KAMIKAZES

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  • CcCamikaze
    Langosta espía
    • 28-04-2003
    • 45790

    #1

    KAMIKAZES

    lindo lindo textito.. lo ame con toda el alma







    LOS KAMIKAZES




    Teniendo en cuenta la notable diferencia que existía, en orden al potencial bélico, entre el Japón y los Aliados en los últimos años de la guerra en el Pacífico, para los japoneses ya estaba bastante claro que su país tendría que afrontar una gravísima crisis, a menos que de una manera u otra lograran hacer intervenir elementos que fueran capaces, por sí solos, de cambiar radicalmente la situación. Así, pues, era muy natural que, en semejantes circunstancias, los combatientes nipones estuvieran dispuestos a sacrificar sus vidas por el emperador y por la patria.

    Su patriotismo tenía su origen en la convicción, profundamente arraigada en el ánimo de todos estos hombres, de que la nación, la sociedad e incluso el universo entero se identificaban en la persona del emperador, y por esta causa estaban decididos a sacrificar sus vidas. Por lo que respecta a la cuestión de la vida y de la muerte, la base espiritual de los japoneses, estaba constituida por una absoluta obediencia a la autoridad indiscutible del soberano, incluso, como ya se ha dicho, a costa de la propia vida.







    El credo de los kamikaze derivaba, en cierto modo, del Bushido, el código de conducta del guerrero japonés, basado en el espiritualismo propio del budismo y que revela una especial insistencia en el valor o en la conciencia del hombre. Otro de sus más ardientes deseos, era el de conseguir una muerte henchida de un profundo significado, en el momento justo y en el puesto que les correspondía, y no suscitar con su conducta la pública censura.

    Cuando se analiza el comportamiento de los kamikaze hay que tener muy presente que ellos juzgaban aquellas misiones de ataque única y exclusivamente como una parte más de su obligación, y que no consideraban este deber como algo extraordinario ni fuera de lo normal. Se apasionaban de tal manera ante el problema de cómo alcanzar con éxito los buques señalados como objetivo que acababan por dar poca o ninguna importancia a su destino. A nivel de conciencia tenían la sensación precisa y profunda de “conquistar la vida a través de la muerte” y se comportaban y obraban de acuerdo con éste principio.








    El ataque kamikaze tenía, ante todo, un significado espiritual, y cualquier piloto dotado de una normal habilidad estaba capacitado para llevar a cabo adecuadamente su misión. Por ello, no existía un método especial de adiestramiento, excepto el que consistía en hacer especial hincapié, ante los pilotos, sobre determinados factores que ya habían revelado tener una cierta importancia, en el curso de anteriores experiencias, en todos estos “ataques especiales”. Sin embargo, puesto que los pilotos elegidos para estas misiones habían recibido una preparación un tanto limitada y tenían escasa experiencia de vuelo, se les sometía a un curso de adiestramiento técnico intensivo, con el fin de ponerles en situación de aprender, en un tiempo mínimo, los elementos fundamentales del ataque kamikaze.

    Por ejemplo, el programa que debían seguir los pilotos con base en Formosa se dividía en breves y diversas fases: en primer lugar, el adiestramiento de los pilotos kamikaze tenía una duración de siete días, dedicando las dos primeras jornadas únicamente al ejercicio de despegue. Este tipo de ejercicio cubría el período de tiempo que iba desde el momento en que se impartía la orden para una misión hasta el momento en que los aparatos quedaban situados en formación de vuelo. Los dos días siguientes se dedicaban al vuelo en formación, mientras al mismo tiempo proseguían los ejercicios de despegue. Los últimos tres días estaban dedicados, de manera especial, al estudio teórico y a los ejercicios prácticos de aproximación al objetivo y al ataque; entre tanto, continuaban también los ejercicios de despegue y de vuelo en formación. Si aún se disponía de tiempo, se repetía el programa completo una segunda vez.

    Para los cazas ligeros y rápidos, como los Zero (Zeke), y para los bombarderos embarcados tipo Suise (Judy) se adoptaron dos métodos de aproximación con vistas a los ataques especiales, métodos que se habían revelado especialmente eficaces.






