militares y cibercafés con acceso gratuito a Internet. Las cafeterías, operadas por la firma Kellog Brown & Root, podrían hacer pasar vergüenza a las cantinas de las universidades más exclusivas de los EE.UU.. Y lo mismo pasa con el local que Burger King inauguró en Bagdad, cerca de los cuarteles de la Primera División Blindada, ubicados en el aeropuerto internacional: es uno de los “fast foods” más exitosos del mundo. En los últimos meses, más de 33 mil soldados se fueron dos semanas de vacaciones a los EE.UU. y Europa, o de licencias a un “resort” de Qatar, en el Golfo Pérsico, donde se puede andar en moto de agua y salir de safari al desierto o a las dunas gigantes.
En el Pentágono admiten que la moral, especialmente entre los reservistas, se derrumbó “bastante” en los últimos tiempos, porque nadie sabe cuál será su fecha de regreso. Los reservistas, quienes fueron convocados por 6 meses, se enteraron de que los plazos se habían duplicado. “La clave es mantener informados a los soldados”, dijo el brigadier general Vincent Boles, jefe de logística del ejército en Irak, a cargo de los 16 mil soldados de la base de Balad, al norte de Bagdad. Los psicólogos del Pentágono aseguraron que, durante las últimas cuatro semanas, la moral de la mayoría de los soldados seguía siendo bastante alta, en gran medida, porque casi todos están terminando su servicio, o bien, acaban de llegar.
Los soldados de la Cuarta División, por ejemplo, convirtieron uno de los palacios de Saddam Hussein, ubicado en Tikrit, en el "Ironhorse Resort and Recreation Center", un edificio de mármol de tres pisos que tiene un bar deportivo, un cine, una peluquería y una lavandería. Las tropas no tienen permitido beber alcohol en Irak, pero el bar ofrece una amplia variedad de cervezas sin alcohol y los soldados hasta pueden recibir un masaje de 20 minutos a cambio de 10 dólares. Allí, cada noche, las tropas hacen fila para usar las computadoras del cibercafé del hotel (sólo pueden permanecer conectados durante 20 minutos) o miran partidos de fútbol y/o básquet en pantalla gigante; en los intervalos, miran las noticias de la CNN, que transmite vía satélite.
“El lugar es bárbaro, aunque es una sensación extraña que Saddam y su familia hayan pasado tanto tiempo aquí”, dice Kevin Killian, de 22 años, oriundo de Filadelfia, EE.UU., mientras juega en la computadora, después de meses de “vivir en el barro”, cerca de la frontera con Irán. Al entrar al Freedom Rest, los soldados tienen que entregar sus trajes de fajina y sus armas, y vestir ropa de civil. Para muchos, es la primera vez en meses que se distienden. Aún así, después de las noches de ataques con cohetes y morteros, a algunos les resulta difícil romper los viejos hábitos de revisar los techos del hotel en busca de francotiradores o de entrar en pánico cuando no encuentran sus armas al lado de la cama. “Anoche estaba tan tranquilo que apenas pude dormir”, dijo el sargento William Schramm
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Rodeado de barricadas de bloques de cemento y ovillos de alambre de púa, el ejército de los Estados Unidos transformó el ex club de oficiales de la Guardia Republicana de Irak, en un pequeño oasis para sus soldados.
El ex club de oficiales de la Guardia Republicana iraquí, ubicado en el centro de Bagdad, fue despojado de los retratos de Saddam Hussein y de la parafernalia propagandística del partido Baath. Ahora funciona como una especie de hotel 5 estrellas para lotes de 100 soldados, que sólo pueden acceder allí previa consecución del pase que los habilita a disfrutar del pequeño oasis durante tres días y dos noches. Desde que se “inauguró”, a mediados de octubre, más de 1.800 soldados ya disfrutaron del “spa de guerra”, bautizado “Freedom Rest” (algo así como “descanso en libertad”), que cuenta con un sauna, una pileta de natación descubierta, un cine para 100 personas, un gimnasio y un bar que está abierto las 24 horas.
