En realidad Ser o no-ser está perfecto. No hay mejor manera de expresar un antónimo que agregándole el no a lo que sea, como bien lo plantea Orwel en 1984.
Ahora, en el soliloquio no se plantea un problema para ser resuelto, lo soluciona en el mismo:
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
En fin, quién fue el que no entendió?
Ahora, en el soliloquio no se plantea un problema para ser resuelto, lo soluciona en el mismo:
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
En fin, quién fue el que no entendió?

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