    La aproximación debía realizarse a la máxima o la mínima altura posible. Aunque desde el punto de vista de la exactitud de la navegación y de la buena visibilidad hubiera sido preferible una altura media, se prefería renunciar a estas ventajas en consideración a otros factores. En efecto, la altura preferida estaba comprendida entre los 5.500 y los 6.600 metros, y ello por dos razones:



    Cuanto mayor es la altura, más difícil se hace la interceptación por parte del enemigo;


    Había que tener en cuenta la maniobrabilidad de un avión cargado con una bomba de 250 kilogramos.

    Por lo que respecta a la aproximación a muy poca altura los aparatos volaban lo más cerca posible de la superficie del mar, de manera que se retrasara al máximo su localización por los radares enemigos. En las postrimerías de 1.944 se consideraba que el radar americano tenía un alcance efectivo de 160 km. a gran altura y de 30 – 50 km. a baja altura. En las ocasiones en que se disponía de muchas unidades de ataque, se aplicaban simultáneamente bien el método de aproximación a baja cota bien el de alta cota, que además se efectuaban en rutas distintas.

    En la aproximación a gran altura era necesario que los pilotos estuvieran muy atentos, a fin de que el ángulo de picado no resultase excesivo, pues entonces el aparato sería más difícil de manejar y además, bajo la creciente acción de la fuerza de gravedad, el piloto perdería fácilmente su control.

    Era, pues, de la mayor importancia que el picado fuera lo menos profundo posible y que el piloto prestase gran atención al viento de cola y a cualquier movimiento por parte del objetivo.







    En el caso de aproximación a baja altura, apenas se avistaba un navío enemigo, el avión se remontaba bruscamente a 3.500 – 4.500 metros, para luego arrojarse en picado sobre el objetivo previsto.

    Este método requería una habilidad muy particular por parte del piloto, puesto que el impacto debía producirse en la cubierta del navío que se elegía como blanco. Además, el método de picado en candela, sobre la cubierta del buque resultó ser más eficaz que el de estrellarse contra el costado del mismo. Por esta razón, los pilotos kamikaze eran inducidos a adoptar el método del picado en candela en cuanto su grado de adiestramiento lo permitía y siempre que las condiciones en que se desarrollaba el ataque fueran favorables.

    Para llevar a cabo una misión kamikaze, además de conseguir hacer blanco sobre el buque objetivo, era de suma importancia que el piloto supiera montar en su aparato, despegar, situarse en formación y conseguir luego volar siempre entre el violento fuego de los cañones enemigos. Con este fin, los pilotos kamikaze también eran sometidos a un entrenamiento muy riguroso respecto a todo aquello que se refería al embarco, al despegue, al vuelo en formación así como al ataque.

    En el caso de un despegue a plena carga, era muy importante que el piloto no remontase el vuelo bruscamente, que maniobrase los mandos con la necesaria lentitud y que se situase a unos 50 metros de altura antes de recoger el tren de aterrizaje.

    Otro importante factor en el momento del despegue era alcanzar al conjunto de la formación y mantenerse en filas estrechamente cerradas, de manera que no fuera necesario realizar evoluciones demasiado amplias.

    En los portaaviones, el mejor blanco era el elevador principal; seguían luego, en orden de preferencia, el elevador de popa o el de proa. En cuanto a los demás tipos de grandes unidades de guerra, el mejor blanco era la base del puente de mando. Y por lo que hace referencia a los destructores y a otros pequeños buques de guerra y de transporte, un impacto en un punto cualquiera situado entre el puente de mando y el centro del navío, resultaba generalmente de gran eficacia.

    De no haber sido por la falta del número necesario de aparatos, lo ideal hubiera sido enviar contra cada gran portaaviones cuatro aviones kamikaze: dos contra el elevador principal y los otros dos contra los de popa y proa respectivamente. Así, en teoría, dos o tres atacantes se consideraban el número ideal para un portaaviones de escolta.

    Pero lo cierto era que en la práctica los portaaviones americanos eran demasiados y los japoneses disponían de muy pocos aparatos para realizar esa tarea. En consecuencia, para obtener al menos un golpe “centrado” y eficaz, contra cada portaaviones se enviaba a un solo aparato: “un avión por cada buque de guerra”.

    En combate

    Durante la lucha por las Filipinas, se calculó que los japoneses perdieron 9.000 aviones, 5.000 en accidentes de vuelo y 4.000 en combate. De éstos últimos, 650 fueron empleados en ataques suicidas, que hundieron 16 buques americanos y dañaron otros 150 alcanzándoles de lleno o superficialmente. En Iwo Jima, 25 aviones suicidas (21 de la Marina y 4 del Ejército) hundieron un portaaviones de combate y dos unidades menores.







