Cuando se realiza algún tipo de medición en Física Quántica, la realidad de la partícula sub atómica no puede asilarse de su entorno.
Ya es clásico el experimento de Young con las dos rendijas, allí se aprecia cómo el comportamiento del electrón de una manera casi misteriosa recoge información sobre la estructura comparativamente vasta que lo rodea y responde de acuerdo a ella, comportándose como una onda o como un corpúsculo, según le convenga.
De una manera semejante, la dirección del spin de una partícula, es imperturbable ante la estrategia de medición adoptada por el experimentador.
No hay duda alguna que el mundo macro está íntimamente relacionado con el micro y que se encuentran íntimamente entrelazados.
Es imposible comprender la materia a partir de sus partículas constituyentes.
Únicamente el sistema en conjunto da expresión concreta a la realidad observable.
La incertidumbre cuántica queda cancelada en el momento de la observación, en algún momento de la cadena que se inicia con el sistema observado, continúa con el equipo experimental, en sus diales y medidores, de allí a los órganos de los sentidos, de allí al cerebro y por fin a la conciencia, en algún momento ocurre algo que disipa la incertidumbre.
Y las leyes de la Física son absolutamente precisas en ese punto: en ausencia de toda observación, un sistema cuántico evolucionará de una manera determinada, al producirse la observación, la evolución cambia radicalmente.
La nueva física le da a la Mente una posición central en este mecanismo sorprendente y contrario a la natural intuición.
La Física Quántica no tendría sentido sin la introducción del observador, este entra en la realidad subatómica de un modo tan fundamental, que las mismas ecuaciones lo codifican explícitamente.
Al observar a un átomo, este salta de una manera característica que ninguna interacción física puede imitar.
La Física Cuántica, además de derrumbar el sentido común, pone de manifiesto, que vuelve a haber un lugar para la Conciencia en el gran esquema de las cosas.
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Ya es clásico el experimento de Young con las dos rendijas, allí se aprecia cómo el comportamiento del electrón de una manera casi misteriosa recoge información sobre la estructura comparativamente vasta que lo rodea y responde de acuerdo a ella, comportándose como una onda o como un corpúsculo, según le convenga.
De una manera semejante, la dirección del spin de una partícula, es imperturbable ante la estrategia de medición adoptada por el experimentador.
No hay duda alguna que el mundo macro está íntimamente relacionado con el micro y que se encuentran íntimamente entrelazados.
Es imposible comprender la materia a partir de sus partículas constituyentes.
Únicamente el sistema en conjunto da expresión concreta a la realidad observable.
La incertidumbre cuántica queda cancelada en el momento de la observación, en algún momento de la cadena que se inicia con el sistema observado, continúa con el equipo experimental, en sus diales y medidores, de allí a los órganos de los sentidos, de allí al cerebro y por fin a la conciencia, en algún momento ocurre algo que disipa la incertidumbre.
Y las leyes de la Física son absolutamente precisas en ese punto: en ausencia de toda observación, un sistema cuántico evolucionará de una manera determinada, al producirse la observación, la evolución cambia radicalmente.
La nueva física le da a la Mente una posición central en este mecanismo sorprendente y contrario a la natural intuición.
La Física Quántica no tendría sentido sin la introducción del observador, este entra en la realidad subatómica de un modo tan fundamental, que las mismas ecuaciones lo codifican explícitamente.
Al observar a un átomo, este salta de una manera característica que ninguna interacción física puede imitar.
La Física Cuántica, además de derrumbar el sentido común, pone de manifiesto, que vuelve a haber un lugar para la Conciencia en el gran esquema de las cosas.
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