En el remozado lobby de mármol, un grupo de “empleados” uniformados barren las colillas de cigarrillo y sirven tragos a los afortunados. “Es un gran escape”, dice la sargento Xochitl Barragán, de 27 años, procedente de Fort Worth, Texas, Estados Unidos, al salir de la pileta, donde varios especialistas en defensa aérea e ingenieros acababan de cerrar una competencia de saltos ornamentales desde el trampolín, de 10 metros de altura. Desde hace mucho tiempo, a fin de levantar la moral de las tropas en misión prolongada, el Ejército de los EE.UU. ofrece este tipo de escapadas de descanso y relax. Y, como casi todos los soldados en Irak destacados en Irak están cumpliendo turnos de un año, cada división tiene su propia versión del Freedom Rest.
Prácticamente todas las bases importantes de Irak ofrecen a los soldados gimnasios totalmente equipados, almacenes militares y cibercafés con acceso gratuito a Internet. Las cafeterías, operadas por la firma Kellog Brown & Root, podrían hacer pasar vergüenza a las cantinas de las universidades más exclusivas de los EE.UU.. Y lo mismo pasa con el local que Burger King inauguró en Bagdad, cerca de los cuarteles de la Primera División Blindada, ubicados en el aeropuerto internacional: es uno de los “fast foods” más exitosos del mundo. En los últimos meses, más de 33 mil soldados se fueron dos semanas de vacaciones a los EE.UU. y Europa, o de licencias a un “resort” de Qatar, en el Golfo Pérsico, donde se puede andar en moto de agua y salir de safari al desierto o a las dunas gigantes.
En el Pentágono admiten que la moral, especialmente entre los reservistas, se derrumbó “bastante” en los últimos tiempos, porque nadie sabe cuál será su fecha de regreso. Los reservistas, quienes fueron convocados por 6 meses, se enteraron de que los plazos se habían duplicado. “La clave es mantener informados a los soldados”, dijo el brigadier general Vincent Boles, jefe de logística del ejército en Irak, a cargo de los 16 mil soldados de la base de Balad, al norte de Bagdad. Los psicólogos del Pentágono aseguraron que, durante las últimas cuatro semanas, la moral de la mayoría de los soldados seguía siendo bastante alta, en gran medida, porque casi todos están terminando su servicio, o bien, acaban de llegar.
Los soldados de la Cuarta División, por ejemplo, convirtieron uno de los palacios de Saddam Hussein, ubicado en Tikrit, en el "Ironhorse Resort and Recreation Center", un edificio de mármol de tres pisos que tiene un bar deportivo, un cine, una peluquería y una lavandería. Las tropas no tienen permitido beber alcohol en Irak, pero el bar ofrece una amplia variedad de cervezas sin alcohol y los soldados hasta pueden recibir un masaje de 20 minutos a cambio de 10 dólares. Allí, cada noche, las tropas hacen fila para usar las computadoras del cibercafé del hotel (sólo pueden permanecer conectados durante 20 minutos) o miran partidos de fútbol y/o básquet en pantalla gigante; en los intervalos, miran las noticias de la CNN, que transmite vía satélite.
“El lugar es bárbaro, aunque es una sensación extraña que Saddam y su familia hayan pasado tanto tiempo aquí”, dice Kevin Killian, de 22 años, oriundo de Filadelfia, EE.UU., mientras juega en la computadora, después de meses de “vivir en el barro”, cerca de la frontera con Irán. Al entrar al Freedom Rest, los soldados tienen que entregar sus trajes de fajina y sus armas, y vestir ropa de civil. Para muchos, es la primera vez en meses que se distienden. Aún así, después de las noches de ataques con cohetes y morteros, a algunos les resulta difícil romper los viejos hábitos de revisar los techos del hotel en busca de francotiradores o de entrar en pánico cuando no encuentran sus armas al lado de la cama. “Anoche estaba tan tranquilo que apenas pude dormir”, dijo el sargento William Schramm


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