    En marzo de 1.945, 24 bombarderos bimotores de la Marina nipona despegaron de Kyushu, en dirección al atolón de Ulithi. Sólo 15 alcanzaron el objetivo. El único de estos aparatos kamikaze que consiguió cierto éxito fue el que alcanzó el portaaviones Randolph causándole graves daños.

    Pero fue en Okinawa donde los pilotos del tokko tai (ataque especial) llevaron a cabo el esfuerzo supremo. En realidad se creía que los pilotos japoneses ya no eran lo suficientemente diestros para destruir los buques americanos valiéndose de los medios tradicionales, y los americanos, gracias a la experiencia adquirida, llevaron siempre la mejor parte en las batallas aéreas.

    Algunos buques fueron alcanzados mientras se aproximaban a Okinawa y durante las incursiones lanzadas por las formaciones de portaaviones ligeros contra las islas del archipiélago japonés. El 6 y el 7 de abril, como preludio de la última salida del acorazado Yamato, los japoneses atacaron con violencia inusitada a los buques americanos a lo largo de la isla de Okinawa. Unos 700 aparatos despegaron de Kyushu, de los que 355 iban en misión suicida. Más de 200 de ellos fueron abatidos por la Task Force de los portaaviones ligeros, unos 50 por los aviones procedentes de los portaaviones de escolta y 40 por el fuego de la artillería antiaérea de las unidades de guerra. Pero 28 consiguieron caer sobre los buques americanos hundiendo tres de ellos.

    Entre el 12 y el 13 de abril, unos 185 aviones japoneses desencadenaron otro masivo y bien organizado ataque suicida contra los buques en Okinawa, infligiendo graves daños a 14 unidades de guerra. El 12 un destructor fue hundido y otro dañado por un nuevo tipo de ataque: las bombas pilotadas, que los japoneses llamaban Ohka (flores de cerezo). Se trataba de un proyectil-cohete constituido por un tipo especial de avión monoplaza de madera, con casi 1.200 kg. de explosivo a bordo. Transportado hasta una distancia de menos de 20 km. del objetivo por un bombardero bimotor G4M2 Betty, una vez lanzado se dirigía en picado sobre el blanco, acelerado por el encendido de sus tres cohetes de cola. Desde una altura de unos 6.000 metros podía alcanzar un objetivo situado en un radio de más de 30 km. Cuando se aproximaba al punto indicado, el piloto del Ohka se deslizaba a través de la escotilla de bombardeo del aparato nodriza hasta alcanzar la minúscula carlinga del aparato, y, apenas informado de la exacta posición del blanco, tiraba del mando de lanzamiento, lanzándose así a una carrera hacia la muerte, alcanzando más de 1.000 km/h en el momento del impacto. Los americanos dieron a estas bombas el apodo de bombas Baka (estúpidas). Cuarenta o cincuenta de ellas fueron transportadas por los grandes aparatos de la base de Kanoya sobre las islas del archipiélago japonés, para ser utilizadas más tarde contra los buques americanos empleados en las operaciones de Okinawa. Pero casi todas fueron destruidas con sus aviones nodriza mucho antes de alcanzar sus objetivos; sólo unas pocas consiguieron llegar. Aparte de los éxitos conseguidos el 12 de abril, se sabe que algunas Ohka dañaron un destructor el 4 de mayo y otro el 11 del mismo mes.

    Macabro pero eficaz

    De las 1.900 misiones suicidas llevadas a cabo por los japoneses durante la batalla de Okinawa, sólo un 14% resultaron eficaces. Las unidades que más sufrieron los efectos de estos ataques fueron los pequeños buques vigía, estacionados a unos 80 km. al norte de Okinawa para interceptar, mediante el radar, a los aviones enemigos que se aproximaban. Incluso a costa de pérdidas gravísimas, los destructores y las cañoneras destinadas en esta misión permanecieron valerosamente en su puesto. A mediados de abril, hubo un momento en que algunos oficiales americanos llegaron a temer que los kamikaze quizás consiguieran impedir la invasión.

    Al final de la guerra, Japón disponía aún de 10.700 aviones en condiciones de volar y aproximadamente la mitad estaban dispuestos para ser empleados en misiones suicidas. Puesto que los grandes aeródromos habían quedado inservibles, se pensó hacer despegar a los aparatos suicidas de pequeñas pistas herbosas para lanzarlos contra los buques de la escuadra de invasión a lo largo de Kyushu. Y si hubieran sido tan eficaces como lo fueron en Okinawa, habrían alcanzado a unos 900 buques aliados, hundiendo quizás unos 90.

    Después de la contienda, el informe oficial sobre los bombardeos estratégicos estadounidenses hizo la siguiente valoración de los kamikaze:

    “Macabro, eficaz, extremadamente práctico en aquellas circunstancias, apoyado y estimulado por una poderosa campaña propagandística, el ataque especial se convirtió, virtualmente, en el único método empleado para contener a las fuerzas de ataque y anfibias de los EEUU, y los buques de estas fuerzas se convirtieron en su único objetivo”.

    La noticia de los ataques suicidas no se hizo pública en EEUU hasta el 12 de abril – seis meses después de su comienzo en Filipinas -, pero sus repercusiones en la opinión pública fueron neutralizadas por el anuncio de la muerta de Roosvelt, que se hizo pocas horas después.







    El credo kamikaze

    He aquí algunas de las preguntas formuladas por la “Bombardment Investigation Mission” estadounidense después de la guerra, y las respuestas obtenidas de oficiales japoneses supervivientes de la 205ª División aérea, o sea, la División kamikaze. Las preguntas ponen de manifiesto la resistencia de los Aliados a creer que estos ataques fueron efectuados voluntariamente, y en cambio en cada respuesta japonesa se refleja el estupor del interrogado ante esta incredulidad.

    La filosofía en la que se funda todo el “credo” de la unidad kamikaze está en completa contradicción con las ideas dominantes en EEUU, donde nada es más precioso que la vida. Según usted, ¿ cómo se explica que las fuerzas japonesas pudieran obligar a tan gran número de pilotos a realizar misiones de ataque suicida de este tipo?

    La filosofía kamikaze surgió en un período muy antiguo de la historia del Japón, y en la larga existencia de nuestro país pueden hallarse muchos ejemplos de este tipo. La filosofía fundamental del Japón es la del sacrificio individual por el bien de la patria. Esta filosofía está profundamente arraigada en todos nosotros. En el curso de la guerra en el Pacífico, la situación crítica en la que llegamos a encontrarnos nos indujo a adoptar la idea del ataque kamikaze. Este tipo de ataque, pues, no fue impuesto nunca desde el exterior.

    El almirante Onishi se dio cuenta simplemente del sentimiento que animaba a los pilotos japoneses, particularmente a los más jóvenes, sentimiento nacido de manera total y absolutamente espontánea. En la práctica, fue el almirante quién constituyó las unidades kamikaze, pero mucho antes de que él tomase esta iniciativa, los pilotos de combate ya habíamos discutido la idea de efectuar ataques kamikaze durante la batalla de Saipán; sin embargo, el Estado Mayor de la Marina no aprobó entonces la idea.

    Estoy firmemente convencido de que la idea del ataque kamikaze nació y se desarrolló de manera absolutamente espontánea en el ánimo combativo de nuestros más jóvenes pilotos.

    ¿ Qué opina del reclutamiento de los hombres destinados a las unidades kamikaze? ¿ Era forzado o voluntario?

    Desde el primero al último hombre el reclutamiento fue siempre voluntario. Incluso se dieron casos en que grupos aéreos completos se ofrecieron para misiones kamikaze, sobre todo al darse cuenta de la difícil situación bélica a que se había llegado en diversos frentes, por ejemplo en el de las islas Filipinas.

    ¿ Cómo se realizaba el reclutamiento de voluntarios para las unidades kamikaze en el suelo de la patria?

    Cuando estuve encargado del reclutamiento de pilotos kamikaze para su adiestramiento en suelo japonés, pude comprobar que, prácticamente, todos los hombres de los diversos grupos aéreos estaban deseosos de participar en aquellas misiones. Algunos de ellos me hicieron llegar expresamente su solemne deseo escrito en sangre, mientras otros me despertaron varias veces por la noche para pedir que les enrolase. A veces, yo mismo me ocupé de seleccionar a los voluntarios, teniendo en cuenta su situación personal o familiar: nunca se aceptó a un piloto que fuera el hijo único de una familia. Pues bien, aún así, tras conocer mi decisión por una carta que su único hijo le había escrito, una madre se dirigió a mi suplicándome que lo aceptase. De estos episodios se puede deducir fácilmente hasta qué punto el carácter del reclutamiento era exclusivamente voluntario.

    Basándonos en la mentalidad común de los jóvenes americanos de veinte años de edad, nos es imposible creer en ninguna de estas afirmaciones. ¿ Cómo podían ustedes aceptar la idea de inmolarse en ataques suicidas de este tipo por la patria o por el emperador sin ninguna posibilidad de sobrevivir? ¿ No existía escuela especial para el adoctrinamiento de los jóvenes japoneses destinados a las unidades kamikaze?

    No existía ninguna escuela especial de este tipo.

    En vuestra calidad de voluntarios para las unidades kamikaze, ¿ cuál era vuestro estado de ánimo?

    Los graduados teníamos sólo un año de instrucción militar: por lo tanto, éramos más civiles que militares, nos dábamos cuenta de que la situación bélica era muy precaria y estábamos convencidos de que en aquellas circunstancias el sistema de ataque especial era el mejor. Nos enrolábamos, pues, como voluntarios decididos a sacrificarnos para que el Japón pudiera ganar y para que los más jóvenes pudieran estudiar en mejores condiciones.

    ¿ Acaso creíais que los pilotos kamikaze realizaban las misiones a fin de que su espíritu reposara en paz y su nombre fuera honrado en el altar nacional de Yasakuni?

    (El altar de Yasakuni está consagrado a la memoria de los caídos en el campo de batalla). No era necesario realizar misiones kamikaze para ser honrado en el altar de Yasakuni, puesto que todo hombre caído en combate, cualquiera que sea su grado o su procedencia, es honrado en este altar. Nunca nos movió una idea semejante. La verdadera razón que nos impulsaba a utilizar este tipo de ataques consistía en la enorme diferencia existente entre el potencial productivo de ambos países y en la carencia de métodos de combate alternativos. Así fue cómo llegamos a la conclusión de que el mejor método que podíamos adoptar era el de matar miles de hombres con un solo hombre y hundir un buque de guerra con un solo avión.

    ¿ Se celebraba alguna clase de ceremonia antes de cada misión especial? ¿ Recibíais instrucciones del almirante? ¿ Escribíais a casa o hacíais testamento?

    En el sector de Filipinas, al principio, se celebraba un brindis con el almirante. Pero pronto esto resultó imposible, pues a causa de la difícil situación bélica y del gran número de acciones a realizar ya no quedaba tiempo para ninguna ceremonia. Algunos de nosotros escribíamos a casa y hacíamos testamento; pero lo hacíamos una sola vez, cuando se solicitaba ser enrolados, y no antes de partir para la misión kamikaze.



    HISTORIA DE LOS KAMIKAZES
    Editado por última vez por CcCamikaze; 06-11-2004, 12:27 PM.
  • CcCamikaze
    Langosta espía
    • 28-04-2003
    • 45790

    #2
    " El cielo muestra un desnudo azul. Apacible, el sol pasea su corona de luz en la altura. El barco surca lento las aguas, habitadas por olas y espumas. Un sonido agudo comienza a taladrar el aire. Un punto que vuela crece. Se acerca. Adquiere nitidez. Desde la embarcación se inicia un desesperado cañoneo de artillería para contener al punto susurrante. Que sigue creciendo. Se acerca más. Las alas rodean un pico salvaje, y unos ojos que parpadean con una última y desesperada furia. Es el kamikaze. Es el fuego que muerde la cubierta de la nave y quema hierros y corazones."





    En la segunda guerra mundial, los japoneses sostenían una lucha titánica con Estados Unidos; a largo plazo, la victoria japonesa era imposible. Los recursos materiales del país del norte eran muy superiores. Además, el suelo norteamericano no era alcanzado por las bombas enemigas. En diciembre de 1941, mediante el golpe sorpresa en Pearl Habour, Japón intentó destruir la flota norteamericana en el Pacífico. No lo consiguió. Luego, la armada imperial nipona sufrió una irrecuperable derrota en la batalla naval de Midway. En el ejército del alicaído Imperio del Sol naciente surgió lentamente la dolorosa convicción de que sólo acciones desesperadas podrían acaso compensar las inmensas diferencias con su rival. Así nació el plan del ataque de los pilotos suicidas. Los kamikazes, palabra que significa "viento divino", el nombre que adquirió un tifón que destruyó en 1570 una flota mongola que amenazaba con invadir la isla del Japón.





    Pequeños escuadrones de jóvenes pilotos voluntarios se lanzaron con sus zeros en picada mortal sobre los barcos norteamericanos. Cerca de 5.000 pilotos murieron en esta trágica acción. Tras la conclusión del conflicto, el ejército norteamericano realizó una investigación para determinar si los temerarios pilotos kamikazes habían sido obligados a actuar de forma suicida. El resultado sorpresivo de esta pesquisa oficial fue que los jóvenes pilotos eran voluntarios. Nadie los obligó a su acción final.

    En la trágica historia de los kamikazes se unen el heroísmo y la infausta degradación de la guerra. Seguramente con noble pasión, los jóvenes pilotos japoneses abrazaron lo que creían era la lucha por la dignidad de su patria. Sin embargo, la juventud japonesa masacrada en los mortales vuelos en el Pacífico fue una nueva víctima del exterminio bélico, donde las cúpulas poderosas apelan a los jóvenes como instrumentos para el combate, como medio para cristalizar, por sangrientos caminos, sus ambiciones políticas o económicas. Es la repetida historia de la manipulación de la vitalidad juvenil en la guerra que destruye a muchos y beneficia a minorías poderosas. Un arco oscuro que se extiende desde las culturas antiguas hasta la más inmediata actualidad de la guerra en Irak.

    Legado ambiguo y contradictorio el de los kamikazes. El joven que muere víctima de la fiebre belicista y la ambición exaltada de una minoría militarista. Y, a su vez, el valiente sacrificio para proteger lo que se cree es el altar de los valores más dignos de la propia nación.
    Editado por última vez por CcCamikaze; 06-11-2004, 12:14 PM.

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    • CcCamikaze
      Langosta espía
      • 28-04-2003
      • 45790

      #3



      Antes de ascender a su avión por última vez, un compañero le coloca en la cabeza una cinta con la bandera nipona.




      Un kamikaze es alcanzado por la defensa de un navío norteamericana cae en picada.




      El momento de ofrecimiento del "sake", la bebida tradicional japonesa, antes de su misión mortal.





      Una histórica imagen captada desde un nave norteamericana cuando es atacada por un kamizake. El piloto japonés intenta, inútilmente, encontrar un hueco en la barrera antiaérea para lanzarse contra la nave enemiga.





      En la batalla de Leyte, los norteamericanos sufrieron por primera vez el vuelo destructor de los kamikazes. En la imagen, el portaviones "Saint-Lo" vuela tras ser alcanzado por un avión japonés.






      Miembros de un portaaviones japonés despiden a los kamikazes mientras éstos se aprestan despegar hacia su misión final.





      Histórica fotografía que muestra el impacto de un avión kamikaze en la cubierta del portaviones USS Bunker Hill el 11 de mayor de 1945.





      Una columna de humo asciende desde el mar que acaba de convertirse en la tumba de un piloto kamizake.





      Otra imagen de la explosión del portaviones "Saint-Lo", herido mortalmente por un ataque kamikaze.

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      • CcCamikaze
        Langosta espía
        • 28-04-2003
        • 45790

        #4


        La moral de las tropas


        A decir verdad, la primera demostración de los "kamikaze" tuvo un éxito discutible: aquel 21 de octubre, la primera oleada de aviones regreso sin haber avistado al enemigo; la segunda consiguió hundir al portaviones "Saint-Lo" y había alcanzado a otros tres. El resultado podía ser reconfortante para Onishi, pero dejaba entrever que la nueva arma desesperada nunca sería una arma decisiva. Para Onishi y para el Alto Mando nipón bastaba con que los ataques de los pilotos suicidas demostrasen ser más eficaces que los ataques clásicos. E indudablemente, así era.

        Así, los "kamikazes" fueron adoptados también por la aviación del Ejército, que utilizó instructores de la aviación naval. Un mes después de la batalla de Leyte, una escuadrilla de 27 "kamikaze" atacaban un contingente de fuerzas americanas, mientras otros 8 se lanzaban contra la escuadra naval, alcanzando seriamente a tres portaviones. La batalla de las Filipinas, que habría de prolongarse hasta finales de enero de 1945, se endurecieron a causa de los pilotos suicidas del almirante Onishi, quien nunca tuvo dificultades para reclutar los candidatos a la muerte.




        Un avión kamikaze, alcanzado por descargas de artillería norteamericana, inicia su caída.


        La actividad de los "kamikaze" adquirió una importancia cada vez mayor conforme la situación nipona empeoraba. "A medida que la guerra se aproximaba al Japón- escribe un historiador-, los ataques de los 'kamikaze' se intensificaban. Las tripulaciones se reclutaban directamente en las universidades. Un total de 2.950 aviones, de los cuales 2.400 pertenecía a la Marina, partieron en misión 'kamikaze'; 450 de ellos lograron su objetivo, con un porcentaje del 18 por ciento. El ejército, por su parte, utilizó 500 aviones para operaciones navales y otros tantos para ataques a bases terrestres".

        Sin embargo, los efectos fueron muy diferentes de los esperados. "Los ataques de los "kamikazes" -indica Giuglaris- tuvieron indudablemente una cierta influencia sobre la moral de las tropas, pero, desde el punto de vista estratégico no hicieron más que destacar la proximidad de la derrota, como escribió el almirante Susuki en su libro".

        Al final - y un historiador occidental no puede menos que destacar este hecho con cierto alivio-, las autoridades japonesas empezaron a tener dificultades para imponer los métodos suicidas a sus jóvenes pilotos. Hubo que recurrir a un servicio destinado a vigilar el vuelo de los "kamikazes", ya que en más de una ocasión los "pilotos suicidas" cambiaban de idea a último momento, modificando el rumbo y virando en redondo, para dejar a sus compañeros de vuelo y aterrizar en alguna isla del Pacífico, abandonada por las fuerzas armadas niponas. Al parecer, muchos "ex-kamikazes" vivieron totalmente solos en estas islas, donde permanecieron incluso una vez acaba la guerra.

        Mas eso no nos debe inducir a engaño. La casi totalidad de los jóvenes estudiantes enrolados para este supremo holocausto se mantuvieron fieles a sus propósitos y murieron en el solitario, atroz y exaltado martirio, a fin de salvar un Japón que estaba condenado. Un oficial nipón declaró a la comisión americana de investigación que, realmente, todos los hombres de los grupos aéreos estaban "deseosos de participar en las misiones. Algunos me hicieron llegar su solemne juramento, escrito con sangre, mientras que otros me despertaban muchas veces en el trascurso de la noche para alistarse. A veces era yo el encargado de seleccionar los voluntarios, teniendo en cuenta sus situaciones personales y familiares: un piloto que fuese hijo único nunca era aceptado. Una madre, que se enteró de esta decisión mía a través de una carta de su hijo, me escribió una carta suplicándome que lo aceptara. A partir de estas anécdotas ya pueden ustedes deducir hasta qué punto era voluntario el reclutamiento".

        El aspecto más absurdo de todo el tema concierne al último grito que los "kamikaze" lanzaban antes de precipitarse sobre su objetivo, ese "¡Diez mil años de vida al emperador!" en que se sintetizaba toda la simple y ciega fidelidad de los limpios de corazón hacia su soberano. Mas el soberano era contrario a aquella guerra y no dejaba pasar ninguna ocasión de confesarlo a sus fieles. En cierto modo, también él era prisionero de los políticos militares que habían intrigado para que el Japón se enzarzase en la contienda.




        El dios emperador

        Se trata de una circunstancia que no hay que infravalorar, ya que puede ayudar a comprender mejor el desarrollo de la situación interna del Japón en los últimos y atroces meses de la guerra, cuando el emperador Hiroito trataba en vano de preservar al país de la calamidad.

        Lo cierto es que la monarquía japonesa era una especie de pirámide invertida. El emperador, la encarnación de su dios en la tierra, sostenía todo los demás, y en especial a la clase militar y a la aristocracia. Evidentemente, se trataba de una construcción ficticia, destinada a mantener sumisos a millones de súbditos, impidiéndoles ser auténticos ciudadanos, pero era la verdadera realidad. Generalmente, almirantes, políticos, financieros: todos se sometían de buen grado, al menos en apariencia, al rígido ceremonial impuesto por el hecho de que el emperador fuese un dios. Aceptaban tal ficción a cambio de que el soberano-dios les otorgase sus prerrogativas, su benevolencia y su autoridad. Todos los generales durante los años de la guerra condujeron los ejércitos al ataque, gozaban de una gran autoridad, pero el Estado Mayor nipón se vanagloriaba de ejecutar órdenes divinas.

        Esta situación ayudará a comprender lo que sucedía. Así, por ejemplo, podemos entender como 4.615 jóvenes de edades entre veinte y veinticinco años, casi todos estudiantes universitarios, se inmolaron por su fanática más pura fe en un "dios" que no deseaba su muerte, pero que nunca pudo encontrar las palabras para decirlo. Incluso sus jefes prefirieron morir antes que sobrevivir a sus inocentes víctimas: el almirante Ugaki condujo el último vuelo de un grupo "kamikaze", mientras que el vicealmirante Onishi se hizo el "harakiri".


        Editado por última vez por CcCamikaze; 06-11-2004, 12:35 PM.

        Comentario

        • Capitán Pinga Loca
          *_*
          • 17-05-2004
          • 4058

          #5
          es hermoso
          lo lei todo, todo

          Comentario

          • Arathorn
            Registered User
            • 03-05-2004
            • 640

            #6
            jua jua, piensan de una manera totalmente difernte eh?

            Comentario

            • FaLKoN
              Magic Gladiator
              • 29-04-2004
              • 12911

              #7
              increible, muy pero muy copado, te pasaste con la info chee, muy groso

              Comentario

              • CcCamikaze
                Langosta espía
                • 28-04-2003
                • 45790

                #8
                snif
                no se

                la mejor cara



                quiero un vincha que diga "kamikaze" y me la ato todo el tiempo y camino por la calle asi eH?
                juau si me ve un ponja sale corriendo..o todo lo contrario


                nogf

                Comentario

                • Guillote
                  Loituma Girl
                  • 24-06-2004
                  • 5561

                  #9
                  alta info

                  te pasaste, eh

                  sos un groso

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                  • AbsolutVodka
                    Alto Egel
                    • 27-07-2004
                    • 1598

                    #10
                    era mucho , pero bue a esta hora , lo lei
                    la verdad es sorprendente como tienen una cultura totalmente diferente y otros valores
                    YO NO ME MUERO POR ARGENTINA NI EN PEDO!

                    "If you wanna be free, you must be different"

                    Comentario

                    • CcCamikaze
                      Langosta espía
                      • 28-04-2003
                      • 45790

                      #11
                      porke sos un puto de mierda y un hijo de remiadkñajda jno

                      juuaua por Argentina no ... pero .. por el honor? snif...
                      no se eH!

                      tipo los chaboncitos se mataban por la patria .. por su tierra natal.. no tanto por su pais ... snif.. es algo como mas mistico... tiene como mas magia...

                      Morir con gloria y honor... hay alguna otra mejor forma de morir? snif... no se... morir en un cama de viejo .. es como muy patetico... eH

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                      • SkogTroll
                        Bloodthirsty Guitar
                        • 27-11-2004
                        • 242

                        #12
                        Yo por argentina no moriria ni en pedo, antes de morir por argentina prefiero morir por otro pais, odio esta garcha de pais
                        cuanto antes pueda irme mejor..
                        PERO POR EL HONOR Y LA GLORIA, MAS VALE Q VALE LA PENA MORIR!!
                        STEVE VAI LO DIJO! BLOOD AND GLORY!

                        SkogTroll

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                        • *-NaZguL-*
                          Espectro De El Anillo
                          • 11-12-2004
                          • 5901

                          #13
                          boliviano del orto!!!!!!
                          jajaja

                          un buen juego para revivir esta historia y reencarnarla BATTLEFIEL 1942
                          es demasiasdo bueno para ser un juego

                          Comentario

                          • Malvinense
                            Registered User
                            • 09-07-2005
                            • 2865

                            #14
                            Yo si moriria por Argentina ... Amo a mi pais.

                            Comentario

                            • Larva
                              El_
                              • 06-06-2004
                              • 9659

                              #15
                              Yo no moriría por mi país, moriría por alguna causa que crea que lo beneficie.


                              Selvas, pampas o montañas...

                              snif
                              Editado por última vez por PLASMA; 23-05-2005, 07:02 PM.

                              Comentario

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